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Mas allá del ‘sí' o del ‘no'
Roberto J. Gallardo N. , politólogo
San José, 31 mayo, La Nación
La realización de un referéndum sobre el Tratado de Libre Comercio es una buena noticia, no solo porque permite decidir sobre un tema que ha mantenido en vilo al país en los últimos tres años, sino también porque será una oportunidad inmejorable para saber algunas cosas sobre la calidad de la ciudadanía, la representación política que se quiere y el verdadero peso político de algunos grupos en Cosa Rica.
Durante algún tiempo hemos sido testigos de la exaltación de cierto tipo de comportamiento político. Por ejemplo, el fenómeno del abstencionismo electoral ha sido celebrado por algunos como el resultado de una conciencia política superior de aquellos que se abstienen. Tanto es así, que la legitimidad de un gobierno no la otorgan quienes votan, sino quienes no lo hacen, aun cuando estos últimos sean minoría. Es indudable que hay razones para el alejamiento de la gente, pero la solución es, más bien, una mayor participación, no el retiro del escenario político ni la indiferencia hacia los asuntos que nos conciernen como colectividad.
Aclaración del panorama. Es aquí donde se puede comenzar a aclarar un tema que ha gravitado en la política nacional en las últimas tres elecciones presidenciales. En el referendo sobre el TLC no vale la excusa de la decepción con la política para no participar. El porcentaje de gente que vaya a votar va a señalar un rumbo para las próximas décadas. Si la ciudadanía responde y ejerce masivamente su derecho a decidir sobre el tema que, sin duda, ha dominado el intercambio político de los últimos años y que a todos concierne, los políticos deberán poner las barbas en remojo porque efectivamente el abstencionismo es una protesta en contra de la calidad de la representación que ofrecen. Pero si la participación es similar a la de las elecciones nacionales, o aún menor, sabremos con certeza que una parte de la población ha decidido desligarse del proceso de toma de decisiones de manera definitiva. Esto, de alguna forma, aclarará el panorama futuro, y cualquier reforma política deberá tomar en cuenta esta nueva realidad cívica.
Detrás de esa glorificación del abstencionista, hay una intención política. Y es que, cuando un sector de la población no se manifiesta, es más fácil arrogarse su representación, sin tener que presentarse a unas elecciones que se desestiman como un ejercicio inútil que no otorga legitimidad. Esto es precisamente lo que hacen algunas organizaciones, que aparentemente pretenden –y prefieren– existir en el mundo de las representaciones simbólicas, no cuantificables.
Peso político real. Esto nos lleva al segundo punto, que permitiría ponderar algunas cosas. El país conocerá con certeza en el referéndum el peso político de ciertas organizaciones y su verdadera capacidad de movilización. Por esto, para algunos el referéndum es una mala noticia, porque determinará, de una vez por todas, la verdadera magnitud de esa representación que tan alegremente –y de manera algo arrogante– se atribuyen. Precisamente por eso insistieron en que no se aceptara la convocatoria al referéndum que hizo el Poder Ejecutivo, porque mediante la fase de recolección de firmas se pretendía atrasar el proceso hasta un punto en el que ya no fuera necesario hacer la consulta, dado el agotamiento de los plazos de aprobación que el país tiene para pronunciarse. Además, aunque habrá gente honestamente preocupada por el tema de la constitucionalidad del TLC, otros pretenden que, con la consulta previa del Tratado, la Sala Constitucional les saque las castañas del fuego, pues un pronunciamiento negativo evitaría un referéndum al que, a todas luces, temen.
Por último, no por eso menos importante, la celebración del referéndum le evitará al país seguir oyendo tonterías como “referéndum de la calle” , “derecho de rebelión” y “democracia de la calle”, las que ha tenido que soportar en estos casi tres años. Evitará además la confrontación violenta que algunos anhelan y obligará a ciertas personas a encontrar otro propósito a sus vidas. Solo esto justifica con creces la celebración de la consulta.
Con amenazas no se hace un país
Pablo Guerén Catepillán, periodista
San José, 31 de mayo, La Nación
Si el TLC se aprueba en la consulta popular, habrá bloqueos, protestas y los servicios del ICE se paralizarán.
El lado bueno de esta contradicción brutal es que a usted, estimada y estimado costarricense, le queda muy claro cuál es el grado de respeto que estos señores del “no” tienen por su derecho a votar y por nuestra democracia.
El 7 de noviembre del 2006, uno de los líderes del sector anti-TLC y secretario general de la ANEP , Albino Vargas, hizo público un documento llamado “TLC: Una decisión de todo el pueblo”.
En dicho artículo, don Albino aseguraba textualmente que “el TLC debería ser una decisión de todo el pueblo, a través de una amplia consulta democrática a todos los ciudadanos y a todas las ciudadanas mayores de 16 años; un verdadero referéndum como se hace en las democracias modernas de la Unión Europea cuando se trata de decisiones de este calibre”.
Bellas palabras que parecen haber quedado en eso porque, tan solo seis meses después, el sector opuesto al TLC ha cambiado de posición. Ahora, con el referéndum a la vuelta de la esquina, a los sindicalistas del “no” poco o nada les interesa la opinión del pueblo y amenazan con desconocer el resultado.
En evidencia. Entrevistado por Al Día el pasado 23 de mayo, el sindicalista del ICE Jorge Arguedas fue clarito. Si el TLC se aprueba en la consulta popular, habrá bloqueos, protestas y los servicios del ICE se paralizarán.
El lado bueno de esta contradicción brutal es que a usted, estimada y estimado costarricense, le queda muy claro cuál es el grado de respeto que estos señores del “no” tienen por su derecho a votar y por nuestra democracia.
También queda en evidencia cuál es la oferta de país que estos grupos nos plantean en caso de rechazarse el Tratado. Es un cóctel de violencia, paralización, desabastecimiento y miedo. Esas son palabras que lamentablemente viven a diario los habitantes de países manejados por comunistas y populistas que, vaya tremenda casualidad, son los mismos que don Albino y don Jorge nos llaman a seguir como ejemplo.
¿Por qué no? El mismo don Albino advertía en su artículo que “una gigantesca red de solidaridad internacional está lista para entrar en acción” en Costa Rica. No mentía el sindicalista. Fidel Castro y Hugo Chávez han gastado bastante tinta en los últimos días llamando a los costarricenses a rechazar el TLC en el referéndum.
Pero ahí es válido preguntarse: ¿Por qué, entonces, Castro y Chávez no hicieron lo mismo en la Nicaragua de Daniel Ortega que hace rato puso en vigencia el TLC? Y, es más, ¿por qué no le exigen a su socio nicaragüense en el ALBA que se salga de inmediato del tratado con Washington?
Insisto: el “no” sindicalista se sustenta en puras incongruencias y amenazas, y con eso, ciertamente, no se construye esa Costa Rica desarrollada con la que yo y usted soñamos para nuestros hijos.
¿Afecta el TLC al turismo?
Mario Mikowski
San José, 31 de mayo, La Nación
Muchos me preguntan qué tiene que ver la industria turística con el Tratado de Libre Comercio. Sobre el papel, la negociación incluye el movimiento de productos entre países y el tema del turismo no está explícitamente incluido dentro de la negociación. Por esto, muchos colegas del sector piensan que el TLC no tocará sus bolsillos, y definen su voto con el corazón.
Recientemente he hablado con muchas personas del sector turístico sobre su intención de voto en el referendo del TLC. La primera conclusión es que a una mayoría importante no le interesa o no conoce el tema en discusión. Quienes sí conocen del tema votarán principalmente con el bolsillo: su voto estará basado en la percepción individual de cómo afectara el TLC a sus finanzas personales. Aquellos que determinen que el TLC no afectara sus bolsillos, votarán con el corazón; las pasiones personales sobre la línea política o ideológica definirán la decisión de votar. En último lugar, algunos colegas votarán con la cabeza; muchas personas dejan la lógica en el tercer plano cuando el tema es definir la posición sobre el TLC.
Muchos me preguntan qué tiene que ver la industria turística con el Tratado de Libre Comercio. Sobre el papel, la negociación incluye el movimiento de productos entre países y el tema del turismo no está explícitamente incluido dentro de la negociación. Por esto, muchos colegas del sector piensan que el TLC no tocará sus bolsillos, y definen su voto con el corazón. De esta forma, el bloque de votantes mas grande del país –el turismo es la principal fuente de empleos directos e indirectos– piensa votar en el referendo dejándose influenciar por las pasiones que pronto florecerán en todos los rincones del país, y probablemente dejándose influenciar por aquellos grupos de presión que intentarán manipular las masas.
Origen de la mayoría. Hagamos un alto y utilicemos la lógica para analizar si existe alguna relación directa entre el TLC y el turismo. La base de la industria turística costarricense es el mercado estadounidense. Más del 65% de los visitantes al país provienen de Los Ángeles, Nueva York, Chicago, Miami, Washington, Boston y otras ciudades norteamericanas. Marcas de prestigio internacional como Marriott, Hilton, St. Regis, Intercontinental, Best Western y Holiday Inn tienen importante presencia en el país. Importantes líneas aéreas como Delta, American, Continental, Spirit y USAir son empresas norteamericanas que a diario traen visitantes. Estas realidades nos llevan a concluir que, sin duda, el turismo depende de nuestra imagen en el mercado norteamericano y de las decisiones de muchas de estas empresas multinacionales.
¿Qué pasaría si en el referendo ganase el NO? La noticia circularía en los principales medios de comunicación en EE. UU. La negativa de Costa Rica a firmar el TLC se interpretará como una actitud antiestadounidense y afectará la imagen del país. El no sentirse bienvenido en un destino turístico afecta, sin duda, la decisión de visita y sería muy probable que los turistas decidan cambiar sus vacaciones a destinos percibidos como pro Estados Unidos: México, Guatemala, Panamá o República Dominicana.
Existen en el país más de 20 proyectos de hotelería y bienes raíces de gran escala en diversas etapas de desarrollo y dependen directamente de la buena salud de la industria turística. Inversiones multimillonarias con fondos norteamericanos que traerán miles de empleos en construcción, diseño arquitectónico, hotelería, operación de tours y transportes. Indirectamente se beneficiarán los agricultores, ganaderos, guías turísticos, escuelas de hotelería, inglés y gastronomía y otros importantes sectores económicos. El triunfo del NO probablemente ahuyentará a los inversionistas y congelará el progreso de estos grandes proyectos y fuentes de trabajo. Los grandes perdedores serán entonces Guanacaste, el Pacífico Central y Sur, San Carlos y la capital.
¿A la lista negra? El referendo del 23 de setiembre definirá la imagen de Costa Rica en EE. UU. Es probable que, para los turistas estadounidenses, una negativa de Costa Rica a aprobar el TLC pase al país a la lista “negra” de los países latinoamericanos vistos como anti norteamericanos, que incluyen a Venezuela, Cuba y Bolivia.
Para quienes están considerando no votar en el referendo del TLC, los invito a reflexionar sobre el futuro del país. A los colegas y trabajadores en la industria turística de Costa Rica, principal motor de la economía, los invito a dejar el corazón de lado y votar con la cabeza. El TLC es más que un tratado de libre comercio. El resultado del referendo definirá las relaciones políticas, económicas y comerciales entre Costa Rica y EE. UU.
Todos estamos conscientes de que el TLC no es un tratado perfecto. Existirán sectores que se beneficien y sectores que se perjudiquen. No todos perderemos y no todos ganaremos con el SÍ o con el NO. Reto a los miembros del sector turístico a evaluar si nuestra industria estará mejor con el TLC o sin él. A quienes consideran que votar en contra no afectara el turismo, los insto a expresar su plan para recuperar la pérdida de imagen en EE. UU. o para reemplazar el 65% del mercado que potencialmente podríamos perder. Tal vez, aquellos colegas en turismo que piensan votar NO esperan reemplazar los 900.000 visitantes de EE. UU. Con un número similar de turistas cubanos, bolivianos y venezolanos. ¿O será que Chávez financiara los más de 20 proyectos de hotelería que nosotros podríamos perder? |