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Simplemente un actor
El teatro salvadoreño actual ha entrado en una fase de la mano del talento y el apoyo de diversos sectores. Lo que parecía estar perdido y fuera del interés cultural, renace con una insospechada fuerza que nadie sabe cómo puede acabar. Blanca Rubio nos presenta un detallado recuento de los avatares de ese resurgimiento, sus fortalezas y debilidades.
Martes 10 de abril de 2007
Blanca Rubio
San Salvador, marzo de 2007 del siglo XXI. Un conde del siglo XV saluda aristocráticamente a las damas que encuentra a su paso. Entre escandalizado y lujurioso mira de reojo a las jovencitas enfundadas en trajes escasos de tela. ¡Habéis imaginado semejante desacato a las buenas costumbres! Los paseantes dominicales se extrañan ante la ridiculez de semejante personaje empelucado. No es un loco, tampoco ha viajado en el tiempo. Es simplemente un actor.
El personaje es extraño, pero no solo por su vestimenta sino también por su ocupación. En El Salvador, el teatro parecería no ser la fuente de ingresos de nadie, sin embargo, no sólo actores sino también directores, productores y gestores, algún escenógrafo y uno que otro vestuarista hacen del arte de lo efímero su modo de vida.
El 27 de marzo la UNESCO y la comunidad teatral celebran el Día Internacional del Teatro. En El Salvador los teatristas salieron a la calle, o mejor dicho, se instalaron en una plazoleta de Metrocentro para celebrarse y celebrar. Para encontrarse con el público y de paso invitarlo a visitarlos en su casa: el teatro, o quizá una casa comunal, el atrio de una iglesia, un parque o un gimnasio.
El teatro nuestro de cada día
Cualquiera se puede preguntar de dónde sale toda esta gente, si en El Salvador no hay una escuela especializada en teatro que otorgue grado académico validado por el Ministerio de Educación. Será vocación, talento quizá, el hecho es que hay una generación de actores, todos ellos formados por interés y recursos propios, iniciando su etapa de madurez artística. Atrás de ellos hay otras generaciones que tuvieron que lidiar con diferentes adversidades, incluso una guerra, y hay un legado y una tradición que dan soporte y condicionan el teatro nuestro de cada día.
Uno también podría pensar que en El Salvador los grupos de teatro se presentan de vez en cuando y de cuando en vez. Pero no es así. Comunicateatro, un grupo dedicado principalmente a atender al sector escolar, realiza un promedio de 12 presentaciones mensuales, en apariencia es poco; pero es suficiente para que un elenco de cinco o seis actores y un director sobrevivan de su profesión. Lo hacen con un ingreso levemente mayor de los $5.81 diarios correspondientes al salario mínimo del sector servicios. Las prestaciones y la seguridad social siguen siendo materia pendiente que cada uno debe procurarse como mejor pueda.
Artteatro, una importante asociación cultural encabezada por el director teatral Fernando Umaña, organiza anualmente desde hace 14 años el Festival Centroamericano de Teatro, Creatividad sin Fronteras , cuenta en su historial con más de quince producciones teatrales, además de talleres, encuentros y actividades de reflexión sobre el teatro y la gestión de las artes escénicas. En un año de operación, Artteatro contabiliza en promedio 8 mil espectadores que han asistido a sus actividades. De esos el 80% lo hacen con boleto pagado. Parecería que no es un dato contundente.
Tampoco parecería contundente que el Teatro Luis Poma, auspiciado por la Fundación Poma y dirigido por Roberto Salomón, logra aproximadamente 15 mil espectadores en las dos temporadas que organiza anualmente.
Sin embargo, sumados los dos públicos y por una operación matemática simple, se puede promediar la asistencia diaria al teatro en el término de un año, incluidos feriados y domingos, en 63 espectadores. Esto sin contar los miles de espectadores más que generan los restantes 10 o 15 grupos de teatro con actividad constante.
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Gasto per cápita, en el 2004,en el sector cultura en los países centroamericanos. Está fijado en dólares. |
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El teatro y el fisco
Todas estas actividades no están reportadas ni registradas en ningún documento que de cuenta de lo que el teatro salvadoreño hace o deja de hacer. Quizá por eso, entre otros prejuicios, se suele creer que cuando un teatrero no además licenciado en algo, es simplemente un vago sin oficio ni beneficio.
Pero no es así. La Bocha Teatro, un grupo con cuatro años de funcionamiento, en 2004 y 2005 ha pagado trescientos dólares en concepto de impuesto sobre la renta. De igual forma Boris Sánchez, productor del Teatro Inestable de Experimentación Teatral, además de tener que lidiar con vestuarios, escenografías, zancos y similares, maneja un sistema contable en el que facturas y créditos fiscales deben ser mensualmente reportados al Ministerio de Hacienda.
Los actores también pagan impuestos, y como contribuyentes y ciudadanos tienen derechos y deberes. Y cada vez más, por exigencias mismas de la dinámica económica, ya sea como individuos, como asociaciones o como empresas, los teatristas se están insertando en el sistema y cumpliendo con sus obligaciones.
Vale la aclaración porque se suele pensar que los artistas viven medrando de los presupuestos estatales de cultura. Sin lugar a dudas el arte como componente cultural fundamental, debe ser protegido y propiciado por el estado, y los artistas deben ser racionalmente beneficiarios de esos presupuestos. No es un regalo ni un favor.
De proyectos y regaños
Como parte de esa responsabilidad estatal, la creación de la Muestra Nacional y la Caravana Nacional de Teatro, el apoyo a Festivales y proyectos específicos fueron respuestas coherentes y acordes a la dinámica generada por el sector independiente. Los dos primeros proyectos apuntaban a convertirse en pilares importantes que dieran soporte, unidad y coherencia a la efervescente pero dispersa actividad teatral independiente.
Pero no siempre lo que brilla es oro, y lo que pudo ser un diálogo vigoroso con el público, de los grupos entre sí y de las organizaciones independientes con el estado, ha sido sustituido poco a poco por un permanente regaño con voz bien modulada y palabras suaves pero al fin de cuentas regañina.
En El Salvador existe una importante actividad teatral independiente, resultado de la autogestión de los grupos o artistas, del apoyo de organismos internacionales y del Estado. Hay teatro comunitario con TNT como abanderado en Chalatenango, teatro para niñas y niños con el Festival Internacional de Teatro Infantil como máxima expresión, hay teatro universitario con sus respectivos Festivales.
Centroamérica: entre la emoción y las cifras
Esta manera de hacer teatro, estas fortalezas y estos riesgos son similares en toda Centroamérica. En el sector teatro los datos son escasos. El proyecto Carromato orientado a la capacitación del sector teatral en Centroamérica ha realizado un esfuerzo importante en este sentido y ha puesto en circulación un documento regional de diagnóstico del sector. Este documento tiene base en investigaciones previas realizadas en cada país.
Documentar los resultados, organizarlos y utilizarlos en la planeación de la ruta a seguir parece el procedimiento lógico, pero genera resistencias. Hacerlo no es fácil, Luis Bonet, director de la cátedra de Gestión Cultural de la Universidad de Barcelona plantea una serie de dificultades que van desde la confidencialidad de los datos o cuantificar más allá de lo económico actividades como leer, mirar, pintar o sentir, hasta dificultades metodológicas y relacionadas con la dispersión, internacionalización e interdependencia de los diferentes sectores culturales de un región o país.
El informe reitera que una de las principales ventajas del teatro en la región recae sobre el dinamismo de los propios creadores, de la capacidad de organización y gestión de instancias de la sociedad civil. Esto se pone de manifiesto al determinar que los estados centroamericanos son promotores del 33% de los proyectos teatrales de la región, y comparte créditos con organizaciones privadas en un 6% de iniciativas; el 61% restante de las actividades son realizadas por autogestión de las organizaciones culturales privadas.
Resalta también la disparidad entre los presupuestos estatales asignados a cultura. Costa Rica, con una institucionalidad cultural sólida, sobresale con un gasto per cápita en cultura de 4 dólares con 62 centavos, muy por encima de los 20 centavos reportados en el mismo rubro por Nicaragua, o el dólar sesenta de El Salvador. El informe no logró establecer datos específicos para el sector teatro, aunque si determina que no goza de privilegios en la asignación presupuestaria.
La baja inversión en cultura de Nicaragua, no ha sido obstáculo para que ese país cuente con un Festival Internacional de Teatro. Mismo que este año arriba a su décimo tercera edición, su directora Lucero Millán en entrevista con el periódico La Prensa de ese país lo deja claro: “ cada año estamos con el alma en un hilo para lograr el presupuesto necesario para montar un evento de esa magnitud, que es de 60 mil dólares aproximadamente… Este festival será sostenido por el equipo de trabajo que somos, modestia aparte, buenos gestores culturales motivados por la pasión al arte”.
De igual manera se puede decir que el presupuesto no lo es todo. En marzo del año pasado el Presidente de Costa Rica y Premio Nobel de la Paz , Oscar Arias, hizo público el proyecto de trasladar la Casa Presidencial a las instalaciones que ocupa el Centro Nacional de la Cultura. El CENAC es un complejo cultural que abrió sus puertas apenas en 1994, y además de albergar las oficinas del Ministerio de Cultura, cuenta con un museo de arte contemporáneo, un teatro, un espacio para la danza, un anfiteatro al aire libre y áreas para el debate.
Lo que Oscar Arias no tomó en cuenta es que se enfrentaría con cientos de artistas que en una cadena humana rodearon el edificio para defender lo que les pertenece a ellos y a todos los ciudadanos costarricenses. No sólo se trata de presupuesto. También la voluntad política de hacer o desaparecer los proyectos es determinante.
“No se trata de existir, sino de insistir”, eran las palabras de Federico Hernández Aguilar, presidente de Concultura, durante la inauguración del XII Festival Centroamericano de Teatro. Insistencia es precisamente una palabra que define bien al teatro salvadoreño y regional. |