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Franklin Chang
Astronauta Costarricense
 
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"Hay vida en otros planetas”, dice astronauta costarricense

Franklin Chang, el astronauta centroamericano que ha viajado siete veces al espacio y ha roto una serie de records a cientos de kilómetros de la tierra, dice estar seguro que hay vida en otros planetas y que la humanidad entera pronto se asombrará. Chang construye en Costa Rica un motor de plasma (el cuarto estado de la materia), para acortar los viajes a la Luna y Marte.

Martes 10 de abril 2007
Por Miguel Jara, especial para Centroamérica21.com

Héroe de niños. Ejemplo de grandes. Utiliza vehículos que viajan a más de veintiocho mil kilómetros por hora y ha caminado en el espacio a alturas de más de cuatrocientos mil metros sobre la tierra. Tiene lo que todos los hombres quieren: sabiduría, perseverancia y humildad.

Jeans azules, delgado como un atleta, camisa tipo polo color beige adornada con el logo de su empresa, calza zapatos negros y no utiliza reloj. Su pelo es lacio y negro y muy desordenado.

Franklin Chang Díaz, astronauta y científico costarricense, 57 años de edad, fue el primer hispano, y el único centroamericano, en viajar al espacio.

Sus ojos han visto el resto del universo más cerca que cualquiera. Sus proyectos en la tierra no tienen límites.

Sus viajes de aventuras y expediciones fuera del planeta iniciaron desde su niñez gracias a Edgar Rice Burroughs. Las revistas de este autor, creador de Tarzán y Viaje a Marte,y muchas historietas más, leavivaron a Chang sus primeras fantasías y un verdadero apetito por conocer del espacio sideral.

Y es que la ciencia ficción tienen su influencia en él. “Soy un Trake (fanático de la serie televisiva Star Trek, Nueva Generación)”, dice.

Su fascinación por el futuro lo identifica con algunos temas que se exponen ahí: “Uno de ellos, es cómo los seres humanos pueden influenciar o afectar el curso de una civilización o un planeta”.

Y, a paso seguido, Chang opina que si los europeos no hubieran cambiado tanto nuestro continente tendríamos un mundo muy diferente. Sugiere que el ser humano debe preguntarse: ¿Respetar o cambiar?

En la serie de televisión admira al personaje que encarna a un androide y desea ser humano. Con romanticismo explica “Muchos humanos nos divorciamos de la humanidad y nos convertimos en androides para no sentir nada”.

Carrera ejemplar

Para perpetuar su carrera ejemplar, en el Museo de los Niños de San José, localizado en el extremo norte de San José, existe un robot, clon de Franklin Chang.

El robot habla, se mueve y hasta explica a los visitantes los tantos misterios que encierra el espacio exterior.

El Dr. Chang, cursó la primaria y secundaria en Costa Rica, egreso del Colegio La Salle (1967) y completo el High School en Hartford ,Connecticut (1969).

Más tarde se graduó como ingeniero mecánico en Connecticut y luego obtuvo su doctorado en el Instituto Tecnológico de Massachussets.

Su madre, María Eugenia Díaz de 79 años, cuenta que al inicio de la secundaria Franklin sacaba malas calificaciones en matemáticas, física y química.

Sus calificaciones fueron tan deficientes que su padre, Ramón Chang, creyó que lo mejor era sacarlo del colegio. Ante tal amenaza se disciplinó y comenzó a sacar las mejores destrezas humanas para el estudio.

Por eso, doña María aconseja a los padres que, aunque los hijos saquen malas notas en determinado momento, eso no significa nada.

Franklin Chang durante una caminata espacial. Cumplió siete misiones en el espacio y batió varios records.

Honores

En Costa Rica, Franklin Chang ha recibido todo tipo de honores. A él se le reconoce todo. Es de los pocos hombres de la tierra que ha subido al espacio durante siete ocasiones, a bordo del transbordador espacial.

El astronauta, ahora retirado en su país de origen, es el primer costarricense en recibir la distinción de ciudadano honorable.

Hasta los entomólogos costarricenses le dieron su propio homenaje al nombrar un escarabajo, no clasificado, con el nombre de Phaneus Changdiazi (portador de luz).

Contrario a lo que muchos pueden pensar, Franklin Chang es gran aficionado al fútbol y a la selección costarricense. En su última aparición desde el espacio, previo al Mundial de Korea-Japón en el 2002, mostró, debajo de su traje espacial, la camisa con los colores de Costa Rica.

Chang es un precursor de lo que llaman economía del conocimiento. El axioma es que los las empresas y las naciones deben invertir en educación para encontrar el progreso.

“No ocupamos un gran espacio, no estamos requiriendo grandes cantidades de tierra ni tampoco necesitamos mucha energía, simplemente un lugar para que la gente pueda crear, sea creativa. Esta economía contamina muy poco, casi nada, pero produce un valor agregado altísimo. Eso es lo que queremos hacer”, asegura.

La inteligencia de Franklin Chang es tal, que muchos costarricenses quieren que sea su presidente. Las encuestas de opinión, así lo demuestran.

Él, sin embargo, no necesita meterse a la política para ayudar la gente.

Él es el líder de un grupo de estudio de más de 200 científicos, educadores y pensadores que está empeñado en construir un mapa que acelere el futuro de Costa Rica. Quiere llevar a ese país, como lo dice, al nivel de Escandinavia o Irlanda.

“Creamos un país ficticio que se llama Costa Rica 2050”, comenta. Para ejemplificar, uno de esos cambios aplicaría a la infraestructura energética de ese país centroamericano.

Entre otras cosas, pretenden incentivar la producción privada de energía solar y eólica para venderla, sin restricciones, llevándola a los hogares con superconductores.

La primera fase de ese proyecto lo aplicará una empresa que conduce Chang desde ahora hasta el año 2010.

“Propondremos cambios similares a las que hicieron nuestros antepasados en 1948 y 1950, que hasta ahora nos dieron muy buenos resultados”, dice.

Y todo eso, lo empujará para cerrar la brecha tecnológica entre los países.

Y, cuando a Chang se le pregunta sobre las claves de su éxito, simplemente dice: “Soy persistente, muy cabezón, como me decía mi abuelo, muy testarudo. No me doy por vencido. Lo más fácil es darse por vencido cuando las cosas no funcionan. Pero yo no soy así”.

Franklin Chang trabaja en el espacio reparando partes de una estación espacial.

Chang en el espacio

Franklin Chang cumplió, entre 1986 y el 2002, siete vuelos al espacio. Acumula más de 1 mil 601 horas en ese espacio. También cumplió tres caminatas espaciales durante 16 horas y 31 minutos. Cuando acabó esta tarea, había cumplido un record en la industria espacial.

El 12 de Enero de 1986, inició su primer vuelo al espacio después de siete intentos fallidos.

“Eso significó realizar un sueño. Tardamos siete intentos en salir. Empezamos a finales de diciembre del año anterior. Pasamos un mes intentándolo. Ocurrieron fallas eléctricas, mecánicas, climáticas. Ese día, yo no creí que no íbamos a salir, pensé que pararían la cuenta regresiva como en los días anteriores”, recuerda.

“De pronto, fue cuando me dieron una patada por atrás, íbamos para arriba. Sentíeuforia. Voy camino al espacio, me dije, y la aceleración se hace más fuerte. Uno se siente muy incomodo. Aplastado contra el asiento. Cuesta moverse”.

Cerca de ocho minutos después, todo cambia en el espacio.

“Súbitamente se cortan los motores y todo flota. Lo primero que uno hace es quitarse los cinturones y lo segundo ir a la ventanilla a ver el planeta tierra. Esa es una sensación extraordinaria que queda grabada en la mente. Aunque lo veas en películas, y en los entrenamientos, estar ahí, en carne y hueso, vale la pena por tantos esfuerzos”.

Cuando hay tiempo de ocio en el espacio, a Chang le encanta contemplar, por hora y media la tierra. Ese es el tiempo que tarda el transbordador en darle la vuelta entera.

“Me gusta quedarme una órbita completa y ver todo el mundo. Escucho música con audífonos. Escucho la novena sinfonía de Beethoven y miro porla ventanilla”.

“Eso me hace transportarme a un mundo de fantasía”. Le ofrezco pensar que en ese momento tiene un gran instrumento para arreglar el mundo pero se niega. “No me atrevería a tocar el planeta, es extraordinariamente bello, como un adorno de árbol de navidad, es muy delicado”.

Le pregunto a Chang, si cuando se mira el mundo a los pies se siente cualquiera con poderes especiales.

Entonces baja el volumen de su voz, y su dedo índice y pulgar se unen para minimizar su explicación. “Sí se siente poderoso pero, a la vez, nos damos cuenta de que no somos nada. La nave es como un granito de arena. Hay fragilidad.”

¿Tantos años de teoría, rigurosos entrenamientos en la tierra, pero se puede ser sentimental en el espacio?, pregunto.

“Hay muchos sentimientos: todo el mundo esta ahí. Nosotros somos los únicos que no estamos ahí. El resto de miles de millones están ahí. El lugar se ve totalmente pacífico, pero piensas en tantas guerras y en la gente que están matándose en esos momentos. Lo bueno y lo malo lo ves desde afuera”.

Pánico

Franklin Chang tiene muchos planes para el futuro. Posee su propio
laboratorio en Costa Rica.

El astronauta cuenta que una vez arriba, se produce una sensación extraña y de pánico cuando llega la noche y la tierra desaparece.

Sin embargo, desde el espacio ha podido apreciar la espectacularidad de una tormenta con relámpagos en todo un continente.

¿Hay vida en otros planetas?, pregunto a Chang con el atrevimiento de quien desafía un científico.

“Personalmente, estoy seguro que sí. Uno debe darse cuenta que nosotros no estamos en el centro de nada, ni en ningún punto importante. Somos una estrella de baja magnitud. Estamos orbitando en un lugar. Estrellas como estas hay miles de millones”.

Y cuando se le repregunta sobre la existencia de vida inteligente, responde: “Puede ser. La vida en el espacio es más la norma, que la excepción. Seria extraordinario que fuéramos los únicos, pero no tiene sentido. ¿Por qué aquí? Muy pronto vamos a encontrar bastantes indicios de vida.”

Elúltimo viaje oficial al espacio con la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA, siglas en inglés) fue en el 2002 abordo del Endevour, pero su amor precoz por el universo es más poderoso.

“Como astronauta siempre quieres ir otra vez. Tal vez se envicia uno de ese trabajo. Pienso que tal vez el ámbito privado puede permitirme volver al espacio. Será un lugar donde muchas personas vivirán y trabajarán, el espacio no será nada del otro mundo como lo es ahora. Uno añora eso.”

Sin querer serlo habla como profeta y no duda un instante al afirmar que le gustaría vivir en el espacio y hace sus predicciones. “Llegará el día en que la gente nacerá y crecerá en el espacio. Pienso que algún día vamos a tener comunidades muy grandes e independientes de donde vinieron, como sucedió con la historia de la tierra.”

Gente en Marte

Toma un sorbo de su café con leche, su mirada se pierde por un momento, habla con inspiración, conforme avanza asiente con su cabeza y su voz se va haciendo casi un murmullo. “Nacerá gente en Marte y no vendrán a la tierra. Quizás no vengan a la tierra porque serán muy pesados y sus esqueletos no estarán muy fuertes para caminar. Marte será un paraíso, en comparación con la tierra, por la contaminación. Todo es virgen y puro ahí. Aquí poco a poco vamos acabando con la tierra, al paso que vamos”.

La entrevista se realiza bajo un cielo totalmente despejado en la región norte de Costa Rica.

El científico costarricense posee ahí un nuevo y moderno laboratorio que se llama “Ad Astra Rocket”, desde ahí inicia su experiencia como empresario.

En el año 2005, renunció a su trabajo en la NASA, después de dos décadas y media de éxitos y reconocimientos.

“Me di cuenta que la velocidad del ámbito empresarial y comercial era más rápida que la del gobierno, pues está controlado por las vicisitudes del presupuesto de los EUA”.

Un gran salón blanco con una mesa ovalada de grandes proporciones y lleno de pizarras mágicas al fondo, sirve de escenario para la charla.

“Pasé de ser un empleado público a un ciudadano privado. En el primer mes atrajimos capital y empezamos a marchar rápidamente. Nuestra velocidad se ha quintuplicado. La premisa de que en el ámbito empresarial es mucho mas rápido se ha probado”.

Chang hizo algo importante con su vida. Mientras permaneció en la NASA, fue también director del Laboratorio de Propulsión Avanzada entre 1994 y el 2005.

Después convenció a sus jefes que privatizaran el proyecto como un camino más seguro para alcanzar el éxito.

Ahora, está construyendo en Costa Rica, un motor para naves espaciales que se mueve con plasma (el cuarto estado de la materia).

“Mi sueño siempre era desarrollar esta tecnología no solamente en Estados Unidos, sino traer un pedacito del espacio a Centroamérica, Costa Rica, mi país natal. Como latinoamericano siempre he jalado a mis raíces, a mi tierra. Así que presenté el proyecto a los inversionistas, pues parte de este sueño debía llevarse a Centroamérica.”

Ubicado casi en la frontera con Nicaragua, el nuevo laboratorio de fabricación de motores espaciales de última generación, fue inaugurado apenas en el 2006.

Este laboratorio complementa las operaciones, de otro laboratorio de mayor tamaño, ubicado en Houston, Estados Unidos.

Desde Costa Rica, Chang trabaja, junto a otros científicos costarricenses, en la construcción de un cohete de magneto plasma de impulso específico variable. El nombre, aunque complicado, puede cambiar el futuro de la humanidad.

El plasma gas es súper caliente. Cuando cualquier gas se eleva a temperatura de más de diez mil grados Celsius, se convierte en gas ionizado; o sea, un conductor eléctrico. “Utilizamos la propiedad de ese gas como conductor eléctrico, para activarlo por medio de un campo magnético. Lo calentamos y lo dejamos salir. Al salir produce propulsión como un cohete normal.”

Ad Astra Rocket es la prolongación de más treinta años de investigación y desarrollo en plasma, especialidad del Dr. Chang. Precisamente sobre eso versó su doctorado en física, obtenido en 1977 en el Instituto Tecnológico de Massachussetts.

“Mientras más caliente sea el escape, más eficientes son. De esta forma pasaríamos de los combustibles químicos que logran miles de grados, a la de millones de grados que permite nuestro proyecto.”

Actualmente, los cohetes permiten apenas un 17% de carga. Todo el espacio restante es ocupado por el combustible. La tecnología que usa el proyecto de Chagn es más eficiente y permite duplicar esa capacidad y así servir de transporte para abastecer futuras generaciones.

Si logra su propósito, Chang podrá acortar los viajes a la Luna o a Marte.

A él le interesa también el turismo espacial. Predice que será una industria importante en el futuro.

“Ir a Marte, se tarda mucho. Siete u ocho meses. Un ser humano irradiado, llegaría hecho polvo. Se pretende acortar el tiempo de travesía a 39 días con el motor que estamos fabricando. Aquí las fuentes eléctricas serian nucleares eléctricas. Factor 10 en reducción de tiempo. La radiación que recibe el ser humano es mucho menor”.

“En Dallas estamos desarrollando lentes de fresnels para concentrar la energía solar en celdas fotovoltaicas, que dan 300 watts por metro cuadrado. Tres veces más de lo que hoy es posible. Esto también cambia la economía de la energía solar en la tierra.”

La creación de superconductores para acarrear el plasma servirá también para conducir corriente eléctrica en la tierra sin que haya mayores perdidas de energía.

Las aplicaciones sanitarias no se escapan al desarrollo de los avances de la empresa de Chang.

“Planeamos una planta para utilizar descargas de plasma por sus altas temperaturas y transformar desechos bio-infecciosos en hidrógeno”, asegura el científico costarricense que no se detiene a la hora de parir ideas.

Bromea al decir que no podrán llevar agua en cubetas al espacio desde la tierra, pues seria carísimo. “Pensamos buscar agua en los asteroides, cometas viejos, pues son bolas de nieve, pedazos de hielo, esas rocas se pueden recoger y las alunizamos”.

Con mucho orgullo expone que hoy por hoy Ad Astra Rocket es una de las pocas compañías norteamericanas radicadas en Costa Rica cuyo capital pertenece en un 83% a inversionistas locales. “Esto ha causado una interesante reacción a los jerarcas de la NASA pues ven que en Centroamérica también podemos incorporarnos a esta aventura espacial”.

La compañía requiere US$150 millones para cumplir con sus objetivos. La primera etapa que finaliza este año con la construcción del primer prototipo del motor VX-200 cumplió su meta de recaudar los US$50 millones.

Para el 2010 buscaran reunir los US$100 millones restantes y de esta manera tener listos dos motores de serie VF-200, a finales de ese año. Este motor se probará en el espacio y lo que hará es empujar la Estación Espacial Internacional.

“El empuje que produce ese cohete mantendrá en orbita a la estación, este será un servicio para proveer. Ahí está el negocio. Mantener estaciones en órbitas que si no se les empuja se caen”. Se estiman que las primeras ganancias dejaran cerca de US$500 millones.

Ese es Franklin Chang: el primer astronauta centroamericano que no solo viajó siete veces al espacio, sino que se dispone a impactar la humanidad.

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