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Doña Chayito en su casa. Prepara queso para venderlo y encarar la apretada situación económica.
 
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Ser pobre en Caluco, el ejemplo de doña Chayito

“Esto es para el queso”, dice doña Chayito mientras tapa con una manta blanca, muy limpia, dos guacales llenos de leche. Su casita está impregnada de ese olor tan peculiar del buen queso casero.

Martes 10 de abril de 2007
Redacción

A sus 38 años, y abandonada por un hombre infiel a quien no quiere recordar, ella y sus hijos son una de las tantas familias beneficiadas por el programa Red Solidaria impulsado por el gobierno central.

Doña Chayito es pobre, muy pobre, y aunque siempre creyó estar en el sótano de la vida, nunca se rindió. Es una mujer emprendedora y activa a quien nada, ni nadie, parecen vencer.

El primogénito de Chayito logró graduarse de bachiller. Ahora estudia administración de empresas en la Universidad Modular Abierta, (UMA). “Él me ayuda a exprimir y a amasar el queso, pero sin descuidar sus estudios. Ayer me vino con un 8.5 que se había sacado en un examen”, dice mientras la satisfacción le dibuja una sonrisa en la boca.

Ella lucha a brazo partido para lograr sacar adelante a sus cuatro hijos: su sueño es verlos graduarse en una universidad. Pero en Caluco la vida es difícil. Hay mucha pobreza y pocas oportunidades, pocas facilidades.

De hecho, según el mapa de pobreza elaborado por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, (FLACSO), Caluco es el quinto municipio más pobre del país. Ahí, el 43.6 % de los hogares están en extrema pobreza, y el el 70% ni siquiera tiene acceso a agua potable.

Pero doña Chayito no se ha rendido nunca.

La maldición de Caluco

Caluco se ubica a solo seis kilómetros de la ciudad de Sonsonate, y es en este valle donde confluyen las aguas de toda la zona. En invierno, la red de ríos y el verde de los cerros constituyen un paisaje hermoso. La tierra de Caluco no es estéril… ¿Por qué entonces tanta pobreza?

Los caluqueños tienen una explicación. En la zona corre el rumor de que la miseria del lugar se debe a una antigua maldición.

Cuenta esa leyenda que, hace un par de siglos, un sacerdote presionaba a los pobladores para que aceptaran la religión católica. Para ellos, en su mayoría indígenas, esto era inconcebible. Algunos, se dice, se convirtieron en animales, por arte de encantamiento, y destruyeron la iglesia.

Fue entonces cuando el sacerdote lanzó la maldición contra el pueblo, condenándolo para siempre a la miseria.

La historia verdadera es otra: fue un terremoto, acaecido en 1773, lo que colapsó las estructuras de la iglesia, construida a finales del siglo XVI por los monjes dominicos del convento de la Santísima Trinidad de Sonsonate.

Sin embargo, los pobladores han transmitido por generaciones el mito de la maldición. Y muchos se resignaron a ser eternamente pobres. No es el caso de doña Chayito.

Ella nunca le ha pedido a la vida ni a nadie un pescado ni una mazorca de maíz. Siempre ha preferido aprender a pescar y a sembrar. No es una limosna lo que necesita. Es una oportunidad, algunas facilidades, un impulso. Lo demás corre por su cuenta.

Los niños de las familias que se benefician con el programa deben acudir a la escuela, sin atenuantes.

Una mano a los pobres

“Haremos una transferencia monetaria a cada hogar en extrema pobreza severa, a cambio de dos condiciones: que los niños vayan a la escuela y que los más pequeños y sus madres, se pongan en control nutricional y de salud”.

Esas fueron las palabras del presidente Elías Antonio Saca, el 7 de marzo de 2005, cuando presentó a la sociedad el Programa Red Solidaria. En esa ocasión también explicó:

“Lo primero es darles una plataforma básica para rescatarlos de condiciones extremadamente frágiles. Luego viene la fase de darle las herramientas, para que con su trabajo y su esfuerzo salgan adelante, dándole prioridad al cuidado de la salud y la educación de sus hijos”.

El programa ha sido polémico y sufre constantes críticas desde sectores de izquierda y de derecha. Algunos dicen que se trata más bien de un instrumento de propaganda partidaria. Otros denuncian que el hecho de que el gobierno reparta dinero entre los pobres no es otra cosa que populismo.

En una entrevista concedida a centroamérica21.com, la coordinadora del Área Social del gobierno, Cecilia Gallardo de Cano, explica que la transferencia monetaria es sólo un componente del programa y no es tampoco al que más recursos se destinan: “de cada 100 dólares que se invierten, solo 20 son para las transferencias”, asegura.

La funcionaria confía plenamente en el diseño técnico de Red Solidaria, y es a partir de allí que enfrenta las críticas. “Lo que sucede es que hay una alta ideologización en el tema de pobreza. En laextrema derecha se suele decir: el pobre que trabaje. En contraposición la izquierda siempre ha utilizado el tema de la pobreza como una bandera política”, dice.

Ella nos explicó que el funcionamiento de Red Solidaria es sencillo, pero no se limita a entregar 15 o 20 dólares a las familias seleccionadas.

Se contrata a una ONG en cada municipio. La ONG pone un promotor por caserío. El promotor verifica que las familias beneficiadas tengan los sellos que aseguran que sus hijos han asistido a la escuela y a la unidad de salud a controles preventivos.

La transferencia simplemente garantiza que las madres cuenten con efectivo para llevar a sus hijos a los controles o para que les compren zapatos para ir a la escuela.

Esa es según la funcionaria el destino del dinero que reciben las familias.

Pero lo más importante y cuantiosa es la inversión en infraestructura: electrificación, agua potable, puentes, caminos… “Al mejorar el entorno, mejora la condición de la familia. La pobreza no solo tiene que ver con la ausencia de ingresos, sino sobre todo con la marginalidad y la exclusión, con la falta de servicios básicos”, dice.

Chayito responde

Las cosas comenzaron a mejorar hace dos años para doña Chayito, y para muchos otros en el municipio. La causa ha sido la entrada de Red Solidaria.

“La gente era aquí un poco pasiva, ahora ya se ve gente más arregladita y animada, la red la está capacitando”, dice María de los Angeles Escobar, miembro del Comité Municipal de Red Solidaria en Caluco.

Lo que ella más valora es el cambio de actitud que genera el programa. Lo que primero es parte de un contrato entre el estado y las familias (el compromiso de cumplir determinadas obligaciones, en términos de salud preventiva y educación, para acceder a la ayuda monetaria), poco a poco se convierte en un hábito.

En el caso de doña Chayito nunca faltó la voluntad, la iniciativa y el esfuerzo. Siempre se ha rebuscado para sobrevivir, pero la cosa es menos dura desde que se incorporó a la Red Solidaria. Y ha aprovechado la oportunidad.

Ella recibe ahora, cada dos meses, una transferencia monetaria condicionada de treinta dólares, ya que dos de sus hijas califican en el programa, en el área de educación.

Pero además, por medio de la Red ha recibido capacitación para manejar mejor sus pequeños negocios, entre ellos la crianza de unos cuantos cerdos, producción casera de queso y cría de gallinas ponedoras.

La red también le ayudó a conseguir un trabajo como alfabetizadora de adultos.

El hijo mayor de Chayito, el universitario, ya no tendrá que abandonar sus estudios, que era el horizonte más probable, para ayudar a mantener a la familia. Eso está en manos de su mamá, que sueña verlo graduado. A él y también a sus otros hijos.

Para enfrentar la vida con esperanza y optimismo, esta mujer no esperaba que alguien le regalara algo. Solo quería una oportunidad. Red Solidaria se la ha ofrecido. Y ella ha respondido.

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