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Esclarecimiento de una acto de barbarie
Edwin Ayala, novelista y autor de un libro de memorias de la guerra titulado Al tope y más allá, acusó a “Romell”, un miembro del batallón Atlacatl del ejército, de asesinar en un combate a una guerrillera, cortarle los senos, rociarla con ácido y colgarla de un árbol. “Romell” es el ex capitán Herard von Santos, quien también publicó una memoria de guerra bajo el título de Días de trueno. Centroamérica21.com los unió en un diálogo que se prolongó durante dos horas. Y fue hasta entonces que se supo lo que verdaderamente pasó en aquella batalla en que ambos participaron.
Martes 10 de abril de 2007
Redacción
Ninguno de los dos llegó desafiante. Aunque fueron guerreros en un país que, por mucho tiempo, se quedó sin amo y sin ley, hace rato dejaron los ritos de la violencia.
Edwin Ayala peleó, fusil en mano, en la guerrilla asentada en las montañas de Guazapa. Herard von Santos fue oficial del batallón Atlacatl, unidad elite del ejército salvadoreño. Cada uno tenía, en la época de la guerra, sus propias convicciones e influencias.
Quince años después de finalizado el conflicto, un libro de memorias escrito por Edwin Ayala, provocó el encuentro de los antiguos guerreros en un restaurante de San Salvador, invitados por Cetroamérica21.com
El ex guerrillero, quien todavía no pierde su vieja figura, describió en Al tope y más allá , un hecho que, como la flecha de Acestes, se disparó al aire y ardió en las nubes como un acto de excesiva crueldad.
Ayala dice que soldados del batallón Atlacatl asesinaron, en Guazapa, a una joven guerrillera, a la que la guindaron de un árbol, le cortaron los senos, le mutilaron la vagina y la rociaron con ácido.
De ello responsabilizó a un oficial del batallón Atlacatl identificado como “Rommel”, nombre que recuerda al lugarteniente de Adolfo Hitler que hizo correr ríos de sangre por las estepas de África.
En la guerra salvadoreña, “Romell” era precisamente Herard von Santos, el mismo oficial del ejército que, ese mediodía de marzo, aceptó juntarse con el escritor que le tironeó el alma y lo convocó, en una hoja de papel de su libro, como un verdadero asesino sanguinario.
Quizá por eso es que Geovani Galeas les preguntó a los dos guerreros retirados, cuando se conocieron y se disponían a sentarse en una mesa del restaurante, si llevaban armas consigo.
Quizá lo hizo para que, ese día, ninguno de los dos invocaran viejos rencores. Mucho menos desconfianzas nacidas de las precariedades o excesos del lenguaje y de la memoria.
Cuando escucharon aquella pregunta, los dos se rieron. Sabían que no tienen pesadillas por la forma cómo actuaron en la guerra ni son ángeles vengadores. La historia de las grandes conmociones la dejaron de lado, hace mucho tiempo.
Quince años después de firmada la paz, Edwin y Herard tienen ahora mucho en común: ambos se retiraron de las instituciones a las que sirvieron durante el conflicto, y ambos son abogados. Los dos trabajaron como fiscales del estado. Cada uno de ellos perdió un hermano en combate. Y todo eso se produjo como si hubiesen leído el mismo tratado sobre cómo guiarse en tiempos de paz.
Edwin y Herard conversaron, tensos al principio pero sin agitaciones ni reclamos, durante casi dos horas, junto a periodistas de Centroamérica21.
La muerte de la guerrillera, la guerra, la astucia con la que se manejaban y hasta los métodos para exterminar o sobrevivir a sus adversarios, fueron algunos de los temas sobre los que hablaron sin excesos de tragedias o grandezas.
En el camino de la conversación se dieron cuenta que, uno y otro, estuvieron a punto de matarse allá en Guazapa. Se dispararon, con odio y a ráfaga partida, a menos de ciento cincuenta metros de distancia.
Pero, sobrevivieron y muchos años después, esto fue lo que conversaron, como dueños de una empresa romántica en la que la muerte ya no asusta:
El guerrillero
Edwin Ayala
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Edwin Ayala, novelista y autor de un libro de memorias de la guerra titulado Al tope y más allá |
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Ayala: Los combates nuestros con el batallón Atlacatl se ubican en el verano de1990. En esa época enfrentábamos uno de los operativos más fuertes. Entre los planes operativos del ejército, el verano siempre era importante porque escaseaba la vegetación, porque se elevaba la capacidad de observación aérea y por la dificultad de la guerrilla para desplazarse. También teníamos dificultad para abastecernos de agua. Esas son cosas elementales cuando montas una guerra. Pero, en el operativo que mencionamos ocurrió un cambio. En los meses previos y posteriores a la ofensiva de 1989, la mayoría de los operativos del ejército se plantearon desde la zona sur hasta la zona norte. El Atlacatl se movía, principalmente, entre el cerro El Campanario y el cerro Los Lirios. Son los cerros más altos, además de El Roblar, que es la posición fija de comunicaciones.
Hasta esa fecha, no se habían hecho movimientos desde arriba hacia abajo. Era extraño. Cuando se comienzan a dar los movimientos, la guerrilla empezó a enfrentar un nuevo planteamiento táctico y empezamos a sufrir bastantes bajas.
Nuestros combates se dieron en las estribaciones del cerro Los Lirios. El campo minado estaba débil por todo lo que enfrentábamos después del desgaste de la ofensiva. Por ahí incursionaba el Atlacatl. Entonces murió mucha gente. Yo estuve releyendo mi libro pero, en realidad, fueron dos mujeres muertas. En el libro no están especificados los días. Pero, sí murieron dos compañeras. También murieron otros cuatro compañeros más en esos operativos.
La muerte de Sonia se dio al medio día. Fue durante el almuerzo. No se trata de una hora de almuerzo urbano. Pero, hablo aproximadamente del mediodía. Una de esas mujeres no estaba involucrada en el combate. Ella llevaba un saco de tortillas y un cumbo de leche con frijoles. Es más, esa compañera era lisiada. Tenía una lesión en una mano. Tenía un toque que le habían dado en la ofensiva.
Geovani Galeas : ¿Su ubicación en ese momento donde está?
Ayala: Allí, cerca, yo estaba en el cerro El Quemado. Es que…
Galeas: ¿Allí estaba el puesto de mando?
Ayala: Allí estaba el puesto de mando del Partido Comunista. Yo creo que los jefes del ejército lo sabían, pero las unidades operativas no creo que lo supieran, al menos con precisión. Los batallones élites que pelearon en Guazapa tuvieron enfrentamientos con la guerrilla, a 100- 150 metros del Estado Mayor de las FAL. Eso nunca lo supieron.
Por eso es que yo creo que hay gente arrebatada e ignorante que, en estos días, escribe que el PC no hizo guerra y no estuvo en nada, mi respuesta es que es gente ignorante. Al igual que el capitán (dice refiriéndose a Herard ) se siente orgulloso de haber sido del Atlacatl, como algo elemental de su vida, o de haber sido parte del ejército, igual uno se siente orgulloso de haber estado en ciertos lugares. Laffite Fernández: ¿Por qué no los ubicaban si estaban tan cerca?
Ayala: Por la capacidad de la información, de la inteligencia del ejército…
Galeas: ¿Estás hablando del Estado Mayor de las FAL o del Estado Mayor del campamento?
Ayala: De las FAL.
Galeas: O sea que estás hablando de Ramiro Vázquez, el máximo jefe militar del PC?.
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LIBRO AL TOPE Y MÁS ALLÁ |
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Ayala: De Ramiro, si. Incluso, él llegó a tener un combate frontal con el batallón Belloso. El Belloso nos cayó de asalto en una reunión que había en un campamento de las fuerzas especiales. Ahí cayeron de asalto. Todo el mundo estaba preocupado por él. Ramiro agarró su AK-47 ruso, que era el único que había, porque todos eran alemanes, chinos y coreanos, y peleó. Aquí no hubo más que unos 4 ó 5 AK rusos. En realidad, durante esos días hubo una gran cantidad de enfrentamientos. Peleábamos todos los días, desde el amanecer hasta el anochecer. Eso no creo que se lo hayan planteado a las unidades operativas porque cualquiera de ellas tiene ambición de aniquilar al puesto de mando enemigo. Eso es una actitud psicológica. Sentís aquella cosa…
Lafitte: ¿Pero cómo no detectar un puesto de mando tan importante en una zona tan estrictamente vigilada?
Ayala: Es que lo que sucede con Guazapa Sur, la zona de Los Lirios, La Cruz, El Salitre, La Loma, Tejutepeque, Peña Labrada, era una zona donde estaba el PC. Ahí no había ninguna otra fuerza. Era un sector pequeño. El capitán lo sabe. Algunas veces el ejército comenzaba a moverse a las 7 u 8 de la mañana y los combates se daban a las 11 o 12 de la mañana. Algunas veces, lo más que se avanzaba, en el caso de Los Lirios, no eran más de 200 o 300 metros . No era más que para montar un combate.
Galeas: Prácticamente peleaban aferrados al cinturón del enemigo.
Ayala: Si, todos los vergazos y bazucazos desperdigados. Todos iban a caer al mando.
Galeas: Un paréntesis, yo sé que las FAL, más que las otras otras guerrillas, tenían muy estructuradas sus jerarquías. ¿Cuál era tu rango?
Ayala: Yo no tuve ningún rango.
Galeas: ¿Por qué?
Ayala: Yo siento que el PC fue un poco más celoso de esas cosas.
Lafitte: ¿Eran menos estructurados?
Ayala: Fíjate que no. Lo que pasa es que el PC dio unos grados en el año 83. Se dieron a todos los compañeros que se fueron a la ex Unión Soviética. Inclusive al hijo de Schafik Handal. Regresaron como capitanes. Después de esa generación, a algunos les daban grados de sargentos, o de tenientes. Pero a otros nada más se les reconocía como oficiales sin darles el grado.
Galeas: Pero tu trabajo en comunicaciones, por equivalencia si tiene un rango de oficial.
Ayala: Sí, en alguna medida creo que sí.
Galeas : Partimos de que tu eres un oficial de comunicaciones, no de infantería.
Ayala: No necesariamente… Yo hacía otras cosas.
Galeas: Estamos hablando de inteligencia.
Ayala: Sí, correcto.
El Capitán
Herard Von Santos
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“Romell” es el ex capitán Herard von Santos, quien publicó una memoria de guerra que llamó Días de trueno. |
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Herard: Sin ofender, nunca tuvimos como un enemigo serio ni a ellos (PC), ni a la RN ni al PRTC, ya que fueron las unidades menores dentro de los esquemas de la guerrilla. Siempre tuvimos en gran respeto al ERP y nos encantaba pelear con la guerrilla de Chalatenango, las FPL.
Galeas: ¿Por volumen de fuego?
Herard: No fue por volumen de fuego. La guerrilla de Chalatenango estaba acostumbrada a irse al tope. Ellos, y nosotros, maniobrábamos sobre el terreno. Esa era la diferencia con Chalate. Yo lo digo en mi libro. Ese fue el lugar que escogió la guerrilla para quebrar la voluntad del ejército utilizando las minas. No podías caminar 10-15 metros sin encontrarte con una mina. Yo pateé tres minas y gracias a Dios ninguna reventó.
Galeas: Está hablando de una deliberada estrategia militar por el terreno…
Herard: Sí
Galeas: ¿De cobardía?
Herard: No, no de cobardía. Lo que pasa es que Guazapa no te permite ejecutar acciones de combate maniobrando en lo clásico. Sobre todo, cuando no sabés dónde están los campos minados. En el caso de nosotros, eso nos limitaba demasiado para poder hacer maniobra sin saber dónde estaban los campos minados. Algunos de nosotros sabíamos, más o menos, donde estaban esas áreas. Las ubicábamos en las cartas. Pero, no sabíamos dónde estaban las minas específicamente. En cambio, la guerrilla podía maniobrar con más rapidez porque ellos sí lo sabían. La concentración de minas en Guazapa no la encontramos en ningún otro frente de guerra.
Galeas: ¿Esto producía desmoralización?
Herard: Si. La mina, a diferencia de la muerte, te causa heridos. Entonces cuando ves al herido, cuando oís sus quejidos, no solo te desmoralizás, no solo te da temor, sino que tenés que utilizar de dos a tres soldados para sacar un herido. Si esa mina te hería a dos o tres, tenías que usar de seis a nueve soldados para sacarlos. Y una patrulla es de 16 miembros. Prácticamente ahí quedó anulada una patrulla. Y las secciones o los pelotones del Atlacatl eran de dos patrullas.
Ese era el problema de Guazapa. La táctica guerrillera del uso de minas, de la emboscada, de los francotiradores, nos limitaba demasiado.
No sé qué ocurría en otras unidades, aunque me han contado, pero nosotros, antes de salir a operaciones, teníamos una reunión en el COT (Centro de Operaciones Táctico). A diferencia de lo que muchos sostienen, ahí no se permitía la entrada de los gringos. Esto a pesar de que había un asesor gringo, no adscrito al Atlacatl pero sí en las instalaciones, en el centro de entrenamiento de los batallones de reacción inmediata. Ahí se entrenaban todos los batallones de reacción inmediata.
En el COT se definía la última información. ¿Qué era la información? Tú que estuviste en comunicaciones (dice refiriéndose a Edwin Ayala), las interceptaciones de señales, que para mí fue lo más ridículo. Si tú le agarrabas una interceptación de señal a ellos, lo lógico era que la guerrilla había establecido un lugar diferente para hacer su comunicación. Lo hacías durante un minuto y luego te ibas. Entonces esas interceptaciones de comunicación las graficaban en la carta y nos decían: “mire, aquí las concentraciones de comunicación del enemigo están en estos y estos lugares”. Pero esos lugares eran los más minados. Claro, la guerrilla sabía cómo hacerlo. Te van llevando… y esa fue una de las fallas en el alto mando. Te llevaban al escenario que ellos querían.
Galeas: La guerrilla decide el cuándo y el dónde …
Herard: Exacto. Otra cosa: Siempre estábamos atentos al humo de las cocinas. El problema es que con la técnica de las cocinas vietnamitas nos fregaban.
Ayala: El olor de las tortillas.
Herard: También. Teníamos excelente apoyo de inteligencia aérea. Nuestras fotografías aéreas no tenían nada que envidiarles a los norteamericanos. Nunca vi fotografías de satélite en el Atlacatl. Pero, con los infantes de marina, sí. Eran fotografías de satélite proporcionadas por los estadounidenses. Ellos te muestran los campamentos y las construcciones de las trincheras. Todo eso te va dando un esquema.
Nosotros nunca sostuvimos eso de que “bueno, ahí vamos a encontrar al enemigo” o “este campamento que encontró fulano de tal, cuando lleguemos, ahí vamos a encontrar al enemigo”.
Esa movilidad que tenía la guerrilla nos hacía difícil poder decir: “en tal lugar está operando tal campamento, ahí está el mando central de esto y lo otro”. Sabíamos que había un mando conjunto, porque Guazapa fue el único escenario de guerra donde hubo un mando conjunto de todas las unidades de la guerrilla.
Galeas: Si no me equivoco, la zona fuerte de Guazapa era la de la RN…
Herard: Sí. Las otras zonas eran solo de paso obligado para nosotros, o para ellos. Te quiero decir, para corregir, que al menos desde las primeras operaciones que hice en el 89 nosotros siempre ocupábamos las alturas como El Lirio y El Campanario. De ahí nos irradiábamos hacia el sur, o hacia el oeste o hacia el este. Pero el Atlacatl tenía cuatro agrupaciones. Cada una estaba formada por dos compañías. Tenés ocho compañías de infantería. Los Lirios y El Campanario los ocupaba una agrupación. Las otras 3 agrupaciones siempre tratábamos de darle la media luna a Guazapa.
Y la zona que daba al norte de Chalatenango siempre la teníamos controlada con la base militar que estaba en El Roblar. Y siempre acercábamos algunas unidades ahí. La táctica que había implementado el mando era llenar Guazapa de patrullas, de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba. El problema era que no podías maniobrar en esas circunstancias. Te pega un francotirador y ya te jodió. En ese momento tenés que abandonar la misión de combate y empezar a planificar cómo sacar ese hombre hasta allá arriba. Prácticamente ahí moría la acción ofensiva de ese pelotón o de una patrulla.
Galeas: ¿A qué se deberá esta contradicción, Edwin? El capitán asegura que sí combatían. No era tan insólito como tú dices.
Ayala: Yo lo interpreto así: desde que Guazapa tuvo guerrilla, el ejército siempre tomó Los Lirios y El Campanario.
Galeas: En las partes altas.
Ayala: Esas son las partes altas. Pero no siempre se operó ahí. Desde 1988 al 90 se comenzó a bajar en esa dirección. Durante los años anteriores, no. Solo se tomaban las posiciones a manera de contención. Y, como el capitán dice, el mayor esfuerzo de media luna era hacia el sur por dos razones. No es solo táctico. No es solo lo que el combatiente del bando contrario siente cuando combate. Ese es un elemento táctico. El estratégico es que el Estado Mayor del ejército sí sabía dos cosas: 1) que la guerrilla del sur de Guazapa se abastecía en el sur y esa media luna servía, en alguna medida, para controlar los lugares por donde nos abastecíamos. La prueba es que ahí nos pegaron unas emboscadas y sufrimos bajas.
Pero lo otro es lo siguiente: desde el 89 que entramos a San Salvador, era el PC el que entraba. Todas las incursiones que hicimos a la Escalón y a la 75 avenida norte, el ataque a la Fuerza Aérea y algunos otros ataques menores en la periferia de San Salvador, los hicimos nosotros. Y ellos sabían que tener una media luna de contención era básico para impedir que la guerrilla llegara a San Salvador.
La RN no vino a San Salvador nunca después de la ofensiva. Los únicos que vinieron con nosotros a la Escalón, en una o dos ocasiones, fue una unidad del ERP comandada por Chico Armijo. Fueron los únicos. Conformaban un pelotón como de treinta hombres.
Galeas: ¿Le encuentra lógica a ese planteamiento? (se dirige a Herard)
Herard: Sí, lo que pasa es que este planteamiento tenés que insertarlo junto a otros hechos. Por ejemplo, hubo un despliegue grande de las unidades de las FPL en el volcán de San Salvador. Incluso, se hizo una conjunta del Atlacatl y una unidad especial de la Policía de Hacienda. Por cierto, se mató ahí, en unos combates, a uno de los fundadores de las FPL: el comandante Dimas Rodríguez.
El ataque a la fuerza aérea fue casi un año después. Ocurrió en septiembre de 1990. Esa operación se había descubierto antes. Se hizo un seguimiento a quienes participarían en la colocación de los famosos tepezcuintles.
De hecho, una de las posiciones donde se iban a lanzar los tepezcuintles, fue asaltada por el CEAT. El CEAT en ese tiempo era la unidad antiterrorista para lucha urbana que tenía el ejército. Hoy es símil de los DELTA norteamericanos para el rescate de rehenes. Esta unidad dio ese golpe y de ahí nos dimos cuenta de que parte de esa operación que iba a concluir con el lanzamiento de los tepezcuintles. Pero que además, con el interrogatorio de estos tipos salió la captura del comandante Ramón Suárez, a quien tuve la oportunidad de entrevistar.
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LIBRO DÍAS DE TRUENO |
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Galeas: Barba Roja.
Herard: Ese era el indicativo. Era el ex diputado Benavides Moreno… Entonces, parte de esa estructura que planificó y desarrolló el ataque a la Fuerza Aérea fue capturada y desmantelada por el ejército. Entonces estamos hablando de que a ese cerco de sur a norte, se le agregaban acciones de contraguerrilla urbana, acciones de inteligencia, de contrainteligencia. Teníamos gente infiltrada dentro de las organizaciones guerrilleras en Guazapa y en otros lugares. La guerrilla hacía también lo mismo.
En el caso de nosotros era el GOE (Grupo de Operaciones Especiales) el que tenía mucho despliegue en la parte sur y en la parte de Suchitoto. Realizaba muchas operaciones en la zona.
Hay otra cuestión que no sé si la sufrió la guerrilla. El problema es que los oficiales jóvenes no pueden cuestionar la información, a pesar de tener otras impresiones por las operaciones pasadas o por intercambios. Yo me reunía con compañeros que estuvieron en el Belloso. Y decíamos: ¿Por qué no hacemos esto? ¿Por qué no cambiamos lo otro?
Ayala: Este asunto del que él habla entre la disparidad en el manejo de la información operativa y de los planes de los jefes, es antiguo. Hasta en La Ilíada está. El jefe se plantea una cosa. El que comunica, que es un mando intermedio, dice una cosa distinta. Pero, el que está en el terreno manejando las operaciones lo ve de otra manera. De tal suerte que yo, personalmente, conozco compañeros que fueron comandos urbanos extraordinarios y que nadie va a saber nunca de ellos porque nunca se desmovilizaron y nunca supo nadie quienes fueron.
Ellos nunca aplicaron un plan del mando. Eran tan inteligentes que cuando el mando decía. “mirá el plan es este”, decían “o.k, sí”. En el terreno manejaba sus bases, su logística, ejecutaban la operación exitosamente y cuando reportaba, decía: “lo hice como usted me dijo”. Pero la verdad es que decían que “si lo hubiéramos hecho como él decía, todos estaríamos muertos”.
Lafitte: ¿Las órdenes de ustedes eran más verticales que, por ejemplo, la guerrilla? ¿La guerrilla se ajustaba más a lo que te estabas encontrando realmente en la guerra?
Ayala: Sí, pero ocurría en el caso del Partido Comunista, que era una organización más pequeña. Pero al recordar los jefes de agrupación y de columna que habían… columna era un símil al de sección o pelotón de ustedes (dice refiriéndose a Herard), de tres patrullas, digamos, de 7 por 3 = 21. O en algunos otros momentos más. Esa es una constante que algunos de ellos venían de estudiar en la Unión Soviética , tenían algún grado académico. Algunos de ellos, inclusive manejaron trabajos de inteligencia y después pasaban a las unidades. Es más, un fenómeno interesante que se dio en Guazapa, dadas las características que el capitán menciona en la guerra de guerrillas, para mí sí hubo una guerra de guerrillas constante, permanente. Dadas las características del terreno…
Galeas: En oposición a la guerra de oposiciones
Ayala: Correcto. Tan es así que la inteligencia militar de la guerrilla en Guazapa y en la especificidad de las comunicaciones era operativa, no como en la mayoría de organizaciones, en las que el puesto de mando estratégico era el único que conocía las comunicaciones o las otras informaciones operativas. Nosotros llegamos a adquirir un material tecnológico producido por Japón. Eran unos radios de escucha PRO-32. Que tomaba las frecuencias bajas del PRC-77. Tomaba toda la frecuencia aérea, toda la frecuencia de la marina, y como era un radio de quizás 20 cms . algunas veces el jefe operativo de las fuerzas especiales, o de la escuadra, algunas veces andaba su radio de comunicación aquí y oyendo la unidad operativa enfrente cuando estaba peleando. Eso no pasó en el resto de la guerrilla de manera tan generalizada, y menos en el ejército.
Galeas: ¿Eso lo sabían ustedes, capitán? Es decir el uso de este aparato.
Herard: Sí. No con el detalle de qué aparato pero sabíamos que ellos nos tenían las comunicaciones al centavo. Y es que aquí hay una situación: nosotros somos una organización formal-regular. Utilizamos medios de campaña que no están diseñados para mantener la secretividad, porque se considera que en un combate regular la información que podés obtener de la interceptación de un radio como el PRC-77 o “verde”, como le llamaban ustedes, no te incide en el resultado final, porque el combate se está dando de tú a tú. Estamos hablando de un combate regular.
Es en los niveles de compañía hacia arriba donde ya se integran medios criptográficos. En el caso de nosotros DNV-630. Era comunicación encriptada de compañías hacia arriba, pero de compañías hacia abajo la comunicación era libre.
Galeas: Aunque en ambos casos se logró grandes niveles de desciframiento.
Herard: Claro, y hubo intentos de obtener el nivel de comunicación que obtuvo la guerrilla, porque, por ejemplo los infantes de marina nos llegaron a sustituir los PRC por los TRISTAR. Lo que pasa que el TRISTAR era un radio… bueno, son radios…
Galeas: Que usaba el GOE.
Herard: Aparte de que los usaba el GOE, son maltratados. No es lo mismo que tú con una patrulla GOE te desplegás tres días, das el golpe y regresás, que un soldado con ese TRISAR operando 30-35 días. Entonces, rápidamente, se maltrataban, se averiaban. Las baterías duraban muchos menos que una batería de PRC-77.
Galeas: No es para campaña prolongada.
Herard: No. Entonces tuvimos que regresar al PRC-77 y dejar esos radios de la banda de dos metros para las unidades especiales de nosotros.
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Los dos excombatientes platicaron durante más de dos horas en un restaurante de San Salvador. |
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Qué paso en aquél combate
Galeas: Estamos en la parte del contexto. Pasemos al punto que queremos tratar: el de la muerte de la joven guerrillera, que Edwin describe como un cruel asesinato… Capitán, ¿qué sucedió ese mediodía? ¿Por qué se dio ese operativo en particular? No tenemos el día del operativo, ¿verdad? ¿Tenemos el mes?
Ayala: Verano del 90.
Herard: Febrero del 90. Nosotros veníamos de realizar una operación en el área norte de Cinquera, hasta el área norte de la frontera con Honduras. Luego nos desplegaron hacia Guazapa.
Galeas: “Nosotros” ¿Quiénes, capitán?
Herard: El batallón Atlacatl. Cuando recibimos las indicaciones en el centro de operaciones tácticas, a mi agrupación, que era la Bravo , tercera y cuarta compañía, se nos volvió a encargar una misión para volver a ocupar las elevaciones. La cuarta compañía ocupó el cerro El Campanario y la tercera compañía ocupó Los Lirios.
Si mal no recuerdo, nosotros entramos por el área de El Roblar, Peña Colorada, El Campanario y después Los Lirios. Eso en el caso de mi agrupación. Las otras agrupaciones volvieron, con algunas diferencias, a ocupar siempre las medias lunas al lado sur. Entonces la unidad más cercana que nos quedaba a nosotros era la agrupación Alfa, donde estaba la primera y la segunda compañía.
En esos días yo me proponía enseñarles a mis soldados a combatir de noche. Yo había aprendido la técnica de combate nocturno en Estados Unidos Pero nosotros, como ejército, nunca la pudimos desarrollar, a excepción de las unidades de fuerzas especiales.
En esos días tomaba un grupo de 4 ó 5 soldados y desde el cerro Los Lirios tratábamos de bajar hacia el lado sur este. Salíamos quizás como a las 11 de la noche de la base de patrulla mía y nos desplazábamos en la oscuridad quizás 500, lo máximo 800 metros. En una de esas incursiones, nos encontramos con un desplazamiento grande de la guerrilla que venía de este a oeste, transversal a la loma.
Calculé que podían ser unos 40 ó 50 guerrilleros. Esto me indicaba que, si era unidad de abastecimiento de combatientes, tenía que haber algún campamento cercano. Entonces ideamos una operación. Para poder bajar a esa zona, la que describe Edwin en su libro, nosotros no la conocíamos como El Quemado, sino que para nosotros era una extensión más del terreno de Los Lirios y la aldea.
Ayala: Ese es el corazón de Los Lirios.
Herard: Ajá, pero íbamos a ocupar un eje de aproximación, ya no el clásico que usábamos de bajar de norte a sur, sino que íbamos a seguir la línea que habían llevado esos guerrilleros : transversal. Comenzamos nuestra aproximación, dos patrullas conmigo…
Galeas: ¿Dos patrullas más o menos cuánta gente eran?
Herard: En esos días estábamos full. Estamos hablando de 32 hombres por sección. Dos patrullas de 16. Te digo “full” porque en esos días, antes de partir hacia Guazapa, en febrero, fue que en un periodo de tres meses, enero, febrero y marzo, se convocaron reservas.
Entonces el batallón logró casi alcanzar de nuevo su estatus operacional de alrededor de mil hombres. La sección estaba casi completita, con los 32 hombres, incluyendo los de servicio. Hicimos este desplazamiento. Nos empezamos a movilizar alrededor de las 5 de la mañana, pero después de que llegamos a la zona donde encontramos el rastro de la guerrilla, el avance se hizo más lento.
A veces nos perdíamos con los 4 exploradores que yo llevaba. Perdíamos el rastro porque encontrábamos muchas huellas cruzadas. Nos dimos cuenta de que habíamos dado en un área de desplazamiento de ellos, que por lógica, no debía de estar muy minada. Eso nos permitió avanzar más, y cuando estábamos cerca de un campamento guerrillero, a uno de mis soldados que cubría la retaguardia, se le fue un disparo. Por norma, ahora considero que fue una equivocación, nosotros siempre, cuando bajábamos a combatir a Guazapa, portábamos los fusiles sin seguro y con el cartucho en recámara, porque los combates eran rápidos y violentos. Pero en ese momento fue una desventaja.
En fin , ese disparo fue la alerta. Sin embargo, no queríamos regresar y dar por terminada la incursión. Todavía tenía la esperanza y pensé: “hombre, tal vez crean que a algún posta de ellos se les fue o algo”, y a veces en la incertidumbre de eso te da minutos para poder pensar. Nosotros sin saber en ese momento lo cerca que estábamos de ellos.
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Este es el sitio donde se produjo el polémico combate que los dos ex combatientes reseñaron durante la larga plática. |
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Galeas: ¿Edwin, tú sabías de este desplazamiento de la unidad de la que él habla, de estos 50 guerrilleros? Tú estabas en ese desplazamiento o supiste que estaba en curso ese desplazamiento?
Ayala: Sí, es que el desplazamiento de la que el capitán habla algunas veces era de abastecimiento. En la carta está como caserío La Loma.
Galeas: ¿La loma de Chepón?
Ayala: No, la Loma de Chepón es un término de la guerrilla, y esa es nada más, como él dice, una prolongación de Los Lirios. De este a oeste la loma queda debajo de El Campanario.
( En este momento, Herard saca la carta y comienzan a ubicar el lugar ).
Herard: Aquí está (dice Herard mientras señala el sitio exacto).
Galeas: No se vayan a poner eruditos con cosas que no entendamos nosotros.
Ayala: El gran asunto es que yo ya no veo estas letras. ( ríen todos ).
Herard: Aquí está Los Lirios. Y aquí está el cerro.
Ayala: Ajá, cabal, cabal. (Ambos logran ubicar el lugar).
Herard: Transversal a la loma.
ayala: Si. La loma era una posición que estaba en el mismo nivel aproximado de Los Lirios a los combates esos, pero respecto de El Campanario.
Herard: Más o menos aquí (señala el mapa). Buscando más para el lado de la aldea, en esa dirección. Aquí tenés la aldea, aquí está el cerro Los Lirios (se lo enseña a Edwin). Ah no, para La Cruz.
Ayala: Para la cruz, correcto. Hay una gran quebrada ahí. Es la quebrada de El Salitre.
Herard: Ah cabal.
Ayala: Ajá, esa.
Galeas: ¿Ya definieron ahí donde está la ubicación?
Herard: Sí.
Ayala: Ah, vos ya no ves tampoco.
Herard: No, viejito. (ambos se ríen) Te la voy a escanear.
Ayala: Lo que el capitán dice es cierto. Lo que él ubicó quizás presumiéndolo, como muchas cosas, que en efecto ese era un corredor cotidiano de la guerrilla. Ese movimiento que usted vio era un movimiento de, al menos, una noche sí y una noche no. Y que variaba de entre 40 y algunas veces hasta 100 hombres.
Usted detectó la parte más vulnerable de la guerrilla: el movimiento logístico, el movimiento de armas y de munición o movimiento de alimentos. Porque nos movíamos a Montepeque a traer alimentos o armas. Eso es lo que usted detectó y lo detectó de noche. Todos los movimientos en número grande de la guerrilla de noche eran por excelencia movimientos ofensivos si no eran de abasto. Si te movías de noche, ibas a una operación ofensiva, salvo que se tratara de un operativo en el que te ha desplazado el ejército y te obliga a moverte en la guinda, de noche. Pero lo que usted detectó fue un movimiento logístico.
Galeas: Perfecto. Y entonces ¿qué pasó?
Herard: Sin saber que el movimiento lo teníamos cerca, di la orden de que continuáramos el avance. En ese avance iban, primero los exploradores conmigo y, encolumnado, el resto de las dos patrullas. Cuando entramos al campamento sentimos un silencio. Vimos la primera trinchera. Hicimos un alto. En ese momento fue cuando descubrí que estaba a las puertas de un campamento. En principio creí que nos estaban preparando una emboscada. Porque, por lo general, o te encontrás los postas o te abren fuego para detenerte, mientras ellos hacen sus acciones de evasión en el caso de que los tomés por sorpresa. Creí que me estaban dejando la puerta para que entrara y jugarme la rueda, encerrarme y tirarse al asalto.
Hice una pausa, pero a cierta distancia. Quizás a unos 25 metros vimos un perol de frijoles recién hechos, porque todavía salía humito. Eso me terminó de confirmar que sí los habíamos sorprendido. Y entonces cuando nos estábamos aproximando al perol de frijoles, escuché la voz de una guerrillera…
Galeas: ¿Qué horas eran más o menos?
Herard: Aquí ya estamos hablando de tipo 9 ó 10 de la mañana. La voz de una mujer guerrillera estaba preguntando por otra guerrillera a la que llamó Mari. No recuerdo las palabras exactas pero dijo así como: “¿Y la Mari ?” “Ahí viene atrás”, dijo. Parece ser que en ese momento, como que la que habló volteó a ver hacia atrás y vio que nosotros íbamos encimados. Y mi primer explorador, que llevaba un M60, no quiso perder más tiempo ni esperar mi orden y dejó ir el primer rafagón.
Ahí le pegamos a una guerrillera que casi le cercenamos las dos piernas. Y se dio el combate. Pero ahí estamos hablando de que nos habíamos topado con la retaguardia de la fuerza guerrillera que estaba en ese campamento, y que ellos iban para afuera.
Galeas: Ya en marcha…
Herard: Correcto. Me imagino que el disparo los ha de haber alertado y han de haber hecho algunas coordinaciones, reconocimientos… O algo sospecharon que podía ser una patrulla GOE y se fueron. Con la suerte para nosotros, que estábamos tan cerca y pudimos alcanzar la retaguardia de ellos. Ahí se dio una media escaramuza…
Galeas: Precisemos un punto importante: no es usted el que le dispara a esa muchacha.
Herard: No. Es uno de mis operadores de M60, que en ese momento lo llevaba como explorador… Yo encontré a la muchacha muriendo, agonizando. Me impactó demasiado, no por las heridas, porque estaba acostumbrado a las heridas, sino porque era bien hermosa: blanca, rubia, ojos celestes.
Galeas: ¿Edwin, corresponde a la imagen que tú tienes de Sonia?
Ayala: No, esa no es Sonia. Esa es la otra.
Galeas: O sea que sí estamos hablando de dos muchachas. Esto va a ser importante dilucidarlo.
Ayala: Es la compañera del Cuturro.
Galeas: Esta no es la niña de 16 años.
Ayala: No, esa es la compañera del Cuturro.
Galeas: Entonces no es Sonia, sino que es Mari. ¿Usted, capitán, la tiene ahí herida?
Herard: Sí, está casi cortada, se está desangrando. Le agarramos las dos arterias de las dos piernas. Se empezó a poner pálida y pálida. Yo lo único que pude hacer fue agarrarle la mano y apretársela. Por un momento sentí que me la apretó pero fue un momento fugaz porque realmente se estaba vaciando, como decimos vulgarmente. Y su rostro siempre me quedó marcado porque murió y quedó con los ojos abiertos.
Yo le quité la pañoleta que andaba, que, en efecto decía en unas letras: “Mari”. Entonces casé lo que la otra guerrillera había gritado y dije: “Ah, entonces esta es la Mari ”. Y ahí murió.
Seguimos tratando de alcanzar la vanguardia pero ellos ya se habían establecido un poco cerca de las afueras del campamento. Ya habían establecido una posición defensiva y chocamos con esa posición. Fue tan fuerte, que a la media hora que estábamos ahí y no lográbamos pasar, yo pedí apoyo aéreo, y me llegaron dos O2, las famosas push and pull.
Coordinamos con los pilotos y ellos tenían el temor de efectuar el ataque porque yo lo había pedido a 60 metros de mi posición. Los pilotos de la Fuerza Aérea tienen cierto tipo de restricciones en cuanto a que ellos tienen una tabla para decir: “a esta distancia se puede disparar sobre fuerzas enemigas que están cercanas”. La ventaja es que la carreta no te tira bomba. Las bombas de 100, 200, 300, ó 500 libras necesitan mayor distancia de la fuerza amiga en la zona.
Galeas: Es roqueteo nada más.
Herard: Cabal. Cohete. Entonces el cohete te da una acción más directa y tiene un poder menos letal que una bomba de 500 libras. Desgraciadamente, en la roqueteada, dos de los últimos cohetes nos dieron a nosotros. Tuve un cabo y un soldado herido.
Entonces establecimos comunicaciones con “Malo”, quien era el “dos” del Atlacatl, el encargado de inteligencia y él me dijo: “Mira, Romell, en la banda de dos metros están haciendo coordinación para rodearte y se te van a tirar al asalto. Parece que les has matado a alguien importante ahí. Ellos no sabían ni yo había reportado ningún resultado, porque no era la costumbre de nosotros reportar las bajas, mucho menos en el combate, por esta sencilla razón: si yo me detengo a radiar la información, pierdo la noción del combate y la facultad de dirigir a las tropas en esos momentos difíciles y delicados.
Entonces, con mi radio operador habíamos llegado a un acuerdo: nunca iba a interrumpirme, cuando yo estaba dirigiendo un combate, para decirme por radio que fulano de tal me estaba hablando para pedirme un informe…
Si la comunicación era urgente, él la agarraba y decía que no estaba cerca de mí. “Yo se la voy a llevar, mi Charlie”, decía. S i yo juzgaba importante detener el combate o dejar de dirigirlo, entonces tomaba la radio; de lo contrario, no. Los informes los podés dar al final.
Galeas: Aquí hay un punto entonces, Edwin. Tú escuchas por radio un diálogo entre los asesinos de la joven… de hecho hay varias imprecisiones en tu transcripción de ese diálogo. Una es que hablas del “sargento Romell” y el capitán era teniente en ese momento. Otra, la comunicación entre “Mongol” y… ¿quién es el otro?
Ayala: “ Demonio”.
Herard: “ Demonio” era parte de la agrupación Alfa. En ese momento la agrupación Alfa no estaba participando en la operación. “Mongol”, en efecto, era mi comandante de compañía. Mirá, comunicaciones del mando hacia uno sí hubo. Lo que pasa es que yo no las contestaba. Mongol trató de comunicarse conmigo. Cuando vieron que no les respondía, entró “Infierno” a la línea. Era el comandante de la agrupación.
Galeas: ¿Tú sabías que “Romell” era el indicativo de Herard Von Santos?
Ayala: No. Para nada.
Galeas: Esto lo supiste hasta que yo te lo dije.
Ayala: Sí. Tuve la primera impresión cuando hablé con un oficial del batallón Atlacatl, que también peleó en Guazapa, en el mismo sector. Es un amigo. Él me habló de algunos oficiales y me habló de Herard. Entonces, también tratando de desentrañar tanto combate que hubo ahí y me dice: “Puta, yo estuve en El Quemado, cabrón”, y me enseñó unas fotos. Me dio unas fotos donde estaba al lado del tatú cerca de donde yo dormía. Y ahí tuve una leve idea general.
Lo confirmé cuando tú me lo dijiste. Pero, además, nosotros tuvimos información de que había un “Romell”… de que había otro indicativo “Romell”, que no era oficial operativo, sino que oficial de operación y eso era común en el ejército. Por ejemplo, había indicativos de “Puñal” en una patrulla, pero posiblemente otro oficial en la misma unidad militar tenía el mismo indicativo.
Galeas: ¿Es decir que estamos hablando de dos “Romell”?
Herard: No creo, no teníamos ningún sargento Romell en la compañía, al menos que yo recuerde.
Ayala: Es que ese es otro fenómeno…
Galeas: ¿Tú reconstruiste el diálogo en tu libro en base a apuntes, a diarios o en base a memoria?
Ayala: Basado en apuntes, pero también…
Galeas: ¿Podrías aceptar algún nivel de imprecisión en la copia textual de los diálogos de Mongol a Romell, de Romell a Mongol?
Ayala: Sí, estamos hablando de literatura. Lo único cierto es esto, y es por lo que tú me dijiste: “Quizás alguien te contó algo indebido” y también eso es posible.
Galeas: Es que yo me estoy refiriendo a un detalle específico, es decir la muchacha tenía los senos cortados…
Ayala: Sí, a eso voy.
Galeas: Cuando yo le pregunté al capitán sobre eso me dijo: “totalmente imposible, fuera de lugar, que hubiese habido ácido muriático, que hubiera habido cercenamiento de pechos en ese caso”
Ayala: A eso voy. Cuando hice la apertura de esta conversación diciendo de las cercanías de las unidades que había en Guazapa, era porque a todos los compañeros muertos los enterrábamos. Siempre los levantábamos y los íbamos a enterrar. Las dos compañeras estaban colgadas. Ahí había un palo de mango, y las dos estaban colgadas. Inclusive, “Mari”, literalmente la bajó el capitán Chicón, que es el hijo de Miguel Sáenz. Y es cierto, ella era bonita como el capitán dice. Ella era chalateca.
Lafitte: Un poco por orden. Dejemos que Herard narre el combate y luego lo comentamos.
Herard: Cuando recibí las indicaciones del “dos” de que me estaban preparando un envolvimiento y que era difícil o iba a ser casi imposible que se me enviara refuerzo, pensé lo que haríamos. Por la retaguardia, por donde habíamos entrado, tendríamos problemas. En ese ataque la guerrilla se nos acercó tanto que empezaron a dispararnos RPG-7. Por suerte yo siempre fui un adicto a andar el cañón 90. Y lo llevaba conmigo. Entonces respondimos con 3 o 4 noventazos.
Los RPG-7 y los 90 son armas de tiro directo. Guazapa es área arbolada. Para que le podás disparar al enemigo tenés que tener un campo libre, que no lo vas a tener estando muy retirado. Yo creo, aproximadamente, que estábamos a unos 40- 50 metros .
Ayala: Si, así eran los combates ahí.
Herard: Entonces me imagino que el tirador del RPG-7 buscó una línea que le diera para dispararnos y ahí nos aventó los RPG7. Con el disparo de los 90 fue que yo dije: ¡Ah, podemos hacerlo! Como una medida momentánea para que el enemigo nos permitiera planificar la retirada de ahí, hacerles lo que ellos siempre nos hacían a nosotros: obligarlos a disparar un mayor volumen de fuego.
Ellos disparaban unas cuantas balas y nosotros lo hacíamos con volumen. En ese momento di la orden de que a Mari le pintaran la “A” del Atlacatl en la camiseta, a la altura del pecho. Y en uno de los árboles, no te podría precisar de qué tipo, pero que me pareció que podía ser más visto del lado del enemigo, ahí la amarramos.
Galeas: ¿Con alambre de púas o lazo?
Herard: No, alambre de púas no utilizamos. Es posible que lazo sí. No, alambre de púas no, ¿de dónde lo vas a agarrar ahí? La amarramos. Pero, ¿para qué fue que lo hicimos? A los minutos teníamos lo que queríamos: un volumen de fuego horrible.
Galeas : ¿ Usted me está diciendo que la amarraron a un árbol era para provocar?
Herard : Era un acto deliberadamente provocativo, si. A veces, mayor volumen de fuego significaba que ellos, antes de estar preparados para atacarnos, iban a gastar buena cantidad de sus municiones. Eso nos iba a dar unos minutos preciosos para poder iniciar la retirada. Pero ahí tuvimos un problema: cuando buscamos salir del campamento, el único lugar libre era, precisamente, el campo minado que estaba a un lado del campamento y que daba a esa quebrada que ha mencionado Edwin. Y el primer soldado que encolumné, me volteó a ver y me dijo: “Mi Charlie, yo no camino por ahí”. Entonces me puso en una situación difícil en el sentido de que si el primero no camina, nadie va a caminar.
En ese momento, bajo el fuego del enemigo y todos acurrucaditos ahí, les dije: “Síganme, pues”. Yo lo único que hice fue encomendarme a Dios y traté de buscar si había algunos lugares pisados por ahí y no había nada. Aquí te estoy hablando que ya estaba avanzada la tarde.
Lafitte: ¿Cómo salieron?
Herard: Salimos por el campo minado. Llegamos a la quebrada y empezamos a remontar de tal manera que llegamos a Los Lirios de noche, y por el lado contrario por donde habíamos entrado. Recuerdo que antes de llegar a Los Lirios, hice un alto. Como yo iba de cabeza me detuve y empecé a contar a mis soldados. Pero era una columna que se había alargado. Te digo que ahí estuve como dos horas hasta que pasó el último soldado, el 32. Y por cierto, mi radio operador era de los últimos, fue como el 25 y ahí lo agarre y le dije: “aquí quedate conmigo para las coordinaciones”. Todo el mundo creía que la guerrilla nos había aniquilado porque no respondimos ninguna llamada del PRC-77.
Quizás como a las 9 de la noche me estaba yo reportando con el puesto de mando de la agrupación a cargo del capitán “Infierno”. Por cierto, él ya me estaba esperando en una de las primeras trincheras, porque mis primeros soldados llegaron antes. Yo llegué como dos horas después de que empezaron a llegar los primeros y ahí hicimos el informe.
Lafitte: Usted habló de una de las muertas, Mari, y la segunda muerta ¿cómo fue?
Herard: No, la segunda muerte yo desconozco. La menciona Edwin. En este campamento solo logramos matar a una guerrillera. Ignoro si en los combates que tuvimos después arriba y después abajo le causamos alguna otra baja al enemigo.
Galeas: ¿Cómo se explicaría la contradicción de dos muertas, una cercenada de los pechos y con ácido muriático y otra…
Ayala : No es contradicción. Es por lo mismo que yo te decía. Yo interpreto algunas cosas. Una es que, inclusive yo cuando vos, Geovani, me has obligado a entrar a mi memoria y a leer ese capítulo que yo lo escribí…
Galeas: En el 96.
Ayala: Sí, si, por eso. Y cuando reviso recuerdo que en esas semanas combatíamos todos los días. Es esa semana murieron cuatro compas. Después murió Mari, que es la que menciono en la introducción, y después murió Sonia. En efecto, las dos estaban colgadas del árbol, era un palo de mango. Hay cosas que obviamente el capitán no puede precisar: el árbol. Porque él conoce el terreno a través de la carta y donde se movió, yo lo reconozco por la familiaridad. Ahí algunas veces hice café y comí. Yo sé que es un palo de mango.
Revisando la lectura que vos me obligaste a hacer, aparece “los combates siguieron”, dice por ahí. Y después Sonia que iba al medio día, en la misma zona. Y apareció colgada también… Son dos mujeres muertas.
Galeas: Sin embargo, tú refieres que esa segunda muerta también fue la que informa Romell en la conversación por radio.
Ayala: Sí. Hay un Romell en la conversación.
Galeas: ¿Es posible que hubieran dos Romell? Porque tu dices haber copiado una conversación de Romell a Mongol… ¿Será posible que hubiera otro Romell que fuera sargento y no teniente?
Herard: Es que la cuestión no es si existe la posibilidad. Porque la posibilidad podrá existir de un sargento que se llame Romell o que él se lo haya puesto de indicativo, en ese momento. El problema deviene que en esa operación solo estaba participando mi sección, o mi pelotón, si lo querés llamar así. Y que yo conozco los otros sargentos de las otras dos secciones de mi compañía y los sargentos de las otras tres secciones de la cuarta compañía, que no estaban ahí, sino que en El Campanario.
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Von Santos y Ayala recordaron, con detalle, el combate que se produjo en el verano de 1990. |
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Galeas: Entonces pudieron ser dos muchachas distintas en dos días distintos.
Ayala: No “pudieron ser”. Es que son dos muchachas distintas dos combates distintos. Inclusive yo hablo de “Saigón” ahí. “Saigón” era la segunda compañía y operó en esa zona también.
Herard: Pero ese es otro día en otra operación. Porque ese combate que relata Edwin de “Saigón”, al leerlo pareciera como que es la antesala del combate que yo tuve en el campamento, pero eso es después. Fueron tres días en los que “Saigón” mató a tres guerrilleros en una emboscada que hizo, y luego hicimos una operación conjunta para ver si lográbamos ubicar el campamento donde estaba esa gente. Por cierto, yo pasé por el lugar y vi los tres cuerpos, que ya tenían cuatro o cinco días de que los había matado la unidad de “Saigón”. Entonces, no estamos hablando de un mismo combate sino que de dos combates…
Ayala: Pero ahí está planteado, el libro dice eso.
Herard: Lo que pasa es que a veces uno, cuando lee de corrido, cree que está hablando de la misma situación pero yo hoy le entiendo a Edwin. Él esta describiendo varios combates…
Ayala: Claro.
Herard: … que sucedieron en distinto tiempo aunque en la misma operación. Porque fueron de la misma operación.
Galeas: Correcto. Solo que sigue habiendo aquí un punto interesante… En tu libro, Edwin, la frase es: “aquí hay un garrote y una terenga muerta”, reporta Romell.
Ayala: Sí. Es que en ese caso hubo una recuperación también de un fusil, que era de esta compañerita. Esta muchacha muere ahí, no muere en combate. Por eso yo dije: “ella iba con un saco de tortillas y un cumbo de frijoles”. ¡Es Sonia! Ahora, a mí no me extraña, porque desde mi lado también conocí al ejército. Yo conocí indicativos iguales en el batallón Belloso. “Puñal” era un indicativo que se repetía montones de veces. Y algunas veces uno no sabía hasta que ya estaba especializado en los asuntos de la inteligencia militar si no era un acto premeditado para confundirte, si el jefe de compañía lo usaba, si el jefe de sección o de compañía o si algún operador lo usaba a mansalva.
Galeas: Aquí meto mi cuchara para decirte que por lo menos en cuanto al indicativo “Puñal”, específicamente, se usó mucho por joder, por bromear, porque en los verdes decían: “¿No te gusta “Puñal”? Entonces mejor te ponemos “Florindo”… ( Risas de todos )
Herard: Voy a agregar un dato abonando a lo que dice Edwin. A veces nosotros teníamos indicativos que nos gustaban y nos quedamos con ellos. Pero en las Instrucciones Operativas de Transmisiones, la OIT , que era una que le repartían a todos los oficiales antes de salir a operación. Ahí aparece tu indicativo para cada día y todos son diferentes.
Galeas: Entonces no es imposible que aparezcan varios Romell.
Herard: Lo que te quiero decir es que a algunos de nosotros no nos gustaba eso: “Nombre, yo me llamo Romell y así quiero que se me conozca”. Pero había otros oficiales o sargentos, que eran los comandantes de las patrullas, que ellos se situaban en lo que la IOT les decía. Es por eso que se escucharon indicativos que solo unas dos o tres veces salían y de ahí no se volvieron a escuchar.
Ayala: Inclusive, fijate, y esto es a partir de los recuerdos y de la conversación con el capitán, que habían indicativos que expresaban un nivel de valor, de valentía, de agresividad, que le gustaba a otros, que es psicológico. Aquel famoso indicativo de uno de los fundadores del Atlacatl, “Cuchillo Largo”. Ahí no había pierde, era el único. Pero después de eso, más de algún sargento le gustó y decía: “ya no está en el ejército”, pero porque era un símbolo.
Herard: O se daba lo contrario: cuando yo llegué al Atlacatl me quise llamar “Corsario”, y casi me desnucan porque “Corsario” era el coronel Azmitia. Nadie podía usar el de “Corsario” ni el de “Carlos” (el coronel Monterrosa). Eso estaba vedado.
Ayala: Pero el “Corsario” alguien lo utilizó después… no me acuerdo si en la segunda o en la tercera del Bracamonte.
Herard: Ah bueno, pero yo me refiero al Atlacatl.
Después de la tormenta
Galeas: Creo que está aclarado el punto terrible, por fortuna. Ahora me gustaría preguntar otro asunto: Tu libro, Edwin, que fue escrito en el 96…
Ayala: En el 94-95. Pero se publicó en el 96.
Galeas: Lo escribiste dos años después de la guerra, todavía estaban frescas las heridas…
Ayala: Y yo era más joven.
Galeas: Si, evidentemente…
(El capitán se ríe)
Galeas: Y sin algunos cachimbazos de la vida.
Ayala : Sin hijos…
Galeas: Hay bastante “hígado” en el libro. O sea no me refiero a términos como “el enemigo”, porque eso es claro. Pero sí hay bastante adjetivo, hay bastante… yo no diría ligereza en este momento pero sí cierto “hígado” en la tipificación del enemigo. ¿Cómo ves eso a estas alturas… Si revisas el libro para atrás?
Ayala: Si, si. Yo he querido hacer lo imposible con ese libro: quemarlo. Yo no quisiera ya hablar de ese libro. Personalmente yo quisiera quemarlo.
Lafitte: ¿Por qué?
Ayala : Porque siento que… Fijate, Napoleón Bonaparte, cuando tenía treinta años, le dijo a su oficial de instrucción: “yo quiero escribir ya un libro sobre historia de mi país”. Y el oficial le respondió: “crezca, hágase mayor, que pasen los años y entonces ya a ver la historia más lejos y va a tener más frialdad”. Entonces si siento que ahí hay pasiones que, no es que se deban de negar, no estoy hablando de eso, uno debe admitir sus pasiones… Pero creo que a nivel literario ese libro debió tener un mejor toque… Yo veo en ese libro a un hombre que viene de la guerra.
No veo a un hombre que ve la guerra, que sabe que estuvo allá. Ahora yo entiendo otras cosas. Inclusive en estas ediciones en las que yo he reconocido cosas, como que el batallón Atlacatl y el Belloso eran, y lo digo ahí, unidades técnicamente buenas. No nos metamos a otros asuntos de carácter ideológico. Eran militarmente buenas. Y hasta nosotros en Guazapa decíamos que era un honor que el ejército no nos enviara… Bueno, la Primera Brigada no operaba ahí porque la hacíamos pedazos… un batallón lo aniquilábamos. Solo operaba el batallón Atacatl, el Belloso y las Fuerzas Especiales de la Fuerza Aérea. Nadie más.
Galeas: Era como tener un enemigo honorable por valiente...
Ayala: Esto en alguna medida contrasta con lo que decía el capitán al inicio. Nosotros en Guazapa no lo veíamos como las FPL o el ERP. Eso yo creo que es una percepción personal de él. Porque él es un… de acuerdo a lo que escuché y a lo que he podido leer en su libro, él es un hombre que pensó en la guerra y le gustó el arte militar. Pero no a todos los hombres que van a la guerra les gusta el arte militar. A mí, no. La guerra, para mí, es mi antítesis. Y por eso, de la misma manera en que yo en Al Tope describo una muerte que no me gusta, ejecutada por el adversario. De la misma manera describo una muerte ejecutada por mis mismos compañeros en una misma compañera, que tampoco me gusta. Porque yo nunca creí en las ejecuciones sumarias.
Galeas: ¿A cuál te refieres?
Ayala: A la compañera embarazada que ejecutan por orden del mando. Eso tampoco me gusta y yo lo digo en el libro. Entonces ahí demuestro que en ese punto no estoy siendo ideológico; estoy siendo humano, ante todo. Que no me gustó nunca eso.
Galeas: También el capitán habla en su libro, Días de trueno , de un hecho terrible, y aquí acudo yo a realidades, no es especulación… tú tienes un hermano muerto en combate, Edwin. O sea, son comprensibles los sentimientos de odio y de venganza en medio de la vorágine... Y me refería, capitán, a ese momento que usted relata en su libro, cuando mata un guerrillero en la ofensiva del 89 en una casa de la Eskandia, de una puñalada en el pecho. Usted ejerció allí un sentimiento de venganza. Usted mismo lo dice en el libro, lo asume, lo escribe: “yo fui a vengarme”… Tú, Edwin, por tu lado, lo digo porque sé que hay un discurso generalizado de que el ejército es represivo y la guerrilla es gloriosa.
Ayala : Aunque yo dejo sentado que no es así…
Galeas: Pero ¿admites tú que hay heroicidad en los dos bandos, hay sentimientos de odio y venganza en los dos bandos? ¿Hay crueldades en los dos bandos?
Ayala: Yo creo que sí. En la guerra para mí, aunque en el discurso esté planteado lo ideológico, no se expresa lo ideológico. En la guerra se expresa la condición humana. Y si un hijo de puta tiene para ser asesino, nada más le falta que le den una sombrilla y diga: “Yo soy leninista y voy a volar cabezas”. En realidad yo creo que sí.
Ahí está la discusión sobre Hitler y Stalin. ¿Durante cuántas décadas a los comunistas nos ofendió que pudiesen compararlos?. Y sin embargo, después de tantas pruebas de cosas que Stalin hizo, estamos claros que ¿ahí que hay? ¿Ideología? No. Es condición humana, expresada en el poder, en ese caso. Entonces yo creo que en el calor de la batalla, los odios, de ver caer a un compañero, es natural. ”Natural” digo en el escenario de la guerra, que tú quieras aniquilar. Es más, doctrinariamente está planteado así. Tú no tienes un fin distinto al del enemigo, que es aniquilar al contrario.
Ahora, yo creo que sí, que, dadas las características de la doctrina del ejército, habían acciones que iban más allá. Porque cuando yo hablo de cercenar los pechos y eso, estoy aplicando, quizás, sin habérmelo planteado en ese tiempo, ahora ya más o menos lo entiendo, una tesis del testimonio. El testimonio expresa, a través de una idea literaria, una experiencia colectiva. Y esas mujeres que aparecían con los pechos… O bueno, la capitana Ileana, que murió en San Sebastián, en San Vicente, que le bajaron el blúmer, y le metieron el cuchillo en la vagina los guardias. Y otros más. Expresa una constante.
Nosotros, cuando moría un soldado en combate, generalmente no le arrancábamos las orejas, ni le arrancábamos el pene. Generalmente no. No digo que no haya sucedido. Pero en el caso del ejército, yo recuerdo que todos los compañeros, en su mayoría, de los que yo levanté, que habían muerto en el perímetro de defensa del ejército, estaban en alguna medida
cercenados, sus orejas o alguna puñalada después de la muerte.
Pero yo cuando lo reflexiono ahora ya no lo veo con el sentido de la condena particular. Y no lo digo porque está el capitán aquí. Lo reflexiono porque las doctrinas así son. Una doctrina te puede enseñar estas cosas y otra doctrina te puede enseñar otras. Pero también quiero ser claro en esto. No es cierto que el respeto a los derechos humanos de los prisioneros y todo eso, en el caso de la guerrilla y en el caso de los oficiales de mando, haya sido una cuestión de buen corazón.
Era una cuestión política. Pero también reconozco que en algunos casos es una cuestión humana. Yo, personalmente, en esas batallas de las tantas que tuvimos con el Atlacatl, capturamos un… y era difícil capturar un prisionero vivo del Atlacatl. Nosotros le capturamos un soldado a la séptima compañía, herido. Y el tipo tenía una gallardía increíble. El tipo dijo: “No, no me inyecten nada. Mátenme. ¿A qué horas me van a matar?” Yo lo entrevisté, yo llegué y me dijo el brigadista: “Mire, este hijo de puta… ¿para qué vamos a gastar penicilina en él?”. Volvemos al punto. No es que no haya sentimiento. No, no lo podemos matar. Y yo hablé con él prisionero: “Mirá, loco, dejate inyectar. Si estás aquí, si te hemos traído del lugar de la batalla hasta aquí, para matarte, mejor te hubiéramos dejado allá tirado”. Y hablamos. El tipo serio. Lo ablandé, platiqué y “nombre, lo único que nos interesa es que no te murás. Ni modo. Así es la vida”. Lo entregamos a la Cruz Roja y al Sacerdote del Guayabal. Él estuvo cerca de 22 días en la zona del Franco, en la zona de la loma, ahí lo tuvimos.
Galeas: ¿Qué piensa usted de eso, capitán?
Herard: L o que pasa es que somos militares, pero también somos humanos. En el 89 hubo una operación en Guazapa en la que se le fueron al asalto a la cuarta compañía. La tercera, por ser la compañera de ellos, hicimos una operación aerotransportada para rescatarlos, y ahí nos capturaron un soldado de la cuarta. Ese soldado, en 1990, no recuerdo en qué fecha, lo encontramos. Un soldado del Atlacatl. Y estaba completamente picada la cara. De seguro lo habían picado con aguja. No recuerdo si murió o ya muerto fue que lo encontramos picado. Pero era un soldado que desde el 89 nos lo había quitado la guerrilla.
Hay tantas cosas que pasan en ambos lados, porque lo que afloran son pasiones. Algunos de nosotros… matar a otra persona que te está matando es diferente a encontrar un herido o encontrar un muerto y cercenarle la oreja o quitarle esto y lo otro. Por ejemplo, nosotros que estuvimos muy vinculados con los paracaidistas, nos decían los paracaidistas, y aparece en un reporte gráfico de un periodista francés, a ellos les tomaron un prisionero también en Morazán y le quitaron los genitales y se los pusieron en la boca, en una cueva que hay allá cerca de La Guacamaya. Y tuvieron la buena suerte de que lograron evadir el cerco. Digo que tuvieron la buena suerte porque qué hubieran hecho los compañeros de este paracaidista si logran agarrar prisioneros guerrilleros en ese momento.
Aquí hay un punto: las guerras no son buenas. No hay guerras buenas. Las guerras sacan lo bueno y lo peor del ser humano. Cuando alguien me dice a mí: “Mire pero es que a ustedes les enseñaron a matar y a descuartizar los gringos”. Pero hombre, yo estuve dos veces en Estados Unidos, entrenándome con lo mejor de las Fuerzas Especiales de ellos y ellos jamás nos dijeron: “A los guerrilleros, para sacarles información, córtenles aquí, esto y lo otro”. Es más, la doctrina de interrogatorio de prisioneros solo se reduce a unas pocas preguntas concretas, y después para afuera. ¿Por qué? Porque a los soldados y los oficiales de combate no nos entrenan para hacer interrogatorios y saber qué es lo que podés sacar de un interrogatorio.
Hay gente especializada para eso. Uno se remite a la doctrina que en la inteligencia se denomina Inteligencia de combate. Registrarle a ver que lleva, las comunicaciones, esto y lo otro. Y uno, dos, tres preguntas: ¿de qué unidad sos?, ¿quién es tu comandante?, ¿para dónde ibas?
La paz
Galeas: Tengo una pregunta: ¿Qué impresión tienen uno del otro ahora que se han conocido y conversado?
Ayala: Y o comparto con el capitán el tema de la guerra. Dejé de verla con romanticismo desde hace muchos años y por eso es que me he enfrentado tanto a algunos compañeros e inclusive a la dirección del partido. Si pudieran aplicarme un sumario, ya me lo hubieran dado. Porque cuando vos dejás de ver las guerras con ideologías y doctrinas, y comenzás a verlas como un escenario humano del paroxismo de la crisis, que ya no tolerás, eso es diferente. Los ideologizados no pueden entender eso.
Esa es una cosa. Lo otro: obviamente yo a él lo veo como un oficial del ejército, que peleó la guerra. Y cualquiera que haya peleado la guerra bajo un ejército, más allá de sus diferencias ideológicas o personales que tenga después de reflexionar, siempre se siente orgulloso de haber estado en el lado que le tocó. Y eso es humano también. Igual a mí. Yo aborrezco un montón de cosas pero me siento orgulloso de haber estado ahí. Eso no es motivo para considerar a alguien adversario de uno. Nada más para comprender la complejidad humana de las cosas.
Y siendo los dos salvadoreños, no lo veo yo ni extraño. Es más yo ya he hablado con otros ofíciales del ejército fundadores del Atlacatl, que estuvieron en El Mozote, inclusive. Los he escuchado. Todos somos distintos. Algunos reflexionan de una manera, otros de otra. Pero es difícil encontrar un oficial del ejército que diga, a pesar de que ya… detesto estos generales, y esto y lo otro, pero me arrepiento de haber estado ahí. Eso es un tema personal y eso hay que entenderlo también.
Yo lo veo eso en él. Él se siente orgulloso de haber estado en el ejército y en el Atlacatl. Pero eso a mí no me ocasiona ningún efecto negativo. Al contrario, lo entiendo. Porque ¿cómo puede asustarle que yo le diga: “yo me siento orgulloso de haber estado en el PC”? Y no en el FMLN. En el PC, que es otra cosa. Igual que él en el Atlacatl. No en el ejército. Yo creo que eso es condición humana.
Galeas: Y usted, capitán, ¿qué impresión tiene?
Herad: Yo desde el 92, desde los acuerdos de paz, me dediqué a recopilar la historia, siempre pensando en escribir, siempre revisaba en los periódicos buscando informaciones. De repente vi una entrevista que Geovani le hizo a Edwin. Ahí tuve una noción de ti. Y hasta cierto punto, te admiré (dice refiriéndose a Edwin). en el sentido de que te habías dedicado a escribir. Pero no había podido tener acceso a tus libros. En la Universidad Nacional logré conseguir un ejemplar de Al tope . Cuando lo leí algunas cosas referentes a los combates en los que yo participé, se me cayó la idea que tenía sobre ti como escritor. Y no es hasta ahora, que sé que ese libro lo escribiste allá por el 94-95 que, como muchos otros miembros de la guerrilla que escribieron en ese periodo, todavía se escribía con el hígado. Y eso es difícil dejarlo.
La experiencia que me deja a mí este intercambio, es ver que Edwin no es diferente de mi persona, de cualquier otro. Ambos vivimos situaciones difíciles. Y posiblemente hasta combatimos en las mismas batallas, del lado contrario. Pero siempre va a haber un particular punto de vista que él va a tener de sus vivencias y que yo voy a tener de mis vivencias.
Hoy, como historiador, eso es lo que quiero trascender, pasando al otro lado de la colina, y contrastar y presentar las cosas ya no como lo que dice el capitán Herard Von Santos, sino que “mire, aquí está mi investigación sobre esto”. Entrevistando tanto ex guerrilleros, como ex miembros de la fuerza armada.
Ayala: Eso es interesante porque cuando el historiador o el investigador, o el cronista, ve a los dos bandos sentados, comprende que en el fondo, en ambos hay una verdad, y en ambos hay una mentira. Natural. La mentira no premeditada, la mentira que falló la memoria, o que “mirá, no fue el martes; fue el miércoles”. Ambos expresan una crisis humana de aquellos tiempos, y que si nos reunimos no fue para hacer otra guerra ( el capitán ríe ), sino para tratar de entendernos qué fue lo que pasó allá. Porque yo no creo… yo estoy convencido de que me voy a morir y no voy a lograr entender qué putas pasó ahí. Estoy convencido de eso, al menos del lado humano.
Lafitte. Bueno, una pregunta ¿Por qué los dos terminaron en el derecho?
Ayala: En mí caso es un error. Yo terminé la guerra con un pantalón, una camisa, unos zapatos y una bolsita plástica donde tenía un cepillo de dientes, un jabón Olé y una pasta. Medardo Gómez tenía un su refugio ahí por la calle 5 de Noviembre y ahí me dijeron “Te podemos dar donde dormir un mes”. Así terminé yo mi guerra. Así, sin nada.
Entonces yo dije: “tengo que estudiar, tengo que ver qué hago. Voy a estudiar sociología”, eso es lo primero que pensé por mi formación y toda mi locura. Yo trabajaba barriendo un colegio Luterano. Eso hacía: barrer y bajar las cacas de las palomas, porque había un tabanco como de metro y medio y sacaba sacos llenos de plumas y de cacas y de cadáveres de palomas.
Y un día, un tipo llegó con unos zapatos, con esos zapatillos de cuero de venado, bien bonitos. Alguien le dijo que yo había sido guerrillero y ahora estaba bien hecho mierda, cargando cacas de paloma. “Mira -me dijo- ¿y vos no vas a estudiar?” “Como no”, le dije, “voy a estudiar sociología”. “Nombre hijo - me dijo- te vas a morir de hambre, estudia derecho”. “Es que a mí me gusta entender el mundo…” y empecé con esas pendejadas de joven. “Nombre -me dijo- si la carrera de derecho tiene doctrinas políticas, relaciones internacionales, tiene una visión general, entonces podés hacer eso y además vas a ganar”. “A pues sí”, le dije.
Herard. Bueno, cuando la guerra terminó, hubo una reorganización en las Fuerzas Armadas. Dentro de esa reorganización hubo un plan que se llamó Plan de Rehabilitación. Aquellos oficiales que habíamos sido heridos o que teníamos alguna limitación recibimos una beca. Entonces, cuando se me planteó la oportunidad a mí, pensé: “bueno, ¿qué carrera puede ir de la mano con mi ser de militar? Y al ver el espectro, la única que se podía semejar un poco era el derecho, porque nosotros tenemos también un código de justicia militar y más que alguna vez me había tocado ser defensor o juez de instrucción militar, en algunos casos. Y ya: “derecho puede ser”. No muy convencido, pero me dediqué al derecho a falta de otra carrera que me pudiese funcionar más.
Lafitte: Una pregunta importante, al menos para mí, ¿La guerra valió la pena?
Ayala: Yo creo que sí. Es una respuesta sumamente contradictoria, pero yo pienso que lo que sucedió desde 1980, que estaba la tercera Junta de Gobierno y el debate de la izquierda para fundar el Frente en el Octubre del ochenta y luego la ofensiva, lo que se generó fue una crisis social profunda, pero esa crisis profunda modificó ciertas cosas. Si uno lo ve desde el lado frío, puramente teórico, inclusive desde el derecho, la Reforma Constitucional es extraordinaria, digo desde el punto de vista teórico, las reformas son extraordinarias y una fundación de un nuevo estado y todo lo que sucedió en cuanto a los derechos civiles.
Herard: Ganancia en la libertad de expresión.
Ayala: Ganancia, ganancia. Ahora siempre uno se encuentra con el debate de la necesidad de seguir dándole palo al tema económico, pero yo creo que el tema económico es, fue y seguirá siendo el gran debate humano. Si hay alguien que tiene demasiado, si hay alguien que no tiene nada, pero eso no creo que lo pueda resolver una guerra. En ese sentido, creo que la guerra no tiene ningún valor. Por eso yo cuando me he logrado ver en el espejo y digo: “¿quién soy yo?”, yo creo que todos los soldados de América Latina somos una especie de coroneles que no tienen quien les escriba, todos, todos somos eso. No recibimos ninguna carta de agradecimiento, ni de nada. Es más, no lo esperamos.
Galeas: Pero mas de una vez te he invitado a una cerveza, cabrón.
Ayala: Eso sí (hay risas de todos).
Lafitte. Y para ti Herard, ¿la guerra valió la pena?
Herard. Mira, Laffite, a veces la gente, cuando hace esa pregunta, dice “Bueno si esa guerra no sirvió más que solo para muertes”. Lo que no entienden es que la guerra forma parte del proceso natural de desarrollo de la humanidad. Desde aquel momento en que aquel cazador neandertal fue a quitarle la presa al otro, o lo mató para quitarle, o solo lo hirió o solo lo golpeó, desde entonces la lucha entre las personas, entre los pueblos, entre las naciones ha existido … No existen guerras buenas, porque todas son malas, pero sí pueden dejarte buenas enseñanzas, pueden dejarte cosas concretas y tangibles, algunas como las reformas que mencionaba Edwin, en el aspecto de que por lo menos nos dio una constitución nueva, nos permitió, en el caso de la Fuerza Armada, dejar el rol político y dejar que la sociedad civil se hiciera cargo de su propio destino.
Hay cosas que no se pretenden lograr con la guerra y aquí es donde hay que ir al origen de la guerra. La guerra no pretendía componer económicamente a este país, porque eso se supone que subyacía en la teoría de una fuerza, como en la teoría del otro, en el que las relaciones económicas son relaciones justas o injustas que van a acompañar a la humanidad, haya guerras o no haya guerras. Nuestra guerra nos dejó muchas cosas buenas, saludables para la democracia, no completas, no totales, y muchas de las que pudo haber dejado se quedaron en el tintero, o fueron tan levemente esbozadas que no las logramos cristalizar. Y ahora se da la disyuntiva de que mucho de lo que ganamos con la guerra, muchas de esas reformas, hoy se están perdiendo, tratando de regresar a esquemas del estado policíaco y otros, pues.
Lafitte: ¿Habría alguna razón por la que volverían a empuñar un fusil?
Ayala. No habría ni siquiera la física, ya estamos viejos ( todos se ríen ). Ya no podríamos correr con esa mochila llena de cosas. Pero también el crecimiento, el crecimiento espiritual. Ir a la guerra es un gran honor. Te tocó vivirla, la afrontaste, y nadie te puede contar qué es estar sentado en un pedazo de piedra, bajo una noche lluviosa, con las tripas pegadas a la espalda, de la gran hambre. Nadie te puede contar eso, Nadie te puede contar qué es sentirte rodeado por el adversario, sin tener una gota de agua en la cantimplora, nadie te pude contar qué es ir caminando dormido en la noche, dar 5, 10, 20 pasos dormido.
Eso, como el capitán lo decía, si la guerra en su totalidad, no es más que proceso del desarrollo de la humanidad, a nivel individual también la guerra, uno le recoge y le mete a la mochilita lo suyo. Yo ahora, a este tiempo, rechazo cualquier tipo de violencia. Me gusta más hablar, recreo mejor las ideas, me gusta. Aún cuando uno esté a punto de… esa es parte de la idea: que te alterés. Pero luego bajás. Pero si no llegás a eso… inclusive cuando Geovani me dijo: “mirá, vamos a hablar con el capitán”. Y él me lo preguntó: “mirá, ¿qué pensás?”. Y yo le dije: “Sí, está bien”.
Yo creo que uno, al haber pasado por esa tormenta, puede saber del frío, del hambre, y contarlo, y decirles: “estudien, lean”. Como recuerdo yo que en una ocasión Dagoberto Gutiérrez dio un discurso en la Universidad Nacional , en el aniversario 150 del manifiesto del PC. Un muchacho le dijo: “Comandante, ¿cuál es el compromiso de los estudiantes de la U ?” Así, con ese fanatismo. “¿Qué sos vos? -le dijo- ¿Estudiante? El gran compromiso tuyo es estudiar (el capitán se ríe), entender lo que está pasando. Lee, estudiá. Ese es tu compromiso. Olvidate de lo demás”.
Lafitte: Y tú, ¿qué piensas Herard?
Herard: Yo he aprendido a que nunca podés decir “nunca”. Cuando yo me fui de la guerra y me fui del ejército y decidí hacer mi vida aparte, nunca pensé que, de repente, iba a estar en Irak. Y que iba a estar de nuevo allá con mis antiguos profesores, los “boinas verdes”, y a estar en esa situación, y te digo, regresé de Irak totalmente asqueado. Nada que ver con la guerra que yo viví aquí en el país. Pero esa palabra, “nunca”, no existe en el vocabulario humano, porque no se sabe.
Galeas: Aquí la diferencia es que usted es un militar profesional, formado académicamente. Y Edwin es un civil metido en la guerra.
Ayala: A mí me gustan los libros y la cerveza y las mujeres. Esas tres cosas, eso poné: libros, cervezas y mujeres. En ese orden.
Galeas: Y después quién me quita a tu mujer de encima, ahí puteándome ( carcajadas de todos ). Yo no les voy a pedir que se den un besito, pero al menos la mano.
Herard: No hombre, para mí ha sido un placer (se escuchan las voces de todos, y los dos entrevistados se dan la mano). ¿Y que ya terminó esto, pues?
Galeas: Por lo menos, para los efectos periodísticos.
Herard ( refiriéndose a Edwin ): No tenés tiempo de…
Ayala: Si, hombre, si aquí estamos.
Herard: Nos podemos mover de cancha, vamos…
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