Suscríbete al Newsletter

Boletín semanal gratis

Google
 
 

 
 

“Iguanas”, de Ricardo Clement

Esferas CARE
Iguanas, ojos y sillas en Multiplaza

 

Así las piezas de la exposición Care/Esferas que aún permanecen a la vista del público, en Multiplaza se entremezclan con los luminosos anuncios de Mike Mike, el aroma del café expreso, los juegos para los niños, y la prisa de los caminantes. Ellos recorren el centro comercial quizás de paso, o para dirigirse a su lugar de trabajo, dentro del centro comercial. Se topan con los ojos del mundo, o con las cuatro iguanas. Las observan, quizás las toquen y luego seguirán su camino.

Lunes 18 de junio de 2007
Georgina Vanegas
gvanegas@gmail.com

 

“Están chivas”, “es una forma diferente de expresión”, “la composición es interesante”, “no les hallo sentido” son expresiones comunes de las personas al preguntarles su opinión sobre las piezas de la exposición Care/Esferas que aún permanecen en el centro comercial Multiplaza.

 

“Cuando la vi de lejos pensé que era el hombre araña”, cuenta Hugo Sánchez, motorista. “Me tuve que regresar para verla mejor, entonces me fijé que eran iguanas”, comenta al respecto de la esfera titulada Iguanas, una de las sobrevivientes a la extinción de las esferas en los centros comerciales Multiplaza y La Gran Vía.

 

Iguanas

 

Iguanas, del artista Ricardo Clement, fue la pieza ganadora del concurso Care/Esferas, realizado en febrero pasado y organizado por la fundación CARE. La esfera continúa exhibiéndose en Multiplaza.

 

Permanece debajo de un cielo estrellado de concreto. Está entre Mike Mike y Tommy Hilfiger en la segunda planta de Multiplaza. “No le encuentro sentido”, dijo Blanca, dependiente de uno de los puestos de recarga de teléfonos celulares de Movistar que está justo frente a la esfera de fibra de vidrio. Desconocía el origen y el propósito de las esferas.

 

Otros visitantes del centro comercial se mostraron más suspicaces: “Yo creo que eso es pura publicidad para que terminemos comprando algo”, opina Andrea García, estudiante universitaria. En realidad no está lejos de la verdad porque, en efecto, uno de los propósitos de Care era dar a conocer sus proyectos mediante la utilización de estas intervenciones en los centros comerciales.

 

No estaba lejos tampoco de las supuestas intenciones de compra porque la mayoría de estas esferas ya fueron subastadas.

 

Si uno está cerca de Iguanas al medio día y toma la tarea de contar las personas que pasan a su lado, se da cuenta de que en cinco minutos suman alrededor de 75. Algunas se detienen a observarla, la tocan o se agachan para leer la inscripción al pie de la esfera, que contiene un mensaje del autor: “Me gusta trabajar con los materiales reciclados para darles un valor agregado y que puedan convertirse en objetos artísticos”.

Cuatro iguanas hechas de cerámica permanecían prendidas de la esfera de fibra de vidrio mientras el periodista Fernando Aragón las observaba, circundaba la figura de 1.75 mts. y al final comentaba: “Me interesa por las iguanas. Son así. No tienen el cuerpo de un mismo color”. Comenta y agrega que conocía trabajos anteriores de Clement pero que no sabía que el artista también incursionaba en este tipo de arte.

 

Habían pasado unos segundos después de que Aragón había dicho esto cuando la esfera comenzó a moverse, después notamos que también el piso se movía y el murmullo de las personas se acrecentaba de golpe. El personal de seguridad se comunicaba por radio y muchas personas intentaban llamar desde sus teléfonos celulares.

 

El sismo de 6.8 grados que había sacudido a Guatemala se había sentido también en El Salvador. “Ya se me complicó la tarde”, dijo el periodista y se despidió de las cuatro Iguanas que ahora ya estaban inmóviles otra vez.

 

Pero al día siguiente volvió a temblar. No el piso, solo la esfera. Siete jóvenes estudiantes del liceo Ladislado Leiva bajaron corriendo las gradas eléctricas que llevan a la esfera. Se apoyaron sobre la estructura mientras otro compañero aprovechó para fotografiarlas junto a los reptiles de cerámica. Después las jóvenes se alejaron corriendo y dejaron a las iguanas tambaleándose un poco.

 

Pero el resto de los alumnos, que sumaban unos 70, seguían bajando las gradas eléctricas, que aún no estaban activadas. El vigilante del área hizo señas para que solo ocuparan una de las gradas, la que estaba asignada para bajar, aunque estaba apagada.

 

Los alumnos no hicieron mucho caso y, después de hablar por radio, el vigilante presionó el botón que puso a andar las escaleras y los jóvenes hicieron varias piruetas para continuar bajando aunque las gradas subían. Uno de los que lo logró, al bajar gritó ¡Coño!, como lo haría un español molesto y miró al vigilante, que tampoco le quitó la vista de encima.

 

Otro de los compañeros de este hombre de uniforme, Ramón, también opinó sobre Iguanas:”al principio, cuando las miraba, se veían raras. Las que son muy lisas no me gustan. Las que son más adornadas se ven más bonitas”, comentó.

 

Después se alejó para seguir su labor de rutina. Paseaba de un lado a otro, hablaba por radio y saludaba a miembros del personal de limpieza de Multiplaza. Probablemente veía miles de caras desconocidas por día. Miraba a las personas que hacían del centro comercial su lugar de paso, un sitio donde el anonimato les permite pasar casi desapercibidos.

 

Pero, por otro lado, intercambiaba saludo con aquellos para quienes el centro comercial no era solo un lugar de paso, o un no-lugar, como le llamarían los antropólogos, sino un sitio de encuentro, de labores, de contacto con aquellos que le son cotidianos. Pero no se aleja mucho de las Iguanas, camina unos metros y luego regresa cerca de esa “forma distinta de demostrar el arte”, como la denominó Jorge Guzmán, estudiante de derecho.

 

“Está bien que esté en un centro comercial porque así mucha gente no tiene que ir a un museo para poder verlas”, comentó y, como muchos otros, no permaneció mucho tiempo cerca de la esfera y bajó las gradas que conducen hacia la primera planta de Multiplaza.

 

Ya olía a almuerzo, a Cinnabon y a café expreso cuando Jorge emprendió su camino hacia las gradas eléctricas que lo llevarían al sótano. Pero antes pasó frente a las cafeterías y restaurantes. Paseó la mirada sobre Piedras Semipreciosas y pasó de largo frente a Appliance Center. Entonces se encontró con dos esferas más, pero no se detuvo a contemplarlas, siguió su camino.

 

 
 

Cada quien tiene su puesto en este mundo

FUDEM y el puesto en el mundo

 

Eran Cada quien tiene su puesto en este mundo y FUDEM. La primera es una esfera azul cubierta por ojos celestes, azules, anaranjados y verdes. La segunda está compuesta por una suerte de sillas de madera, de plástico, de playa, de mimbre y pequeñas mecedoras.

 

“Ahí están reflejados los ojos de cada quien, todas las personas que conformamos este mundo”, comentó Julio, motorista de Appliance Center acerca de FUDEM. También describió un poco su percepción sobre la esfera “de las sillas”, como el le llama, parafraseando un poco la el titulo de la obra: “Para mí quiere decir exactamente eso, que todos tenemos un lugar en el mundo”.

 

En ese momento se tomaba un receso y esperaba a que lo llamaran nuevamente para llevar o traer algún pedido de la empresa contratante. Estaba sentado justo en medio de las dos esferas, que al igual que Iguanas, obtuvieron reacciones: “Es una buena manera de promover la cultura”, opinó el gerente de un establecimiento de Multiplaza. “Es una muestra del incentivo y de la imaginación de la gente”, comentó también Sandra Barahona, maestra de primaria, quien pasaba por el lugar.

 

No puede decirse que estas dos muestras de arte tengan la misma visibilidad que Iguanas. Más bien, parecen estar un poco escondidas detrás de pilares y gradas eléctricas.

 

Pero no falta a quien las esferas no le generan buena impresión: “ya aburren”, dice Mónica, dueña de un negocio propio. “Al principio eran novedad pero ahora ya no me llaman la atención, ya me aburrí de verlas ahí siempre”, dice mientras observa a Sofía, la hija de su amiga. La niña hace maromas para no quedarse en el coche y llora.

 

Mónica se despide de Sofía y de su amiga y sube por las gradas eléctricas mientras hace una llamada desde su teléfono celular. La madre y la hija se separan de Mónica, cogen caminos separados.

 

Mientras tanto, Cada quien tiene su puesto en este mundo guarda su puesto frente a la librería La Casita , donde desde hace rato no se ve entrar a nadie. Algunas sillas de plástico pegadas a la esfera ya tienen un par de reparaciones, hechas con cinta adhesiva.

 

 
 

FUDEM
Fotos Cortesía CARE

Esta esfera le llama especialmente la atención a Jessica, de cinco años. Rodolfo, su padre, la carga en brazos y se disponen a subir las gradas eléctricas cuando la niña extiende los brazos en dirección a la esfera y su padre se da la vuelta y la lleva ahí.

 

La niña toca las sillas, quiere tocarlas todas, pero no alcanza las que están en lo alto de la esfera, ni siquiera con la ayuda de papá, que la alza y se la despega un poco del cuerpo. “Es que esa silla se parece a una que ella tiene en la casa. Creo que piensa que es la de ella”, dice don Rodolfo y se ríe. En general le parece que es una “forma creativa de expresarse” y además “divierte a la gente, a los niños”.

Después de que convenció a Jessica de que esa pequeña silla de mimbre no era la suya, se la llevó, siempre en brazos.

 

Así las piezas de la exposición Care/Esferas que aún permanecen a la vista del público, en Multiplaza se entremezclan con los luminosos anuncios de Mike Mike, el aroma del café expreso, los juegos para los niños, y la prisa de los caminantes. Ellos recorren el centro comercial quizás de paso, o para dirigirse a su lugar de trabajo, dentro del centro comercial. Se topan con los ojos del mundo, o con las cuatro iguanas. Las observan, quizás las toquen y luego seguirán su camino.

 

SUBIR
 
 

  


 

 

© Derechos Reservados 2007