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Elecciones 2009, nuevas exigencias para ganar

 

ARENA debe partir, precisamente, por reconocer que, esta vez, sus antiguos enemigos parten de condiciones diferentes y que, aunque todavía no limpian todas sus vulnerabilidades, esta vez el análisis debe ser más realista, sesudo, creativo y de gran templanza para que los dirigentes areneros seleccionen el camino adecuado.

Lunes 18 de junio, 2007
Lafitte Fernández, periodista
redaccion@centroamerica21.com

 

Lafitte
Fernández

Las elecciones presidenciales se acercan y, de nuevo, algunos sectores sociales se llenan de los mismos murmullos, ansiedades y temores que se escucharon hace algunos años.

 

En el FMLN las cosas parecen estar definidas. A menos de que ocurra algo excepcional, el periodista Mauricio Funes sería confirmado, en diciembre, como el candidato presidencial de ese partido. Varias encuestas demuestran que Funes partiría de una buena posición para luchar en los comicios del 2009. Y ARENA debe partir por aceptar eso.

 

Quienes guían y estudian las campañas políticas saben que si en las encuestas de opinión una persona resulta muy conocida, posee una buena dosis de opiniones favorables hacia su figura, y no muestra una gran acumulación de rechazos, es un buen candidato presidencial.

 

Eso sí: si bien esa suma es una ventaja, no garantiza un triunfo a nadie.

 

Algo similar ocurrió durante la campaña presidencial del Presidente Elías Antonio Saca. Surgió como un candidato cuyo nombre únicamente resonaba en unos pocos. Rápidamente cobró fuerza porque, precisamente, era un hombre con un alto número de opiniones favorables en las encuestas, era bastante conocido y los rechazos hacia su figura eran bajos.

 

Por supuesto, que eso no le bastaba a Saca para ganar. Trabajó duro, recorrió mil veces todo el país, hizo una buena campaña política y le ganó, abrumadoramente, a Shafik Hándal y al resto de candidatos juntos.

 

Y, si recordamos los números de las encuestas de opinión de esa época, Hándal, aunque era muy conocido, siempre mostró un elevado número de opiniones desfavorables que le ayudaron a ARENA a ganar las elecciones.

 

Basados en esa experiencia, el FMLN se ha movido con astucia, en los últimos tiempos. Lo primero que hicieron sus dirigentes, tras la muerte de Shafik Hándal, fue construir un camino que evitara lo que siempre les caía encima: el miedo a todo aquello que oliera a pólvora y a un antecedente de izquierda dura y revolucionaria.

 

Ese camino significó, primero, sustituir la figura de Shafik por un gobierno colegiado y un poder difuso en el que nadie sacara mucho la nariz para que no los agarraran a golpes.

 

Aunque el FMLN tiene una suerte de poder real ejercido por Medardo González, Salvador Sánchez Cerén y Ramiro Vásquez, esta dirigencia ha sido cuidadosa para no empujar, públicamente, una sola figura que pudiesen teñirla de todos los miedos juntos.

 

Durante todo este tiempo es más que evidente que el FMLN ha usado varias vocerías y personajes secundarios que son quienes se plantan frente a los periodistas. Personajes de gran peso político, como Ramiro Vásquez, nunca aparecen en la televisión ni conceden entrevistas.

 

La única ocasión en que el ex comandante Ramiro se sentó frente a la grabadora de un periodista erizó a más de uno. Definió el fin último de las luchas que debe dar el FMLN como la desarticulación del sistema capitalista. Y ese tipo de confesiones, levantaron vientos huracanados.

 

Ejecutados, con fineza, ese tipo de cuidados, el FMLN se dedicó a buscar un candidato presidencial que, aunque tuviese armonía ideológica con ellos, no recordara los tiempos de los fusiles y las bombas, ni hubiese ocupado cargos formales dentro de la dirigencia histórica de ese partido. Y, de acuerdo con lo que se dice, lo han encontrado en Mauricio Funes.

 

La suma de las huellas de pies de gato que ha dejado el FMLN, ponen en guardia a ARENA, cuyos dirigentes ya comenzaron sus tareas para tratar de alzarse con un quinto período presidencial.

 

Aunque ARENA, como se dice, ha mostrado, durante más de 20 años, una enorme capacidad para reinventarse y seleccionar al candidato presidencial adecuado para cada época, y para cada acumulación de la historia, esta vez los dirigentes de ese partido deben juntar, como nunca, el mejor análisis, el mejor método y la excelencia en la estrategia.

 

Sobre todo porque debe aceptarse que el FMLN tendría un candidato que parte con buen músculo, como en su momento lo hizo Saca, y ha seguido un camino inteligente para alejarse de algunas cosas que le sientan mal, aunque eso le ha dejado una buena dosis de resentidos que reclaman la importancia de las medallas que se ganaron con la guerra.

 

ARENA debe, esta vez, reinventarse con mayor holgura que antes. Hay hasta quienes dicen que a las razones deben sumarse algunos padrenuestros para que todos los que inciden en esa agrupación política tomen decisiones políticamente inteligentes y sin desgarramientos.

 

Por supuesto que para llegar a tomar las mejores decisiones finales, será muy importante para ARENA que el Presidente Saca acabe bien su gobierno.

 

Y, si por la víspera se tiene el día, Saca estaría acumulando muchísima munición para dejarle una buena herencia a su partido: desde los $350 millones que le daría el fideicomiso para hacer obra social y combatir la delincuencia, hasta la energía que parecen haber cobrado algunos programas sociales como la Red Solidaria y FOSALUD, pasando, por supuesto, por la nueva carretera que se financiará con dineros de los Estados Unidos.

 

Y si partimos de que Saca es un hombre tozudo a quien no le gusta perder, es fácil apostar que todavía no asistimos al final de todas las contribuciones sociales que puede hacer su administración para fortalecer el punto de partida electoral de su partido.

 

Además, independientemente de las presiones que surgen de los problemas reales de seguridad, empleo y algunos otros, hasta ahora el gobierno ha dado suficientes pruebas de ser una administración que no comete grandes errores, esos que derrumban de un plumazo los apoyos de los ciudadanos.

 

Sin duda, el mayor reto que tiene ARENA es no creer en nada más que la virtud y la inteligencia. Su principal adversario ha mostrado que sabe sacar ventaja a las nuevas situaciones. Y hasta se han mostrado osados para ejecutar las únicas dos vías que existen para no dar a conocer a los demás las propias intenciones: no manifestarlas o mentir.

 

Y ARENA debe partir, precisamente, por reconocer que, esta vez, sus antiguos enemigos parten de condiciones diferentes y que, aunque todavía no limpian todas sus vulnerabilidades, esta vez el análisis debe ser más realista, sesudo, creativo y de gran templanza para que los dirigentes areneros seleccionen el camino adecuado.

 

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