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Con la llegada de la crisis al equipo lobezno y su eventual descenso a segunda, nunca más volví a saber de esa especie de hombre plástico que una vez pisó los estadios salvadoreños.
Don Roberto Águila, cronista deportivo de El Gráfico:Le dieron la pelota por la banda izquierda, él la mató con el pecho, la bajó y se fue driblando a todos, en un recorrido de unos cuarenta metros. Llegó al área chica y con mucha elegancia, con esa sobriedad tremenda que él se manejaba, le cruzó la pelota al portero. Fue un gol extraordinario que me quedó grabado en la mente.
-¿Qué recuerda del Aguado Pacheco? -Fue un jugador muy fino. Poseía unas condiciones técnicas muy superiores al resto. Como ha sido siempre en nuestro fútbol, él salió del predio baldío, de la canchita polvosa de barrio, sin ningún aprendizaje especial. Un talento natural basado en el instinto: aquello de ver venir la pelota y saberla matar con el empeine y saberla jugar. Eso era El Aguado Pacheco
-¿Qué habilidades particulares lo caracterizaban en la cancha? -El manejo de la pelota y el sentido de ubicación. Él iba al desmarque al lugar vacío para recibir el pase, y cuando recibía la pelota era muy difícil quitársela porque tenía un gran dominio.
-¿Podría comparársele al Mágico González? -En cuanto a manejo de pelota sí. Cuando la pelota venía él le ponía el pie en el aire y el balón se le quedaba dormido allí, igual que El Mágico, como eso de meterle la pelota en medio de las piernas al otro y salir jugando por allá. Pero hay que reconocer que El Mágico era más letal y tenía mayor diversidad de jugadas. Creo que la diferencia entre ambos era la enorme velocidad que desplegaba El Mágico. El Aguado era más lento. Era más bien un armador de juego.
-¿Por qué no llegó a jugar en la Selección Nacional ? -Porque muchas veces hay jugadores que son geniales, pero que no conforman la idea táctica del entrenador de turno. Allí está el caso de Alcides Cabrera, el goleador histórico del FAS. Nunca lo llamaron a la Selección , porque no pegaba con la idea de juego del entrenador de turno. Eso pudo haber pasado con El Aguado.
-¿Don Roberto, recuerda alguna jugada emblemática del Aguado? -Si. Paradójicamente en el partido en que su equipo, El Once Lobos, perdió y descendió de categoría. Él fue sin duda el jugador más brillante de la cancha. Le dieron una pelota por la banda izquierda, él la mató con el pecho, la bajó y se fue driblando a todos, en un recorrido de unos cuarenta metros. Se comió a todos los rivales, como decimos en el caló deportivo, llegó al área chica y, con mucha elegancia y con esa sobriedad tremenda que él se manejaba, le cruzó la pelota al portero. Fue un gol extraordinario que me quedó grabado en la mente.
Lástima que el otro equipo, que creo que era el Atlético Marte, ganó el partido. Recuerdo que cuando fui a los camerinos a hacer mis entrevistas, encontré al Aguado llorando por la derrota.
-¿Cómo culminó la carrera futbolística del Aguado? -No lo conocí en la intimidad, pero creo que si él se aficionó al licor tiene que haber sido eso, posiblemente, porque entrenadores y directivos pierden confianza en una gente que tiene un vicio, porque lógicamente afecta al rendimiento y sobre todo cuando van pasando los años, no es lo mismo una vida disipada a los 20 años que a los 30.
El Aguado tuvo problemas con sus entrenadores, como los tuvo El Mágico. El Mágico era indisciplinado también, pero la calidad de ellos los hacia prevalecer en los equipos, porque cualquiera pensaba “y si lo echo, a quién traigo”. Pero llega un momento en que la calidad baja.
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