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¿Blanco y negro o a colores?

 

La imposición del blanco y negro: o con ARENA o con el FMLN; traidor o revolucionario, comunista o patriota.

Lunes 2 de julio, 2007
Juan Ramón Medrano, ex comandante insurgente
redaccion@centroamerica21.com

 

JUAN RAMON MEDRANO

Izquierda, centro y derecha, en política, son conceptos tradicionales que para algunos ya están superados por la nueva realidad. Ahora se hace referencia a la transversalidad de los nuevos fenómenos, producto del paso de un mundo bipolar a uno unipolar en geopolítica, a raíz del derrumbe del bloque socialista, y a la multipolaridad a nivel económico social, con el surgimiento de nuevas potencias y la globalización.

En El Salvador, los fenómenos políticos los hemos visto a todo color o quizá sea más propio decir en blanco y negro: con el conflicto de las décadas 1970-1980 y 1980-1990, que para unos fue entre el comunismo y las fuerzas democráticas y, para otros, entre un régimen dictatorial y represivo y las fuerzas revolucionarias.

Hace 15 años terminamos el conflicto mediante la negociación, pero los actores principales durante la guerra siguen siendo ahora los principales actores políticos. Hoy se nos quiere forzar a ver en blanco y negro la realidad, porque la izquierda y la derecha son las fuerzas dominantes. Estas fuerzas que ven la vida nacional desde una realidad excluyente, opacan los colores verde, azul o amarillo de los otros partidos, que se encuentran en medio, independientemente de que se acerquen a la izquierda o derecha de los polos.

Muchos analistas (uno de los más destacados, el escritor David Escobar Galindo), han sostenido que nos estamos encaminando hacia el bipartidismo. Esa es una realidad que no podemos negar y que poco a poco se va delineando. Sin embargo, desde mi punto de vista, es un peligro para la vida política en nuestro país. Sobre todo si en los partidos mayoritarios se mantienen fuertes las posiciones ortodoxas, con remanentes de los métodos autoritarios utilizados en el conflicto.

La lucha entre los grandes no solamente ha ignorado a los demás partidos. En ocasiones esa polarización también los ha atropellado, como sucedió en las elecciones de 2004, en que desaparecieron todos los del medio, sin excepción.

Mucho se ha criticado la medida del Tribunal Supremo Electoral, en el sentido de separar las elecciones municipales y legislativas de las presidenciales. Su ha dicho que esa decisión surgió de un arreglo entre el partido de gobierno y los otros dos partidos de derecha con presencia en la Asamblea Legislativa.

No se puede tapar el sol con un dedo: está claro que los que pueden salir más favorecidos, si hacen bien las cosas, son los partidos del medio y seguramente estos hicieron una negociación que podría ayudar a su subsistencia.

Esta actitud criticable desde una visión aséptica, es explicable desde la realidad de la política salvadoreña. Y aunque no comparto los métodos, ese tipo de negociaciones las hacen todos los partidos sin excepción. En ocasiones con acuerdos entre los dos mayoritarios para afectar a todos los demás.

Si la separación de las elecciones va a ayudar a los partidos minoritarios a sortear un peligro, que únicamente se presenta cada 15 años, en que se juntan las elecciones de alcaldes y diputados con las de presidente, yo prefiero este escenario ante la aceleración del bipartidismo polarizado, en el que se nos trataría de imponer una visión de blanco y negro: “o con ARENA o con el FMLN”, en donde seremos valorados con las falsas disyuntivas de: “traidor o revolucionario”, o bien “comunista o patriota”.

En El Salvador necesitamos las diferentes opciones políticas capaces de subsistir y desarrollarse en un contexto de reglas del juego en democracia: “Debe existir espíritu de tolerancia en toda la población para que cada hombre pueda expresar su opinión”, dijo el físico alemán Albert Einstein… hoy diríamos cada hombre y cada mujer.

Si nos preguntaran cómo queremos ver los partidos de fútbol de la copa América, todos diríamos que en una pantalla grande y a colores. De la misma manera, yo prefiero que el espectro político se mantenga amplio y a colores, no en blanco y negro.

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