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Leonardo Heredia fue el protagonista de la primera imagen en movimiento que apareció en un televisor salvadoreño.

Leonardo Heredia, una vida para contarla

 

Muchos saben que ha sido una figura importante en la historia de la radiodifusión salvadoreña y centroamericana. No todos conocen al hombre que estuvo dentro de una bola de plasma, al devoto de las palabras, al profeta de su propia muerte, al tanguero, al irreverente Leonardo Heredia.

Lunes 2 de julio de 2007
Georgina Vanegas
gvanegas@centroamerica21.com

 

“En XEW, la voz de la América Latina desde México, en nuestros cronómetros electrosincrónicos, son las 11 de la noche, 59 minutos, 40 segundos”, decía Leonado Heredia. Contaba solo con 17 años de edad y locutaba en la principal radio mexicana de los años cuarenta.

Leonardo no formaba parte de la planilla de XEW, pero le permitían leer el mensaje conque la emisora se despedía de su audiencia. En ese tiempo cada palabra era dicha en vivo, no podía grabarse y reproducirse las veces que fuera necesario. “Uno podía estar con Marilyn Monroe en la cama, pero cuando daban las 12 de la noche había que decirle: lo siento mucho, mamaíta, tengo que ir a la radio a dar el saludo”, cuenta hoy, entre risas, Leonardo Heredia, a sus 76 años de edad.

Para el año 1947, fecha en que locutaba en XEW, “la catedral de la radiodifusión en América Latina”, Heredia ya contaba con un poco de experiencia, adquirida en El Salvador. Tuvo sus primeras incursiones en YSI radio Intercontinental, dos años atrás.

¿Vas a creer que varias radios de Costa Rica hicieron un día de duelo y cerraron sus transmisiones porque la guerrilla había matado a Leonardo Heredia?”, cuenta y se carcajea.

“No tenés mala voz, pero sos muy seco; ponele más vida”, le decía Ricardo Ramos, propietario de la emisora en aquel entonces. Así, Heredia aprendió a modular su voz, a imitar a los demás locutores y a crear su propia técnica. La desarrolló en México, en la XEW, donde conoció a figuras prominentes de los cuarenta, como María Félix y Agustín Lara.

Con esta experiencia regresó a El Salvador, trabajó en casi todas las emisoras importantes del país y formó parte del equipo fundador de varias, como Radio Femenina. Estando lejos, mantenía una conexión con México a través de la radio, porque ahí se encontraba su novia.

“Tenía la vaga idea de que mi novia en México me iba a oír. Y yo hablaba muy romántico, siempre le estaba hablando a ella por la radio. Significaba un canal de comunicación con mi gran amor, que era Amada. Y nunca me oyó la condenada”, dice Heredia, y vuelve a reír.

Madera para la televisión

Después de trabajar en radio, Leonardo incursionó en la televisión. Fue la primera imagen en movimiento que apareció en la pantalla de un televisor salvadoreño, a inicios de los cincuenta. Pero no apareció como ícono de un anuncio publicitario, ni como presentador de un noticiero. Fue una suerte de carpintero, que serruchaba un pedazo de madera a las afueras del Café Izalco, ubicando, en ese entonces, frente al colegio Guadalupano.

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Era alrededor de las tres de la tarde, la hora en que las personas se juntaban a tomar café. Eso hacía el equipo de YSEB Canal 6, que también había llevado un televisor al lugar. Descargaron el equipo y necesitaban probar cómo se vería una imagen en movimiento. Entonces le dijeron: “Ponete ahí”, justo frente a la cámara. No dijo una palabra, le dieron un serrucho, un pedazo de madera, y él hizo el resto.
Más adelante incursionaría en las televisoras salvadoreñas, en noticieros televisivos, y también dedicaría parte de su vida a la publicidad.

Trabajó en Publicidad Centroamericana S.A. (PUCASA), la que denomina “la primera agencia de publicidad de verdad, en el país”. Sin embargo, confiesa su preferencia por la radio y comenta que en esa época en verdad “había que querer hacer radio (ya que) por la carencia de instrumentos y de herramientas, había que trabajar el doble, el triple, el cuádruple”.

“En una época en que no existían los efectos de audio como reverberación o eco, para grabar un anuncio me trasladé al aeropuerto de Ilopango. Me pasé semanas enteras grabando solo una frase, en una cúpula que había ahí, donde se podía lograr el efecto de reverberación. Ahora solo le das vuelta a una perilla y ya lo tenés”, dice.

Dentro del plasma

Además, trabajando en radio, en Costa Rica, donde desempeñó gran parte de su carrera, fue testigo de un fenómeno del que pocos pueden dar fe: “Ya me puedo morir tranquilo después de haber visto cómo se forma el plasma”, confiesa.

Eran los años setenta. Heredia locutaba en la Radio Omega cuando se le dio por misión echar a andar un transmisor de un millón de Wats de potencia. Hubo un corto circuito de grandes magnitudes y, según cuenta este veterano de la radiodifusión, dejaron sin energía eléctrica al país entero por unos instantes.

“Uno podía estar con Marilyn Monroe en la cama, pero cuando daban las 12 de la noche había que decirle: lo siento mucho, mamaíta, tengo que ir a la radio a dar el saludo”

Sin embargo, lo más impresionante para Heredia vino luego del cortocircuito: “En la base de la antena se formó una pelota de plasma, y empezó a rodar hacia nosotros”, cuenta emocionado.

“Estábamos en la caseta, como a 50 metros de la antena, y aquello parecía salido de una película de ciencia ficción. Nos envolvió totalmente y luego siguió su camino. Estuve metido dentro del plasma. Sentí un fuerte olor a ozono. Uno conoce ese olor trabajando con altos voltajes. Cuando uno lo siente, baja el switch, porque es que ya va a estallar la cosa.

“Fue estar metido en un cuarto lleno de ozono en lugar de aire. Fueron segundos. Era como esas pelotas de nieve que pasan rodando y siguen”, relata mientras juega con los lapiceros y el encendedor que están sobre la mesa donde, de cuando en cuando, deja descansar las manos. No lo hace por mucho tiempo, porque parece que se inquieta, que le gusta moverlas, tocar los objetos, examinarlos con las manos.

Las charadas

Pero no solo le gusta jugar con las cosas, sino con las palabras. Así surgió la idea de Las Charadas, colección de cuentos que también recopiló en un disco compacto que él mismo grabó, y publicó en 2002.

La idea surgió en Panamá, al lado de un argentino con quien compartía los gastos del departamento donde se hospedaba. Leonardo y su hija Daniela solían “hablar en guanaco” para la consternación de su compañero, quien confesaba no entender nada.

Padre e hija trataron de convencerlo de que era posible contar toda una historia usando palabras de origen indígena. Así, comenzó a escribir: “Pues si es que el janiche del Chema ‘taba todo amelarchado, bién achorcholado. Por que su china -la Chave- se había marchado de puro capricho pa´Chalate con el chele Chente”. Se trata de la Charada en Ché, parte de la colección de esos cuentos entrañables que publicó hace cinco años.

Falsa muerte en Chalatenango

Luego de una corta estadía en Panamá, regresó a Costa Rica, donde se quedó por 10 años, y fundó varias de las emisoras de la época. Sin embargo, viajaba con regularidad a El Salvador, que enfrentaba el conflicto armado que duró 12 años. Heredia no estuvo exento de la violencia en el país, tanto así, que en una ocasión toda Costa Rica lo dio por muerto.

“Fui detenido por un retén de la guerrilla en Chalatenango, pero logré llegar a Honduras. Ahí pasé la noche donde una amigo radioaficionado y le conté la aventura con que me había topado en el retén de la guerrilla, que había habido balazos y todo... El tipo estaba en comunicación con otros radioaficionados y se lo comentó a uno de ellos, de Costa Rica. Ese lo entendió mal y me dio por muerto. ¿Vas a creer que varias radios de Costa Rica hicieron un día de duelo y cerraron sus transmisiones porque la guerrilla había matado a Leonardo Heredia?”, cuenta y se carcajea.

Cambalache: la radio y el país


Después de varias satisfacciones, Leonardo Heredia dejó la radio en 1991. Su última intervención fue en Costa Rica, en la Radio Titania, de su fundación. Tomó la decisión cuando comenzó a perder la vista, porque ya no podía leer los guiones de radio: “Me hice en un tiempo en que los locutores no improvisábamos, leíamos. Todo el problema del locutor es ser un buen lector. Lo que hay que hacer es enseñarles a leer, nada más”.

Con respecto al estado actual de la radio, Heredia guarda fuertes críticas: “Me alegra verla tan pésimamente mal porque así no siento haberme retirado”, confiesa. “ Ahora la radio es absolutamente inmoral, irrespetuosa, y todo eso puede resumirse en una palabra: mercantilista. En función de hacer plata no importa irrespetar al público y botar los valores”, agrega.

Pero este sentimiento no lo relega solo para la radiodifusión actual, lo extiende hacia país entero. Dedica Cambalache a El Salvador, tango que denomina “la primera canción de protesta que surgió”.

Escrito por Enrique Santos Discépolo en 1934 y cantado por Carlos Gardel, Cambalache dio una visión profética, según Leonardo, del tipo de nación que sería El Salvador: “Que el siglo veinte sea un despliegue de maldad, insolente, ya no hay quien lo niegue. Vivimos revolcaos en un merengue y en un mismo lodo todos manoseaos”, reza este tango argentino.

Profeta de su propia muerte

“La cosa se pinta peor para el siglo veintiuno”, asegura mientras enciende un cigarrillo, que para él simboliza “la vida, el oxígeno y una causa de muerte segura… Yo sé de qué voy a morir. Hay mucha gente que no sabe ni como nació ni cómo va a morir. Yo no recuerdo cómo nací, pero sí sé cómo voy a morir. Dicen que es muy feo morirse de un enfisema, pero yo sé que no. Es mas, sé que no es feo morirse”, agrega.

Hace referencia a la vez que estuvo clínicamente muerto por unos segundos, en un hospital de Costa Rica, a causa de una trombosis que le dejó paralizada la mitad del rostro.

“No es feo. Más bien, es delicioso”, insiste. “Es como caer en un sueño hasta que llegás a una paz y tranquilidad absoluta, y ahí te quedás como en un congelamiento de cine. Por eso me preocupa estar en paz conmigo mismo, para que esa imagen que se congela sea una imagen de paz”, dice, y luego fuma del cigarrillo que acaba de encender.

“No le debo nada a nadie, no pretendo nada de nadie, me puedo morir tranquilo. Estoy en paz conmigo mismo. Hay mucha gente que no me quiere, pero me vale sombrilla. Porque la única persona que me interesa que me quiera soy yo, y me quiero. Estoy como enculado de mí mismo”, dice antes de hacer “el golpe” y reírse nuevamente.

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