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La descomposición moral y política
Mario Belloso está solo. Ni sus compañeros ni sus jefes han sacado la cara por él y, por el contrario, lo han desconocido por completo, acusándolo, entre otras cosas, de haber sido desde siempre un “infiltrado”.
El comportamiento de Belloso es ciertamente desconcertante para todos, desde el momento mismo en que dispara contra los policías y prácticamente posa para las cámaras, pero también por su absoluta cobardía a la hora de su captura, misma que lo lleva a delatar a sus jefes y compañeros de inmediato y sin ninguna presión.
Lunes 9 de julio de 2007
Geovani Galeas
ggaleas@centroamerica21.com
Antiguos militantes de izquierda coinciden en señalar que los combatientes revolucionarios de los años setenta y ochenta estaban dispuestos a matar pero también a morir por sus convicciones, y destacan los numerosos casos de aquellos que prefirieron el suicidio antes que dejarse capturar, o de los que soportaron las más crueles torturas en prisión sin traicionar.
Es cierto, hubo muchos casos semejantes y están registrados por la historia. Pero también hay un registro de combatientes y jefes de aquellos mismos años que se quebraron a la primera. Y no fueron pocos.
El punto es que los traidores de ayer traicionaron una causa fundada en una buena cantidad de condiciones justificantes: la lucha armada nació cuando estuvieron realmente agotadas todas las vías pacíficas y la dictadura militar profundizó la represión. No quedaba entonces otra alternativa que la insurgencia.
¿Pero en que puede fundarse la causa de Belloso? No se le puede exigir a un simple aventurero la moral de un revolucionario. Esos términos no son equivalentes. Belloso no ha traicionado nada porque nunca fue leal a nada. Las características que rigen su conducta, a lo largo de su trayectoria, son las del vandalismo y el crimen sin más.
No estamos frente a un revolucionario degradado moralmente. El problema es otro: ¿cómo pudo un simple delincuente llegar a ser dirigente de izquierda, y hasta ser reivindicado por algunos sectores como un héroe, tal como lo confirman algunas pintas en los muros de la ciudad?
Lo que el caso Belloso evidencia es un fenómeno de descomposición, no de él sino de quienes, habiendo luchado antes contra la dictadura y la falta de libertades, se han vuelto ahora entusiastas apoyadores de regímenes totalitarios, encabezados por comandantes supremos y coroneles todopoderosos devenidos en dictadores enemigos de la libertad y empecinados en eternizarse en el poder.
La descomposición está en quienes han confundido la revolución con el vandalismo y el crimen.
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