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¿Se buscan candidatos?
La
campaña para las elecciones presidenciales comenzó
con una anticipación de más de dos años,
digan lo que digan las leyes y los partidos políticos.
La mecánica tiende a ser la misma que en 2004 –la
polarización ARENA–FMLN–, pero hay variables
que hacen que este proceso prematuro tenga características
especiales.
Lunes 9 de julio, 2007
Rafael Menjívar Ochoa, escritor salvadoreño
redaccion@centroamerica21.com
La principal –ya se ha dicho– es el natural
desgaste de ARENA como partido en el poder durante ya cuatro periodos
(veinte años para la fecha de las elecciones). Este desgaste
hacía que la posibilidad de un relevo en el poder se viera
como una posibilidad en los comicios anteriores. Pocos dudaban de
que el entonces alcalde de San Salvador, Héctor Silva, tuviera
posibilidades de ser electo si se presentaba por el FMLN y, según
diversas fuentes políticas, la propia derecha estaba preparándose
para una batalla que podía perder.
Silva jugó a una previsible moderación al ofrecer
su mediación entre sindicalistas del Seguro Social y el gobierno,
enfrentados en posiciones que no parecían conciliables, y
no era el caso: el conflicto era, además de los temas reivindicativos,
parte de la presión de la izquierda en esa otra precampaña
electoral. El FMLN forzó la salida de Silva, descartando
a su candidato más viable, y disparó baterías
para que no quedara mucho de él.
No quedó mucho, y no ayudaron la falta de determinación
de Silva en la campaña ni la alianza de CDU con la Democracia
Cristiana; el radical descenso en la votación fue elocuente.
Otras dos candidaturas se descartaron: la del periodista Mauricio
Funes y la del alcalde de Santa Tecla, Óscar Ortiz. Funes
se retiró cuando vio lo que se movía cerca de la superficie:
ante la posibilidad de triunfo, Schafik Hándal quería
ser –y fue– candidato del FMLN. Ortiz dio una lucha
institucional que terminó en nuevas divisiones de la izquierda,
aún no resueltas.
Ahora Funes está en el primer lugar en la lista de posibles
candidatos del FMLN, con ciertas esperanzas de triunfo. Pero los
principales sabotajes han llegado desde la izquierda, de parte de
quienes consideran que no es justo que un candidato externo se lleve
el premio mayor. La campaña de Salvador Arias por la candidatura,
de una agresividad inusual, fue detenida por el FMLN, y los detractores
de Funes han relegado la pugna al ámbito interno y al momento
adecuado, o eso parece.
Una dudosa fórmula de “equilibrio” sería
la candidatura a la vicepresidencia de Salvador Sánchez Cerén,
quien seguramente recibiría un tratamiento similar a la “campaña
de miedo” que se montó contra Hándal, y que
neutralizaría el eventual acierto de proponer a Funes.
Habrá que ver, también, si cambia el modo reactivo
de hacer política del FMLN, basado en ataques a ARENA, sin
propuestas viables y propias. Una campaña “negativa”
de la izquierda es paradójica, porque podría basarse
en lo que ha logrado en las decenas de alcaldías que controla;
sin embargo, otra fuente de divisiones está en las pugnas
entre la cúpula del FMLN y los alcaldes, y hablar de tales
logros sería reconocerles poder a adversarios potenciales
o reales, así proporcionen buena parte del “voto duro”.
Lo interesante es que hasta ahora parece poco trascendente quién
será el candidato de la derecha, y que más bien será
la fórmula del FMLN la que determine el curso de los acontecimientos.
La decisión no es banal, como no lo fue en 2004, cuando la
cercanía del triunfo se convirtió en una derrota apabullante.
Ese mismo aspecto muestra también un problema estructural
de la izquierda: mucho de su futuro depende de los candidatos de
una fórmula, de sólo dos personas, no de toda una
organización.
Se dijo antes que parece poco trascendente quién será
el candidato de la derecha, y no lo es. Para 2004, ante la figura
agresiva y patriarcal de Hándal, ARENA escogió la
del joven Elías Antonio Saca de entre políticos de
mayor experiencia y trayectoria. Quizá fue un gran acierto
de la derecha: salirse de una contienda frontal entre “iguales”
y contraponer una figura “no quemada” (aunque paralelamente
se jugara a la carta del miedo), con un discurso personal inusualmente
moderado, que el ejercicio del poder y las campañas electorales
han ido endureciendo.
La iniciativa parece estar en la izquierda. Si la pierde, es bastante
probable un quinto mandato de ARENA, y un desgaste aún mayor
del FMLN.
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