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Los silencios, ataques y contraataques del expediente Belloso
Sin quererlo, ni provocarlo, ARENA encuentra en Mario Belloso lo que buscaba desde que murió Shafik Hándal: un testimonio excepcional, lleno de detalles para los buenos cronistas, que le ayudará a renacer el miedo entre los votantes y delataría una vocación poco democrática del FMLN.
Pero ese miedo no se origina en un líder de primera línea que habla de revolución o de derrumbar el sistema, o en una autoridad partidaria visible, sino que lo han encontrado en un hombre de 31 años, construido desde los 10 años en el FMLN, que asesinó a dos policías y parece estar dispuesto a hablar sobre supuestos secretos que se guardaban en el núcleo más interno del poder en ese partido.
Lunes 9 de julio, 2007
Lafitte Fernández
redaccion@centroamerica21.com
Esta vez, Belloso no dispara, con ametralladora contra sus antiguos líderes que lo llevaron, incluso, a ocupar cargos de mediana relevancia dentro del FMLN. Comenzó a disparar con su lengua y a levantar el arcana imperii del principal partido de izquierda, a confesar algunos de los secretos mejor guardados dentro de esa organización.
Nadie cree, sin embargo, ni aún dentro de algunas de las más altas autoridades del país, que Belloso terminará involucrando a quienes ejercen el poder real dentro del FMLN con el crimen de los dos policías.
La relevancia de las manifestaciones que hace el acusado de matar a dos agentes, es que revelarían la existencia de una estructura de movilización social que se encargaba de quemar autobuses, tendría alianza con las maras y se encargaba de lograr que protestas, supuestamente populares, acabaran al otro lado de la legalidad. Además, involucraría la protección del chavismo para un perseguido por la justicia salvadoreña.
Belloso, a quien cuidan decenas de policías para que nadie se atreva a aniquilarlo, habla, ahora, hasta por los poros, quizá a sabiendas de que nada tiene que perder pues le espera una larga pena por la muerte de dos policías. De paso, libera a algunos de los familiares más cercanos de la prisión, al hallar las autoridades en su casa, una importante dotación de armas.
De arranque, el treintón que apareció con figura de Pedro Picapiedra por caños y quebradas de San Salvador, involucró a dos de los tres hombres fuertes del FMLN como lo son Medardo González y José Luis Merino. En un segundo plano, dijo que sus acciones respondían a las líneas que estableciera la secretaria de la juventud del FMLN, María José Menéndez.
Y fue entonces cuando surgieron toda suerte de estallidos y reacciones ante lo que, para algunos intelectuales y analistas, son las más claras evidencias de que el FMLN no necesariamente juega ajustado a las reglas democráticas en la política salvadoreña.
Como reacción a eso, los dirigentes del FMLN optaron por seguir una estrategia que resulta tradicional en ellos cuando los rodea una crisis: la primera reacción fue, por supuesto, enderezarle toda la responsabilidad de lo que pasa a una acción supuestamente despiadada del gobierno.
Además, el FMLN puso a andar una afinadísima limitación y descalificación de periodistas y medios de comunicación, a quienes acusa de participar en una conspiración mediática para neutralizar lo que su antiguo hombres pueda decir.
Dos caras
Belloso ha hablado durante horas con las autoridades locales. Los periodistas, y los salvadoreños, han podido conocer apenas diez minutos de manifestaciones que pueden significar muchas horas.
Quizá por eso es que el Presidente Elías Antonio Saca dijo, mientras permanecía en Santiago de Chile, en una visita oficial para conocer una suerte de socialismo que sí es de su agrado, que las cosas apenas comienzan.
Hasta ahora se desconoce cuanto ha hablado Belloso. Pero, se supone que mucho. Además, toda esa información debe corroborarla e interpretarla las autoridades. Se supone que comenzará a conocerse en las próximas semanas.
Pero, toda esa información debe colocarse en dos recipientes totalmente diferentes: el primero de ellos, permitirá aclarar el crimen de los dos policías y las heridas causadas a otra decena de agentes. Esta es la información técnica y jurídicamente relevante para la Fiscalía General de la República. Importa en un proceso penal.
El otro recipiente posiblemente se llenará con manifestaciones e investigaciones que son mucho más sensibles para la política nacional: todo aquello que delate o revele conexiones, planes y acciones que mostrarían que el FMLN supuestamente actúa con una doble cara en la joven democracia salvadoreña: la legal y la que, pretendidamente, le ensucia las manos a algunos dirigentes.
Hay quienes no descartan, incluso, que alguna de esta última información pueda llegar hasta las Naciones Unidas, el instituto garante de los Acuerdos de Paz logrados hace década y media.
A pesar de todo esto, el FMLN insiste en el silencio de sus dirigentes. Esto ocurre a pesar de que algunos de los principales intelectuales del país (muchos de ellos participaron en ese partido), insisten en que deben dar todas las explicaciones necesarias e, incluso, reformar sus estrategias y acciones internas.
Incluso, las pocas veces que esos dirigentes han abierto la boca, exclusivamente en medios afectos a sus ideas, dejan las heridas abiertas de graves contradicciones en las versiones. La más importante de ellas se produjo cuando Nidia Díaz, la parlamentaria centroamericana, dijo que Belloso fue sacado del FMLN hace tres años, mientras Medardo González le dijo al periodista Mauricio Funes que lo sacaron hace un año, cuando se produjeron las muertes.
El periodismo
Para el periodismo salvadoreño, a pesar de las groseras descalificaciones que les endilga el FMLN, el caso de Belloso tiene diversos significados.
El primero de ellos es que, las principales pruebas contra Belloso, fueron capturadas por fotógrafos y camarógrafos que, literalmente, se jugaron la vida el 5 de julio del año pasado. Al menos en uno de los casos, los ejecutivos de la empresa periodística decidieron sacar del país a un fotógrafo luego de que se publicaran las fotografías. En un momento temieron por su vida.
Pero, también es previsible que el periodismo salvadoreño buscará hablar, directamente, y sin intermediarios gubernamentales, con Mario Belloso. Sobre todo ahora que el imputado se encuentra a la orden de una autoridad judicial. Lo único que impedirá que los periodistas hablen con Belloso será la voluntad de éste. Nada más.
Si Belloso habla con los periodistas, es probable que las tensiones de los medios de comunicación con el FMLN se eleven, sobre todo si sus dirigentes insisten en advertir de que se trata de una conspiración mediática y en mantener su posición en el sentido de que todo el que se acerque a ese tema, está, maliciosamente, contra ellos.
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