Suscríbete al Newsletter

Boletín semanal gratis

Google
 
 
   

Mario Belloso, el hombre del 5-J,
Ascensión y caída de un terrorista

 

Mató a dos policías, hirió a otros diez y se dio a la fuga. Durante casi un año anduvo a salto de mata entre montañas y ciudades diversas, pero con los investigadores policiales pisándole los talones. Se veía a sí mismo como un heroico combatiente revolucionario que encarnaba la mítica figura del Che Guevara, pero en el momento de su captura no presentó la menor resistencia, se rindió y de inmediato comenzó a delatar a sus compañeros, a vincular a dirigentes de izquierda como sus jefes, y a revelar la estrategia secreta y los planes violentos que, según él, diseñaron varios de los máximos dirigentes del FMLN.

Esta reconstrucción de los hechosestá basada en las declaraciones extrajudiciales de Belloso, y en entrevistas con algunos de los investigadores que, en riguroso secreto, siguieron la pista del asesino, dentro y fuera del país hasta lograr finalmente su ubicación y captura.

Lunes 9 de julio de 2007
Redacción Centroamérica 21 (Primera entrega)
redaccion@centroamerica21.com

 

Brigada Limón en la Marcha del 1 de mayo.

El pelotón policial avanzaba por las cercanías de la Universidad Nacional aquella mañana del 5 de julio del año 2006. Su misión consistía en dispersar a un grupo de supuestos estudiantes que armados con piedras, palos y varillas de acero, realizaban disturbios en la vía pública al son de una manifestación de protesta contra el gobierno.

De pronto, una lluvia de granadas caseras estallo frente a los policías y generó una densa cortina de humo. Eso les impidió ver que, de manera simultánea y a unos pocos metros frente a ellos, un joven encapuchado, rodilla en tierra y parapetado detrás de un muro, alzó un fusil M-16 y disparó varias ráfagas a mansalva.

Dos policías cayeron muertos y otros diez resultaron heridos. Varios fotógrafos de prensa y camarógrafos de televisión registraron la trágica escena, incluyendo la secuencia completa en la que el tirador, flanqueado por al menos quinces cómplices, toma posición, abre fuego y luego huye hacia la Universidad Nacional.

Habían pasado 14 años desde la Firma de los Acuerdos de Paz, y desde entonces los salvadoreños no habían vuelto a ver una escena semejante de tiroteo, heridos y muertos durante una manifestación de protesta. El país entero se conmocionó, y todas las miradas giraron hacia el FMLN.

Pero los dirigentes de ese partido negaron toda vinculación con el hecho, y más bien sugirieron que se trataba de un montaje. Uno de esos dirigentes, Salvador Sánchez Cerén, afirmó incluso que los mismos policías habían disparado contra sus compañeros, con el objeto de culpar del crimen al FMLN. Cinco días después el FMLN hizo público un comunicado en el que condenaba los hechos.

Mario Belloso y Luis Herrador.

La forja de un terrorista

José Mario Belloso nació el 7 de octubre de 1976 en Santa Tecla, en el seno de una familia humilde. Su fascinación por las actividades callejeras de protesta lo acercó en 1994 al FMLN, partido del cual se volvió un activista registrado formalmente.

Uno de sus vecinos, Luis Herrador, lo acompañó siempre en esas andanzas.

Hacia 1999, Belloso fue inscrito en la planilla de empleados del FMLN en el Tribunal Supremo Electoral. Entonces tenía 22 años y ya pertenecía a la dirigencia de la Brigada Limón, uno de los grupos de propaganda del FMLN, que poco a poco se convertiría en el más radical.

Para el año 2000, Belloso había ganado un puesto como concejal dentro de la Alcaldía de Mejicanos, controlada por los efemelenistas. Paralelamente a su trabajo en la municipalidad, realizaba tareas de orden más bien clandestino y consistían en la indoctrinación y el reclutamiento de estudiantes de secundaria y universitarios, a quienes integraba a una red de grupos de choque (MERS, BRES, BPJ, FURD), interconectadas con la Brigada Limón.

Distintivos de la Brigada Limón.

La misión y la especialidad de estos grupos era el acompañamiento de todas las protestas de calle realizadas por las organizaciones del Movimiento Social. Ellos se encargaban de la quema de llantas y vehículos, apedreos, destrozos de propiedades públicas y privadas, y agresiones contra policías y periodistas.

El cumplimiento de esas tareas, pero sobre todo el objetivo de la estrategia secreta en la cual se enmarcaban, y que había sido diseñada y era dirigida clandestinamente por líderes irresponsables y oportunistas, fue requiriendo poco a poco de mayor entrenamiento y de medios más adecuados.

Belloso y sus secuaces más próximos se miraban a sí mismos como el germen de una nueva vanguardia revolucionaria que, de nuevo, empuñaría las armas, incendiaría las ciudades y partiría a la lucha guerrillera en las montañas. Para ese fin, comenzó toda una agenda de acondicionamiento físico, lecturas de viejos manuales guerrilleros, y aprendizaje del uso de las armas.

En el año 2004, el aprendiz de guerrillero se agenció un lugar en la jefatura del sector juvenildel FMLN en San Salvador, y también en la dirección de los Círculos Bolivarianos locales. En esa condición, viajó en 2005 hacia Venezuela, como miembro de una delegación oficial del FMLN.

Ficha de Mario Belloso en el sitio web de Interpol.

Ese mismo año, Belloso fue ubicado en al menos cuatro actividades de protesta que degeneraron en violencia: en marzo, junto a Guadalupe Flores, concejala de la alcaldía efemelenista de Ayutuxtepeque, fue señalado como el responsable de la explosión de una bomba artesanal de propaganda en el Instituto Nacional de Ayutuxtepeque.

En julio, participó en la quema de un bus junto a otros activistas de izquierda, cerca de la UES, y fue detenido por daño a la propiedad privada y desordenes públicos. Al mes siguiente volvió a ser detenido por la policía por posesión ilegal de una pistola. En ambos casos fue sobreseído de los cargos por falta de pruebas y por constancias de buena conducta otorgadas por la alcaldía de Mejicanos.

En octubre cayó de nuevo en manos policiales, junto a una de sus hermanas y a su viejo amigo Luis Herrador, después de haber participado en actos de vandalismo durante otra protesta.

En algunas de esas ocasiones, Belloso fue dejado en libertad debido a la intervención de dos diputados efemelenistas: Zoila Quijada y Walter Durán, quienes alegaron que se trataba de un luchador social en pleno derecho de ejercer su protesta en las manifestaciones públicas.

Mario Belloso en actividad de calle.

En todo ese recorrido, marcado más por el ejercicio del vandalismo que por lo que podría llamarse en rigor una actividad revolucionaria, Belloso fue ganando el liderazgo entre sus compinches y la confianza de sus jefes. Un imaginario y anhelado horizonte de batallas guerrilleras heroicas, en las que él sin duda sería un comandante de barba, melena y boina, comenzó a formarse en su cabeza.

“Hoy piedras, mañana fusiles”, escribían impacientes en las paredes de San Salvador los jóvenes activistas bajo su mando, revelando así el íntimo deseo de protagonizar una nueva guerra en nuestro país.

Pero, tanto Belloso como, los que alentaron sus acciones, olvidaban un pequeño detalle: no hay posibilidad de guerra revolucionaria, ni de apoyo popular a movimientos armados, si no existen una serie de condiciones objetivas justificantes.

La guerrilla salvadoreña que surgió en los setenta y que se desplegó como una fuerza formidable en los ochenta, hasta convertirse en un verdadero ejército insurgente, con un masivo apoyo nacional e internacional, fue posible porque en el país había una dictadura militar fraudulenta y represiva que cerró todos los espacios a la oposición política, anuló la libertad de expresión de la sociedad, persiguió, desterró, encarceló, torturó, despareció y asesinó a miles de de sindicalistas, maestros, estudiantes, campesinos, líderes políticos y hasta sacerdotes.

Eso elementos, en su conjunto, legitimaron de alguna manera el alzamiento armado. Pero la situación nacional actual es enteramente diferente: vivimos en una democracia en construcción donde ninguna de las libertades civiles está restringida, y donde gobierna el partido que gana la adhesión mayoritaria de la ciudadanía. No hay presos políticos y a ningún partido se le excluye de la competencia electoral.

Además, se trata de un sistema político surgido precisamente de un Acuerdo de Paz, fruto en buena medida del sacrificio de miles de luchadores revolucionarios que combatieron durante más de dos décadas. La Policía Nacional Civil, está conformada, incluso en parte por antiguos combatientes guerrilleros.

¿Contra qué, por qué y por órdenes de quién tomó las armas Mario Belloso? Todos quisiéramos que su acción fuera el resultado de una solitaria mente desquiciada por el fanatismo izquierdista.

Nuestra investigación, en curso todavía, nos ha llevado a enfrentarnos con informaciones desconcertantes por los niveles de torpeza, y miopía política, de quienes movieron los hilos de esa marioneta o caricatura de revolucionario que resultó ser Mario Belloso.

En las próximas entregas de este reportaje profundizaremos en la zona oscura que está detrás del hombre que un día, alentado por líderes irresponsables, decidió jugar a la guerra y se convirtió tan solo en un asesino.

SUBIR
 
 

  


 

 

© Derechos Reservados 2007