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¿Eso es terrorismo?

 

En todos los pueblos del país ha habido un loco tirapiedras; cuando lo ves venir te cambias de andén o te pegas la retirada. Pero nunca lo denuncias porque a los locos quién los entiende, ni la policía. En las protestas civiles de aquí y de todo el mundo se lanzan piedras o cualquier clase de objetos.

Es indudable que el término terrorista tiene un profundo contenido político. Los abogados positivistas se despezuñan con sus argumentaciones para justificar la necesidad de la ley contra el terrorismo. Tú los miras en la tele y te dices: no, no puede ser; pero es.


Lunes 16 de julio 2007
Berne Ayaláh, escritor salvadoreño
redaccion@centroamerica21.com

 

BERNE
AYALÁH

Con esa ley resulta que es más fácil entrar a una farmacia esgrimiendo una ametralladora M-60 y bañar a balazos a sus empleados; digamos que tienes mala puntería y matas a unas tres personas y que te agarran cómodamente en tu casa limpiando el cañón de tu juguete; el delito que esos abogados terroristas te van a aplicar se llama homicidio.

Pero cuidado y vayas en un acto de protesta pública y le tires una pedrada a un policía, bueno no digamos piedra, un grito, una mala mirada, o que esquives o espantes las balas de goma, los bastonazos y las mordidas que te tiran; si te agarran en plena huida, estás perdido, carnal, te tocan más años en la cárcel por esa payasada que por el asunto de la M-60. Y aunque no hayas sido tú pero como andabas en medio del bochinche te toca dormir con la loca.

Hace muchos años uno de esos señores diputados que tienen timbre de pastor de iglesia, iba bien entonado de copas y cuando la policía lo persiguió por conducir temerariamente, los agarró a balazos. Dejó el vehículo policial hecho un colador y lesionó a una mujer policía; lo agarraron con todo y botella de Troika, dos vasos desechables, cuatro jocotes de corona y un pucho de sal en una paila Lenox. Las armas se perdieron y él se fue a su casa tranquilamente a quitarse la goya.

En la Asamblea Legislativa se montaron un circo con todo y leones; al final lo eximieron, no hubo ni antejuicio y se bebieron juntos lo que quedaba de la botella. El expediente ha sido destruido parcialmente por las ratas. El tipo sigue echándose unos discursos moralistas que cuidado y te caes. A los diputaditos se les olvidó incluir el cinismo como acto constitutivo de terrorismo (todos estarían en el bote).

La mortalidad infantil provocada por el dengue, diarreas, padecimientos respiratorios y no sé cuántas enfermedades, es muy alta en nuestro país. No tenemos plata para salvar vidas humanas. Si agarras un papelito y le haces las cuentas a la camarilla de corruptos que han pasado por los cargos públicos (desde ministros, pasando por directores de Autónomas, hasta alcaldes), te pones helado cuando lees la millonada de dólares que esos terroristas le han arrancado al Estado. Todos, salvo uno, andan libres y las penas por sus conductas son risibles.

El terrorismo es también un término histórico, desde las sociedades secretas del siglo XII, la inquisición, las peleas entre cristianos irlandeses por la Reforma, las acciones violentas suscitadas en el entorno de la Revolución Francesa, el Ku Klux Klan, el Stalinismo, los escuadrones de la muerte de las dictaduras militares y más recientemente los ataques a la vida urbana ejecutados por grupos radicales de todo el mundo.

La historia y la política suelen ser términos afines. Los terroristas de Estado no son tales hasta que han perdido el poder o las guerras. Estados Unidos ha provocado una mortandad con su invasión a Irak; los expertos reconocen un promedio de cien muertos diarios en esa guerra. Quién podría dudar en calificar un acto de bombardeo de poblaciones civiles como terrorista, la destrucción de ciudades, documentos y objetos imposibles de valorar; los abogados positivistas, quizá.

Si nos atenemos a ello, los soldados salvadoreños que ayudan a esa guerra también serían terroristas y es obvio que su comandante.

Es muy difícil que una piedra pase los cristales blindados de la casa de gobierno; pero una bomba o un disparo de arma de grueso calibre sí; entonces, es fácil encontrar la diferencia. Pero también es fácil entender que el término terrorista, como categoría política, puede observarse en acciones destructivas de la vida humana, ejecutadas desde o fuera del Estado; otros, con argumentos falaces se lo acuñarán a las protestas civiles.

Una ley antiterrorista como la que se ha comenzado a implementar en este país puede desatar una escalada de violencia impredecible.

Querer adjudicar al partido FMLN todos los movimientos de protesta que se dan en el país es tenerlo en una cúspide del poder que no ostenta; pero además es no querer reconocer que cuando un hombre se levanta sin nada que llevarse a la boca, con un grifo de agua que lleva días sin gotear, con un horizonte oscuro para sus hijos; es justo y necesario que le diga al menos una maldición a sus gobernantes.

La protesta, más que una acción política, se va convirtiendo en un recurso psicológico de la impotencia; convertirlo en terrorismo por imperio de la ley es peligroso, además de estúpido.

Ni todos los santos del cielo, ni los curas, ni los pastores, ni mi abuelita podrían evitar las protestas; se dan en los países más ricos de Europa y ahí también zumban las pedradas y los leñazos. Y los manifestantes no son tratados como terroristas. Uno puede estar o no de acuerdo con las protestas, pero eso es otra cosa.

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