Raymundo Mendoza Cordero, es el hombre que dirigió a los investigadores que durante un año le pisaron los talones a Mario Belloso, y que finalmente lograron su captura, tiene cuarenta años de edad, es abogado y policía por vocación. Para él, y para todos sus hombres, poner al terrorista y a todos sus cómplices tras las rejas, “sea quienes sean”, es una cuestión de honor y un compromiso con los policías muertos y heridos el 5 de julio de 2006. “No importa cuánto nos tardemos, pero van a caer todos”, asegura.
Lunes 16 de julio de 2007
Geovani Galeas y Teresa Andrade (Segunda entrega)
redaccion@centroamerica21.com
“Déjeme entrar, jefe, ese desgraciado está ahí dentro de la Universidad, lo tengo ubicado y estamos en flagrancia, yo lo agarro ahora mismo, jefe”, le dijo Mendoza Cordero por radio a Rodrigo Ávila, director de la Policía Nacional Civil. “No, manténganse en su puesto” fue la escueta pero firme respuesta de Ávila.
Mendoza Cordero tuvo que morderse los labios y apretar los puños para contenerse. En ese momento estaba indignado y no entendió el motivo de la orden recibida. Lo mismo les pasó a todos los hombres bajo su mando, que solo esperaban una mínima señal para irse con todo contra el asesino y sus cómplices.
Mario Belloso, que amparado en una protesta estudiantil apenas unos minutos antes había disparado un fusil de guerra contra la policía, estaba ahí, prácticamente al alcance de la mano, todavía bajo control visual de un agente encubierto infiltrado, pero Rodrigo Ávila no autorizó el ingreso policial a la Universidad de El Salvador para proceder a su captura.
“Así, en caliente, fue muy difícil para mí acatar esa orden, pero después entendí las razones del jefe. Aunque la flagrancia nos autorizaba el asalto, ahí adentro de la UES había gente armada y quién sabe lo que hubiera pasado si entramos en esas condiciones: hubiéramos tenido que disparar en defensa, y en la trifulca quizá hubieran resultado más heridos y muertos, un desastre”, nos dice Mendoza Cordero un año después de aquellos sucesos.
“Hoy piedras, mañana fusiles”
Faltaban diez minutos para las once de la mañana, de aquel 5 de julio de 2006, cuando el comisionado Mendoza Cordero supo que se había desatado la balacera. El estaba en su oficina, en la subdirección de investigaciones de la PNC, situada en el bulevar Orden de Malta, en Santa Elena, y le bastaron menos de diez minutos para llegar hasta el lugar de los hechos, en las cercanías de la Universidad de El Salvador.
La escena que encontró le hizo hervir la sangre: sobre el asfalto yacían dos policías muertos, diez heridos gravemente y otros siete con rozones leves.
Mendoza Cordero, de 39 años, se había graduado como abogado el mismo año en que finalizó la guerra civil salvadoreña, 1992, y había ingresado a la carrera policial por vocación. Como policía nunca había visto algo semejante a lo que en ese momento tenía frente a sus ojos, pero sí recordaba perfectamente que, durante la guerra, eran situaciones bastante comunes ¿Qué había pasado para que esa escena volviera a repetirse catorce años después de firmada la paz?
La información con la que contaba, como jefe de las investigaciones policiales, podía proporcionarle un indicio: en los últimos veinte días, y en diferentes puntos de San Salvador y del país, se habían registrado al menos quince protestas callejeras, protagonizadas por diversas agrupaciones del autodenominado Movimiento Social Organizado, vinculado a la izquierda política.
Pero en todas esas protestas había dos elementos recurrentes: uno, el grado de agresividad de los manifestantes se estaba incrementando notablemente, lo que hacía que esas actividades degeneraran en daños a propiedades públicas y privadas, y apedreos contra la policía; dos, que en medio de las protestas actuaba siempre un pequeño grupo radicalizado que era el que instigaba a la violencia, y solía escribir en las paredes una pinta significativa, que podía sonar a deseo o a amenaza: “Hoy piedras, mañana fusiles”.
Ese grupo, que se hacía llamar Brigada Limón, había surgido en 1997 como equipo de pinta y pega en las campañas proselitistas del FMLN, y poco a poco se había venido deslizando hacia un tipo de violencia de choque y más bien vandálica. Su jefe visible, Mario Belloso, había ascendido desde el puro activismo de calle hasta ganar un puesto de regidor en la alcaldía de Mejicanos, gobernada por el FMLN, y luego la jefatura del Sector Juvenil capitalino de ese mismo partido.
La cacería
Rodrigo Ávila llegó de inmediato al centro de mando de la operación en el terreno. La información comenzó a fluir desde los primeros momentos. Cuando él y sus colaboradores más cercanos tuvieron un panorama bastante completo de lo que había ocurrido. Se distribuyeron las misiones y comenzó la cacería de Belloso y de toda su estructura.
-¿Cómo comenzó la investigación?-, le preguntamos a Mendoza Cordero.
-De varias formas y en varios niveles. Lo primero era asegurar el caso, hacer todo en orden. Es un proceso complejo y con muchas tareas técnicas sumamente laboriosas, llenar actas, recoger las evidencias, fijarlas, hacer toda la inspección, estudiar la trayectoria balística, en fin, darle al caso todo el sustento técnico necesario. Simultáneamente al trabajo en la escena del crimen, allanamos varias casas, pero apegándonos a la ley. Tuvimos la UES cerrada cinco días, pero desgraciadamente cuando entramos ya había pasado mucho tiempo
Capturar a Belloso y su gente se convirtió en prioridad uno desde el mismo 5 de julio, porque él había asesinado a dos compañeros nuestros y tenía a 17 más en la cama. Para nosotros era una cuestión de honor. Era un compromiso que teníamos con los compañeros muertos y con sus familias y con los compañeros heridos. En esta misión se invirtió lo mejor de nuestros recursos humanos, financieros y logísticos. No puedo contarles detalles de un proceso investigativo que aun está en curso, pero si puedo afirmarle que no hemos escatimado ningún esfuerzo, ningún sacrificio.
-¿Cómo pudo salir Belloso de la UES y romper el cerco que ustedes seguramente montaron? ¿Quién lo protegió y donde estuvo en las horas inmediatas posteriores a los hechos?
-No puedo revelar esos detalles todavía. La investigación continúa y les aseguro que eso y otras cosas saldrán a luz en su momento, no como rumores sino como información fundamentada plenamente en pruebas. En eso estamos trabajando… Ahora mismo que estamos hablando aquí, se están llevando a cabo varias diligencias en muchos puntos de la ciudad, y ya habrá resultados.
-¿Estuvo Belloso en la Asamblea Legislativa, como se ha dicho?
-El recibió protección, pero no puedo decirles más al respecto por el momento. No puedo confirmarles eso.
-¿En que momento se dan cuenta que el tirador era Mario Belloso, cuando capturan a Luis Herrador o ya desde antes?
-Lo supimos en el primer momento. A Herrador lo capturamos el mismo día, pero la información básica ya la teníamos. De todos modos Belloso pudo salir de San Salvador y esconderse en varios lugares durante casi un año… Pero nosotros siempre le estuvimos pisando los talones.
-¿Estuvo efectivamente en Santa Rosa de Lima, en el volcán de San Vicente, en Nicaragua y en la zona de la Montañona en Chalatenango?
-Se movió por muchos lugares, sí.
-¿Qué tan cerca llegaron a estar de él antes de la captura?
-Podría decirles que alguna vez algunos de los nuestros estuvieron sentados a su lado en algún parque o en otros lugares, pero quien hace ese tipo de tareas no es quien captura, y hablar más de la cuenta de estas cosas no se puede. No podemos quemar nosotros mismos procedimientos y personal que requieren absoluta secretividad para ser eficientes.
-¿Ustedes movieron personal fuera del país?
- Entiendo que inteligencia policial sí lo hizo.
-Se ha dicho que lo que finalmente posibilitó la captura fue una llamada telefónica…es eso correcto?
-Para nada. Lo que hizo posible la captura fue el trabajo minucioso que en varios sentidos y de varias maneras realizó durante un año el equipo conformado por nuestros mejores investigadores. Estas cosas no se dan por un golpe de suerte. Las personas que dicen eso no conocen la naturaleza del trabajo y de los procedimientos policiales. Por supuesto que hay vigilancia y seguimiento del entorno del objetivo, pero ese es solo un recurso de investigación entre muchísimos otros. Lo que sucede es que no podemos andar contando las partes delicadas de nuestro trabajo.
-¿En que momento sintió usted que el desenlace de la investigación estaba cerca?
-En enero comenzó a verse más clara la posibilidad. Detectamos movimientos que nos indicaban esa cercanía. Pero Belloso es realmente escurridizo. Ya ahí por mediados de junio sí tuve la certeza de que iba a caer, y estábamos perfectamente preparados para ese momento.
-Se ha especulado mucho sobre esa captura, incluso algunos han afirmado que se trató de un show, de un gran montaje mediático…
-Eso solo puede decirse por ignorancia o por mala fe. Desgraciadamente en este caso están involucradas personas que tienen alguna importancia política y que evidentemente se sienten preocupados. Pero yo no soy político. Mi interés, en este caso, es poner ante la justicia a quienes mataron e hirieron a nuestros compañeros policías.
-¿Nos puede contar como fue la captura?
-Sí, pero con algunas restricciones que ustedes sabrán comprender. Esta investigación, como digo, aún no termina. Belloso tiene cómplices y protectores y yo no voy a decir “misión cumplida” hasta que todos ellos, sean quienes sean, estén sentenciados tras las rejas.
Lea en nuestra siguiente edición la tercera entrega de este reportaje: La captura.