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¿ Otra guerra ?


Lunes 30 de julio de 2007
geovanigaleas@hotmail.com

“No ser subversivo cuando se es joven es no tener corazón, pero seguirlo siendo cuando se es adulto es no tener cabeza”. Esta frase es famosa, anónima y discutible en sus dos aseveraciones, Pero la realidad está ahí frente a nosotros, y sean muchos o pocos, hay jóvenes que se dicen dispuestos a tomar de nuevo las armas, aunque no sepan bien a bien contra quién ni para qué.

La pregunta es ¿por qué un joven salvadoreño, que no ignora que hubo casi ochenta mil muertos en el conflicto nacional concluido hace apenas quince años, puede desear una nueva guerra entre nosotros? El asunto puede parecernos monstruoso, pero no basta con condenarlo en términos morales. Es mucho más importante y práctico esforzarse por comprenderlo.

Eso pasa necesariamente por trascender las meras pesquisas de la inteligencia policial. Remitirlo todo a un problema de manipulación por parte de los viejos e impenitentes zorros de la izquierda contestataria, no requiere ningún esfuerzo pero tampoco soluciona el problema.

¿Son perversos o tontos, o falsamente salvadoreños esos jóvenes? Algunos pensaron eso en los años setentas, pero a las condenas morales y a la represión los muchachos de entonces respondieron con más lucha. Y ciertamente pasaron de las piedras y los palos a los fusiles, generándose así la espiral de la violencia que al final nos envolvió a todos y que fue, esa sí, perversa.

En este punto no importa que la inmensa mayoría estemos convencidos de que, en la actualidad, no hay en absoluto en nuestro país condiciones o motivos reales ya no digamos para otra guerra sino, incluso, para ninguna otra forma de lucha que no sea la permitida por las leyes en vigencia. El problema es que esos jóvenes crean que sí existen esas condiciones y esos motivos y que, en efecto, deseen otra guerra.

Los especialistas distinguen entre las nociones de revolución, revuelta y rebelión. Quizá, pese a las apariencias, no estemos frente a verdaderos revolucionarios ni frente a simples revoltosos, sino frente a un grupo de rebeldes. Ahora bien, la rebeldía es en alguna medida connatural a la juventud –y sobre todo a la juventud universitaria–, y el rebelde (excepto en la filmografía de Hollywood), tiene causa… ¿Cuál es la causa verdadera del deseo de violencia de estos muchachos?

Puede que la respuesta no esté en la sociología sino en la psicología. Pero quizá lo mejor sea preguntarlo directamente a esos muchachos con verdadero ánimo de escucharlos. Es cierto que la policía tiene que preservar el orden público y que no puede responder con sonrisas y flores a las piedras (y mucho menos a los fusiles, que desde el 5-J ya dejaron de ser solo metafóricos), pero también es cierto que esos jóvenes no han tenido hasta ahora otros interlocutores.

VER: Conversación clandestina con un protagonista del 5-J:
“Pasé por la AGEUS y la BRES, pero ahora ando en cosas más serias”

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