Dos batallas guerrilleras estratégicas narradas
por el comandante Claudio Armijo del ERP.
Después de intensos
combates en la periferia de San Salvador, las fuerzas guerrilleras
empiezan el repliegue, este movimiento fue interpretado por el
ejército como una retirada.
Sin embargo, para los guerrilleros era nada más un reacomodo.
Los guerrilleros se concentraron en las faldas del volcán
de San Salvador, para reiniciar los combates en la Colonia Escalón,
y con un objetivo concreto: tomarse el hotel Sheraton.
El hotel por su altura era un objetivo estratégico, que
al final redituó beneficios políticos, gracias a
los inesperados ocupantes que encontraron en él.
Lunes 23 de
julio de 2007
Entrevista y edición
Geovani Galeas y Berne Ayaláh
(Tercera y última
entrega)
redaccion@centroamerica21.com
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Para nosotros, como fuerza del ERP y desde el punto
de vista militar, el momento más difícil de toda la
ofensiva Al Tope fue en la colonia Zacamil.
Recuerdo que un compañero del mando me dijo que enviáramos
un mensaje a nuestro comandante, Joaquín Villalobos, explicándole
que la situación era ya tan crítica que habíamos
llegado al punto de proclamar vencer o morir. Yo le respondí
que para morir faltaba mucho; esa misma noche rompimos el cerco
y salimos hacia el volcán.
Hay momentos en que, como jefe militar en el terreno, sabes que
la situación es muy difícil, pero por eso debes saberte
conducir y no delatar tus preocupaciones. Eso te hace ver un poco
más allá, esforzarte, hacer más sacrificio.
El rostro del jefe y su actitud frente al combate puede decidir
una batalla, los combatientes están pendientes de ti.
Existe una gran diferencia entre la batalla del Moscarrón
y la de la Zacamil: allá nosotros llevábamos la ventaja
y aquí éramos nosotros quienes estábamos cercados.
Aunque es importante decir también que el enemigo estaba
un poco desordenado. Lo que sí nos complicaba era la ametralladora
cincuenta que rompía las paredes y de nada te servía
cubrirte en ellas. Eso psicológicamente es de un gran impacto
para cualquier combatiente.
Cuando ingresaron las tanquetas a la zona, nosotros concentramos
el fuego, entonces escuchamos por radio que habíamos superado
el blindaje y que ellos tenían heridos. Los blindados no
significaron mayor problema. El problema fue el bombardeo y el roqueteo
desde los helicópteros.
El ejército logró articular una respuesta a la ofensiva
el día 16 de noviembre, fecha en que mataron a los sacerdotes
Jesuitas. La idea de ellos era retomar todas las posiciones, porque
ese día en la madrugada combatimos fuerte y le hicimos varias
bajas al batallón Bracamonte. No pudieron sacarnos de nuestras
posiciones.
Tampoco tenía el ejército un cerco cerrado, pues la
ofensiva los sorprendió. Ellos fueron pasando de la esperanza
de que ya nos íbamos a ir hasta que, al fin, se decidieron
a pedir el apoyo aéreo debido al posicionamiento de la guerrilla
en la capital.
El ejército decidió utilizar la aviación en
un momento de desesperación, pues lo que querían era
sacarnos de la ciudad a toda costa. Las colonias Zacamil y Emmanuel
fueron atacadas y bombardeadas con todo su poder de fuego.
En esas condiciones debíamos comenzar a replegarnos para
evacuar a los heridos y reabastecernos. El desgaste y la presión
militar del momento así lo exigían. Como he dicho,
si nos hubiésemos quedado ahí nos habrían hecho
más bajas y capturas o nos habrían matado a todos.
Así de sencillo
El comandante Facundo Guardado, con sus tropas de las FPL, también
se retira de Mejicanos y se reúne con nosotros. Ambas fuerzas
nos movimos en dirección del volcán de San Salvador.
El ejército interpretó ese movimiento como si nosotros,
ya derrotados, habíamos optado por una retirada definitiva.
Ese fue su error. Nuestra intención y nuestra decisión
era otra: al replegarnos lo que hicimos fue salirnos de una situación
crítica para acomodar nuestra maniobra ofensiva en un sector
de mayor importancia. Se trataba de una readecuación estratégica
de toda la maniobra ofensiva. En las faldas del volcán realizamos
las coordinaciones para una nueva incursión.
La toma del Sheraton
Como lo expliqué antes, nosotros ya contábamos con
un plan preciso de la operación Sheraton. Tomar ese hotel,
situado en una zona poblada por familias adineradas, y cercana a
la Residencia Presidencial, significaba darle continuidad a la maniobra
general de la ofensiva, pero además nos permitiría
hacer resonar nuestra acción en todo el mundo, lo que implicaba
traducir en beneficio político el uso de la fuerza.
Las experiencias acumuladas en los días anteriores eran importantes,
pues nunca hasta ese momento habíamos estado más de
un día dentro de la capital. Mientras nosotros realizábamos
ese movimiento, en otros sectores de San Salvador, como en Ciudad
Delgado y Soyapango, las otras fuerzas de la guerrilla continuaban
los combates.
Nuestro desplazamiento abarcó parte de la 75 Avenida Norte
y el final de la Juan Pablo II. Fue un amplio sector donde las tropas
guerrilleras se posicionaron, de cara a amplios sectores de residencias
que bordeaban el hotel. El objetivo de toda esa maniobra consistía
en apoyar la toma del hotel, que era la operación principal.
Sorpresas en el hotel
Cuando nuestros comandos entraron al Sheraton no sabíamos
que ahí estaba Joao Baena Soares, secretario general de la
OEA, y tampoco conocíamos de la presencia de los marines
norteamericanos. Lo que nos interesaba era la posición, porque
se trataba de una altura y además estaba pegada a nuestro
corredor de posibles retiradas y de maniobras militares.
La situación se volvió más tensa cuando Joaquín
Villalobos y Ana Guadalupe Martínez nos avisaron, desde el
exterior, que Baena Soares y los marines estaban ahí.
Yo tenía mi puesto de mando en la Escalonia, en las afueras
del hotel. Las fuerzas de las FPL entraron por el redondel Artiga
y por el Crucero. En ese momento teníamos total control del
hotel y de sus alrededores.
Militarmente los marines estaban en nuestras manos, podíamos
aniquilarlos perfectamente, pero la orden fue no hacerlo. A ellos
los salvó la evaluación política de lo que
sus muertes hubieran implicado en términos de un conflicto
internacional.
Tiempo después, durante las negociaciones para la firma de
la paz, un importante funcionario norteamericano nos confirmó
algo que en aquél momento ignorábamos: una unidad
de la Fuerza Delta del Ejército de Estados Unidos había
despegado con el objetivo de rescatar a los marines.
En medio se esa situación tan tensa se realizaron negociaciones.
Nosotros nos comprometimos a evacuar la zona para que pudieran salir
tanto Baena Soares como los marines. Fue un gesto político
de nuestra parte.
Salimos del hotel el 22 de noviembre con dirección hacia
el volcán, pero tampoco en esa ocasión se trataba
de un repliegue definitivo, aunque las fuerzas de las FPL que nos
habían acompañado si se retiraron debido al cúmulo
de heridos que tenían.
Yo esperé en el volcán a la fuerza del partido comunista.
Nos reunimos el 28, y el 29 entramos juntos a la colonia Lomas Verdes,
mientras otras unidades del PC y las FPL incursionaron a la colonia
Escalón en diferentes momentos.
El repliegue
Luego de esas incursiones se comienza a dar el agotamiento. Éramos
una fuerza que venía de combatir, que tenía heridos
y que necesitaba reabastecerse. Todo eso, el cansancio, el cúmulo
de heridos, la perdida de capacidades logísticas, la reducción
de nuestra capacidad para maniobrar en el terreno y la toma de la
contra ofensiva por parte del ejército nos obligaron a retirarnos.
Entonces comenzamos a salir definitivamente del asedio a la capital.
En todos esos días de combate dormimos muy poco a nada, y
el estrés se acumula. Uno lo supera durante un tiempo, pues
el ser humano enfrentado a situaciones difíciles suele comportarse
de manera increíble, la forma cómo se pueden sacar
energías prácticamente de la nada es extraordinaria.
En una batalla como la ofensiva Al Tope no había seguridad
de encontrarte fuera del alcance del fuego enemigo, aunque estuvieras
en el puesto de mando, pues la batalla era dirigida desde allí mimo, a pocos metros.
En toda la operación de la ofensiva no hubo un momento en
el cual no estuviera dando indicaciones, siempre había actividad
permanente. El fuego enemigo más cercano fue el de la ametralladora
cincuenta y el de los roquetazos que nos caían encima de
las posiciones.
Nosotros logramos articularnos bien y evadir. El ejército
mostró una serie de confusiones y de movilización
de tropas de diferentes guarniciones.
En síntesis: la ofensiva de 1989 consistió en la penetración
de toda la zona norte de la capital, especialmente en los barrios
populares; luego de ahí se le da continuidad con otras operaciones
de incursión al Hotel Sheraton y a las residencias de sus
alrededores, donde los combates pasan a ser mayoritariamente ventajosos
para la guerrilla.
Los combates en la zona de la colonia Escalón desestabilizaron
al ejército pues no era lo mismo combatir en las colonias
populares que en las grandes residencias, donde viven personas de
influencia en el gobierno, eso desestabiliza pues es la zona más
estratégica.
La ofensiva de 1989 ha sido la operación guerrillera urbana
más importante en la historia moderna de América Latina;
fue a la vez el signo de una época en la cual cristalizaron
los esfuerzos conjuntos de todas las organizaciones del FMLN.
La incursión a las residencias de personas acaudaladas y
al mismo Hotel Sheraton significó un quiebre en el curso
de la guerra; fue a partir de esa acción militar que la negociación
pasó a ocupar el lugar primordial en la estrategia tanto
de la guerrilla como del gobierno.
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