Durante la investigación y la persecución, que habían comenzado el mismo 5 de julio de 2006, Ávila y sus hombres fueron cuadriculando poco a poco a Mario Belloso, sus rutas, refugios y cómplices, sus habilidades pero también sus flaquezas.
Sabían que Belloso aun contaba con la lealtad de una red de cómplices que lo habían acompañado a lo largo de sus actividades de violencia callejera, y en el momento mismo en que disparó contra la policía.
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Lunes 23 de julio de 2007
Geovani Galeas (Tercera y última entrega)
ggaleas@centroamerica21.com
Rodrigo Ávila soltó una sonora maldición y se llevó las manos a la cabeza en un gesto de profunda frustración: “No puede ser… se nos fue este maldito”, se dijo a sí mismo mientras salía a toda velocidad rumbo a Mejicanos. Pasaban unos pocos minutos de las cuatro de la tarde del domingo primero de julio. Mario Belloso, el hombre cuya captura se había convertido en punto de honor para él y para el entero cuerpo policial bajo su mando, y a quien había perseguido de día y de noche, sin descanso, durante casi un año, se había logrado evadir cuando por fin lo tenían ya al alcance de la mano.
El auto de Ávila se adentró en San Ramón, avanzó por la calle 14 de marzo de la colonia Santa Matilde, y se detuvo frente a un portón celeste con blanco que remataba un muro color lila reforzado con alambre razor. Era la casa de Susana Belloso, la hermana del fugitivo, que había estado ahí apenas unos minutos antes, en compañía de su esposa, Silvia Barillas, y el pequeño hijo de ambos. Lo más granado del personal especializado de la policía había sido burlado por el asesino del 5-J.
“Se nos fue jefe”, fue lo primero que le dijo el comisionado Raymundo Mendoza Cordero con una cara que denotaba el fracaso. “No”, le respondió Ávila, escondiendo sus propios sentimientos frente al subalterno, “ya lo tenemos, que caiga es cosa de horas, vamos por él”, agregó, y comenzó a planificar y a dirigir personalmente la búsqueda.
Durante la investigación y la persecución, que habían comenzado el mismo 5 de julio de 2006, Ávila y sus hombres fueron cuadriculando poco a poco a Mario Belloso, sus rutas, refugios y cómplices, sus habilidades pero también sus flaquezas.
Sabían que Belloso aun contaba con la lealtad de una red de cómplices que lo habían acompañado a lo largo de sus actividades de violencia callejera, y en el momento mismo en que disparó contra la policía. Pero también sabían que se sentía negado y abandonado por quienes eran sus jefes, como lo confirmaría después en sus declaraciones extrajudiciales.
Acosado y desesperado, Belloso había concebido la ejecución de un golpe de audacia que, de la condición de paria en la que se encontraba, lo haría pasar según sus cuentas a la categoría de héroe: en un acto clandestino, él y sus más cercanos colaboradores conmemorarían como una gesta gloriosa los hechos del 5-J, se tomarían fotografías mostrando periódicos actuales y haciendo gestos y señales de victoria. Con ello desafiaría al mismo tiempo a la policía y a los jefes que lo habían desconocido, al tiempo que consolidaría su propia “estructura revolucionaria”.
El plan se concretaría precisamente en el primer aniversario del 5-J, en un local de la Universidad de El Salvador. Un mes y medio antes, aproximadamente, a mediados de mayo, la inteligencia policial tuvo conocimiento del plan. Belloso había estado en Nicaragua a finales de 2006, y es muy posible que haya detectado el seguimiento cercano que en ese país le montaron los investigadores salvadoreños, por lo que desapareció del mapa y del radar de sus perseguidores durante poco más de un mes.
Ya en enero la policía detecta movimientos de algunos de sus cómplices y familiares hacia la zona de la Montañona, de Chalatenango, y logra verificar que, en efecto, Belloso se mueve por esos lugares. El círculo comenzaba a cerrarse sobre el perseguido, sobre todo al nivel del control y seguimiento subrepticio de su entorno.
Entre otras personas, los familiares de Belloso comienzan a ser monitoreados constantemente, y esa labor da frutos: muy pronto la policía interpreta sus rutinas y las alteraciones significativas en las mismas. También descubre que la casa de la colonia Santa Matilde cuenta con un doble contra chequeo: desde la tiendita de enfrente, propiedad de la madre de Belloso, y desde varios puntos de acceso, por parte de algunos de sus cómplices en labores de posteo.
El viernes 29 julio, la inteligencia policial confirma que Belloso llegará a la Universidad de El Salvador el lunes 2, con el objeto de realizar una reunión preparativa para la conmemoración planificada, y que la misma tendrá lugar efectivamente el día 5. Ya desde ese momento, Rodrigo Ávila y sus hombres comienzan a prepararse, y las labores de vigilancia se intensifican en varios puntos sensibles.
El contra chequeo realizado por los cómplices de Belloso complica un poco la vigilancia sobre la casa de la San Matilde. No obstante, algunos movimientos realizados durante la mañana y la tarde del sábado 30, indican que el fugitivo está muy cerca. Al día siguiente, domingo, en horas de la mañana, inteligencia confirma: Belloso está en casa de su hermana. Ávila y sus hombres diseñan y montan en ese momento el dispositivo de captura.
Evasión y captura.
Mario Belloso no emprendió la fuga a las 4 de la tarde, hora en que el contingente policial irrumpió en la casa de la Santa Matilde. Después, ya en manos de las autoridades, relataría que salió tres o cuatro minutos antes sin saber que estaba cercado. Iba para la UES, a reunirse con algunos de sus compinches.
Susana y Silvia, la hermana y la esposa de Belloso, intentaron en vano obstaculizar el paso de la policía hacia el interior de la vivienda, acaso para hacer ganar unos minutos al fugitivo. Pasada la sorpresa de la ausencia del perseguido, los agentes encontraron muy pronto la boca del túnel por el que se había escapado. Estaba oculto debajo de una alfombra café oscuro y un escritorio blanco con gavetas verdes, medía unos 60 centímetros de ancho por 50 de alto, aproximadamente.
Algunos de los agentes lograron entrar y pudieron ver a Belloso que, alertado por los ruidos, supo de lo que se trataba y aceleró la marcha. El equipamiento de esos agentes, excesivo dada la estrechez del agujero, les impidió darle alcance en ese primer momento. Entre los agentes habían algunos preparados para realizar una persecución por las alcantarillas, pero Belloso optó por escabullirse por los sistemas de drenaje de aguas lluvias de las casas que son mucho más estrechos que los sistemas públicos de drenajes.
Mientras algunos policías rendían el informe al recién llegado Ávila, otros inspeccionaban la casa y decomisaban las pertenencias de Belloso: la famosa computadora portátil en la que el tirador había almacenado una gran cantidad de textos y fotografías sumamente reveladores de sus vínculos, actividades y planes; además de una escopeta, un fusil con silenciador, un arma de fabricación artesanal, un corvo corto, pañoletas del MERS, un poster del Ché Guevara, una pancarta, máscaras, dos pares de botas, una tienda de campaña y un saco de dormir entre otras cosas. Dentro del túnel encontraron otro fusil, un teléfono celular y un par de zapatos.
Rodrigo Ávila dispersó de inmediato una gran cantidad de personal por todo el perímetro, principalmente los accesos a la UES, bloqueó todos los puntos de salida y puso bajo control todas las posibles rutas y refugios. Solo un milagro podía salvar al fugitivo. En pocas horas le llegó el informe de que lo habían visto fugazmente abajo del puente de la diagonal universitaria. Entonces Ávila puso más gente en el terreno y aumentó la presión.
Belloso supo entonces que estaba copado y regresó a las alcantarillas. Ya no pudo salir de la quebrada que está detrás de la UES, que era su objetivo. Después relataría que estaba preparado para quedarse 5 días bajo tierra, pero esa noche, para su mala fortuna, se desató un fuerte aguacero que aumentó las correntadas en el drenaje. Después de deambular durante unas 10 o más horas en esas condiciones, y de comprobar que todas las posibles salidas estaban bloqueadas, se desesperó. Cuando salió de las alcantarillas en la madrugada del lunes estaba cansado, sucio, hambriento y desmoralizado, y confirmó que, en efecto, ya no tenía ninguna ruta de escape.
Entonces comenzó a caminar hacia ningún lugar sobre la prolongación del Bulevar Universitario hasta que, a eso de las 6: 40, fue requerido por una patrulla del 911 y se rindió sin oponer la menor resistencia. Después de un año, la cacería del tirador del 5 de julio había terminado.
Algunas explicaciones de Rodrigo Ávila
-Belloso había estado detenido al menos en tres ocasiones, ustedes lo tenían perfectamente fichado y perfilado, y lo mismo a sus cómplices o al menos a un buen número de ellos… ¿el 5-J los tomó por sorpresa?, ¿no previeron el paso de las piedras y los palos a los fusiles?
-No. Lo conocíamos como un instigador violento en las protestas, pero la situación misma del país, las condiciones de democracia, volvían totalmente ilógica una acción como la del 5-J. Belloso y la gente de su entorno actuaron contra toda lógica. Es más, ese día yo iba para Brasil, a una reunión con la policía de Sao Paulo. Sabía de la protesta que se iba a realizar, pero era una más entre tantas. Ya iba sobre la autopista hacia el aeropuerto cuando me avisan por radio de los balazos y los policías muertos y los heridos… Le juro que no lo podía creer y pedí varias veces que me confirmaran que de verdad habían policías muertos y heridos… Ahí mismo di vuelta en U y me dirigí al lugar de los hechos.
-¿Qué hizo cuando llegó?
-De inmediato puse el centro de mando en un local desocupado que nos prestaron ahí a unos metros de la escena. Me reuní con mis colaboradores más cercanos, nos llevaron unas mesas, los mapas y las fotos aéreas. Estudiamos la situación y comenzamos a coordinar conforme llegaba la información.
-¿En algún momento estuvo dispuesto a entrar a la Universidad?
-Si lo valoré, por supuesto. Sabíamos que el tirador estaba ahí dentro y estábamos en flagrancia. Ganas no me faltaban pero no era prudente hacerlo. De hecho, tenía bajo control los portones y accesos de la UES, incluyendo las quebradas y las bóvedas; el dispositivo táctico para entrar estaba completamente preparado y solo esperando la orden. Además nos seguían disparando desde el interior de la UES, desde las alturas de algunas facultades, y habían averiado un helicóptero… Pero en esas situaciones, por más que cueste, es preciso mantener la cabeza fría.
Hablé con el subdirector Tobar Prieto, que es un hombre inteligente y bastante mesurado, muy profesional: “Eso es lo que ellos quieren, jefe, que entremos y que haya más muertos… esperémonos, de todos modos los vamos a capturar”, me dijo. En ese momento recibí la llamada del Presidente Saca… “¿Qué vas a hacer?”, me preguntó. Le dije que no pensaba entrar y él me dijo que eso era lo más prudente.
-Algunos se preguntan por qué no capturaron antes a Edwin Sánchez Canjura, el hombre al que Belloso le entregó el fusil, si ya lo tenían ubicado prácticamente desde los primero momentos…
-Por la misma razón por la que tampoco capturamos antes a otros compinches de Belloso a quienes también teníamos plenamente identificados… Sánchez Canjura era un contacto de Belloso, uno de sus facilitadores dentro de la UES. En algún momento Belloso volvería a contactarlo. Para nosotros era uno de los medios para llegar al asesino. Si lo capturábamos, a él o a los otros cómplices, se nos iba Belloso… Precisamente fueron ellos quienes, sin saberlo, nos permitieron finalmente la captura.
-Es evidente que Belloso no actuó solo el 5-J… Sin embargo, aparte de Luis Herrador y de Sánchez Canjura, hasta ahora no hay otros detenidos…
-Usted lo ha dicho: “hasta ahora”. No le puedo decir cuándo, pero sí le puedo asegurar que van a caer absolutamente todos los implicados en la muerte y las heridas de nuestros compañeros policías.
-¿Todos quiere decir todos?
-Absolutamente: TODOS.