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Identidad, migración y Estado van de la mano
Si la identidad y el sentido de pertenencia a la nación salvadoreña parecen desvanecerse no es a causa de la migración. Si se desvaneciera, la razón no empezaría fuera de nuestras fronteras territoriales, sino dentro: con la imagen de país que se tiene en el interior de este.
Domingo 15 de abril 2007
Georgina Vanegas
gvanegas@centroamerica21.com
El informe del PNUD para el año 2007, denominado Migraciones, Cultura y ciudadanía en El Salvador , sostiene que esta falta de sentido de pertenencia a El Salvador podría ser, en gran medida, “resultado de que también se ha venido desvaneciendo la idea del país prometido, próspero e igualitario”.
Es decir que en la medida en que el Estado asegure y vele por el respeto de los derechos y por acrecentar las oportunidades de los salvadoreños, tanto dentro como fuera del país, estará contribuyendo a ese sentido de pertenencia a la nación y al apego a los objetivos comunes del país.
Somos una nación de migrantes. No pueden negarse las transformaciones socioeconómicas que la diáspora ha introducido en El Salvador. Este fenómeno no solo ha reformado barrios y cantones con arquitectura cada vez más parecida a la extranjera, sino que ha transformado la economía nacional.
Las remesas que entran al país fueron, en 2006, equivalentes al 145% del valor de las exportaciones del país. Y en 2005, el promedio de remesa recibida por familia fue el equivalente al salario base mensual de los sectores de comercio e industria ($159).
No se pueden negar los cambios. El reto es plantear un verdadero país transterritorial. La migración es una realidad, no va a detenerse en un abrir y cerrar de ojos. Bajo este contexto, se debe velar por que los salvadoreños dentro y fuera del país lleven una vida digna.
El informe del PNUD reza: “(los migrantes) no solo viven fuera de su país, sino que sus rituales cívicos no se ajustan a los de una comunidad salvadoreña convencional, porque muchos se sienten parte de otro país, al cual admiran”.
La clave de la situación sería esta: que los salvadoreños, dentro del país y en el exterior, logren admirar su patria; que se reconozcan parte de ella, en la medida en que compartan valores, visiones y objetivos comunes.
El gobierno salvadoreño ha tenido un mayor acercamiento con los compatriotas fuera del país. Ha aumentado la eficiencia de la prestación de servicios consulares, ha puesto en marcha el cabildeo y asistencia a los salvadoreños beneficiados por el Status de Protección Temporal (TPS) y ha desarrollado un programa de atención a las comunidades de salvadoreños en el exterior.
Sin embargo, el fenómeno de la migración es complejo. Por lo tanto, requiere de políticas migratorias más agresivas y de un constante papel protagónico del gobierno salvadoreño en la implantación y desarrollo de estas. La situación exigirá a la legislación actual y a las venideras que respondan a las necesidades y retos que este nuevo periodo de la historia les plantea.
Son necesidades y retos como el de una redefinición de los objetivos de país y de los recursos con los que se cuenta. Se requiere incrementar la participación de los migrantes, de ese sector en parte responsable de los cambios en el país, en las discusiones sobre asuntos de política interna. Los gobernantes y el país en general tienen el reto de redescubrir al país, a partir de las realidades de los diversos sectores de la población, sus amenazas, necesidades y potenciales.
Ese es el verdadero reto: reconocer la nación que habitamos, para entender las necesidades de las grandes mayorías. En la medida en que adquieran representatividad, los salvadoreños aquí y allá podrán sentirse identificados con un plan que prometa responder a sus exigencias, visiones y compromisos. Entonces, tal vez podamos tener más claro ese concepto que hoy puede parecer difuso: la esencia de ser salvadoreño.
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