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El general Fidel Torres en su estudio privado
 
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  Fragmento del libro: Los militares en el poder, publicado recientemente por el general Fidel Torres
El general Fidel Sánchez Hernández

A las 15 horas recibí una delegación de los golpistas, presidida por el teniente René Glower, portadores de un escueto mensaje del coronel Mejía: "Si a las 16 horas no ha cesado toda resistencia, le enviaremos el cadáver del ex presidente Sánchez". Mi respuesta también fue escueta: " Si a esa misma hora no han abandonado el Zapote y liberado al presidente, los haré m… con la Fuerza Aérea. A esa hora estaban pidiendo asilo en la nunciatura y el presidente quedaba liberado.
 
 
 

El general Fidel Torres, un protagonista de la historia

El general Fidel Torres, falleció la semana pasada a los 90 años. Ministro de Defensa en 1969, protagonista de la guerra de El Salvador contra Honduras. Centroamérica 21 publicó en sus primeras ediciones un fragmento del libro Los militares en el poder, publicado meses antes de su fallecimiento y una entrevista con el general. En esta edición reproducimos ambos documentos.

Fidel Torres: el general que hizo la guerra

“Presidente Sánchez, o hacemos algo contra Honduras o no amanecemos como gobierno”

Fidel Torres, un general retirado que pronto cumplirá 90 años, se reunió, en 1969, con 500 oficiales del ejército que querían invadir Honduras. Todos ellos estimaron que ya no se podían aguantar más los atropellos de los hondureños contra los salvadoreños que vivían en ese país. Torres era el Ministro de Defensa del ex presidente Fidel Sánchez. Los oficiales le dijeron: “con todo respeto, señor, creemos que debemos hacer algo”. Torres les respondió: “vayan a sus puestos. Esperen mis órdenes”. Entonces, los oficiales salvadoreños lanzaron sus gorras al aire, se abrazaron y gritaron consignas patrióticas. Poco después, estalló la guerra.

Fecha de publicación:
Lunes 30 de abril 2007
Lafitte Fernández

lfernandez@centroamerica21.com

Con su cara afilada, su cabello intensamente blanco y a punto de cumplir 90 años, Fidel Torres, el ex ministro de defensa que hizo la guerra a Honduras , camina por los amplios corredores de su casa como un hombre que no se arrepiente de haber ordenado la sorpresiva invasión a Honduras, en 1969.

“Yo no quería la guerra. Tampoco el ex presidente Sánchez Hernández. Pero, no teníamos otra opción”, dice en su estudio privado, donde cuelga una fotografía suya con Moshe Dayán, el mítico héroe de guerra israelí que una noche lo invitó a cenar en su kibut, para hablar sobre cómo se hacen las guerras.

Fidel Torres guarda todavía su cuidada figura de militar de carrera que inició después de obtener malas calificaciones en la secundaria. Nunca la abandonó.

Aunque hay que hablarle fuerte por un desgaste de sus oídos, su mente está lúcida. Tanto que acaba de publicar un libro que llamó “Los militares en el poder”.

En esa obra habla de las razones que llevaron a El Salvador a invadir Honduras pero no cuenta los grandes secretos militares de esa guerra, porque sabe que debe callar para siempre. Esa es la obligación de un militar que llegó a convertirse en uno de los hombres más influyentes y poderosos del país.

Las razones de la guerra están claras para él: los militares salvadoreños se cansaron, literalmente, de observar cómo los hondureños le quitaban las tierras a los nacionales y cometían toda suerte de atropellos contra familias enteras que emprendieron la diáspora de regreso, sin más remedio.

Esta vez, sin embargo, el general Torres revela a Centroamérica21 detalles de una parte importante de la historia nacional. Lo hizo, pausadamente, a su ritmo, de acuerdo con lo que, como lo sabe, su estirpe de militar le permite narrar.

-Poco antes de tomarse la decisión de invadir Honduras, usted se reúne con 500 oficiales salvadoreños quienes le plantean los problemas de los civiles en ese país. Hasta donde entiendo, estaban encolerizados con lo que sucedía en Honduras. ¿Fue así ?

-Sí, tuve una reunión con todos los oficiales. Eran como 500. Ellos reflejaban las inquietudes de los civiles. Ahí me preguntaron sobre el por qué no hacíamos algo los militares. Yo les respondí: “Vayan a sus puestos y estén listos”.

-¿Qué respuesta tuvo a eso?

-Tiraban las gorras al aire, gritaban y se abrazaban. Hubo mucha alegría.

-¿Y qué hizo ante eso?

-Me fui donde el Presidente Sánchez Hernández y le dije: “Si no hacemos algo ya, mañana no amanecemos como gobierno”.

-¿Que le respondió Sánchez Hernández?

-Me dijo: “Vámonos para el Estado Mayor. Ahí se decidieron las acciones. El jefe del Estado Mayor era el general Guzmán Aguilar. Cuando llegamos tenía preparadas todas las hipótesis de guerra. Además, queríamos la sorpresa.

-¿Y como consiguieron esa sorpresa?

-Lo militares estaban esperando alguna orden. Ya se había convocado a las reservas.

-¿Pero, cómo fue esa primera sorpresa?

-Decidimos atacar por el sur, por Ocotepeque. Ellos nos esperaban por el oriente de nuestro país.

-¿Esa fue una acción para perder a los militares hondureños?

-Sí, movilizamos hacia el oriente pero atacamos por el norte.

-¿Qué pasó después de eso?

"Nunca me considere un héroe", confesó a Centroamérica 21

-Cuando comenzamos los ataques, la persecución de los salvadoreños se endureció. Entonces algunos países pidieron a la OEA que interviniera.

-¿Y antes no intervino? ¿No se pudo evitar la guerra ?

-La OEA mandó a una comisión de derechos humanos. Yo los llevé a las fronteras para que vieran cómo venían familias enteras de salvadoreños vejadas. Venían con niños. Con ancianos. La OEA no hizo nada. Un simple informe. Fue hasta que se rompieron las hostilidades que los cancilleres se reunieron en América del Sur. Ahí se dijo que todos los países teníamos problemas con las fronteras. Establecieron que no se podía negociar con tropas extranjeras ocupando otro país.

-Esto último, hasta donde entiendo, fue un logro de la diplomacia salvadoreña que impidió que se calificara a El Salvador de país agresor. ¿Es así?

-Sí. Las negociaciones las hizo el Chachi Guerrero apoyado por Martínez Moreno y Reynaldo Galindo Pohl.

-¿Centroamérica dejó solo a El Salvador en esa época?

-Los restantes países se declararon imparciales. Yo hice una visita previa a los presidentes centroamericanos. Costa Rica me dijo: “Nosotros tenemos la impresión de que ustedes quieren resolver el problema con las armas”. Les respondí que para impedir eso estaba en ese país. Somoza también me dijo:”Ustedes todo lo quieren arreglar a balazos”.

-¿Se oponía?

-No. Era imparcial. Pero, era compadre del presidente de Honduras, Osvaldo López Arellano. Cuando atacamos, López llamó a Somoza para que nos detuviera porque los estábamos atacando por todos lados.

-¿Por donde iban las tropas cuando la OEA ordena el cese al fuego?

-Bastante adelante

¿Estaban dispuestos a tomar Honduras?

-Así es.

Compartiendo conocimiento militares con Moshe Dayan, el genial estratega israelí.


-¿Hasta donde querían llegar?

-Primero, tomar el control de la carretera entre Tegucigalpa y San Pedro Sula. Tomando ese control, nos metíamos hasta adentro.

¿Querían, entonces, tomar todo el país?

(Se rie).

¿Tenían la moral al tope para conseguirlo?

-Claro, fue la OEA la que paró a El Salvador. Hasta hubo gobiernos que ofrecieron tropas para parar a El Salvador.

-¿Cuáles?

-Es no lo puedo decir porque no se llevó a cabo.

-Honduras era superior en aviación. Todavía hasta ahora, según entiendo. ¿Hizo daño esa aviación hondureña?

-Sí, bombardearon las pistas del aeropuerto y Acajutla, donde estaba las reservas de combustibles.

-¿Podían llegar lejos sin combustibles?

-Eso es importante pero teníamos muchos otros planes. Lo que pasa es que la OEA nos paró.

¿Cuál era la posición de los Estados Unidos?

De imparcialidad. Se declararon neutrales.

-¿Presionaron para que las tropas salvadoreñas se detuvieran?

-Sí como parte de la OEA.

¿Es cierto que Estados Unidos presionó porque temía por las plantaciones bananeras que sus compañías tienen en Honduras?

-Esa pregunta es del orden económico.

-¿Se equivocaron o no al invadir Honduras?

-No se podía hacer otra cosa. Hubo dos antecedentes básicos. Primero, soldados salvadoreños fueron capturados en Ocotepeque. Los capturaron y los mandaron al cuartel de Santa Rosa de Copán. Estuvieron presos más de un año. Pero, también tropas hondureñas se habían metido a territorio nacional. Murieron cuatro guardias y se capturó a un coronel hondureño de apellido Martínez Argueta. Ese hombre estaba condenado por un tribunal de La Unión. Los hondureños decían que soltaban a nuestros soldados si liberábamos a Martínez Argueta.

-¿Cuando tomaron la decisión de invadir, estaban seguros que ganarían la guerra?

-Si. Teníamos todas las estrategias listas. Eran las adecuadas.

-¿Usted se consideró un héroe en aquella época?

-Definitivamente, no.

-¿Como actuaron los restantes países centroamericanos después de la guerra?

-Bueno, se rompió el mercado común centroamericano.

-¿Se perdió la confianza en los salvadoreños?

-Los salvadoreños teníamos fama de muchas cosas. Somoza me dijo, en la cara, que los salvadoreños teníamos fama de resolver las cosas con las balas. Y hasta me dijo que estaba en comunicación constante con su compadre, el presidente de Honduras, general López Arellano, para llegar a la paz.

¿Por qué se le llamó la guerra del fútbol?. ¿Fue una farsa esa calificación?

-Hubo un partido de fútbol  de una serie de la FIFA y se jugó un partido en San Salvador. La multitud mostró su malestar con los jugadores hondureños. Los medios hondureños exageraron las cosas. Pero, antes existía una indisposición de los hondureños contra los salvadoreños.

-¿Odio?

-Se persiguió a los salvadoreños en Honduras. Allá entró en acción lo que se llamó “la mancha brava”, un grupo de hondureños que hacían desórdenes. Atacaron pequeños comercios de salvadoreños, talleres, barberías, sastrerías…

- ¿Estaban encachimbados los salvadoreños?

- Sí

-¿Fue una guerra cara?

-Toda guerra es cara. Yo llevaba bien ordenado el destino de los fondos que se destinaron para la defensa nacional. Manejé muchos millones. Contraté una empresa privada para que llevara en orden todo ese dinero. Después de eso me fui donde el presidente de la Corte de Cuentas y le demostré mi buen manejo.

¿La empresa privada aportó dinero?

-Sí, mucho dinero

-¿ Usted se sentía un hombre poderoso?

-Cuando recibí el ministerio me di cuenta del gran poder que tenía en mis manos.

-¿Había corrupción en esa época?

-Desde luego que había. Pero, nunca comprobé nada. Se manejaban grandes cantidades de dinero y todo no se podía controlar.

-¿Si volviera la historia atrás, tomaría las mismas decisiones, en iguales circunstancias?

-Le puedo asegurar que ni yo, ni el presidente Sánchez, queríamos esa guerra, pero nos vimos compelidos a hacerla por las circunstancias.

-¿Por qué los hondureños persiguieron a salvadoreños? ¿Qué razones históricas llevaron a eso?

-Es difícil hablar de eso porque puede traer reacciones de los hondureños aunque ahora no hay problemas. Hace pocos años me visitó el ex jefe del Estado Mayor de Honduras y me dijo que estaba haciendo un libro. Después llamó el libro como “El Salvador, Estados Unidos y Honduras. La gran conspiración salvadoreña de 1969”.

-¿Por que metió a los Estados Unidos?

-No sé, no conozco el libro pero lo llamó como la gran conspiración

-¿Por qué no se ha escrito la historia oficial de esa guerra?

-Yo he dado a conocer las operaciones en conversaciones en el ámbito castrense, en todos los cuarteles del país. No considero conveniente hacer el análisis fuera del ámbito castrense.

-¿Hay secretos que se deben guardar?

-En mi libro solo me refiero a los motivos que dieron origen a esos sucesos.

-¿Hay secretos?

-En operaciones militares sí. Tal vez se hagan públicas alguna vez.

-Alejándonos de la guerra, don Fidel, usted menciona en su reciente libro que, en un momento de la historia, usted se aleja del presidente Sánchez Hernández. ¿Qué lo separa de él?

-Las ideas políticas. Yo quería elecciones libres. Le pedí a Sánchez que nombrara un candidato civil. El me respondió que entonces ganarían los pescados. Yo le respondí que en un período de acababan

-¿Por qué le tenían miedo a los pescados?

-No era miedo. Era cierta antipatía porque Duarte era furibundo anti militarista. Recuerdo que, incluso, el general Medrano me dijo que existía la posibilidad de una guerrilla armada dotada, logísticamente, desde la Unión Soviética y Cuba.

-¿Venían venir, desde aquella época, una guerrilla?

-Ya se preveía.

-¿Qué hicieron contra eso?

-
Creo que se tenía una preparación adecuada. Después vino Molina, Romero y otros militares y tomaron el asunto.

-¿Por qué no fueron capaces de detener ese guerrilla? ¿Era muy fuerte el apoyo?

Dedicando su libro de memorias a Centroamérica 21


-Si, tenían mucho apoyo internacional. Tenían muchos extranjeros asesorándolos y con ellos. Cubanos, nicaragüenses, de muchos países.

-¿Una policía especial vigilaba esos movimientos de guerrilla, durante su época?

-La secretaría de información de casa presidencial es la que mantenía la información sobre ese tema. El ejército estaba bien informado también.

-¿Sabían de Shafick Handal, por ejemplo?

-Sí.

-¿Hablo con él en esa época?

-No tuve ningún contacto con Shafick. Solo una vez lo ví. Era un viejo militante comunista. Yo no lo conocía y una vez me habló el general Medrano, quien era director de la Guardia Nacional, y me dijo:”Aquí tengo a Shafick por si lo quieres conocer”. No quise llegar. Solo lo vi una vez en una fiesta de una sobrina.

-¿En qué se equivocaron los militares para que surgiera la guerrilla?

-Uno de los motivos fue la constante sucesión de militares en el poder.

-¿Eso fue una equivocación?

-Si, tanto que una vez le dije a Fidel Sánchez que sabía que no era su hombre en la sucesión, y que debía poner de candidato un civil. El oía mucho a los churumbeles, que eran militares y civiles de alto rango que estudiaron en España. Esos churumbeles tenían copada la casa presidencial. Sánchez y Molina eran churumbeles. Un día me encontré a Glower Valdivieso, uno de los que apoyaron el intento de golpe de Mejía contra Sánchez Hernández, y me dijo que era mas contra Molina que contra Sánchez por la descarada imposición.

-¿Había muchas divisiones en el ejército?

-No, como ministro logré mantener la unidad de las Fuerzas Armadas. Pero estaban los churumbeles…

- ¿También otros en Washington no afectos a Sánchez?

-Sí, eran jefes en los que no confiaba Sánchez. Era un grupo de cinco militares que estaban en Washington.

-¿Los mandaban a Washington para quitárselos de encima?

-Sí. También estaba el grupo de compañeros de promoción de Mejía.

¿Quiénes estaban en Washington?

-Recuerdo al coronel Joaquín Zaldívar. No recuerdo el nombre de los otros.

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