Ana Cristina Rossi continúa
hablando sobre su novela Limón Reggae y los temas contenidos
en ella. En la segunda y última entrega, la conversación
se centra en la parte de la novela relacionada con Costa Rica,
pero también en los motivos por los cuales dejó
de publicar con Alfaguara.
La novela se presentará en el marco del Primer Encuentro
de Estudios Culturales Centroamericanos que tendrá lugar
en San Salvador a partir del 12 de octubre de 2007.
El libro es duro no sólo para El Salvador sino también
para Costa Rica y también para Limón, para los afro
descendientes.
Ana Cristina Rossi fue incorporada el martes 21 de agosto recién
pasado a la Academia Costarricense de la Lengua.
Es cierto, el libro no queda bien con nadie. Al principio se
da eso que cuenta uno de los personajes, que los afro descendientes
eran abiertos, amaban a los costarricenses. Y golpe tras golpe,
al ser excluidos de la fuerza de trabajo, algo que pocos costarricenses
saben, se fueron cerrando. Y fueron excluidos por el color; llegaban
los afro descendientes a pedir trabajo y decían “pero
yo soy costarricense”, “sí”, les contestaban,
“pero véase su piel”. Entonces ahí está
la razón de su rechazo. En la novela exploro mucho las
consecuencias de eso, que son tremendas.
Una de las cosas duras que contás en la novela es cómo
se hacen las expropiaciones para formar el Parque Nacional de
Cahuita, uno de los más populares entre los turistas que
van al Caribe...
Costa Rica vende imagen de país ecológico pero lo
que le pasó a los dueños es muy duro. Fijate que
una vez yo estaba hablando de eso y Epsy Campbell (ex candidata
a la vice presidencia) cuyos padres fueron expropiados de Cahuita
se puso a llorar. Además estuvo lo de la monilia, el hongo
que muchos aseguran fue regado por avionetas sobre sus terrenos
para obligarlos a vender.
Sigue habiendo un diálogo de sordos. La manera en que
lo planteo en la novela es la que yo escogí aunque quizás
no sea la más conveniente para el diálogo, porque
la novela se iba a presentar ahora para el Festival del Negro
que es en agosto, pero se decidió no hacerlo. Ellos (los
afro descendientes) quieren discutir sus problemas entre ellos.
Son pocos los que aceptan discutirlo con los mestizos.
El momento se ha llegado para un diálogo porque Limón
no está integrado al resto de la nación.
El libro en su conjunto me deja sensación de gran desesperanza.
¿Refleja eso tu visión de este momento en Centro
América?
… sí, y en el mundo. Yo creo que la humanidad no
tiene solución. Tengo una hija con doctorado en ecología
en Cambridge y a través de ella tengo siempre acceso a
las últimas opiniones científicas. Y este mundo
para salvarse tiene que hacer unos cambios muy drásticos
y no los va a hacer. Yo presiento que sólo un milagro puede
salvar a la humanidad. Hay un montón de gente con conflictos
y en este momentos las utopías personales son lo único
que hay; tal vez por ahí tengo una esperanza pero condenada
a muerte porque los científicos cercanos y la información
que he buscado me indican que si no se aplican cambios drásticos
ya, ahora, no dentro de 5 o 10 años, la humanidad está
condenada a perecer.
Quizás la desesperanza es en realidad mi realismo. Tengo
una pequeña esperanza pero creo que es más grande
la desesperanza o el realismo que tengo.
¿Qué objetivos te planteaste con este libro?
Uno, plantear el asunto de la degradación que me obsesiona.
Es querer desmontar algo que todavía no entiendo, es querer
explicar “eso” (como se le llama en el libro), porque
por ejemplo yo vi cuando los jóvenes franceses lo incendiaban
todo, es una locura, es como querer ensañarse contra los
más débiles.
Y segundo, hablar de la gesta del pueblo salvadoreño. Me
parece que nunca ningún pueblo ha hecho tantos sacrificios
y tanto acto heroico y nunca ningún pueblo ha sido tan
valiente y tan golpeado. Los golpeaban, los masacraban pero se
levantaban y seguían peleando. No existe otra experiencia
como ésa, con todo lo bueno y todo lo malo que pudo tener.
La guerra impone imperativos que son camisas de fuerza y construir
cambios interiores desde la guerra es imposible porque estás
matando. La guerra vuelve loca a la gente.
Yo estoy segura que hay mucha gente allá que está
enferma todavía por la guerra...
…y más porque la perdieron, si la hubieran ganado
habría más posibilidades de sanar pero al ser perdida
no hay posibilidad, en eso me parece que es más sano Nicaragua.
La tuvieron, la ganaron y la perdieron. Por eso quizás
allá hay menos violencia, hicieron su revolución
aunque después se las quitaran. El nicaragüense por
lo menos tiene una sensación de orgullo personal todavía
por eso, porque ganó su guerra, aunque ahora esté
en la miseria.
Más de alguno se preguntará por qué, luego
de publicar en Alfaguara, publicás ahora en Editorial Legado
que, con todo el respeto que me merece el trabajo de Sebastián
Vaquerano, es en realidad una pequeña editorial local,
no conocida internacionalmente.
Comienzo eso con una anécdota. Cuando iba a salir la novela
la gente decía “Limón Reggae debe ser malísima,
¿no ves que por algo no se la publicó Alfaguara?”
Es la idea que tienen de Alfaguara, que es lo máximo.
Lo que pasó es que hubo muchos malentendidos con ellos.
Alfaguara es una transnacional que discrimina a los centroamericanos
y sólo los españoles pueden circular por el mundo;
pese a que Limón Blues ganó varios premios nacionales
e internacionales, y que guste y sea pedida, que va ya por la
5ª edición y hay una edición cubana, Alfaguara
le pone barreras para circular en otros países. Entonces
¿qué sentido tiene publicar con ellos?
Yo publiqué en Alfaguara con mucha ilusión pero
no por el prestigio del sello sino porque era una manera de abrirse
un caminito a salir, por lo menos al resto de Centro América.
Pero cada filial de Alfaguara funciona como una empresa aparte,
y si te ponés a verlo, Alfaguara y Legado son igual, empresas
locales, con la ventaja de que Legado tiene un libro más
barato y tiene más disponibilidad para hacerlo circular
en Centro América, si el libro lo permite. Eso depende
de cómo se comporte el libro. No hay tanta diferencia a
nivel de estructura entre ambos.
Alfaguara Costa Rica sólo tiene que ver con Costa Rica
no tiene que ver con México ni con España y ése
es el engaño. La gente me dice “cómo bajaste
de calidad” pero no bajé de calidad. Para la gente
que cree que el sello lo es todo bajé de calidad, pero
es lo mismo salvo que Alfaguara es una transnacional española
que si quisiera podría hacer circular a escritores pero
no quiere por una política que tienen. Este libro es la
denuncia de todo ese mundo neoliberal y me parecía que
si Alfaguara se comportaba como una transnacional lagarta, no
debía publicarla con ellos.
¿Ni siquiera les ofreciste la novela entonces?
Sí pero ya no les ofrecí esta última versión.
Mi agente les ofreció una de las versiones a Alfaguara
Guatemala y Alfaguara El Salvador, porque por el tema debía
interesarles, pero la decisión debía tomarla Alfaguara
Costa Rica y me ofrecieron muy poca circulación en el exterior.
Eso era inaceptable para mí, no hubo entendimiento y Alfaguara
Costa Rica no quiso negociar.
Por eso preferí publicar con Sebastián. Además
me parece que en estos momentos de segmentación de mercado
hay que darle un chance a las editoriales pequeñas, así
es que vamos a ver qué pasa. De por si tendré mejor
distribución a nivel de Costa Rica de la que tenía
antes, ya que como vos sabés, aquí el monopolio
sobre los libros de Alfaguara lo tiene una sola librería.
Lo que tengo de Alfaguara es una visión realista que la
gente que está afuera y que nunca ha publicado no tiene
y es que Alfaguara es una transnacional como una del agua o de
telecomunicaciones, y ya sabemos cómo tienen a otros países.
En la lógica del capitalismo es así como funcionan
y eso no funciona para los objetivos que tiene uno como escritor.
Uno piensa en la mayor distribución posible del libro.
Por ejemplo, Limón Blues nunca llegó a Honduras,
pero el Caribe les interesa y se la agenciaron para comprarlo.
Eso es un triunfo, que el libro logre circular a pesar de los
impedimentos que puso la editorial.
Los centroamericanos estamos totalmente ninguneados, ¿qué
somos en la literatura? Nada. ¿Por qué?
Pues yo también me lo pregunto porque tenemos un montón
de buenos, excelentes escritores en cada país, que están
escribiendo cada cosa interesante…
…es que no somos comerciales. Y Alfaguara me lo dijo muy
claro, que a partir del 2003 la línea es comercial. Entonces
que les vaya bien. Cuando quieran que yo vuelva, ellos saben que
yo pido por lo menos distribución centroamericana. Limón
Blues tenía contrato de distribución general en
todos los países de habla hispana, pero no cumplieron eso.
Limón Blues debería estar en toda ciudad de Sur
América pero por supuesto no está. Sacar la edición
cubana costó porque Alfaguara no la quería autorizar.
Así es que cuando Alfaguara se quiera comportar de manera
decente, que me avise.
Ojalá Alfaguara cambie, y se dieran cuenta de que hay buenos
escritores en Centro América y apostaran por ellos pero
no por lo comercial sino por lo literario. ¡Que nos manden
a España y que apuesten! En ese sentido Legado apostó
por mí y yo me siento mucho más cómoda.
Además la edición está muy bonita…
Sí, es el libro más bonito que he tenido.
Ahora que ya estás clara de que el proyecto sobre Limón
es una trilogía, ¿de qué va la tercera novela?
No lo puedo decir porque se ceba, se sala. Pero sí tendrá
que ver con Limón.
¿Y luego que concluyás con la trilogía, ya
tenés pensado algún proyecto?
Dos novelas pero igual, no puedo adelantar nada porque se ceba.
Pero tengo muchas ganas de terminar ya sobre Limón. Luego
tengo un libro que quiero sacar de ensayos y poesías traducidos
de los periódicos de Limón pero necesitamos financiamiento.
Pero eso es otra cosa.
Después quiero escribir cosas que me diviertan, ya no más
cosas tristes.
LEA ADEMÁS:
“La guerra vuelve loca a la gente”: Ana Cristina Rossi sobre su
novela Limón Reggae