De diseño y feminismo
Entrevista con Tania Mata Parducci, diseñadora gráfica
y feminista salvadoreña
Tantos son los progresos sociales que
distinguen a los países europeos de los latinoamericanos,
que decirlo redunda en pecado de obviedad. El hecho de que en
España se otorguen 2500 euros a cada familia por bebé
nacido; que en Suecia se conceda a las trabajadoras 96 semanas
de baja por maternidad –entiéndase con goce de sueldo-;
que en Bélgica se den subvenciones a compañías
de teatro que contraten jóvenes actores y actrices recién
graduados… por no hablar del derecho a la salud, nos deja
sin mucho qué decir. Manifestaciones de ciclistas desnudos
por las calles de Madrid, en contra del uso del combustible, nos
parece, incluso, algo excéntrico.
Lo cierto es que algunas de nuestras ciudadanas en Latinoamérica,
más allá de las esperanzas económicas que
conlleva el venir trabajar a un país europeo, se ven atraídas
por las circunstancias sociales que por estos parajes se respiran.
Sobre todo con lo relacionado al machismo. Claro, no todo es como
a uno se lo cuentan.
Esta conversación, un veraniego día de
julio, con Tania Mata Parducci, diseñadora gráfica
y feminista salvadoreña, nos ilustra sobre el tema.
Primero, porque El Salvador no me pareció un buen lugar
para vivir.
¿Por las oportunidades de desarrollo profesional,
o por el ambiente que se vive allá?
Por todo. Por las oportunidades y por el ambiente. Yo, como mujer,
me sentía agredida constantemente; nunca me sentí
libre… No sé si me vine aquí por temas profesionales,
porque allá siempre trabajé en lo que quería.
Soy diseñadora gráfica, y desde que empecé
a hacerlo, hice eso. Si me hubiera quedado, a lo mejor en diez
años estaría más consolidada; y aquí
no, aquí me ha costado el triple. Pero creo que me vine
por un sentido de libertad. De sentirme libre en muchos aspectos,
de poder caminar, de poder decir muchas cosas sin que pase nada.
¿Cómo percibís en España el
machismo, si es que lo percibís?
Machismo hay, porque es mentira que todo está resuelto.
Para mí, con respecto a la situación de la mujer,
sobre todo a nivel de educación, hay un mundo que cambiar;
pero por lo menos yo aquí me puedo decir feminista con
toda libertad y no sentirme agredida. También lo puedo
hacer en El Salvador, pero genera más agresión que
aquí.
¿Agresión de críticas o…?
Sí, no es solo lo que se habla, sino cómo se relaciona
la gente. A no, esta es feminista, será histérica…
Bueno, lo que siempre se ha dicho de las feministas. Aquí,
por lo menos, hay más tolerancia, apertura, hay más
conocimiento de las cosas. Entonces, aunque muchas mujeres digan
que ser feminista es ser radical, y yo creo que no, por lo menos
la gente es libre de no sentirse como bicho raro. Aquí
es como decir: soy de izquierda, soy de derecha, soy feminista
o no; soy católica o soy musulmana. El feminismo se toma
como una opción más, y no pasa nada.
En su paso por Madrid, Tania encontró empatía con
una asociación de mujeres feministas que, mediante proyectos
educacionales, luchan para hacer valer los derechos de las mujeres
en España. “Nosotras en el Mundo” es el nombre
de la asociación; y realiza talleres en institutos, o en
espacios que, en ocasiones, subvencionan los ayuntamientos, u
organismos estatales.
En los talleres utilizan soportes de diversa índole. Exposiciones
fotográficas sobre violencia de género, pequeñas
piezas teatrales sobre sexualidad, entre otros. Pero además,
en colaboración con Radio Vallecas -una radio participativa-
realizan producciones radiofónicas sobre el quehacer de
las mujeres en diferentes partes del mundo. El CD de Las salvadoreñas,
mujeres que dialogan con el mundo, es un ejemplo de ello. En este
trabajo, hay entrevistas a mujeres de izquierda que participaron
en la guerra civil de nuestro país. Tania se vio íntimamente
involucrada en este proyecto.
Cómo te involucraste en el proyecto de estas mujeres.
Diseño de Tania Mata Parducci.
Me involucré con la asociación
por temas de trabajo, porque la gente con la que trabajé
en Madrid (XK, una empresa de publicidad), les hacía los
diseños a ellas. Me encargaron el logotipo de la asociación.
A raíz de allí, tomé contacto con ellas,
y en ese momento estaban haciendo un taller intergeneracional.
Era para mujeres jóvenes. Lo que hacíamos era tocar
diferentes temas cada vez. Y lo bonito era poder dar opiniones,
las diferentes generaciones, sobre sus experiencias alrededor
de esos temas.
Sobre qué temas.
Entre ellos fueron temas como la sexualidad… Vimos un poco
de historia, a grandes rasgos: feministas importantes, qué
se ha hecho. Otro tema fue literatura de mujeres. Es una forma
de ir conociendo cosas que, a lo mejor, muchas mujeres de las
que estaban allí, nunca habían escuchado hablar.
Después, fuimos todas juntas a la marcha del día
de la mujer. La idea era ir y tomar fotos de lo que nos llamara
la atención; después, en el taller, hablar de por
qué nos había llamado la atención eso. Era
interesante ver lo que las mujeres jóvenes veían,
lo que les llamaba la atención, y lo que llamaba la atención
de las mujeres menos jóvenes.
¿Fue a partir de esa diferencia generacional que
se metieron a hacer el proyecto de las mujeres salvadoreñas?
Primero, fue por el interés que mostraron las mujeres de
la asociación, cuando comenzamos a hablar de otros países:
por ejemplo, la situación de las mujeres en El Salvador.
A partir de allí, salen temas como el de la guerra…
Y ya que estábamos con este taller, la idea surgió
precisamente de hacerlo intergeneracional. Si queríamos
hablar de la guerra, queríamos poner tanto la versión
de las madres que estaban involucradas, como las de nosotras,
sus hijas. En el fondo, ellas eran las que tenían el protagonismo.
El proyecto salió porque empezamos a contarles historias
de El Salvador (a las mujeres de Nosotras en el mundo), y ellas
se sorprendieron de la cantidad de historias que había.
Historias en las que participaban las mujeres allá.
Al principio fue en general. Hay cosas que aquí ni se imaginan,
o… Y después, más que todo, ya pensando en
la mujer: cómo había sido su participación,
sobre todo escuchando a nuestras madres, en diferentes posiciones;
no posiciones políticas, sino cómo se involucraron.
Una de ellas se fue a la lucha directamente, las otras dos lo
vivieron desde el exilio; pero también se trataba de ver
cómo ellas se involucraron aún desde el exilio.
En el CD de “Salvadoreñas, mujeres que dialogan con
el mundo”, participan tres mujeres ya en edad madura que,
como cuenta Tania, se involucraron de una u otra manera en el
conflicto armado de El Salvador. Ellas son: Hilda Parducci, Rosa
Alicia Pacas y Marina Ávalos, entrevistadas por sus respectivas
hijas: Tania Mata Parducci, Egly Larreynaga y Claudia Silva. Pero
este trabajo radiofónico no solo habla de balas y angustias,
sino de aspectos culturales y, en fin, de anécdotas personales
de sus protagonistas, a veces pintorescas, a veces chistosas,
a veces tristes.
Además de tu participación en las entrevistas de
este CD, también hiciste el diseño de portada, que
es una mujer caracola. Cuál era la idea de la mujer caracola.
Qué significado tiene para vos.
Lo de la caracola coincidía con lo que yo estaba pintando
en ese momento. Lo más simple que puedo decir es que significa
la casa a cuestas, es como mi experiencia… Es decir, entre
más experiencias, es más grande la casa, pero pesa
más. La experiencia da un gran peso; y con ese gran peso,
surge la necesidad de salirse de allí. Querer liberarse.
Pienso que siempre he andado de un lado para otro.
Estuve en Costa Rica, estuve en México dos años,
siempre sentirse extranjera, siempre ir cargando algo que no…
Es como que siempre mi casa no está aquí, me la
llevo, o sea, no soy parte de nada.
También en España, primero en Madrid (donde vivió
cinco años), ahora en Barcelona (donde lleva tres). Es
un sentido de libertad. Es decir, si yo tengo la posibilidad de
ir cargando mi casa o mis cosas, me da libertad de moverme, no
necesito estar anclada en ningún lugar. Es bonito, por
la experiencia, por la posibilidad de moverse; pero también
es algo doloroso, porque pesa, porque también pesa estar
lejos, es la nostalgia, es un montón de cosas.
La portada del CD de “Salvadoreñas…”
fue una ilustración de Tania Mata Parducci; sin embargo,
en el trabajo que la asociación de mujeres publicará
en estos días –sobre la situación de mujeres
de la etnia Bereber, en Marruecos- Tania utiliza el cuadro de
una de las mujeres que entrevistan en ese CD para diseñar
la portada.
La pintora es de la provincia de Alhucemas, en la costa mediterránea
de Marruecos. La idea es que cada CD lleve el cuadro, si es posible,
de una persona que tenga que ver con el proyecto.
Pero seguimos conversando con Tania sobre la vida de las mujeres
aquí, alrededor de otra de sus pasiones: la cocina.
Sé que a vos te gusta la cocina… ¿Es difícil
trabajar como cocinera profesional en España? ¿Cómo
te sentís con respecto a la situación laboral aquí?
Creo que lo de ver menos a la mujer es casi en todo. Lo que pasa
es que en la cocina, las mujeres siempre han estado; pero cuando
eso se crea como profesión, es cuando los hombres se meten,
entonces la cantidad de hombres es mayor a la hora de estudiar
esas carreras. Yo a veces pienso que se ha desvalorizado, como
en muchas otras cosas, todo lo que las mujeres han estado haciendo
antes.
Una mujer siempre ha estado allí, ha sido su obligación;
pero cuando un hombre lo hace es una profesión y se le
da más valor. Y bueno, trabajar con muchos hombres es un
poco difícil. Siempre van a ver mal lo que diga una mujer,
que es una única mujer y que, además, es ayudante…
Cuando, a lo mejor, una ha estado mucho más tiempo metida
en la cocina con su madre. Pero ahora, como ellos son los estudiados,
tiene más valor su conocimiento. Y puede que sea más
válido, pero por eso no hay que quitarle los méritos
que ha tenido la mujer durante mucho tiempo. Esos temas aquí
en España están por resolver.
Pero ¿creés que es más fácil
hablar de ello aquí, que las mujeres protestan más
en España que en El salvador?
Eso está claro. Aquí toman conciencia y se defienden,
o se imponen un poco. Creo que tienen capacidad de hacerlo porque
se sienten más libres de hacerlo.
Y por qué creés que no hay esa libertad
allá.
Primero, la mujer no tiene conciencia de lo que está diciendo.
Eso es muy importante. Son muy pocas las que reaccionan ante situaciones
así. Después, allá, cuando se dan ese tipo
de reacciones, los hombres suelen reaccionar más violentos.
Creo que muchas veces son menos conciliadores. Yo puedo reclamar
algo, pero el hombre allá creo que es bastante más
macho. Y, más bien, lo que hacen es humillar a una mujer
si reclama algo. Por lo menos aquí las mujeres dicen lo
que quieren. No sé si tienen conciencia de lo que hace
falta cambiar. Pero bueno, la gente dice lo que quiere y reclama.
No sé realmente si lo hace porque aquí reclaman;
o si son concientes de que lo que les están diciendo es
injusto.
Siendo salvadoreña, no es muy común estar conectada
con un proyecto que tiene que ver con un país de África.
Además, me imagino que la realidad africana es muy distinta
a la nuestra salvadoreña… ¿Ves tu paso por
Madrid como un acercamiento a otras culturas…, o nunca te
has puesto a pensar en ello?
Pues sí… Es la oportunidad de ver que no somos tan
diferentes… Se habla mucho del machismo de países
africanos, árabes y todo eso; y no nos damos cuenta que
nuestro machismo también tiene un montón de cosas
que, aunque no sean tan obvias como llevar la cabeza cubierta,
también son violentas. Tener cercanía con otras
mujeres que, a pesar de ser de diferentes culturas están
luchando por lo mismo, hace que todo tenga más sentido.
Es muy grande por lo que se pelea, no es algo aislado, no somos
unas cuantas locas que queremos tener el poder, como dicen algunos,
que tampoco es eso…
¿Regresarías a vivir a El Salvador?
La verdad, después de haber estado allí hace un
mes…, no. Muchos amigos con los que hablo se emocionan cuando
van, porque ven que la gente a nivel artístico cultural
hace cosas y se mira que hay talento… Pero yo veo a la población
y digo: a mí qué me importa el arte cuando la gente
no tiene lo básico.
¿Y en las relaciones sociales?
El Salvador no ha cambiado nada. Tampoco aporta nada nuevo. Los
mismos prejuicios, el mismo machismo. Entonces… A lo mejor
debería regresar y hacer algo, pero tampoco creo que dejen
mucho. Creo que para cambiar hay que reeducar un montón.
Reeducar a las mujeres, a las nuevas generaciones, y que entiendan
que el machismo no es justo. Yo no veo que el comportamiento de
la gente sea diferente.