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Alianzas: paradojas políticas

 

Una alianza política puede tener objetivos amplios, pero su carácter será siempre limitado: podrá ir de una campaña electoral o la formación de un gobierno a un frente de larga duración que ponga más énfasis en los aspectos comunes que en las diferencias, aunque éstas son, en suma, las que determinan lo provisional de las alianzas.

El FMLN nunca pasó de ser una alianza integrada más por la necesidad –con una hipersensibilidad hacia las diferencias– que por la intención de buscar coincidencias. Durante la “ofensiva final” de 1981, su acto inaugural, la desconfianza entre sus organizaciones fue tal que no lograron establecer un mando coordinado, ya no se diga común, para tratar de ganar la batalla; en esa ocasión, las zonas provisionalmente “liberadas” a veces contaban con varios “cuarteles generales”, cada uno de una agrupación diferente.



Lunes 27 de agosto, 2007
Rafael Menjívar Ochoa, escritor salvadoreño
redaccion@centroamerica21.com

 

RAFAEL MENJIVAR

Durante la guerra, la izquierda revolucionaria gastó en pugnas buena parte de sus energías organizativas, aunque desde 1983 no hubo escisiones de importancia y sí una fuerte acumulación de presiones internas. Con los Acuerdos de Paz esas presiones encontraron salida, y la izquierda insurgente, desde su institucionalización, no ha parado de dividirse y de tratar de encontrar, en su interior, los reflejos de una sociedad y un país que se transforman de manera diferente, a un ritmo diferente.

En el camino, el FMLN ha ido dejando –como ya se ha señalado en este espacio– un rastro de heridos y cadáveres políticos con los individuos y organizaciones con los que en algún momento se ha aliado, sin contar con los propios. Es una constante, y no la más saludable políticamente –ya que el juego ahora es político– en la guerra ni en la paz.

Ahora ha bastado el anuncio de dos posibles candidaturas del FMLN para que en los últimos meses, y en especial en los últimos días, se haya activado la discusión política más allá de las acostumbradas consignas y ataques –que no cesan, ni se esperaría–, y para que se vea como viable una alianza amplia de las fuerzas de la izquierda y centro contra las de la derecha.

Con el anuncio del periodista Mauricio Funes como eventual candidato para 2009, el más cercano a lo que buscaría el FMLN por fuera de sus filas, se planteaba a una figura obviamente popular y de prestigio moral para muchos salvadoreños. Las objeciones a su doble carácter de “precandidato” y periodista no son banales, pero tampoco parecerían trascendentes, excepto dentro de una campaña electoral, donde todo cabe.

Pero el anuncio trajo consigo matemáticas diversas, que se discuten por todas partes, por ejemplo quién sería el eventual vicepresidente, cómo se integraría el gabinete, qué tanta injerencia directa tendría el aparato partidario en las decisiones de gobierno, qué tanto el candidato aceptaría propuestas de las fuerzas y personas que lo avalaran, y qué tanto se ha preparado el FMLN para ocupar el poder.

Esto último lleva a algo importante: qué tan funcional es el FMLN, en su estado actual, ya no para ocupar el poder, sino para llegar con fuerza a las presidenciales. La simple mención de Funes, candidato “de fuera”, pone en relieve el historial del FMLN en materia de alianzas y de decisiones políticas, y el balance no parece muy prometedor. Pone en relieve, también, el que la izquierda institucionalizada no tiene los cuadros necesarios ni suficientes para regir el país, y que necesitará de alianzas con ideologías más flexibles y quizá más funcionales.

El cuestionamiento más fuerte ha llegado con el anuncio reciente del ex ministro Arturo Zablah de que lanzaba su candidatura presidencial, aun sin tener un partido que lo avalara. La movida fue dedicada de manera clara –aunque no expresa– al FMLN, así varios de sus dirigentes dijeron la semana pasada que no la aceptarán, con todo y que Zablah pudiera tener un lugar en el gabinete económico.

Zablah pareciera un candidato más sólido, en cuanto a propuestas, que Funes, de la misma manera en que éste se veía ante Schafik Hándal en los comicios de 2004. Como sea, el debate está lanzado, y hasta la propia dirigencia del FMLN ha bajado el tono de su discurso, con todo y que no se ha abierto aún al debate. Habrá que ver cómo se mueven las tendencias dentro de las bases, así éstas no estén llamadas a elegir a su próximo candidato.

Y habrá que ver si Zablah se integra a un eventual plan del FMLN, fuera de la candidatura presidencial, o si asistiremos a una novedosa versión de lo que ya hemos tenido: dos candidaturas polarizadas y otra al centro, esta última con un candidato que pudo estar, en algún momento, en cualquiera de los otros dos partidos.

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