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La izquierda en la subasta del poder

 

Narciso Castillo, ese periodista de origen chileno que hace algunos meses adoptó la nacionalidad salvadoreña, realizó dos excelentes entrevistas que nos regalaron importantes claves para interpretar todo cuanto ocurre en el FMLN y la izquierda. No tengo la menor duda que, con preguntas que lanza como dardos incendiados por el sentido común, Nacho ha convertido su programa en un verdadero punto de referencia para quienes nos declaramos aficionados a la interpretación política. Y esas entrevistaron agitaron los ánimos electorales en el país.

Primero habló con Gerson Martínez y Roberto Lorenzana, del FMLN. Un día después, sentó a Héctor Dada, del CD, y a Julio Hernández del FDR para hablar, en ambos casos, de las candidaturas presidenciales y el futuro de una alianza de la izquierda salvadoreña en las próximas elecciones.

Lunes 27 de agosto, 2007
Lafitte Fernández
redaccion@centroamerica21.com

 

Lafitte Fernández

Con preguntas certeras que salieron como moscardón revoloteando, en el encuentro con Martínez y Lorenzana quedó claro, clarísimo, una hecho político: Mauricio Funes es el candidato designado por el FMLN desde hace bastante tiempo. El hecho de que ninguno de los no pudieran nombrarle a Nacho el nombre de un solo precandidato más, y que perfilaran la necesidad de un hombre que sea popular, sumados varios traspiés retóricos más, expresaron, a plenitud, la realidad: Funes es el candidato. Punto.

Aunque suene paradójico, Martínez y Lorenzana hicieron uso de una franqueza mal manejada. Posiblemente tienen instrucciones de no soltar el nombre del candidato y ser los mejores guardianes del secreto. Pero, los dirigentes del FMLN lo hicieron mal, muy mal.

Un día después, Julio Hernández y Héctor Dada revelaron, ante los ojos de Nacho, las dudas cartesianas del FDR y CD antes de ir a parar al regazo del FMLN: primero quieren ponerse de acuerdo frente al nombre del candidato y el programa de gobierno que quieren aplicar en un eventual gobierno. Por lo que entendí, esas agrupaciones políticas preferirían escoger el candidato presidencial en posición de grandes electores. No en postura de simples adherentes, o fiadores mal pagados, de un nombre que, simplemente, se les imponga. Además, quieren hablar de plataforma programática y, posiblemente, de nombres y cargos en un futuro gobierno nacido de una gran alianza de la izquierda.

Otra percepción obtuve de las pasiones políticas expresadas por los invitados de Nacho: creía que las negociaciones entre el FMLN y las otras agrupaciones de izquierda estaban, realmente, avanzadas, pero la honestidad verbal de Héctor Dada me desengañó. La cosa apenas comienza y todavía no se sientan, con papel y lápiz en la mano, a tomar los primeros acuerdos.

Lo interesante de todo esto es que, en las próximas semanas, las agrupaciones de la izquierda, cuantitativamente menores que el FMLN, deberán decidir si se tragan, como niños bien educados, la píldora de Funes o lucharán, al menos, por llenar un listado de nombres para que la escogencia final salga de todos los socios. Lo mismo haría con las ideas y los aspectos fundamentales del programa de gobierno.

En todo esto hay suficientes evidencias para pensar que, genuinamente, el FMLN quiere, y estima necesario, lograr una alianza con toda la izquierda para parársele, de tu a tu, a ARENA, en las próximas elecciones. Tampoco tengo duda que Medardo González, José Luis Merino y Salvador Sánchez Cerén, el poder real de ese partido, se quitarán la camiseta y enseñarán sus mejores músculos a la hora de negociar y dirán: "no pierdan de vista que somos el partido más grande y, como tal, nos toca la parte más grande del pastel".

Héctor Dada dice que están dispuestos a reconocer eso. Pero, pronto conoceremos sí todas esas agrupaciones de izquierda lucharán, o no, por agrandar la lista de precandidatos y tratar de meter una persona un poco más afín a sus pretensiones. Puede ocurrir, también, que terminen por avalar la figura de Mauricio Funes. Nadie sabe en qué terminará eso.

Lo que sucede, sin embargo, es que las agrupaciones menores de la izquierda saben que, en estas elecciones, se juegan el todo por el todo. Si se afilian al FMLN, les será muy difícil preservar la personalidad propia. No creo que sea fácil para ellos meterse en la batidora política sin salir pringados del huevo y la harina con la que se elaborará el pastel. Una vez juntos, nadie pensará que se trata del FDR o el CD. De acuerdo con eso, el mejor negocio para esos partidos es cobrar cara la bailada que harán en el taburete del FMLN en busca de electores.

Si los números favorecen a esa pretendida alianza y se produce un eventual gobierno del FMLN, cualquier fracaso gubernamental se lo llevan aterido al pecho. No hay puntos intermedios entre un mal futuro gobierno del FMLN. Tampoco puertas de escape para evitar salir quemados en el incendio. Si el barco se hunde, no hay salvavidas para huir del atolladero. Y entonces, la arquitectura política salvadoreña se quedará, en el futuro, sin organizaciones que puedan sacar la cara como opciones de oposición a ARENA o de gobierno. El sarampión les salpicará la cara. Se produciría un vacío y el poder no acepta vacíos.

Por supuesto que también podrían decirme lo contrario. Podrían preguntarse lo que ocurriría si el FMLN hace un buen gobierno. Pero, honestamente, veo tanta tempestad en el horizonte, que lo menos que me preocuparía es que Mauricio Funes logre separarse del pensamiento más radical de los comandantes que decidieron donarle la candidatura presidencial.

Por eso es que creo que es sensato que organizaciones como el FDR y el CD le pidan cuentas al FMLN sobre el programa de gobierno que pensaría adoptar: el pellejo de cada uno de sus dirigentes estará sobre el alambre.

Hay quienes dicen que el FMLN ve con mucho desdeño a ese tipo de organizaciones. Que los miran a su lado como un paso táctico pero que no están dispuestos a darles más de lo que se merecerían como organizaciones pequeñas. Sobre todo porque casi todas ellas están guiadas por dirigentes que estuvieron en el FMLN y se largaron agarrándose de los moños con Shafik Hándal y todo el purismo que el jefe del PC le metió a su lucha. Esa duda es razonable pero las respuestas a esas dudas están en el umbral en espera de audiencia.

Por lo pronto, sin embargo, me quedo con lo que saqué de los ejercicios idiomáticos de Nacho: Mauricio Funes es el candidato del FMLN. Roberto Lorenzana no ha hecho eficientemente su trabajo para lograr una alianza porque todavía no llegan ni a primeras de cambio. Y los invitados a la mesa de esa posible alianza llevarán una larga lista de pedidos porque, en el fondo, saben que podrían acabar en el sótano del mapa político del país. Si se corre el riesgo, que se cobre caro. Y, precisamente, no creo que el FMLN esté dispuesto a pagar un alto precio a las agrupaciones que enamora desde hace bastante rato. No creen que valen tanto.

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