Norma Shüler, La Chilena como le gusta que la llamen
es la protagonista del programa culinario El club de la Chilena,
transmitido por Tecnovisión.
Para ti, de La Chilena
El menú para enamorarte
No le gusta que le digan “Norma”,
prefiere que la llamen “La Chilena”. La protagonista
de El Club de La Chilena dice sentirse salvadoreña. En
esta edición de Centroamerica21, Norma Shüler da el
“Menú para enamorarte”, se confiesa salvadoreña
de corazón, y recuerda los buenos tiempos en el restaurante
Hey, además nos da la buena noticia de que pronto abrirá
un nuevo espacio para disfrutar de su cocina, su música
y su hospitalidad.
Junto Carlos Marroquín, mejor conocido como Caluca, recomendaba
en radio 102.9 que El que se casa, casa quiere y ahora se autodenomina
admiradora de Ratatouille. Además, nos adelanta el lugar
que desea sea su tumba: El Salvador.
“Por favor, que no me dé
más calor”, pensaba Norma Shüler, La Chilena,
mientras estaba en la playa el Cuco. Estaba medio borracha y “colorada,
colorada, colorada; transpiraba, y veía como caían
las gotas de sudor”, recuerda y se ríe. Fue en el
año 1993, tenía 30 años y era de las primeras
ocasiones en que La Chilena visitaba El Salvador.
La Chilena piensa que la comida, por sí sola, no
es un afrodisíaco, pero que podría serlo si
hay amor de por medio.
“No estaba muy aclimatada al
calor. Con el aire acondicionado del carro no había problema.
Pero cuando me bajé, sentí que cuando respiré,
me cociné”, cuenta y se vuelve a reír, mientras
enciende un cigarrillo, con el que no se le ve en El Club de La
Chilena, programa de cocina que dirige en Tecnovisión.
“Los dueños de la casa donde se hospedaría
para disfrutar de la playa, vieron cómo La Chilena, acostumbrada
al frío de Suramérica, se desmejoraba poco a poco.
“En un coco pusieron un licor que se llamaba La Trensuda,
le pusieron una pajilla y me lo dieron. Con eso me dormí.
No me preguntes de la playa El Cuco porque no sé nada.
Solo sé que me senté en una silla de playa, frente
al mar y dije: “Por favor, que no me dé más
calor”. Me desperté cuando ya todo el mundo se iba”.
El amor por la buena cocina
Al principio le costaba acostumbrase al calor de El Salvador,
extrañaba el frío de Chile, que hacía que
toda la familia se quedara en casa, donde aprendió a hacer
y a amar la buena cocina. Eran los años sesenta, y el lugar
era Valdivia. No había Internet y la televisión
no era regulada por los padres de familia. Si Norma quería
ver una telenovela, debía ser a escondidas: “uno
veía las telenovelas a escondidas porque si había
muchos besos y esas cosas no se podían ver”.
El punto de reunión era una cocina. Normalmente cocinaban
con leña y siempre había un sillón grande,
como lo habría en una sala. Durante los veranos Norma cambiaba
la cocina de casa, por la de la abuela Etelvina, con quien aprendió
mucho de la cocina: “Tenía un cajón donde
me paraba para estar más o menos a la altura de ella cuando
cocinaba. Cocinábamos juntas, y luego íbamos a encerrar
las vacas y los terneros a las seis de la tarde, porque después
de esa hora no pueden seguir tomando leche, sino la pobre vaca
se muere”.
Así descubrió que en verdad le gustaba la cocina,
o más bien crear una especie de “armonía con
los alimentos”, como lo denomina. Entonces La Chilena siguió
cocinando y estudió Administración hotelera y gastronómica,
en la Universidad Austral de Chile. Se encargó de la gerencia
de algunos restaurantes, del Club Alemán y del Hotel Villa
del Río, en Chile.
Cumplía su horario de trabajo y luego, en su día
libre, se colaba en la cocina del Villa del Río: “Me
vestía de cocina y me metía a la cocina; entonces
aquellos que yo mandaba como que se vengaban de mí porque
me ponía a la altura de ellos. Lo que yo quería
era aprender. Eran unos chefs espectaculares. Así que cuando
me vine acá a manejar el (restaurante) Santa Fe tenía
bien claro el procedimiento”.
La guitarra, la voz y la cocina de La Chilena invadirán
dentro de poco el Km. 91/2 de los Planes de Renderos: El
rincón chileno, es el nombre del restaurante que
inaugurará dentro de poco.
Una chilena en El Salvador
La gerencia de este negocio trajo a La Chilena, como le gusta
que le digan, a El Salvador, en 1993. Sin embargo, esa no sería
la primera vez que Norma visitaba el país. Lo hizo tres
años antes, aún cuando El Salvador vivía
el conflicto armado.
“La primera vez vine de vacaciones, en el año 1990.
Trabajaba en El Club Alemán. Me dieron una fiesta de bienvenida
y me acuerdo que se oían las bombas. Y yo estaba debajo
de una mesa y todo el mundo seguía bailando. Yo con un
gran susto y todo el mundo se quedó, nadie se fue. En un
puesto de policía habían puesto una bomba, pero
sonó como si huera explotado dentro de la casa, que estaba
en la Escalón. Pero la gente solo hablaba por teléfono
a su casa y se quedaba y era como decir: aquí no ha pasado
nada”, cuenta La Chilena, mientras se ríe, revuelve
su cabello, como es su costumbre y deja el cigarrillo sobre el
cenicero.
La Chilena vino a administrar el restaurante Santa Fe y tiempo
después se encargó de uno de los proyectos a los
que le guarda más cariño: el restaurante Hey, que
permaneció abierto durante ocho años, desde 1997.
“Era muy bonito, elegante. Los primeros clientes dudaban
de si era una cervecería. Entonces yo llegaba y les explicaba
que era un lugar muy familiar”, recuerda Norma y se ríe.
El Hey, como le llama La Chilena, comenzó a ser un lugar
más conocido luego de que el periodista Herman Bruch escribiera
una crítica favorable en un rotativo del país, cinco
meses después de su apertura: “Él escribió
que estaba escuchando a Violeta Parra, hablando con la chica que
traía la comida y oyendo a Pablo Neruda recitado por una
chilena”. Entonces comenzaron a llegar personalidades de
los medios de comunicación, del ámbito artístico
y de la política: “En tiempo de elecciones había
de todo, todos los colores: rojos, amarillos, azules, verdes (se
ríe), blancos azules y rojos, rojos más fuertes…
y yo seguía cantando Cambia, todo cambia”.
El restaurante también era punto de encuentro de las familias,
los matrimonios y de los enamorados, aunque a veces estos no querían
ser reconocidos porque “no estaban con quien deberían
de estar”, cuenta La Chilena, y advierte que la historia
que está a punto de contar es un poco cómica, pero
trágica a la vez.
El menú para enamorarte
“Normalmente cuando vienen a sacar fotografías al
restaurante, tienes la obligación de preguntar. Esta vez
había bastante gente y llegó alguien, no recuerdo
de qué periódico. El hombre llegó, y le dije
que me esperara un momento. Me dijo que iba a sacar fotos y le
pedí de favor que le preguntara a la gente. Se puso a fotografiar
y en la última mesa había una pareja. Al final se
veían las dos cabecitas bien juntitas, el problema es que
no estaban con quienes deberían de estar. Al día
siguiente me estaba llamando por teléfono la señora
y el señor que no salían en la foto”. La Chilena
se ríe al recordar el escándalo, “cosas que
pasan”, dice.
Y es que La Chilena piensa que la comida, por sí sola,
no es un afrodisíaco, pero que podría serlo si hay
amor de por medio. Sin embargo, no desaprovechó la oportunidad
de dar unos consejos y yo de anotar en mi libreta “El Menú
para enamorarte”: Como aperitivo, La Chilena recomienda
el Pisco Sour con un beso suave. La entrada es un abrazo con cariño.
Luego vienen los trozos de lomo de aguja bañados en salsa
de almendras. El postre podría ser un tiramisú,
pero lo piensa mejor y recomienda un “tiramebesos”.
Se ríe no sin sonrojarse un poco y después aprovecha
y anuncia la apertura de un nuevo restaurante bajo su administración:
El Rincón Chileno. “Vamos a abrirlo la segunda semana
de Octubre. Estará en el km 9 y medio de la carretera a
los Planes, donde estaba la Bodeguita italiana. Será muy
de casa, de cocina típica completamente, con la guitarra
de La Chilena, por supuesto”.
La guitarra siempre acompañaba a la Chilena en “El
Hey”. Uno de los grandes amores de Norma es la música,
como lo fue de su madre, “La Elena”, como le llama,
y a quien confiesa admirar profundamente, por ser una mujer “luchadora,
trabajadora, incólume”, ante las adversidades. “Es
una señora de 76 años. Ella cantaba y canta todavía.
Fui la única de mis seis hermanos que sacó esto
de la música. La verdad quería estudiar música,
pero las condiciones estaban dadas para que fuera otro tipo de
profesional.”
Sin embargo, nunca dejó la música, y en Hey siempre
podía escucharse a La Chilena interpretar a Joaquín
Sabina, Charlie García, Silvio Rodríguez y su Ojalá,
la canción que más cantaba porque para ella significa
una canción de esperanza. Estas canciones se recopilaron,
en el año 97, en un disco titulado “Para ti, de La
Chilena”. El disco nunca se comercializó, quedó
para los amigos, la familia y el Hey.
El club de Ratatouille
El restaurante cerró hace dos años, pero para entonces,
Norma ya estaba en otro proyecto que inició en canal 12
y ahora continúa en Tecnovisión: El club de La Chilena,
que para ella es su forma de ganarse la vida y de “dar un
pequeño aporte a tu casa”. “El programa fue
creciendo, ya casi tenemos 4 años. Es muy tranquilo, no
es un programa que compite. Creo que entre más somos más
gente va a aprender. La gente decide que es lo que le gusta. Lo
importante es que haya alternativas.”, dice Norma.
“Hubo algo que me pasó con El Salvador desde
un principio: siempre me sentí de aquí. No
sé por qué”, dice Norma La Chilena.
El Club de La Chilena le da la oportunidad
de convertirse en rata. Norma se convierte en roedor, pero al
estilo de Ratatouille, película que ya ha visto 5 veces
y que la cautiva porque dice sentirse identificada con el personaje
central: “Es que los ojos, la forma de pararse, la posición
que él toma cuando vibra con los gustos es de un ser que
cocina. Definitivamente esa película la hizo alguien que
tenía que saber cocinar; y no solo eso, alguien que sabía
encontrarle el gusto a la cocina”.
El que se casa, casa quiere
No solo el cine ha cautivado a La Chilena, también lo hizo
la radio, en el año 2002. Condujo, en varias ocasiones,
el programa El que se casa, casa quiere. El espacio estaba en
radio 102.9 y compartía créditos con Carlos Marroquín,
mejor conocido como Caluca. “Ese trabajo era muy simpático.
Lo hacíamos con Caluca, una voz muy simpática, un
narizón; lo pasábamos divino los sábados”,
comenta la Chilena.
“Rico” es la palabra que Caluca emplea para describir
cómo era trabajar al lado de Norma. “Como conductora,
podés tener la confianza de que sabe lo que hace. Es una
mujer con la suficiente personalidad como para transmitirla en
la radio”. Carlos Marroquín también fue al
territorio de La Chilena, el Hey: “Mi primer sueldo me lo
fui a gastar comiendo donde La Chilena. Ella tuvo la delicadeza
de irse a meter a la cocina a prepara la comida”, recuerda
Caluca.
Además de la apertura del restaurante, el mayor proyecto
de La Chilena es alcanzar una estabilidad económica, que
admite aún no conseguir del todo. También desea
nacionalizarse salvadoreña en un par de años.
Me quedo aquí por toda la vida y la muerte
Norma dice que nunca regresará a Chile, al menos no para
residir definitivamente, aunque lo extraña: “Cuando
estás dentro de tu terruño siempre hay alguien que
te ayuda, los que vivimos afuera no lo tenemos. Yo detesto la
lluvia porque me recuerda allá. Los días lluviosos
me levanto y siento que voy a oír a mi mamá. Entonces
la llamo rápido para que me pase la angustia”. Sin
embargo a La Chilena no le importa caminar sin sombrilla cuando
llovizna y se pone falda los días que auguran tormenta.
Dice que le gusta sentir que el agua le cae en las piernas.
“Hubo algo que me pasó con El Salvador desde un principio:
siempre me sentí de aquí. No sé por qué”,
comenta. Dice que en El Salvador tuvo una de sus más grades
satisfacciones: “Trabajar en lo que me gusta: Vibro, sueño,
disfruto, lloro, me enojo en son de mi cocina. Mi vida es el trabajo”.
Y reitera que no se irá: “Yo me quedo aquí
por toda la vida y la muerte. Aquí voy a tener un espacio
debajo de un árbol cuando ya me haya ido, para que aquellas
personas que llevaban mi sangre me vengan a visitar”.