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Ernesto Galeas: “En la comunidad latina hay personas que aspiran a jugar un rol diferente, no solamente trabajando en los McDonalds, limpiando las habitaciones de hotel o en la construcción. Esto es un triunfo para la comunidad migrante”. Foto: Washington Hispanic.

Ernesto Galeas
“Peleen por su derecho a recibir beneficios, estamos pagando impuestos”

 


Ernesto Galeas llegó a Estados Unidos en el año 2000 luego de haber invertido 700 dólares en un pasaje de avión ida y vuelta. El segundo nunca lo usó. Desde entonces reside en el Estado de Virginia. Galeas tuvo la fortuna de salir de El Salvador antes de los terremotos del 2001. Gracias a ello pudo ser admitido para el permiso temporal de trabajo, mejor conocido como TPS y con ese beneficio ganar una batalla legal a la Northern Virginia Community College.

Lunes 3 de septiembre de 2007
Teresa Andrade
teresa.andrade@centroamerica21.com


Recién llegado, y aún sin TPS, Galeas comenzó a tocar puertas para conseguir un trabajo que le permitiera sobrevivir en ese mundo nuevo que estaba comenzando a descubrir. El primer trabajo que consiguió fue en un restaurante chino, él mismo lo califica como el peor.

Levantarse temprano, entrar a las diez de la mañana a trabajar y salir hasta que el último cliente había pagado su cuenta y decidido abandonar el local. Rondaban las diez de la noche cuando el joven salía del restaurante. Por siete días a la semana se hacía un sueldo de $350, 29 centavos menos del salario mínimo de esa época.

Si bien es cierto se sintió explotado por aquellos chinos que lo habían empleado, aprendió la perseverancia de esa cultura oriental. “Yo solo pensaba: si estos chinos malditos llegan donde quieren, por qué yo no”. Y esa fue su principal motivación para cambiarse de trabajo y de domicilio.

Su hermano lo recibió en los primeros días, en esas tierras lejanas, pero al cambiar de trabajo se fue a vivir con su tía. Ella lo hizo olvidar por momentos la nostalgia de haber dejado su familia y su terruño en tierras salvadoreñas. Lo recibió con el amor de una madre y lo alentó a seguir luchando para conseguir lo que él tanto anhelaba: estudiar.

La pala y la piocha serían sus nuevas herramientas de trabajo. Trabajando en la construcción tuvo dos experiencias que lo marcaron y lo motivaron para comenzar a estudiar. En una entrevista vía correo electrónico nos cuenta:

“El primero fue en julio del 2002, trabajando en el aeropuerto Dulles. Estábamos tirando asfalto y ese día la temperatura había llegado a 100 grados Fahrenheit (38 grados Celsius). El asfalto hay que tirarlo caliente y con el vapor que producía, la temperatura rondó los 112 grados ( 44 C ). Casi me desmayo”, recuerda.

“El segundo fue en enero del 2003, trabajando a inmediaciones del río Occocuan, la temperatura había bajado a 4 grados Fahrenheit ( 16 C ). Era un frío que solo de recordarlo se me pone la piel de gallina. Ese día nos dejaron trabajar solo dos horas porque no se aguantaba. Recuerdo que cuando escupía la saliva se hacia granizo. Esa fue la gota que terminó de rebalsar el vaso. Debía estudiar para conseguir algo mejor”, expresa.

Ernesto ha vivido en Virginia por siete años y ha pagado puntualmente sus impuestos por cinco. Esta primavera decidió ingresar a la Northern Virginia Community College (NOVA) para estudiar Ciencias Políticas, pero fue sorprendido cuando la universidad le negó la declaración de cuota y le impusieron una cuenta de $2.400, tres veces más altas de las que él esperó.

Se suponía que por residir en el Estado y contar con el TPS, debía recibir los mismos beneficios que los residentes legales. Sin embargo, NOVA no lo consideró así, imponiéndole la cuota de un extranjero, siendo una universidad comunitaria.

En pie de lucha

“Decidí apelar porque no parecía justo que pagando los impuestos no pudiese acceder a este tipo de cuotas”, le comentó a su compañero de trabajo Clayton Sinyai, que es doctor en ciencias políticas. Sinyai desde hace mucho tiempo conocía a LeBoeuf, Lamb, Greene & MacRae, una firma de abogados, que ha representado a estudiantes inmigrantes a quienes se les han creado obstáculos para estudiar en la universidad por su estatus migratorio.

Un día de casualidad Sinyai y Luis Parada, abogado miembro de dicha firma, asistieron a un almuerzo de miembros de la comunidad Latina del norte de Virginia a los pocos días de que NOVA le negó a Ernesto la solicitud de ser clasificado como residente de Virginia.

Ernesto ya había presentado su primera apelación, la cual ya le había sido negada, y estaba en proceso de la apelación de segundo nivel. Cada universidad de Virginia tiene la obligación por ley de establecer un proceso interno de apelación cuando se les niega el pago como residente del estado. El proceso de apelación del NOVA tiene cuatro niveles.

Las autoridades estatales de Virginia le habían indicado a todas las universidades que los estudiantes con TPS no tenían la capacidad legal para establecer domicilio en Virginia y que por lo tanto no eran elegibles para pagar como residentes en Virginia.

La firma jurídica en la que trabaja Parada lo autorizó a representar a Ernesto sin ningún cobro. Entonces, junto a Ernesto y su abogado, también salvadoreño, Luis Parada, y con el apoyo de los abogados de la misma firma Derek Smith, Gregory Wagner, un asistente legal y dos estudiantes de derecho de la universidad de Virginia emprendieron la lucha por los derechos de Ernesto de poder estudiar en la NOVA como un residente del lugar.

El juicio

Luis Parada en una entrevista realizada vía correo electrónico con Centroamérica 21 comentó que el proceso de Ernesto, debido a la complejidad del tema, duró cinco meses. En un caso normal de apelación no hubiese durado más de dos meses.

Parada contó que en un momento del proceso se manejó la posibilidad de hacer una excepción en el caso de Ernesto, para favorecerlo individualmente. “Cuando yo le consulté a Ernesto cómo respondería ante esta posibilidad, Ernesto dejó claro que deseaba ser tratado como serían tratados todos los otros estudiantes con TPS, aún si eso significaba perder la oportunidad de recibir un tratamiento especial”, expresó Parada.

Aseguró que eso lo llenó de mucha satisfacción y lo motivó más para buscar una resolución satisfactoria para su cliente, puesto que no estaba pensando solo en su bien particular, si no en la de todos los estudiantes con TPS.

Debido a que la decisión estaba tomando demasiado tiempo, iniciaron un juicio en la corte de circuito para forzar que la decisión se diera lo más pronto posible. La decisión favorable se dio en el último nivel de apelación y un día antes de la audiencia en la corte.

Parada explica los argumentos en los que basó la apelación “ganamos el caso porque le pudimos demostrar a los abogados de la Fiscalía General de Virginia que las personas con TPS no tienen ningún impedimento legal, tanto bajo la ley federal, como bajo la ley de Virginia, para domiciliarse en el estado”.

De esta manera, a partir de agosto de 2007 se podrán favorecer todos los estudiantes con TPS en Virginia. El Consejo Estatal para Educación Superior de Virginia utilizó el caso de Ernesto para tomar su decisión con respecto a cómo se trataría a todos los estudiantes con TPS en el futuro en todas las universidades estatales.

Los resultados

El gane de este juicio ha implicado para Ernesto un gran ahorro y además mucho orgullo, porque gracias a la resolución de su caso muchos estudiantes con TPS podrán contar con las mismas prestaciones.

La diferencia en las tarifas de las universidades comunitarias de dos años, como NOVA, es de aproximadamente $5 mil 600 al año. Los estudiantes a tiempo completo del NOVA pagan $2 mil 640 al año como residentes, comparado a $8 mil 233 al año para los no residentes.

En NOVA estudian al menos 64 mil estudiantes y hay unos 100 adscritos al TPS. Ernesto inició este movimiento y después de haber pagado el semestre pasado 2 mil 465 dólares, ahora pagará 865 dólares por el semestre.

El abogado Luis Parada considera que a pesar de que se arriesgaba bastante, en este caso, fue la oportunidad de que ya no se les negara más el pago como residentes. De no haber sido por este caso, asegura, las nuevas regulaciones hubieran permitido formalizar las negativas para los estudiantes.

Ernesto actualmente está cursando ciencias políticas y espera terminar la carrera en 6 años y trabaja para un sindicato que representa a los trabajadores de la construcción, que se llama Laborers' International Union of North America (LIUNA).

Además, Ernesto aconseja a los demás estudiantes que tienen TPS “Primero, que se inscriban en las universidades públicas de sus estados y que peleen por su derecho a recibir beneficios, ya que estamos pagando impuestos. Esa es la mejor arma”

Esto es de vital importancia para los miles de compatriotas que gozan de este beneficio y que el plazo para la nueva reinscripción vence en octubre próximo. Sin embargo, Parada sugiere a los beneficiaros con TPS, que recuerden que no va a durar para siempre, por lo que deben luchar por buscar una solución permanente a su situación migratoria en los Estados Unidos.

Al referirse a todo lo obtenido con el caso Ernesto expresó “este es un sentimiento de satisfacción increíble, ya que esto ha marcado un precedente. Esta es una manera de decirle a la sociedad anglosajona que dentro de la comunidad latina hay personas que aspiran a jugar un rol diferente, no solamente trabajando en los McDonalds, limpiando las habitaciones de hotel o en la construcción. Esto es un triunfo para la comunidad migrante”.

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