“d'Aubuisson pasó un día por mi oficina y me dijo: “¡Présteme esa sandía!”. Se la presté. Era de papel maché. La traje de México y la había puesto de adorno en el desayunador del set del programa que dirigía en ese entonces, en canal 4, Hoy en su casa”.
“En esa época, grababan los mensajes de d'Aubuisson en el canal 4. En la noche vi el programa. Él se puso a decir: “Así como esa sandía es el PDC: Verde por fuera (pam, pam, le daba a la sandía) y rojo por dentro”. Y yo: ¡mi sandía! No la usó una vez, sino un montón de veces. Después boté la sandía, cuando ya se hizo vieja y polvosa. Si hubiera sabido que haría historia… Pero no vayás a poner eso, no quiero hablar de política, o bueno… ponelo si querés, de todas maneras esa anécdota es famosa.”
“Yo ya soy famosa”
“Hoy en su casa estuvo al aire por 7 años. Fue en el 85. Acababa de venir de estudiar Hostelería y Turismo, en Europa. No sé ni cómo me dieron la conducción del programa, sin conocerme ni nada. Bueno, sí sé: Me ofrecieron ese programa y le dije que aceptaba con la condición de no estuviera otra persona comentando lo que hacía, como era la usanza. Renegocié lo que me querían pagar. Me dijeron: “te vamos a hacer famosa”. Les dije: “Yo ya soy famosa”. No sé de dónde se me ocurrió eso. Quizás era famosa en el vecindario. Pero así les gané la moral.”
“Me encargaba de la producción de mi programa. Me acuerdo de que, como usaba un micrófono donde el cable me quedaba pegado a la espalda, este me daba correntadas. A veces yo estaba hablando y sentía la corriente eléctrica. Pasaba cuando mi sudor bajaba por la columna y tenía contacto con el metal del micrófono. Yo con tal de no cortar, de no repetir el programa, me aguantaba y seguía cocinando.”
Pero en ese programa yo escribía el guión. Hablaba no solo de cocina, sino de gimnasia, de arte, arreglos florales, y empecé a presentar artistas. A partir de ahí fue que conocía a muchos de los pintores salvadoreños que mostré en la galería de arte que puse hace años en la Colonia San Benito, Vila Nova Fine Art, que después cerré.
“Más pasteles, más pasteles”
Pero al mismo tiempo que tenía el programa, abrí mi restaurante: Olga's. Lo tuve por 11 años. Ahí por el 87. Después era de pasteles. Nadie había tenido un concepto como ese. Era de pasteles salados, de carne, de pollo, espinaca, tocino. Y tenía además pasteles dulces. Había un bar de ensaladas, y un menú de hamburguesas de pollo.
La gente no estaba preparada para el concepto. La cosa era que tenían que pasar con su bandeja al mostrador a pedir su plato, después de haberlo seleccionado en un menú que tenía la fotografía del plato. Pero la gente entró y se sentó. ¡No se levantaban! No tenía meseros para hacer eso. ¡Había contratado a una niña delgadita que quebraba todo!
Una vez se llenó tanto que había que la masa para hacer pasteles se iba haciendo una pelota cada vez más grande. Me había quedado sin panadero. Mis manos ya no daban a más. Y me gritaban: “más pasteles, más pasteles”. Llegó un momento en que ya no di para más. Entonces me tiré sobre los sacos de harina y me puse a reír. Dije: “ya no puedo más, no sé que van a hacer ustedes”. Agarré las llaves del carro y me fui. Físicamente no podía dar más. Al día siguiente, no aguantaba las manos.
Son de las cosas que me han pasado por mi amor a la cocina. Y es que la comida, para mí, es el oxigeno, el aire, el agua. A través de la comida suceden muchas cosas: es cuando se reúnen todos en familia, es la manera de complacernos y consentirnos después de un día de cansancio; los negocios se hacen a través de la comida, las grandes reuniones se hacen en espléndidas cenas. El comercio gira alrededor de la comida. No concibo no supervisar lo que mi familia comerá. El 80% de los días lo hago. Todo esto me vino de mi abuela, Gloria de Miranda.
Ella era una maestra de maestros, una maravillosa cocinera. Yo siempre estaba a la par de ella. Echaba betún, hacía tandas de genovés, hacía el arroz y los batidos. Siempre me iba al jardín y cortaba alguna flor, tal como lo hago hoy en mi programa Olga Cocina.
Yo hacía unas grandes comidas para las fiestas de la abuela. Luego la gente me pedía que los repitiera, que los mandara por encargos. Así que lo comencé a hacer y también empecé a dar clases de cocina. Lo traigo en las venas. Con mi familia solo de eso hablamos, de comida.
Ágape y Fusate
Pero no todo en mi vida es comida. Por ejemplo, ahorita estoy viviendo quizás una de las etapas más importantes de mi vida. Estoy haciendo varias cosas en FUSATE. Nació hace 17 años, está a lo largo de El Salvador, 106 subfiliales, y 106 mil afiliados, en las 14 cabeceras departamentales. Me da escalofríos ver cómo fúsate ha crecido tanto. Para mí es una satisfacción ver un proyecto que creció, se desarrolló y sigue vigente.
Me acuerdo de cuando conocía al padre Flavián Mucci y empecé a colaborar con él en el proyecto. Lo conozco desde que tenía 23 años. Yo había leído en una revista Selecciones que había unas aldeas SOS en Costa Rica. Me gustó su concepto. Así que un día, camino a Los Cóbanos, vi un rotulito que decía Aldea SOS. Lo comenté con una amiga que apadrinaba a un niño en Sonsonate y terminé apadrinando a una niña yo también. Ahí conocía al padre Flavián y lo invité a mi programa. Después el fundó Ágape y he estado colaborado desde entonces en la administración.
“¿Por qué no salimos a cenar?
Y es que a mí me gusta estar haciendo muchas cosas, soy muy activa. Pero también me gusta compartir tiempo con mi familia, ver películas con mis hijos y mi esposo los fines de semana. Ese es un momento donde no se habla, solo se está ahí, la familia reunida, es un momento especial, así como una bonita cena, como la que le hice a mi marido (Eduardo Vilanova) una vez que lo quería impresionar.
El día de su cumpleaños le preparé una sorpresa. Le dije “¿Por qué no salimos a cenar? Venime a recoger. Entonces le preparé un menú riquísimo, le hice salmón. Puse un arreglo de rosas que llegaba de punta a punta de la mesa, usé el mejor mantel que tenía, contraté un mesero y llevé al trío Los Campesinos.
Creo que la comida puede ser un afrodisíaco. Podemos avanzar mucho en una relación habiendo pasado un buen rato, una noche inolvidable. Cuando hacemos un plato estupendo, puede ser el comienzo de algo más. Y es que si te ponés a pensar en el solo hecho de que alguien se haya tomado el tiempo para prepararte algo. ¿Qué más afrodisíaco puede haber?
Además no hay por qué complicarse con comidas caras. Tiene que ser una buena materia prima: si vas a hacer una ensalada, el tomate debe ser jugoso y rojo. Si servís sopa de frijoles, que tenga buena consistencia y buena presentación. No es lo mismo presentarlo en un bote de plástico rayado y viejo, que en una cazuelita de barro, ponerle requesón. Sin necesidad de ir a comprar champiñones para hacer una crema.
Esa así como el hecho de que una no necesita ponerse ropa cara para verse bien. No es necesario llenarte de joyas para sentirte femenina. A mí me gusta verme femenina y sexy, atractiva a los ojos del sexo opuesto. Me encanta, para mí es bien importante. Me gusta sentir que puedo despertar esos sentimientos y que puedo tenerlos.
Creo que es muy importante el marco de la persona, dice mucho de ella. Si quieres proyectar éxito y andas descuidada, dice mucho. La estética en mi vida es importantísima. Si te fijas está implícita en la manera en que arreglo el set de mi programa, en la forma de presentar los platillos.
Viendo su programa aprendí a cocinar y puse un negocio
Hablando del programa, Olga Cocina es bien importante para mí. El canal, como proyecto de Ágape, tiene una gran responsabilidad con la comunidad. Es un aporte con el que sé que he hecho que el televidente se vaya a canal 8. Le ha favorecido al canal y a mí, egoístamente porque me siento realizada.
Una de las más grandes satisfacciones es cuando la gente se me acerca y me dice: “Mire, viendo su programa yo aprendí a cocinar y puse un negocio”. Eso me da alegría porque siento que les he ayudado, que lo que hago sirve en verdad.
Aunque para hacer todas estas cosas he tenido que sacrificar mucho tiempo, Más que todo, mis amistades. Casi nunca puedo ir a comer con mis amigas, a los cumpleaños. Pero no sacrifico a mi familia. Siempre he sido prioritaria de mis hijos y mi esposo.
Trato día a día de priorizar. Siempre estoy pensando en el día siguiente. Yo ya estoy pensando qué voy a usar de ropa para el día de navidad. Hace un mes seleccioné lo que quiero usar en diciembre.
Los regalos de navidad de todas mis sobrinas ya los compré, aproveché las rebajas de los almacenes. Eso me da tiempo de hacer otras cosas, no espero que me agarre el momento.
Me gozo a mí misma, me disfruto, y disfruto a mi familia, a mi esposo y a mis hijos, que son mi más grande satisfacción.