Por cuarta vez desde que se firmó la paz, en 1996, luego de 36 años de guerra civil, los guatemaltecos celebrarán comicios generales el próximo 9 de septiembre. Son 5. 9 millones de ciudadanos los convocados a elegir presidente y vicepresidente de la República , así como 158 diputados y 332 alcaldes.
En un clima enrarecido por agudos problemas de violencia, corrupción y crimen organizado, dos candidatos han logrado ponerse a la cabeza de las preferencias según las encuestas: Alvaro Colom, de la Unidad Nacional de la Esperanza , UNE, y Otto Pérez Molina, del Partido Patriota, PP.
Lunes 3 de septiembre de 2007
Redacción
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El primero, un empresario que compite por segunda ocasión por la presidencia, se define como centro izquierda, socialdemócrata, y ofrece a sus compatriotas una mano solidaria; el segundo, un antiguo general del ejército, se ubica en la derecha del espectro político, y ofrece mano dura contra la delincuencia.
Las últimas mediciones de opinión los colocan a ambos en un virtual empate técnico, lo cual hace casi segura una segunda ronda electoral que tendría lugar el 4 de noviembre. Los analistas políticos locales coinciden en general en que, si bien Alvaro Colom se perfila como favorito, la contienda en segunda vuelta será muy cerrada.
Detrás de ellos, aunque a una considerable lejanía, se encuentran otros tres candidatos: Alejandro Giammattei, de la oficialista Gran Alianza Nacional, ubicada a la derecha; Eduardo Suger, de la también derechista Centro de Acción Social, y finalmente la Premio Nobel de la paz Rigoberto Menchú, por el Partido Encuentro por Guatemala, ubicado en el centro izquierda.
Llama la atención que mucho muy por debajo de estas alternativas se encuentren los dos candidatos provenientes de la antigua guerrilla: el ex comandante Pablo Monsanto, por la Alianza Nueva Nación, y Miguel Angel Sandoval por la Unidad Revolucionaria Nacional de Guatemala.
Las ofertas
La semana pasada, durante un foro transmitido por televisión, los cinco principales candidatos presentaron las síntesis de sus proyectos en relación a los puntos que consideran más sensibles para la ciudadanía. Pero fueron las propuestas de los dos punteros los que concentraron la atención.
Sobre el tema de la delincuencia, Colom argumentó que “esta tiene sus orígenes en los problemas de discriminación y pobreza. Tenemos el equilibrio en la parte de solidaridad de nuestro plan, el cual persigue que se genere empleo y servicios”.
Sobre el tema de la recaudación fiscal dijo: “hay que reestructurar el presupuesto para reducir la pobreza y mejorar la seguridad, la salud y la educación. El primer año: reducción de la corrupción, el trabajo a fondo de los puertos y aeropuertos del país y calidad de gasto”.
Por su parte, al referirse al tema de la seguridad, el general Pérez Molina afirmó:
“refundaremos las instituciones civiles encargadas de la seguridad. Depuraremos, capacitaremos y aumentaremos en un 50 por ciento a la policía nacional Civil”. Sobre el problema de la corrupción manifestó: “crearemos una secretaría en contra de la corrupción para que cualquier demanda pueda ser investigada, y se pueda perseguir a cualquier funcionario de alto nivel”.
Según los observadores, ambos candidatos, temerosos de un error de última hora, mesuraron sus discursos aunque lo esencial de sus propuestas ya es conocido por la ciudadanía: Colom ofrece la esperanza y la mano solidaria, lo cual según los analistas, es un mensaje demasiado abstracto si se considera la crudeza del problema de delincuencia y violencia que padece el país; en tanto que Pérez Molina ofrece seguridad y mano dura por sobre todo, lo cual evoca para muchos guatemaltecos el pasado de autoritarismo militar.
El tema de fondo
En lo que va de enero a la fecha, las autoridades guatemaltecas han reportado casi treinta asesinatos y muchos otros actos violentos contra personas ligadas a las actividades proselitistas.
Muchos opinan que ha sido esta la campaña política más violenta en toda la historia del país, con un agravante adicional: nadie ignora que esa violencia es generada en gran medida por narcotraficantes que ya han logrado infiltrar la clase política guatemalteca.
De hecho, Alvaro Colom declaró recientemente a la prensa que, debido justamente a esa infiltración del narcotráfico en el sistema político, “Guatemala es hoy más violenta que durante la guerra civil que sufrimos durante 36 años”.
Y es que según reportes de la agencia antinarcóticos de los Estados Unidos, Guatemala está en serio riesgo de convertirse en un narco estado. Esa misma fuente señala que Centroamérica, pero principalmente Guatemala, es el puente de paso de hasta el 90 por ciento de la cocaína que proveniente de Sur América se introduce a los Estados Unidos.
En los últimos años, los narcotraficantes en ese país ya no solo financian campañas de políticos y partidos corruptos, sino que ellos mismos personalmente se han adentrado en el Congreso, las municipalidades y los más encumbrados cargos públicos. La justicia tiene en curso varias investigaciones sobre reconocidos diputados, alcaldes, candidatos y funcionarios sospechosos de estar directamente involucrados con los poderosos carteles del tráfico de narcóticos.
Por otra parte, las autoridades gubernamentales mismas han advertido que temen que al menos en sesenta puntos del país se generen actos violentos durante los comicios.