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La nostalgia: los pies y las alas de Walterio Iraheta


Con “Mis pies son mis alas” Walterio Iraheta nos embarca en un viaje por las fantasías que puede evocar la imagen de un zapato de mujer. A la vez, nos convierte en testigos de la exhumación de cadáveres y nos permite apreciar imágenes que podrían recordarnos la era del conflicto armado en El Salvador. En su obra están presentes figuras de la nostalgia, del pasado personal de Walter Iraheta y otras que están en la memoria de toda una colectividad, como la de Monseñor Óscar Arnulfo Romero.


Lunes 10 de septiembre de 2007
Georgina Vanegas

gvanegas@centroamerica21.com

 

El fetiche

¿Por qué hay tanta recurrencia del zapato femenino en “Mis pies son mis alas”, la exhibición más reciente de Walterio Iraheta? “Yo tengo predilección por el zapato de mujer, no para usarlo, sino para que lo use mi pareja; para ponérselo, para quitárselo, me parece una forma muy sensual, muy erótica”, confiesa el artista, después de 4 años de trabajo en esta nueva serie.

Sin embargo, Iraheta asegura que la presencia continua de este tipo de calzado no fue planeada. Con frecuencia nos encontramos con zapatos al estilo bota, tanto en las fotografías como en las instalaciones. Tal es el caso de “Preludio 1” y “Preludio 2”, fotografías donde las botas blancas predominan en un fondo también blanco.

Encontrados

El artista dice que tampoco el recurrente uso del color blanco se usó de forma deliberada y que, viéndolo bien, era solo un efecto de su predilección por este color: “Creo que el blanco es un color que da una idea muy espiritual o emotiva”, comentó.

La colección, que se encuentra en exhibición abierta al público en el Centro Cultural de España, desde el 4 de septiembre, tiene otras piezas que delatan estas predilecciones especiales del autor, como “Familia blanca”. Se trata de una impresión fotográfica hecha en gelatina de plata, que muestra un conjunto de 4 distintos zapatos que parecen develar a los integrantes de una familia.

En “Preludio 3” nos encontramos con una instalación que consta de un par de botines blancos, de mujer, que dejan leer en la suela, desgastada por el uso, las letras “Made in China”. De los zapatos se desprenden las agujetas, que se extienden hasta el suelo hasta formar una maraña donde no se distingue el final de los cordones, también blancos.

Lidia Iraheta

Una mujer inspiró desde muy pequeño a Iraheta: su abuela, Lidia Iraheta: “Los zapatos que tengo muy presentes en la mente son los de mi abuela. Eran de charol, negros. Eran sus zapatos de salir. Desde pequeño tengo esa imagen de los zapatos de salir de mi abuela. Durante 20 años nunca los cambió. Siempre que iba a un evento de fiesta o algo así, los llevaba. Ese par de zapatos es de los que más estímulo me ha dado”.

Familia blanca

No es la primera vez que Walterio se inspira en su abuela para la creación de una obra. “El lado olvidado del corazón”, muestra pictórica que comenzó a trabajar en 1998, empezó con el fallecimiento de su abuela. El patrón se repite en “Sellos postales”, serie basada en las estampillas de la correspondencia de su abuela y su familia.

Memoria histórica

Su abuela también lo une a otra temática abordada en “Mis pies son mis alas”, el asesinato de Monseñor Romero. El artista cuenta en su blog: “Recuerdo que mi abuela seguía muy de cerca, a través de la radio, las noticias del sepelio, cuando en plena transmisión se escucharon los primeros disparos y los gritos de la multitud”.

Iraheta recuerda bien la anécdota: “Cuando se hizo el sepelio de Monseñor Romero, frente a Catedral, habían miles de feligreses congregados y el ejército había puesto francotiradores en algunos edificios frente a Catedral. Se armó una balacera y la gente huyó en estampida. Al día siguiente, aparecieron en la prensa imágenes fotográficas de lo que había quedado, y era eso, la gente en la huida había dejado los zapatos. Muchos habían muerto aplastados. Eso es quizás lo que más me ha estimulado: tratar de reflexionar sobre ese tema y sobre otros que es importante no olvidar”.

A partir de esta imagen, que Walterio presenció cuando tenía 11 años de edad, nació la idea de la pieza central de “Mis pies son mis alas”, auque aún está por realizarse. “La pieza central de la serie, que no está aquí, es La Montaña de Zapatos. Es una pieza que pienso realizar en una instalación de gran formato y en una acción “in situ” en el lugar donde fue hecha”.

Homenaje a Duchamp

“In memorian” es quizás una alegoría de eso, según el autor. Él precisa que esta pieza es una “forma vertical” de la imagen que estaba en el piso. Se trata de una composición de unas 30 impresiones fotográfica en gelatina sobre película de orto. Todas penden de hilos sujetados al techo. Muestran zapatos que pretenden decir que tienen vida propia, como es el concepto de Iraheta. “Así como las personas tienen alma y hay la creencia de que la fotografía captura el alma de las personas, así aspiro a capturar el alma de los objetos, y a la vez capturar el alma de la gente y poder decir algo a la gente”, afirma.

Y es que para Walter, los zapatos en verdad dicen algo, cuentan historias, verdaderas o ficticias. Cuando no tiene acceso a la historia de un zapato, se la inventa, y cuando tiene la oportunidad de conocerla, escarba en ella. De las últimas historias que ha podido atesorar, una ocurrió hace poco, precisamente el día de la inauguración de su exposición, el 4 de septiembre.

“La noche de la inauguración de la exposición, me encontré con una señora que, muy emocionada por las imágenes que había visto y lo que había leído alrededor de la exposición, me comentaba que su madre acababa de fallecer. Ella tenía todas las pertenencias en cajas y habían muchos zapatos que consideraba de mucho valor sentimental y me los quería regalar”, relata Iraheta.

Ejercicio arqueológico

Pero una de las historias que más le ha impactado, según dice, fue la oportunidad de ser partícipe de una exhumación. A finales de 2006 asistió como testigo invitado a una exhumación de cadáveres del conflicto armado en Guatemala, en Baja Verapaz.

Homenaje a Magritte

“Nunca había trabajado de cerca con antropólogos forenses. A pesar de que uno tiene idea de lo que se trata todo ese proceso, cuando te das cuenta del drama que viven los familiares es como el final de un ciclo”.

“Quedé impactado porque no había tenido nunca contacto directo con familiares de víctimas y sobre todo en ese contexto maya en que se da. Rabinal es una ciudad indígena. Participar de la ceremonia que hacen, y de ese reencuentro de los familiares, fue una experiencia bien fuerte”, relata.

A partir de esta experiencia, comienza a trabajar una pieza más dentro de la serie, denominaba “Encontrados”. Un recuadro instalado en las paredes del Centro Cultural de España da cuenta de lo observado por Walter: “A partir de esta experiencia comienzo a trabajar fotografías “in situ”, zapatos encontrados; después los llevo al estudio, en donde luego de limpiarlos, los vuelvo a fotografiar, quizás como un ejercicio de arqueología contemporánea inspirado en el proceso que siguen los antropólogos forenses para clasificar los objetos encontrados”.

La nostalgia

Pero todo este proceso comenzó con los propios zapatos de Walterio. De niño, pasó los avatares económicos que ponen en aprietos a una familia salvadoreña y soñaba con llegar a su casa con muchas cajas de zapatos Convers All Star de todos los colores. Sin embargo, tenía unos no tan vistosos, pero que cumplían con las exigencias de durabilidad que necesita el calzado.

In memorian

Ahora, mientras calza un par de Convers All Star, lo recuerda y no duda en llevarlos al conversatorio de su propia obra. Relaciona su obra con la nostalgia, palabra con la que dice definirla en resumen. “Si pudiera definir en una sola palabra la serie, seria nostalgia: ese conjunto de historias, que le dan sentido a la vida de ciertas personas”.

“Me evoca mucho la memoria, el olor a la suela de goma, del cuero nuevo. ¿Quién no recuerda su primer par de zapatos, o cuando vas a la escuela el primer día de colegio, que vas a estrenar tus zapatos de colegio? Eso no se olvida”, comenta.

“Autorretrato” es la pieza donde podría reflejarse este sentimiento. Se trata de una instalación donde un par de Convers descansan sobre la pared, envueltos en cinta adhesiva. El autor dice que si tuviera que calzar un par de zapatos de la exposición, sin duda serían esos: “No hay uno que me quede, a excepción de los míos, los que son el Autorretrato, los Convers. Esos elegiría, los Convers verde limón”.

Esta exposición, que estará abierta hasta el 28 de septiembre, consta tan solo de un 10% de la obra total de Iraheta. Contiene más piezas fotográficas, de video y de objeto-instalación. Mucho de este material aún está inédito o en proceso de fabricación. El autor sostiene que buscará más espacios para exhibir su trabajo. Esta es la primera vez que Walterio expone en forma individual después de más de tres años, en El Salvador. Y según dice es su oportunidad de recordar qué se siente ser “el payaso de la fiesta”.

Preludio

Anteriormente había expuesto Kriptonita , obra que para Walterio es la más representativa de sus trabajos anteriores: “Es una serie que también exploré por varios años y que me permitió hablar de temas como preferencias de género, religión, valores culturales, étnicos. Lo hice con un sentido del humor del que yo no soy capaz. No tengo un gran sentido del humor, al menos no en mi manera de actuar. Esa serie me dejó sacar algo que había en mí y me gustó. Abordé temas bien serios desde una perspectiva relajada y con un buen sentido del humor”.

Dentro de los proyectos futuros de Walterio está la continuación de “Mis pies son mis alas”, finalizar los trabajos que aún están a medias y buscar más espacios de exhibición. Además, tiene en mente tocar otro de los grandes fenómenos que trastocan la realidad salvadoreña y latinoamericana: la migración: “Me interesa el drama humano que significa la migración, los procesos sociales, económicos y políticos que se generan”, comenta.

En este proyecto planea echar mano de los recursos necesarios, “según la obra lo pida”. Afirma que a pesar de venir de una escuela académica, no desprecia los recursos tecnológicos e intenta conocerlos y sacarles provecho, ya que bajo su perspectiva, el arte es el proceso de formulación de la idea. Piensa además que en este concepto, El Salvador ha avanzado: “(El arte conceptual) no está en picada. La certeza de que el arte es la idea y no la habilidad manual está más vigente que nunca. Sin embargo, me gusta conocer los medios, manejarlos”.

Walerio Iraheta (1968)

En 1997 fue becado por " The Chicago Cultural Center " para participar en un intercambio de artistas y un taller de grabado.
En 1992 fue nombrado " Talento Joven del Año " en El Salvador y en 1996 ganó el primer lugar del certamen nacional de pintura joven " Palmares Diplomat " de El Salvador. En 1998 obtuvo el primer premio "Tlahcuilo" en la primera bienal del Istmo Centroamericano. En 1999 ganó el premio único en el certamen-subasta de arte Latinoamericano " Juannio-99" en ciudad de Guatemala.

De 1993 a 1999, creó y dirigió el " Centro del Dibujo de El Salvador". Ha realizado más de 10 exhibiciones personales en El Salvador, Honduras, Guatemala y Estados Unidos. También ha participado en más de 50 exposiciones colectivas en ciudades de Centroamérica, México, D. F., Chicago, Miami y Washington, EE.UU; Madrid, España; París, Francia; Tokio, Japón; Taipei, Taiwán, y Ottawa y Montreal, Canadá, entre otras.

www.walterio.com
walteriolandshaft.blogspot.com
mispiessonmisalas-walterio.blogspot.com


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