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¿Accidente o asesinato?
La oscura muerte de un comandante insurgente



Pocos recuerdan ahora a Ernesto Jovel, un obrero industrial que participó en la fundación de las primeras guerrillas salvadoreñas, y que llegó a ser uno de sus jefes estratégicos. Su muerte nunca fue explicada y su nombre ha sido silenciado extrañamente por la izquierda… ¿Murió en un atentado fraguado por sandinistas y cubanos en combinación con algunos de sus propios compañeros? Son muchos los indicios que apuntan en esa dirección. Este es el recuento de los hechos.

Lunes 10 de septiembre de 2007
Geovani Galeas
(Tercera entrega)

ggaleas@centroamerica21.com

Eduardo Rico Mira, utilizó como seudónimos Pancho o Antolín, y fue un enlace importante en las relaciones con cubanos, sandinistas y el general Torrijos en los albores de los años 80..

Los hechos

Cuando se anunció que la Resistencia Nacional había roto la unidad revolucionaria, los sandinistas y los cubanos buscaron de inmediato a Pancho, que era su enlace, para exigirle explicaciones. Él, que en ese momento estaba en Managua, no sabía nada y a su vez preguntó a los dirigentes que estaban en El Salvador. La respuesta fue que todo se aclararía al más alto nivel, y que comenzara a preparar la gira y los encuentros que sostendría en Managua y La Habana el comandante Ernesto Jovel.

En la reunión con la comandancia sandinista, Tomás Borge le preguntó a Jovel si quien había ocasionado la ruptura era un miembro de la jefatura de la Resistencia Nacional. Pancho anota en su libro la respuesta de Jovel:

“Si, fue el compañero Alejandra Lara. Nosotros estábamos convencidos que era el momento preciso para actuar (lanzar la insurrección). Alejandro Lara participó en la discusión sobre la táctica a implementar. Él era el que conducía el frente de masas bajo nuestro mando. A la reunión unitaria llevaba instrucciones concretas sobre las propuestas que tenía que hacer: debía ser claro, preciso, enérgico y presionar al máximo para convencerlos de lo correcto de nuestra posición. Pero en ningún momento se le ordenó que, si era necesario, rompiera la unidad. Eso fue un arranque personal de él”.
Y, siempre según la versión de Pancho, Jovel concluyó de la siguiente manera:

“Asumimos el error cometido, estamos dispuestos a darles a los compañeros de la dirección revolucionaria unificada las explicaciones necesarias, y solicitaremos el reingreso a la unidad”. Al terminar esa reunión, que Pancho define como muy tensa. Él y su comandante fueron a almorzar. En ese momento, Jovel se habría sincerado con Pancho y le habría contado la versión más “familiar” del asunto:

“Tú conoces a Alejandro Lara, Pancho, su personalidad, su carácter. A eso agrégale el trabajo directo con los organismos de masas donde cotidianamente se enfrenta con el sectarismo de las FPL, del PC y de los demás, desde las mezquindades más absurdas hasta las diferencias ideológicas, pasando por rencillas personales, todo eso termina subjetivizando al más unitario. Si no te paras bien, inconcientemente te vuelves un sectario recalcitrante. En cierta medida eso pasó con Alejandro. En la reunión lo provocaron, le tendieron la trampa y encolerizado perdió los estribos, jugándose la carta de la ruptura bajo su responsabilidad personal”.

Eduardo Rico Mira en París con Augusto Coto, uno de los pasajeros del avión que se perdió en el mar.

Luego, en referencia a las explicaciones que Jovel tendría que dar en La Habana tanto a los dirigentes cubanos como a los otros comandantes guerrilleros salvadoreños, Pancho le habría dicho a Jovel: “No quisiera estar en tus zapatos, ya me imagino lo que te espera, porque de que nos van a pasar la factura nos la van a pasar. No me extrañaría que traten de anular, de sacar de la jugada a Alejando Lara, aprovechando su error”.

Se suponía que Pancho tenía que acompañar a Jovel en el viaje a La Habana, pero el comandante le dijo que mejor se dedicara a prepararle el viaje a Panamá y el encuentro con el general Torrijos, después del cual regresaría de inmediato a El Salvador. “Para el vuelo a Panamá me apoyé en los sandinistas y cubanos”, relata Pancho, “tenía la opción de mandar a traer el avión bimotor que teníamos basificado en Costa Rica. Pero los compañeros (sandinistas y cubanos) me convencieron que no prestaba condiciones de seguridad, no estaba garantizado el mantenimiento ni la filiación político ideológica del piloto”. Y agrega:

“Me ofrecieron los servicios de una empresa privada de aviones que era financiada por los sandinistas, y la seguridad la daban ellos mismos. Los compañeros cubanos, pertenecientes a la Dirección de Tropas Especiales, verificarían que todo funcionara bien”. Viajarían junto al comandante Jovel tres personas: una joven radista llamada Anita (que por cierto era hermana del mencionado Alejandro Lara), Augusto Coto, representante de la RN en México, y el mismo Pancho. Saldrían de Managua por la mañana, luego de que Jovel terminara otro encuentro con los dirigentes sandinistas.
Jovel salió de esa reunión a las 8:30 a. m. y le habría dicho a Pancho “Tendrás que quedarte. Acordé con los compañeros (sandinistas) que ellos se encargarían de comprar cuatro cayucos, dos furgones para preparar los embutidos de armas, y un avión bimotor. Antes del mediodía tienes que entregarles trescientos mil dólares”. Y quedaron en que, cumplida esa misión, Pancho viajaría hacia Panamá en un vuelo regular esa misma tarde. Se despidieron en el aeropuerto a las 10 de la mañana de ese 17 de septiembre de 1980.

A eso de la una de la tarde Pancho recibió una llamada telefónica de su hombre en Panamá, comunicándole que el avión de Jovel se había caído al mar. Pancho Inmediatamente arregló su viaje para Panamá. El equipo de enlace del general Torrijos con la Resistencia Nacional lo esperaba en el aeropuerto.

“El avión entró a territorio panameño en la región de Bocas del Toro, se reportó a torre de control, minutos más tarde reportó avería en un motor que luego se había detenido. A los cinco minutos reportó fallas en el segundo motor. Tenían la costa a la vista. Luego reportó que el segundo motor se había parado… y no hubo más señales”, le informó el teniente panameño Pipe Camargo.

En silencio tenía que ser, editado por la Universidad Francisco Gavidia, recoge el testimonio de la conspiración, la guerra y la posguerra, un relato que abarca desde 1967 al 2000.

Al día siguiente, muy temprano por la mañana, Pancho fue conducido a la zona de Coclecito, desde donde el general Torrijos dirigía personalmente el operativo de búsqueda de la nave siniestrada y de sus pasajeros. El general le dijo a Pancho que ya habían peinado intensivamente toda la zona y que, prácticamente ya no había ninguna esperanza de rescate ni del avión ni de los cuerpos.

De todas formas, Torrijos puso a las órdenes de Pancho un avión para que verificara él mismo la situación. Durante unas cuatro horas sobrevoló Pancho la zona del desastre y comprobó que, en efecto, el mar se había tragado a sus compañeros.

El precio del error


La RN asimiló el golpe con muchas dificultades y bajo la presión de la inminente ofensiva militar que la insurgencia preparaba para enero de 1981. Eso postergó el debate interno sobre la muerte de Jovel, quien fue sustituido en el mando por Fermán Cienfuegos.

Pasada la fallida ofensiva, el repliegue general y los reacomodos estratégicos y tácticos de las fuerzas guerrilleras en lo que en adelante serían sus zonas de retaguardia en el campo, la RN se aprestó a realizar su Congreso de Delegados casi un año después de la muerte de Jovel.

En una de las reuniones preparativas del cónclave, realizada en Managua, uno de los comandantes acusó directamente a Pancho de haber sido el autor intelectual del asesinato de Jovel y los otros dos compañeros. “No puedo aceptar la versión del accidente cuando hay evidencia de que, quien sabe con que mentiras, Pancho convenció a Jovel, minutos antes de abordar el avión, para quedarse en tierra y salvar su vida”.

El comandante acusador exigió la inmediata captura de Pancho, para que fuera juzgado sumariamente, “para evitar que el día de mañana se escape a Miami, en donde supongo que debe tener depositados sus dos que tres millones de dólares”. Otros comandantes se opusieron a esa medida extrema, pero finalmente Pancho fue relevado de todas sus funciones y degradado de todos sus cargos dirigenciales.

“En realidad el golpe iba dirigido contra Fermán Cienfuegos”, relata Pancho, “pero al estar él solvente y contar con el apoyo de la mayoría, desviaron el golpe hacia mí, a quien consideraban su hombre de confianza, el que manejaba un gran porcentaje del fondo millonario de guerra, quien controlaba el flujo logístico, las relaciones internacionales, un cuadro entrenado en inteligencia y contrainteligencia, amigo de Fidel Castro y del general Torrijos, apreciado por los sandinistas y los cubanos… el poder detrás del trono”.

Hasta aquí la versión que Pancho presentó de los hechos. Los comentarios y acotaciones que sobre los mismos hizo en su libro, tampoco van más allá en el sentido interpretativo. Y como él mismo Pancho me recomendó, yo tenía que buscar, más que el quién y el cómo, el por qué de lo sucedido.

Ese por qué, evidentemente estaba escondido en el contexto político del hecho.

Y el hombre que mejor conoció ese contexto, por haber sido clave en su generación, era el mismo que había roto “bajo su responsabilidad personal” la unidad revolucionaria: Alejandro Lara.

Yo lo había conocido a finales de los setenta, cuando era el máximo dirigente del Frente Amplio Popular Unificado, FAPU, organismo de masas de la Resistencia Nacional. Y en 1981 nos encontramos, aunque fugazmente, durante un trance en que se salvó por un pelito de ser ejecutado por sus propios compañeros.

Después de ese incidente se retiró de la RN y de toda actividad pública. Prácticamente desapareció del mapa. Pero si yo quería proseguir esta investigación periodística era preciso encontrarlo. Y en efecto, lo encontré hace unos días y conversamos largamente sobre el asunto. Su versión es sumamente reveladora.

Próxima entrega: La versión de Alejandro Lara.


¿Accidente o asesinato?
La oscura muerte de un comandante insurgente
(Segunda Entrega)

¿Accidente o asesinato?
La oscura muerte de un comandante insurgente
(Primera Entrega)

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