¿Accidente o asesinato?
La oscura muerte de un comandante insurgente
Pocos recuerdan ahora
a Ernesto Jovel, un obrero industrial que participó en
la fundación de las primeras guerrillas salvadoreñas,
y que llegó a ser uno de sus jefes estratégicos.
Su muerte nunca fue explicada y su nombre ha sido silenciado extrañamente
por la izquierda… ¿Murió en un atentado fraguado
por sandinistas y cubanos en combinación con algunos de
sus propios compañeros? Son muchos los indicios que apuntan
en esa dirección. Este es el recuento de los hechos.
Lunes 10
de septiembre de 2007
Geovani Galeas
(Tercera entrega)
ggaleas@centroamerica21.com
 |
|
Los hechos
Cuando se anunció que la Resistencia Nacional había
roto la unidad revolucionaria, los sandinistas y los cubanos buscaron
de inmediato a Pancho, que era su enlace, para exigirle explicaciones.
Él, que en ese momento estaba en Managua, no sabía
nada y a su vez preguntó a los dirigentes que estaban en
El Salvador. La respuesta fue que todo se aclararía al más
alto nivel, y que comenzara a preparar la gira y los encuentros
que sostendría en Managua y La Habana el comandante Ernesto
Jovel.
En la reunión con la comandancia sandinista, Tomás
Borge le preguntó a Jovel si quien había ocasionado
la ruptura era un miembro de la jefatura de la Resistencia Nacional.
Pancho anota en su libro la respuesta de Jovel:
“Si, fue el compañero Alejandra Lara. Nosotros estábamos
convencidos que era el momento preciso para actuar (lanzar la insurrección).
Alejandro Lara participó en la discusión sobre la
táctica a implementar. Él era el que conducía
el frente de masas bajo nuestro mando. A la reunión unitaria
llevaba instrucciones concretas sobre las propuestas que tenía
que hacer: debía ser claro, preciso, enérgico y presionar
al máximo para convencerlos de lo correcto de nuestra posición.
Pero en ningún momento se le ordenó que, si era necesario,
rompiera la unidad. Eso fue un arranque personal de él”.
Y, siempre según la versión de Pancho, Jovel concluyó
de la siguiente manera:
“Asumimos el error cometido, estamos dispuestos a darles a
los compañeros de la dirección revolucionaria unificada
las explicaciones necesarias, y solicitaremos el reingreso a la
unidad”. Al terminar esa reunión, que Pancho define
como muy tensa. Él y su comandante fueron a almorzar. En
ese momento, Jovel se habría sincerado con Pancho y le habría
contado la versión más “familiar” del
asunto:
“Tú conoces a Alejandro Lara, Pancho, su personalidad,
su carácter. A eso agrégale el trabajo directo con
los organismos de masas donde cotidianamente se enfrenta con el
sectarismo de las FPL, del PC y de los demás, desde las mezquindades
más absurdas hasta las diferencias ideológicas, pasando
por rencillas personales, todo eso termina subjetivizando al más
unitario. Si no te paras bien, inconcientemente te vuelves un sectario
recalcitrante. En cierta medida eso pasó con Alejandro. En
la reunión lo provocaron, le tendieron la trampa y encolerizado
perdió los estribos, jugándose la carta de la ruptura
bajo su responsabilidad personal”.
Luego, en referencia a las explicaciones que Jovel
tendría que dar en La Habana tanto a los dirigentes cubanos
como a los otros comandantes guerrilleros salvadoreños, Pancho
le habría dicho a Jovel: “No quisiera estar en tus
zapatos, ya me imagino lo que te espera, porque de que nos van a
pasar la factura nos la van a pasar. No me extrañaría
que traten de anular, de sacar de la jugada a Alejando Lara, aprovechando
su error”.
Se suponía que Pancho tenía que acompañar a
Jovel en el viaje a La Habana, pero el comandante le dijo que mejor
se dedicara a prepararle el viaje a Panamá y el encuentro
con el general Torrijos, después del cual regresaría
de inmediato a El Salvador. “Para el vuelo a Panamá
me apoyé en los sandinistas y cubanos”, relata Pancho,
“tenía la opción de mandar a traer el avión
bimotor que teníamos basificado en Costa Rica. Pero los compañeros
(sandinistas y cubanos) me convencieron que no prestaba condiciones
de seguridad, no estaba garantizado el mantenimiento ni la filiación
político ideológica del piloto”. Y agrega:
“Me ofrecieron los servicios de una empresa privada de aviones
que era financiada por los sandinistas, y la seguridad la daban
ellos mismos. Los compañeros cubanos, pertenecientes a la
Dirección de Tropas Especiales, verificarían que todo
funcionara bien”. Viajarían junto al comandante Jovel
tres personas: una joven radista llamada Anita (que por cierto era
hermana del mencionado Alejandro Lara), Augusto Coto, representante
de la RN en México, y el mismo Pancho. Saldrían de
Managua por la mañana, luego de que Jovel terminara otro
encuentro con los dirigentes sandinistas.
Jovel salió de esa reunión a las 8:30 a. m. y le habría
dicho a Pancho “Tendrás que quedarte. Acordé
con los compañeros (sandinistas) que ellos se encargarían
de comprar cuatro cayucos, dos furgones para preparar los embutidos
de armas, y un avión bimotor. Antes del mediodía tienes
que entregarles trescientos mil dólares”. Y quedaron
en que, cumplida esa misión, Pancho viajaría hacia
Panamá en un vuelo regular esa misma tarde. Se despidieron
en el aeropuerto a las 10 de la mañana de ese 17 de septiembre
de 1980.
A eso de la una de la tarde Pancho recibió una llamada telefónica
de su hombre en Panamá, comunicándole que el avión
de Jovel se había caído al mar. Pancho Inmediatamente
arregló su viaje para Panamá. El equipo de enlace
del general Torrijos con la Resistencia Nacional lo esperaba en
el aeropuerto.
“El avión entró a territorio panameño
en la región de Bocas del Toro, se reportó a torre
de control, minutos más tarde reportó avería
en un motor que luego se había detenido. A los cinco minutos
reportó fallas en el segundo motor. Tenían la costa
a la vista. Luego reportó que el segundo motor se había
parado… y no hubo más señales”, le informó
el teniente panameño Pipe Camargo.
Al día siguiente, muy temprano por la mañana,
Pancho fue conducido a la zona de Coclecito, desde donde el general
Torrijos dirigía personalmente el operativo de búsqueda
de la nave siniestrada y de sus pasajeros. El general le dijo a
Pancho que ya habían peinado intensivamente toda la zona
y que, prácticamente ya no había ninguna esperanza
de rescate ni del avión ni de los cuerpos.
De todas formas, Torrijos puso a las órdenes de Pancho un
avión para que verificara él mismo la situación.
Durante unas cuatro horas sobrevoló Pancho la zona del desastre
y comprobó que, en efecto, el mar se había tragado
a sus compañeros.
El precio del error
La RN asimiló el golpe con muchas dificultades y bajo la
presión de la inminente ofensiva militar que la insurgencia
preparaba para enero de 1981. Eso postergó el debate interno
sobre la muerte de Jovel, quien fue sustituido en el mando por Fermán
Cienfuegos.
Pasada la fallida ofensiva, el repliegue general y los reacomodos
estratégicos y tácticos de las fuerzas guerrilleras
en lo que en adelante serían sus zonas de retaguardia en
el campo, la RN se aprestó a realizar su Congreso de Delegados
casi un año después de la muerte de Jovel.
En una de las reuniones preparativas del cónclave, realizada
en Managua, uno de los comandantes acusó directamente a Pancho
de haber sido el autor intelectual del asesinato de Jovel y los
otros dos compañeros. “No puedo aceptar la versión
del accidente cuando hay evidencia de que, quien sabe con que mentiras,
Pancho convenció a Jovel, minutos antes de abordar el avión,
para quedarse en tierra y salvar su vida”.
El comandante acusador exigió la inmediata captura de Pancho,
para que fuera juzgado sumariamente, “para evitar que el día
de mañana se escape a Miami, en donde supongo que debe tener
depositados sus dos que tres millones de dólares”.
Otros comandantes se opusieron a esa medida extrema, pero finalmente
Pancho fue relevado de todas sus funciones y degradado de todos
sus cargos dirigenciales.
“En realidad el golpe iba dirigido contra Fermán Cienfuegos”,
relata Pancho, “pero al estar él solvente y contar
con el apoyo de la mayoría, desviaron el golpe hacia mí,
a quien consideraban su hombre de confianza, el que manejaba un
gran porcentaje del fondo millonario de guerra, quien controlaba
el flujo logístico, las relaciones internacionales, un cuadro
entrenado en inteligencia y contrainteligencia, amigo de Fidel Castro
y del general Torrijos, apreciado por los sandinistas y los cubanos…
el poder detrás del trono”.
Hasta aquí la versión que Pancho presentó de
los hechos. Los comentarios y acotaciones que sobre los mismos hizo
en su libro, tampoco van más allá en el sentido interpretativo.
Y como él mismo Pancho me recomendó, yo tenía
que buscar, más que el quién y el cómo, el
por qué de lo sucedido.
Ese por qué, evidentemente estaba escondido en el contexto
político del hecho.
Y el hombre que mejor conoció ese contexto, por haber sido
clave en su generación, era el mismo que había roto
“bajo su responsabilidad personal” la unidad revolucionaria:
Alejandro Lara.
Yo lo había conocido a finales de los setenta, cuando era
el máximo dirigente del Frente Amplio Popular Unificado,
FAPU, organismo de masas de la Resistencia Nacional. Y en 1981 nos
encontramos, aunque fugazmente, durante un trance en que se salvó
por un pelito de ser ejecutado por sus propios compañeros.
Después de ese incidente se retiró de la RN y de toda
actividad pública. Prácticamente desapareció
del mapa. Pero si yo quería proseguir esta investigación
periodística era preciso encontrarlo. Y en efecto, lo encontré
hace unos días y conversamos largamente sobre el asunto.
Su versión es sumamente reveladora.
Próxima entrega: La versión
de Alejandro Lara.
¿Accidente o asesinato?
La oscura muerte de un comandante insurgente (Segunda
Entrega)
¿Accidente o asesinato?
La oscura muerte de un comandante insurgente (Primera
Entrega)
|