
Cachiporristas: símbolo del sexismo
Las cachiporristas estuvieron, como siempre, presentes en el desfile del pasado 15 de septiembre. Provocaron admiración, sonrisas, una que otra mirada de envidia y otras de reprobación. Mientras muchas de ellas se esfuerzan desde inicio de año en una preparación que debe tener como resultado una coreografía original y amena, parte del sector académico de la población insiste en que son el reflejo de una sociedad sexista.
Lunes 17 de septiembre
de 2007
Georgina Vanegas
gvanegas@centroamerica21.com
“ Una cachiporrista debe ser esbelta”
“ Los ensayos para el desfile son diarios. Ensayamos desde las doce del medio día hasta la una de la tarde, a veces hasta las dos. Nos hemos preparado desde inicio del año”. Esta es parte de la preparación que Susana Escobar, de 18 años, recibe para desempeñarse como cachiporrista. El pasado 15 de septiembre representó al Instituto Francisco Menéndez (INFRAMEN) en el desfile con el que se conmemoró la independencia de El Salvador.
Susana sacrificó tiempo, descanso y horas de clase: “ A veces he tenido que faltar a mis clases y eso trae más sacrificio porque tenemos que estar buscando la manera de obtener las clases que no hemos recibido. También nos hemos tenido que desvelar para ensayar, hemos madrugado para ir a una presentación, y además los desfiles son cansadísimos”.
A esto hay que agregarle que Susana debe hacer un esfuerzo por mantenerse en buena forma, si no los coordinadores del evento se encargan de ponerla a dieta: “Usualmente le dicen a uno si necesita (ponerse a dieta). A quienes están muy delgadas les dicen que tienen que comer; y a las que están un poco gorditas, que tienen que rebajar. No tienen que estar ni muy delgadas, ni muy gordas. Una cachiporrista debe ser esbelta porque es lo que llama la atención. El traje es corto y es para lucirse”.
Para Susana, ser cachiporrista requiere de dedicación, talento y también de un buen desempeño académico y record impecable dentro de la institución educativa.
Sin embargo, para el sociólogo Roberto López, la cachiporrista cumple este rol solo en el ámbito del desfile: “El marco en el que la cachiporrista adquiere significado es el desfile. Si no hay desfile, deja de ser cachiporrista”.
Entre las bodas, el ballet y Garibaldi
Para José Manuel González, catedrático de historia del arte, la cachiporrista es más bien una bailarina: “Son bailarinas. Básicamente son porristas de baile, son “cheerleaders”. Ahora ya no importa tanto la rítmica que podría hacerse con el paso militar, (como antes) sino la realización de una coreografía pensada como baile. El mismo vestido se acopla a eso, como lo hace el de las bailarinas de ballet o el de las patinadoras sobre hielo”.
Esta vestimenta que acentúa las proporciones del cuerpo de las jóvenes cachiporristas se ubica, en El Salvador, con el surgimiento de las escuelas mixtas: “ Cuando aparecen las escuelas mixtas, los profesores y el ministerio de educación toman la decisión de poner porristas en el desfile, pero con uniforme militar. Acá se vieron chalecos, trajes de marinero y todos los posibles trajes de la milicia. Luego, las faldas se usaron cada vez más cortas. Eso se mantuvo hasta finales de los ochenta”, explica González.
“La estética de las revistas de bodas y de 15 años modificó esto, puesto que a finales de los 80 empieza a aparecer una marcada diferencia en el uniforme. Las profesoras (que son quienes eligen la vestimenta de las cachiporristas) comienzan a imitar a los grupos de farándula de la época, tipo Garibaldi. Luego, el vestuario de la cachiporrista empieza a asemejarse al de una bailarina de ballet”.
“ Últimamente con toda esta tendencia de grupos de baile y coreografías, las cachiporristas son bailarinas y la banda de paz se ha convertido casi en un grupo de farándula, y los trajes son pensados para concursar en eventos de coreografía”.
“ Yo lo veo muy sexista”
Pero la estética de este traje y el personaje que lo usa, la cachiporristas, genera más que sonrisas en los asistentes al desfile del día de Independencia. Esta figura ha sido tildada incluso de “sexista”, por parte de un sector académico de la población.
“ Yo lo veo muy sexista”, opina el filósofo José Ramón Catalán. “¿Qué hace la mujer? Lucir. ¿Una mujer no sabe hacer otra cosa que no sea lucir el cuerpo? Esto antes no se entendía y todavía no se entiende. Creo que esa figura va a desaparecer porque la sociedad va evolucionando y las mujeres tampoco están dispuestas a representar los papeles de adorno y de acompañamiento que han representado. Por eso cada vez son más discutidos los concursos de Miss Universo y todo eso”, apunta Catalán.
Por su parte, López opina que la imagen de cachiporrista que predomina es la de una mera distracción: “Ha sido una construcción social donde al parecer lo que se busca es que sean un punto de atracción, algo para mantener el interés y el ánimo en los desfiles”.
“La figura de esta muchacha, vestida de una forma llamativa, haciendo estos movimientos, sirve para darle un atractivo a algo bastante rígido, como es la banda de paz. Los que van en la banda no sonríen, son muy poco expresivos. Pero si uno gira la mirada a las cachiporristas siempre van sonriendo, muy alegres”.
El sociólogo llamó la atención sobre el trasfondo de este personaje. Para López, la cachiporrista está intentando transmitir un prototipo de mujer: atractiva, agradable, joven.
“Es un tipo de mujer al que las niñas más pequeñas podrían tomar como modelo o aspiración”, comenta. Además hace referencia a un fenómeno que ha venido observando a lo largo de los desfiles que ha presenciado: “Si aparece una cachiporrista más bajita o más gordita que las otras, la gente lo comenta. Cuando la gente critica es porque compara con un modelo de cachiporrista que se ha ido construyendo con el tiempo: mujeres delgadas, con bonitas piernas, que usen el pelo largo, que lo lleven suelto, morenas pero no tan morenas, que sonrían, que muestren agilidad, que dominen las botas que llevan puestas, que usen bien el bastón”.
El eterno femenino
Estas características podrían ser parte del “Mito del eterno femenino”, según Mauricio Gaborit y Mercedes Rodríguez, en la investigación titulada “Más allá de la invisibilidad: disparidad de género en El Salvador”.
Según este mito del hembrismo, la posesión más preciada de la mujer sería su cuerpo. Como consecuencia, ella entra en el mundo de la competencia no con el arma de su intelecto o moral, sino con la belleza de su cuerpo.
Es así que “El mito del eterno femenino enmascara también la exigencia social de que la mujer no cambie, de que siga siendo lo que es debido a que su ser más profundo y auténtico ya está dado en los rasgos predeterminados desde lo genético”, reza la investigación.
“Estos mitos que se van internalizando a través del proceso de la construcción de la femineidad son fortalecidos a través de diversos mensajes, costumbres y celebraciones sociales, los cuales llevan implícito el interés de mantener y perpetuar un orden social establecido”, concluye.
Parte de estas celebraciones es el desfile conmemorativo del día de independencia en El Salvador. En estos eventos, la participación de las instituciones educativas es esencial, con sus bandas de paz y sus cachiporristas.
El rendimiento académico importa
Una de las bandas más populares y destacadas es la del INFRAMEN, el más grande complejo de educación media en el país y uno de los más antiguos.
El subdirector, Heriberto Cortez, dice que el INFRAMEN participa en el desfile del día de Independencia “porque en el aula se les inculca a los jóvenes el sentimiento patrio que todos los salvadoreños debemos tener. Y porque es un momento para aflorar las destrezas físicas y corporales, y demostrar a propios y extraños que somos los mejores”.
Además, explica la presencia de las cachiporristas dentro de este desfile que recorrió las calles capitalinas el pasado 15 de septiembre: “Son una variedad de las manifestaciones juveniles. Son un símbolo de la belleza, juventud y pujanza del INFRAMEN. Son una proyección de que aquí tenemos respeto y admiración por una institución que es la primera en cuanto a educación media en el país”.
Cortez recalca que en una aspirante a cachiporrista no solo se observa su belleza a la hora de elegirla, sino su calidad académica e integridad personal: “Son requisitos la disciplina, la parte académica y el buen desempeño representando al INFRAMEN. (La cachiporrista) debe ser una persona integral, no debe dejar materias, y debe gozar de un respeto y admiración por parte de sus compañeros. No debe estar vinculada con problemas de disciplina internos ni externos. Si alguien no reúne estas condiciones, aunque fuera Miss Universo no podría estar ahí”.
El INFRAMEN, como los demás centros escolares, es responsable de la reproducción de patrones y estereotipos. Así lo afirma López: “En los procesos de socialización, las instituciones educativas son un elemento clave para reproducir ciertos patrones sociales y culturales”.
“Si las instituciones sociales se propusieran ir cambiando un poco ese esquema podrían hacerlo. Lo que pasa es que eso implicaría que lleguen a un acuerdo. Pero parece que ese acuerdo no le interesa a nadie. Parece que solo interesa apegarse al sistema establecido”.
¿Y los cachiporristos?
Por otra parte, Carmen Rodríguez y Evelyn Salgado, en su investigación “El proceso de socialización en la construcción de la identidad de género en el ámbito escolar” señalan algunas de las consecuencias del sexismo presente en el sistema educativo salvadoreño.
“(Los estereotipos sexistas) generan consecuencias negativas para las personas, hombres y mujeres, porque limitan sus posibilidades como individuos y les niegan determinados comportamientos, por ejemplo: “los varones no lloran” o “las señoritas no deben hablar así”, indicando que los individuos deben adoptar comportamientos específicos y diferenciados por el hecho de ser hombres y mujeres”, apuntan.
A estas observaciones hechas en la investigación se refiere precisamente el filósofo Ramón Catalán: “¿Por qué no salen bailando hombres? No se entiende por qué solo las mujeres lo hacen cuando los hombres también pueden hacerlo. ¡Pero no lo hacen! Los hombres van tocando un instrumento, y las mujeres siempre van como acompañamiento”.
Tanto el sociólogo López como el subdirector del INFRAMEN se refieren a esta figura, inexistente en El Salvador, como “el cachiporristo”. Para el sociólogo, incluir este equivalente masculino dentro del desfile del día de Independencia resultaría una innovación: “Sería un acto muy innovador, porque sería partir de algo que no se ha hecho en nuestra sociedad. En otras sociedades ya se practica. Pero esto implicaría ir construyendo poco a poco una nueva idea”.
Heriberto Cortez dice que en este momento no existe una convocatoria para “cachiporristos” en el INFRAMEN, pero que están abiertos a nuevas ideas. Sin embargo, advierte que ya no está en las manos de la institución “el que la sociedad tenga tintes machistas” que impidan que se generen dichas propuestas.
López se refiere a esta actitud, no solo de las instituciones educativas sino de la sociedad en general, como una falta de preparación para temáticas que aborden la perspectiva de género: “No estamos preparados; y tampoco estamos haciendo mucho para prepararnos. El proceso de socialización en nuestra sociedad no ha logrado cambiar esos esquemas culturales”.
“Todavía están muy arraigados en nuestra sociedad ese tipo de roles que diferencian a hombres de mujeres. Los cambios van llegando muy lentamente a nuestra sociedad. Por ejemplo, fue un proceso muy lento el que las mujeres jugaran fútbol, y cuando empezó a darse acá, mucha gente lo veía muy extraño, muchos lo rechazaron.
En este caso (el que solo haya mujeres cachiporristas) se da un esquema bastante rígido de asignación de roles que no se ha logrado alterar. Sería bueno cambiarlo, porque es un esquema bastante repetitivo, monótono, que le aporta muy poco a nuestra cultura. Pero debe tratarse desde la familia, los centros educativos e instancias del gobierno. Deberían ponerle más atención a estos aspectos; no verlos solo como algo de entretenimiento”. |