El fetiche
¿Por qué hay tanta recurrencia del zapato
femenino en “Mis pies son mis alas”, la exhibición
más reciente de Walterio Iraheta? “Yo tengo predilección
por el zapato de mujer, no para usarlo, sino para que lo use mi
pareja; para ponérselo, para quitárselo, me parece
una forma muy sensual, muy erótica”, confiesa el
artista, después de 4 años de trabajo en esta nueva
serie.
Sin embargo, Iraheta asegura que la presencia continua de este
tipo de calzado no fue planeada. Con frecuencia nos encontramos
con zapatos al estilo bota, tanto en las fotografías como
en las instalaciones. Tal es el caso de “Preludio 1”
y “Preludio 2”, fotografías donde las botas
blancas predominan en un fondo también blanco.
El artista dice que tampoco el recurrente
uso del color blanco se usó de forma deliberada y que,
viéndolo bien, era solo un efecto de su predilección
por este color: “Creo que el blanco es un color que da una
idea muy espiritual o emotiva”, comentó.
La colección, que se encuentra en exhibición abierta
al público en el Centro Cultural de España, desde
el 4 de septiembre, tiene otras piezas que delatan estas predilecciones
especiales del autor, como “Familia blanca”. Se trata
de una impresión fotográfica hecha en gelatina de
plata, que muestra un conjunto de 4 distintos zapatos que parecen
develar a los integrantes de una familia.
En “Preludio 3” nos encontramos con una instalación
que consta de un par de botines blancos, de mujer, que dejan leer
en la suela, desgastada por el uso, las letras “Made in
China”. De los zapatos se desprenden las agujetas, que se
extienden hasta el suelo hasta formar una maraña donde
no se distingue el final de los cordones, también blancos.
Lidia Iraheta
Una mujer inspiró desde muy pequeño a Iraheta: su
abuela, Lidia Iraheta: “Los zapatos que tengo muy presentes
en la mente son los de mi abuela. Eran de charol, negros. Eran
sus zapatos de salir. Desde pequeño tengo esa imagen de
los zapatos de salir de mi abuela. Durante 20 años nunca
los cambió. Siempre que iba a un evento de fiesta o algo
así, los llevaba. Ese par de zapatos es de los que más
estímulo me ha dado”.
No es la primera vez que Walterio
se inspira en su abuela para la creación de una obra. “El
lado olvidado del corazón”, muestra pictórica
que comenzó a trabajar en 1998, empezó con el fallecimiento
de su abuela. El patrón se repite en “Sellos postales”,
serie basada en las estampillas de la correspondencia de su abuela
y su familia.
Memoria histórica
Su abuela también lo une a otra temática abordada
en “Mis pies son mis alas”, el asesinato de Monseñor
Romero. El artista cuenta en su blog: “Recuerdo que mi abuela
seguía muy de cerca, a través de la radio, las noticias
del sepelio, cuando en plena transmisión se escucharon
los primeros disparos y los gritos de la multitud”.
Iraheta recuerda bien la anécdota: “Cuando se hizo
el sepelio de Monseñor Romero, frente a Catedral, habían
miles de feligreses congregados y el ejército había
puesto francotiradores en algunos edificios frente a Catedral.
Se armó una balacera y la gente huyó en estampida.
Al día siguiente, aparecieron en la prensa imágenes
fotográficas de lo que había quedado, y era eso,
la gente en la huida había dejado los zapatos. Muchos habían
muerto aplastados. Eso es quizás lo que más me ha
estimulado: tratar de reflexionar sobre ese tema y sobre otros
que es importante no olvidar”.
A partir de esta imagen, que Walterio presenció cuando
tenía 11 años de edad, nació la idea de la
pieza central de “Mis pies son mis alas”, auque aún
está por realizarse. “La pieza central de la serie,
que no está aquí, es La Montaña de Zapatos.
Es una pieza que pienso realizar en una instalación de
gran formato y en una acción “in situ” en el
lugar donde fue hecha”.
“In memorian” es quizás
una alegoría de eso, según el autor. Él precisa
que esta pieza es una “forma vertical” de la imagen
que estaba en el piso. Se trata de una composición de unas
30 impresiones fotográfica en gelatina sobre película
de orto. Todas penden de hilos sujetados al techo. Muestran zapatos
que pretenden decir que tienen vida propia, como es el concepto
de Iraheta. “Así como las personas tienen alma y
hay la creencia de que la fotografía captura el alma de
las personas, así aspiro a capturar el alma de los objetos,
y a la vez capturar el alma de la gente y poder decir algo a la
gente”, afirma.
Y es que para Walter, los zapatos en verdad dicen algo, cuentan
historias, verdaderas o ficticias. Cuando no tiene acceso a la
historia de un zapato, se la inventa, y cuando tiene la oportunidad
de conocerla, escarba en ella. De las últimas historias
que ha podido atesorar, una ocurrió hace poco, precisamente
el día de la inauguración de su exposición,
el 4 de septiembre.
“La noche de la inauguración de la exposición,
me encontré con una señora que, muy emocionada por
las imágenes que había visto y lo que había
leído alrededor de la exposición, me comentaba que
su madre acababa de fallecer. Ella tenía todas las pertenencias
en cajas y habían muchos zapatos que consideraba de mucho
valor sentimental y me los quería regalar”, relata
Iraheta.
Ejercicio arqueológico
Pero una de las historias que más le ha impactado, según
dice, fue la oportunidad de ser partícipe de una exhumación.
A finales de 2006 asistió como testigo invitado a una exhumación
de cadáveres del conflicto armado en Guatemala, en Baja
Verapaz.
“Nunca había trabajado
de cerca con antropólogos forenses. A pesar de que uno
tiene idea de lo que se trata todo ese proceso, cuando te das
cuenta del drama que viven los familiares es como el final de
un ciclo”.
“Quedé impactado porque no había tenido nunca
contacto directo con familiares de víctimas y sobre todo
en ese contexto maya en que se da. Rabinal es una ciudad indígena.
Participar de la ceremonia que hacen, y de ese reencuentro de
los familiares, fue una experiencia bien fuerte”, relata.
A partir de esta experiencia, comienza a trabajar una pieza más
dentro de la serie, denominaba “Encontrados”. Un recuadro
instalado en las paredes del Centro Cultural de España
da cuenta de lo observado por Walter: “A partir de esta
experiencia comienzo a trabajar fotografías “in situ”,
zapatos encontrados; después los llevo al estudio, en donde
luego de limpiarlos, los vuelvo a fotografiar, quizás como
un ejercicio de arqueología contemporánea inspirado
en el proceso que siguen los antropólogos forenses para
clasificar los objetos encontrados”.
La nostalgia
Pero todo este proceso comenzó con los propios zapatos
de Walterio. De niño, pasó los avatares económicos
que ponen en aprietos a una familia salvadoreña y soñaba
con llegar a su casa con muchas cajas de zapatos Convers All Star
de todos los colores. Sin embargo, tenía unos no tan vistosos,
pero que cumplían con las exigencias de durabilidad que
necesita el calzado.
Ahora, mientras calza un par de Convers
All Star, lo recuerda y no duda en llevarlos al conversatorio
de su propia obra. Relaciona su obra con la nostalgia, palabra
con la que dice definirla en resumen. “Si pudiera definir
en una sola palabra la serie, seria nostalgia: ese conjunto de
historias, que le dan sentido a la vida de ciertas personas”.
“Me evoca mucho la memoria, el olor a la suela de goma,
del cuero nuevo. ¿Quién no recuerda su primer par
de zapatos, o cuando vas a la escuela el primer día de
colegio, que vas a estrenar tus zapatos de colegio? Eso no se
olvida”, comenta.
“Autorretrato” es la pieza donde podría reflejarse
este sentimiento. Se trata de una instalación donde un
par de Convers descansan sobre la pared, envueltos en cinta adhesiva.
El autor dice que si tuviera que calzar un par de zapatos de la
exposición, sin duda serían esos: “No hay
uno que me quede, a excepción de los míos, los que
son el Autorretrato, los Convers. Esos elegiría, los Convers
verde limón”.
Esta exposición, que estará abierta hasta el 28
de septiembre, consta tan solo de un 10% de la obra total de Iraheta.
Contiene más piezas fotográficas, de video y de
objeto-instalación. Mucho de este material aún está
inédito o en proceso de fabricación. El autor sostiene
que buscará más espacios para exhibir su trabajo.
Esta es la primera vez que Walterio expone en forma individual
después de más de tres años, en El Salvador.
Y según dice es su oportunidad de recordar qué se
siente ser “el payaso de la fiesta”.
Anteriormente había expuesto
Kriptonita , obra que para Walterio es la más representativa
de sus trabajos anteriores: “Es una serie que también
exploré por varios años y que me permitió
hablar de temas como preferencias de género, religión,
valores culturales, étnicos. Lo hice con un sentido del
humor del que yo no soy capaz. No tengo un gran sentido del humor,
al menos no en mi manera de actuar. Esa serie me dejó sacar
algo que había en mí y me gustó. Abordé
temas bien serios desde una perspectiva relajada y con un buen
sentido del humor”.
Dentro de los proyectos futuros de Walterio está la continuación
de “Mis pies son mis alas”, finalizar los trabajos
que aún están a medias y buscar más espacios
de exhibición. Además, tiene en mente tocar otro
de los grandes fenómenos que trastocan la realidad salvadoreña
y latinoamericana: la migración: “Me interesa el
drama humano que significa la migración, los procesos sociales,
económicos y políticos que se generan”, comenta.
En este proyecto planea echar mano de los recursos necesarios,
“según la obra lo pida”. Afirma que a pesar
de venir de una escuela académica, no desprecia los recursos
tecnológicos e intenta conocerlos y sacarles provecho,
ya que bajo su perspectiva, el arte es el proceso de formulación
de la idea. Piensa además que en este concepto, El Salvador
ha avanzado: “(El arte conceptual) no está en picada.
La certeza de que el arte es la idea y no la habilidad manual
está más vigente que nunca. Sin embargo, me gusta
conocer los medios, manejarlos”.
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Walerio Iraheta (1968)
En 1997 fue becado por " The Chicago Cultural Center " para participar en un intercambio de artistas y un taller de grabado.
En 1992 fue nombrado " Talento Joven del Año " en El Salvador y en 1996 ganó el primer lugar del certamen nacional de pintura joven " Palmares Diplomat " de El Salvador. En 1998 obtuvo el primer premio "Tlahcuilo" en la primera bienal del Istmo Centroamericano. En 1999 ganó el premio único en el certamen-subasta de arte Latinoamericano " Juannio-99" en ciudad de Guatemala.
De 1993 a 1999, creó y dirigió el " Centro del Dibujo de El Salvador". Ha realizado más de 10 exhibiciones personales en El Salvador, Honduras, Guatemala y Estados Unidos. También ha participado en más de 50 exposiciones colectivas en ciudades de Centroamérica, México, D. F., Chicago, Miami y Washington, EE.UU; Madrid, España; París, Francia; Tokio, Japón; Taipei, Taiwán, y Ottawa y Montreal, Canadá, entre otras.
www.walterio.com
walteriolandshaft.blogspot.com
mispiessonmisalas-walterio.blogspot.com
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