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Basura detrás de la basura
Lunes 17 de septiembre de 2007
Geovani Galeas
ggaleas@centroamerica21.com
El jueves pasado, durante la plenaria legislativa, algunos de los padres de la patria ofrecieron un espectáculo lamentable: unos a otros se acusaron de corruptos y ladrones con medias palabras y alusiones pretendidamente veladas.
Todos los participantes en ese carnaval de acusaciones estuvieron a punto de llorar al sentir su “honor y buen nombre mancillados por la injuria y la calumnia”. Y se retaron mutuamente suministrar pruebas y nombres específicos. Pero aunque nadie suministro esos datos, tampoco nadie dejo de lanzar sugerencias viperinas contra el adversario.
A ningún salvadoreño le quedó claro quiénes de los que participaron en ese vulgar sainete son los acusadores ni quienes los acusados: todos jugaron el doble papel y ninguno quedó libre de sospecha.
En las encuestas, la Asamblea Legislativa aparece en penúltimo lugar en cuanto a la confianza que los salvadoreños tenemos en las instituciones, el último lugar le corresponde a los partidos políticos. La cuestión no merece comentarios explicativos.
El motivo de la más reciente trifulca verbal entre los padres de la patria fue la basura. Y fue basura degradada en estiércol retórico lo que se lanzaron unos a otros, saturando de ese nauseabundo olor el salón azul y todos y cada uno de los ocupantes de las curules.
Pero eso no es lo más grave. Lo realmente espantoso ocurrirá en las próximas semanas, si no es que en los próximos días, cuando aunque sea parcialmente se descubra el turbio negociado millonario que se oculta detrás de la basura y los basureros del país. Negociado en que, según todo parece indicar, una buena parte de los diputados, acusados y acusadores, se tienen las colas pateadas unos a otros.
En Centroamérica 21 tenemos informaciones y suficientes indicios razonables como para adelantar, sin temor a equivocarnos, que la olla de corrupción que está a punto de destaparse (la presión es tal que ese destape parece imparable e inminente) es de grandes proporciones, y que serán muy pocas las banderas partidarias que no resulten manchadas.
Lo desconcertante, aunque en realidad no debiera serlo, es que los que aparecen como más embarrados en este nuevo capítulo infame, son los que más hablan de moralidad, honor, consecuencia, rectitud, honradez, y otras palabras similares que en sus bocas se vuelven meras zarandajas.
En situación semejante, es imposible no recordar aquellas fuertes pero certeras palabras de Darío Fo, el dramaturgo italiano que obtuvo el premio Nobel: “Estos caminan con la cabeza erguida solo porque la mierda ya les llega hasta el cuello”.
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