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Polarización política, social e ideológica

 

Es innegable que existe una cierta polarización política en El Salvador, a cargo de los dos principales partidos políticos, ARENA desde el poder y el FMLN en la oposición. Se da por sentado de que toda la sociedad salvadoreña, o una parte significativa, participa del fenómeno, y a partir de allí se hacen cálculos electorales, se analiza el rumbo que puede seguir nuestro país y las posibles –y a veces desesperanzadas– opciones al modelo actual.


Lunes 17 de septiembre de 2007
Rafael Menjívar Ochoa, escritor salvadoreño
redaccion@centroamerica21.com


RAFAEL MENJÍVAR

Sin embargo, a nadie se le había ocurrido meterse en el estudio del tema, no al menos desde posiciones no polarizadas; siempre el análisis cedía el paso a la descalificación, la autoexaltación o la búsqueda de réditos políticos, como ha sido tradicional.

El año pasado, la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales y la Fundación Dr. Guillermo Manuel Ungo convocaron a un grupo plural de personajes vinculados a la vida política para que analizaran, cada quien desde su perspectiva profesional, ideológica o académica, el problema de la polarización, y el resultado fue un importante libro publicado por ambas instituciones, bajo el título de La polarización política en El Salvador. Los participantes fueron Álvaro Artiga, Rubén Zamora, Gloria Salguero Gross, Hugo Martínez, Carlos Dada, Roberto Turcios y David Escobar Galindo.

Las preguntas obvias que surgen de un tema así son si tal polarización existe –es claro que sí–, y en qué términos. Más allá de las diferencias de enfoque, resulta sintomático que todos los participantes hayan llegado a la misma conclusión: en El Salvador no existe una polarización ideológica en el nivel social –los salvadoreños no se encuentran divididos por dos o más ideologías–; ésta se da en el plano de los partidos políticos: son los partidos los que plantean una polarización ideológica excluyente, pero sólo una parte de la población es partícipe de ella.

Según el ensayo de Álvaro Artiga, que de algún modo resume lo expuesto por los otros ponentes, la ubicación de los salvadoreños en “izquierda”, “centro” y “derecha” no implica necesariamente una posición ideológica, la aceptación de los postulados de los partidos, sino aspectos mucho más simples, y a la vez más significativos.

Muchos electores se declaran “de derecha” porque votaron por ARENA, pero no poseen una ideología acorde con su voto; lo que ocurre es que ven en la derecha un proyecto viable que no encuentran en la izquierda. Otros se declaran “de izquierda” porque votan por el FMLN, y lo que hay en ellos es un sentimiento “antisistema” o la percepción de que “las cosas deben cambiar”.

Lo más interesante es que la mayor parte de los salvadoreños, según encuestas, se plantean a sí mismos como “de centro”, pero las opciones centristas cada vez han obtenido una menor cantidad de votación, hasta el extremo de que se ha producido su desaparición legal, evitada mediante maniobras emanadas de los polos. Esta gente “de centro”, aunque encuentra opciones en esa zona del espectro político, también ve la imposibilidad de que los partidos “moderados” ganen las elecciones, y prefieren hacer valer su voto eligiendo a alguna de las fuerzas polares.

Hace falta mucho más que una columna para analizar el libro, y lo recomendable es leerlo y sacar conclusiones propias. Sin embargo, hay un aspecto importante que debe señalarse: pese a que el libro se elaboró hace unos cuantos meses, el rígido panorama planteado en los ensayos se ha modificado de manera clara, y tiende a modificarse aún más.

Habrá muchas explicaciones posibles, como las discusiones –por fin abiertas, por fin amplias– que se han dado a partir de las posibles candidaturas presidenciales del FMLN y de otras fuerzas para el 2009. Y estas discusiones, así como una buena parte de las decisiones y acciones políticas de los últimos meses, tienen que ver a su vez, en parte, con las tesis planteadas en el libro. Varios de los ponentes son gente dedicada a la política, o que influye en ella, y el hecho de reflexionar sobre ese fenómeno que ha llevado a un largo impasse significa la necesidad de traducir el pensamiento en acción.

Ése es un factor que los partidos polares han relegado en los últimos años: la generación de pensamiento propio, no sólo reactivo. Pensar parece haberse convertido, en sus libretos particulares, en una forma de perder el tiempo. Pero aquí hay un libro que los desmiente, un solo libro, un simple libro, en el cual gente harto diferente se reúne para confrontar ideas y buscar coincidencias; las diferencias son obvias, y no harán mejor al país, ni peores a los contrincantes.

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