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Irma Lanzas, compartió su vida con el escritor Waldo Chávez Velasco, fallecido en 2005. Se conocieron cuando ella tenía 15 años y estudiaba en la Normal España, a partir de entonces recorrieron el mundo y la vida juntos.

Las memorias comprometidas de Irma Lanzas


La Generación Comprometida nació gracias al romance de Irma Lanzas con Waldo Chávez Velasco; las reuniones de estos literatos casi terminan debido a las decisiones de una directora de internado de niñas; y Álvaro Menén Desleal entabló una guerra literaria con Chávez Velasco en los 50.

Irma Lanzas recuerda estas y otras anécdotas que marcaron su paso por la literatura. Habla sobre su participación en aquella agrupación de jóvenes literatos que tenían un compromiso común: escribir bien.


Lunes 17 de septiembre de 2007
Georgina Vanegas
gvanegas@centroamerica21.com

 

“Lo primero que vi fueron los grandes ojos de un muchacho encantador, con su voz suave. Solo vi eso. No sé ni qué hablamos. Parecía que había caído en un montón de leche. Todo se me desvaneció, y por lo visto a él también. Era Waldo Chávez Velasco”. Así recuerda Irma Lanzas la primera vez que vio al que sería su compañero durante casi sesenta años, desde que tenían 15 años.

Comprometidos con las letras y con el amor


Ella era interna de la Escuela Normal España. Él, estudiante del colegio Francisco Gavidia. Ese día Waldo Chávez había ido de visita a la Normal España para promocionar Alma Joven, el periódico del colegio, con las alumnas del complejo educativo.

“La directora les dijo: los voy a poner en contacto con la directora de la revista. Son los intelectuales de aquí, ustedes son los de su colegio, se entienden. Ahí se ponen de acuerdo”.

Entonces comenzaron las cartas que iban y venían de un colegio a otro. Como Irma no podía salir más que una vez al mes, el joven Waldo se las ingenió para verla dentro de la Normal España, pero no de manera ilícita, sino bajo la autorización de la dirección escolar. Fundó, junto con otros amantes de la literatura, el Cenáculo de Iniciación Literaria, que daría origen a la Generación Comprometida del 50.

“Entonces Ítalo López Vallecillos estaba en el Instituto Nacional, Álvaro Menén Desleal era cadete de la Escuela Militar, Eugenio Martínez Orantes y Orlando Fresedo eran compañeros de Waldo en el colegio y Mauricio de la Selva estaba en el García Flamenco. Esos jovencitos se juntaron y fueron donde la directora de la Normal España para pedirle que mi escuela fuera parte del Cenáculo. Entonces la directora dijo que sí, pero que las reuniones se harían ahí una vez por semana. ¡Y ellos bien felices!”.

Sin embargo, lo que comenzó con un romance de adolescentes dio pie a una generación de jóvenes que se juntaba con un compromiso común, según Lanzas: “Escribir bien”.

Como recuerdo de esa época, Lanzas publicó hasta 2001 una colección que contiene poemas de los años de la generación comprometida. Están en “Canción de Hierba”. De esta colección se desprende “No me presientas leve”, poema que dice, la describe: “No me presientas leve y delicada/como la paz astral del universo/que hoy está la locura de mi verso/irremediablemente desatada”, recuerda Irma la primera estrofa del poema.

Pero ¿por qué publicarlos hasta 2001? “Porque nunca se me ocurrió antes. Como ya se habían publicado en el periódico, para mí ya estaban publicados,” cuenta y se ríe. Después, ante la insistencia de figuras de la poesía joven actual, Irma accedió a publicar sus poemas. Estos le traen memorias de tiempos pasados, como la vez en que las reuniones de la Generación Comprometida quedaron suspendidas por unos meses.

El Cenáculo se paraliza

Irma Lanzas es una de las fundadoras de la Generación Comprometida de 1950, una generación de jóvenes que se juntaba con un compromiso común: “Escribir bien”.

No fue debido a pleitos ni a crisis política, sino a un par de cartas de amor: “Cada una de las alumnas de la Normal España teníamos un cofre donde guardábamos nuestras cosas. Un día nos pidieron las llaves del baúl. No sé qué estaban requisando. Yo tenía un rimero de cartas y poemas de Waldo Chávez Velasco y de otros de la misma generación comprometida, muy veladas porque le tenían miedo a Waldo. Pero cuando se podía, ahí iba un disparo poético.

Cuando hallaron el montón de cartas se dieron el gusto de leerlas todas y dijeron “estamos promoviendo estos romances aquí”. Así que me llamaron a la dirección. Me dijeron que había traicionado la confianza que me habían depositado, como si hubiera hecho un crimen tremendo, y suspendieron las reuniones del Cenáculo.

A las alumnas externas les prohibieron traer mensajes de ningún tipo a las internas. Entonces teníamos una compañera que se ponía las cartas en los zapatos porque la registraban. Se llamaba Doris. Todavía la veo de vez en cuando y le digo: “Mi correo viene aquí”.

Después de unos meses, cambiaron a la directora y pusieron a Doña Antonia Portillo de Galindo. Ella reabrió el Cenáculo. Sabía que éramos novios. Pero lo abrió. Ella nos ayudaba para organizar conferencias cuando veían los grandes escritores del momento”.

“¡Yo nunca me robé un libro!”

Así Irma continúo con su formación literaria, con las pláticas y las discusiones interminables que luego la encaminarían a los autores a los que siempre regresa: Miguel de Cervantes, Dante Alighieri, T.S Eliot. Desde joven, perteneció a esa generación “enamorada de la literatura”, según cuenta. Los de la Generación Comprometida hacían cualquier cosa con tal de leer, hasta robaban libros.

El escritor salvadoreño Rafael Menjívar Ochoa ha dejado constancia de esta anécdota en su sitio web Tribulaciones y Asteriscos. Ahí cuenta que en los años 50 se fundó la Dirección de Bibliotecas Ambulantes. Los encargados eran la madre de Menjívar Ochoa y José Rodríguez, quien tiempo después sería el novio de la abuela de Menjívar. “Entre semana tenían un local, una biblioteca pública, por allí por el parque Centenario, creo. Y allí llegaban ciertos chavos de entre 15 y 20 años a pedir prestados libros y a leer. Entre ellos estaban Irma Lanzas, Orlando Fresedo, Ricardo Bogrand, Eugenio Martínez Orantes, Ítalo López Vallecillos, y en las últimas épocas Roque Dalton, el menor”, cuenta el escritor.

“Llegaban los poetas del Círculo de Iniciación Literaria y se ponían a ver libros. A veces le tocaba a Fresedo, a veces a Dalton, enamorar a mi mamá, mientras los demás se robaban los libros. Mi madre será lo que sea, pero no le van a robar nada, así tenga enfrente al Gregory Peck de esa época, así que se iba con don Chepe Rodríguez y le decía:

–Los muchachos se están robando los libros. ¿Qué hago?

–Que se los lleven. Para eso son.

Y listo, se los llevaban”.

Irma Lanzas se carcajea al recordar la anécdota y en seguida agrega: “¡Pero yo nunca me robé un libro!”. Deja de lado el detalle del robo de los adolescentes y comenta: “Éramos ávidos para leer, y tomábamos los libros de donde fuera. Amábamos los libros. A lo mejor esos eran los que comentábamos en las reuniones del Cenáculo. Éramos jóvenes enamorados de la literatura”, relata Irma.
Pero además de estar enamorada de la literatura, lo estaba de Waldo Chávez. La correspondencia entre los jóvenes literatos no se limitaba a cartas, era pública. Se dedicaban poemas en Alma Joven:

“Recuerdo que en una publicación salía el (poema) de Waldo y en la otra, uno con mi contestación (y viceversa). Todo el tiempo se vendían increíblemente porque anunciaban lo que pasaba. El vendedor decía: “¡Alma joven! ¡Alma joven! ¡Con la contestación de Waldo Chávez Velasco a Irma Lanzas!”. Era como las novelas románticas de la época, algo increíble”.

Es doctora en filosofía y letras, estudió en prestigiosas universidades de Italia, Estados Unidos y España, posteriormente estudió teología. Es poeta, su obra está publicada en los libros “Canción de Hierba”. “Los ojos de la cierva”, “Cantares”, “Torres y Cielo”.

La guerra literaria

Con el tiempo, Irma y Waldo ya no se comunicaban solo por medio de estos recursos. Lanzas salió de bachiller y trabajaba como maestra. Entonces Waldo Chávez podía visitarla en casa, con toda comodidad. Pero durante un tiempo, no fue el único en visitarla, también lo hacía Álvaro Menén Desleal.

“De repente Álvaro Menen Desleal llegaba a visitarme. No tenía por qué. Yo era muy amigable con todos pero mi novio era Waldo. En mi casa había un árbol de San Andrés, y uno de guindas. Un día apareció publicado en el periódico “El San Andrés Florecido”, un poema que Álvaro hizo al árbol de mi casa. Waldo estaba tan furioso que publicó “La guinda del patio”, un poema al otro árbol, como para desquitarse.

Todo el mundo ya sabía de qué se trataba y donde vivía yo. Al final de los años fueron de los mejores amigos y Waldo ayudó mucho en el entierro de Menén Desleal. Pero eso hizo reír a los entendidos y enterados del momento”.

“¿Dios mío, ¿dónde estoy?”: Italia

Irma Lanzas y Waldo Chávez se casaron en 1957, en Italia. Tuvieron 3 hijos. De su vida en Italia, Irma recuerda los paseos por las ciudades, las visitas a los museos y también la pobreza en que vivían: “Cuando éramos estudiantes éramos muy pobres. Era época de post guerra, Italia aún no se levantaba. Pero eso me sirvió mucho y además éramos muy unidos y muy felices en nuestro matrimonio. Andábamos juntos por todos lados. Había días en que podíamos comer un poquito más, otros solo un pan con algo, pero la oportunidad que había en el aspecto cultural era impresionante”.

En ese ambiente, Irma aprendió italiano, no sin dificultad. A pesar de estar estudiando el idioma, a veces no entendía nada. Todos hablaban en dialecto: “Vivía en Bolonia y estudiaba italiano. Pero cuando salía a las calles e iba a las tiendas, ellos hablaban en dialecto. Las primeras veces no entendía nada; decía: “Dios mío, ¿dónde estoy? ¿Por qué esta gente habla de un modo y a mí en la universidad me están enseñando otra cosa?” Hablaban italiano y también en dialecto, así que empecé a distinguirlos y ya no me volví a confundir más”, comenta, entre risas.

Para Irma estas experiencias también la fortalecieron como escritora. Lanzas dice que hay dos obstáculos para cualquier escritor: la falta de apoyo y el mismo escritor: “Hay tanto talento joven y no hay una política de verdad en este gobierno, no hay una política para el apoyo del arte”, comenta.

Con respecto al obstáculo que el escritor se impone, Lanzas dice “recordemos cuánto escritor ha vivido en condiciones similares y han salido adelante. Pero si tiene empuje y es bueno, va a llegar un momento en que va a vivir de eso, como le ha pasado a los grandes escritores, a esos novelistas que están ganando millones y eran muy pobres. Si no que te cuente Gabo. Hace referencia a Gabriel García Márquez, quien ha sido denominado como “el escritor más maniático, el de costumbres más raras a la hora de sentarse a escribir”, según el libro Cuando llegan las musas.

Escritora de las tardes

La publicación afirma que García Márquez necesita estar en una habitación con temperatura templada y debe tener una flor amarilla en su mesa. Además, acostumbra estar descalzo.

Lanzas también tiene sus propias costumbres. Se autodenomina una escritora “de las tardes”: “Soy escritora de las tardes. Después de las tres de la tarde hasta llegar la noche empieza el deseo de ponerme a escribir. La creatividad llega cuando uno se sienta y empieza a escribir. A veces en la noche sale un poema entero y tengo que levantarme para seguir escribiendo y terminarlo”.

A eso dedica las tardes en que no está trabajando. Desde hace 25 años es la directora de la fundación Renacer en El Salvador, filial de RENEW International, con sede en Nueva Jersey. Es una institución dedicada a la misión evangelizadora. En ella, Irma Lanzas pone en práctica la disciplina que más ha disfrutado de las que ha estudiado: la teología. Dedica gran parte de su tiempo a las actividades que como directora le demanda RENACER.

Lo que no conté sobre los presidentes militares

Uno de los proyectos en los que estuvo recientemente involucrada fue en la corrección de la obra póstuma de su marido, fallecido en julio de 2005: “Lo que no conté sobre los presidentes militares”. Se trata de un conjunto de anécdotas en las que Waldo Chávez Velasco deja constancia de su tiempo como asesor de varios gobiernos militares en El Salvador.

“Para el ambiente de aquí, el recibimiento del libro fue increíblemente bueno”, comenta Irma. “La primera edición se agotó un mes después de la publicación, y la segunda ya se agotó y no ha pasado ni un año de la publicación. Fue una acogida muy buena e insólita porque en este país se vende un poco al inicio y luego se acabó”.

En estos momentos escribe una compilación sobre su modo de vida luego de 1972, fecha que, según cuenta, estuvo marcada por un reencuentro con Dios. “Estoy escribiendo mi historia de lo que pasó en 1972 hasta el momento, que es mi segunda etapa de vida. Trabajo sobre lo qué significó leer los evangelios. Tenía una ignorancia tan increíble que da risa”, comenta, y se ríe.


Irma Lanzas: Nació en Cojutepeque, el 7 de Agosto de 1933. Se ha desempeñado como maestra y escritora. Se graduó de maestra en la Escuela Normal España y se especializó en Ciencias de la Educación.
Es una de las fundadoras de la Generación Comprometida de 1950.
En 1956 partió a Europa. En la Universidad de Bolonia, Italia, obtuvo el Doctorado en Filosofía y Letras. Años más tarde se graduó en Teología en la Universidad de Saint John de Nueva York. Hizo estudios de post-grado en las Universidades de Madrid y La Sorbona de París.
Vivió en España, Austria, Alemania, Inglaterra, Francia, México y USA. Fue la fundadora y primera directora de la Televisión Educativa del Ministerio de Educación de El Salvador.
Desde hace 25 años es directora de la Oficina Nacional de RENACER en El Salvador, filial de RENEW International, con sede en Nueva Jersey.
Obra poética: “Canción de Hierba”. “Los ojos de la cierva”, “Cantares”, “Torres y Cielo”.


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