Irma
Lanzas, compartió su vida con el escritor Waldo Chávez
Velasco, fallecido en 2005. Se conocieron cuando ella tenía
15 años y estudiaba en la Normal España, a partir
de entonces recorrieron el mundo y la vida juntos.
Las memorias comprometidas de Irma Lanzas
La Generación Comprometida nació
gracias al romance de Irma Lanzas con Waldo Chávez Velasco;
las reuniones de estos literatos casi terminan debido a las decisiones
de una directora de internado de niñas; y Álvaro
Menén Desleal entabló una guerra literaria con Chávez
Velasco en los 50.
Irma Lanzas recuerda estas y otras anécdotas que marcaron
su paso por la literatura. Habla sobre su participación
en aquella agrupación de jóvenes literatos que tenían
un compromiso común: escribir bien.
“Lo primero que vi fueron los
grandes ojos de un muchacho encantador, con su voz suave. Solo
vi eso. No sé ni qué hablamos. Parecía que
había caído en un montón de leche. Todo se
me desvaneció, y por lo visto a él también.
Era Waldo Chávez Velasco”. Así recuerda Irma
Lanzas la primera vez que vio al que sería su compañero
durante casi sesenta años, desde que tenían 15 años.
Comprometidos con las letras y con el amor
Ella era interna de la Escuela Normal España. Él,
estudiante del colegio Francisco Gavidia. Ese día Waldo
Chávez había ido de visita a la Normal España
para promocionar Alma Joven, el periódico del colegio,
con las alumnas del complejo educativo.
“La directora les dijo: los voy a poner en contacto con
la directora de la revista. Son los intelectuales de aquí,
ustedes son los de su colegio, se entienden. Ahí se ponen
de acuerdo”.
Entonces comenzaron las cartas que iban y venían de un
colegio a otro. Como Irma no podía salir más que
una vez al mes, el joven Waldo se las ingenió para verla
dentro de la Normal España, pero no de manera ilícita,
sino bajo la autorización de la dirección escolar.
Fundó, junto con otros amantes de la literatura, el Cenáculo
de Iniciación Literaria, que daría origen a la Generación
Comprometida del 50.
“Entonces Ítalo López Vallecillos estaba en
el Instituto Nacional, Álvaro Menén Desleal era
cadete de la Escuela Militar, Eugenio Martínez Orantes
y Orlando Fresedo eran compañeros de Waldo en el colegio
y Mauricio de la Selva estaba en el García Flamenco. Esos
jovencitos se juntaron y fueron donde la directora de la Normal
España para pedirle que mi escuela fuera parte del Cenáculo.
Entonces la directora dijo que sí, pero que las reuniones
se harían ahí una vez por semana. ¡Y ellos
bien felices!”.
Sin embargo, lo que comenzó con un romance de adolescentes
dio pie a una generación de jóvenes que se juntaba
con un compromiso común, según Lanzas: “Escribir
bien”.
Como recuerdo de esa época, Lanzas publicó hasta
2001 una colección que contiene poemas de los años
de la generación comprometida. Están en “Canción
de Hierba”. De esta colección se desprende “No
me presientas leve”, poema que dice, la describe: “No
me presientas leve y delicada/como la paz astral del universo/que
hoy está la locura de mi verso/irremediablemente desatada”,
recuerda Irma la primera estrofa del poema.
Pero ¿por qué publicarlos hasta 2001? “Porque
nunca se me ocurrió antes. Como ya se habían publicado
en el periódico, para mí ya estaban publicados,”
cuenta y se ríe. Después, ante la insistencia de
figuras de la poesía joven actual, Irma accedió
a publicar sus poemas. Estos le traen memorias de tiempos pasados,
como la vez en que las reuniones de la Generación Comprometida
quedaron suspendidas por unos meses.
El Cenáculo se paraliza
Irma
Lanzas es una de las fundadoras de la Generación
Comprometida de 1950, una generación de jóvenes
que se juntaba con un compromiso común: “Escribir
bien”.
No fue debido a pleitos ni a crisis
política, sino a un par de cartas de amor: “Cada
una de las alumnas de la Normal España teníamos
un cofre donde guardábamos nuestras cosas. Un día
nos pidieron las llaves del baúl. No sé qué
estaban requisando. Yo tenía un rimero de cartas y poemas
de Waldo Chávez Velasco y de otros de la misma generación
comprometida, muy veladas porque le tenían miedo a Waldo.
Pero cuando se podía, ahí iba un disparo poético.
Cuando hallaron el montón de cartas se dieron el gusto
de leerlas todas y dijeron “estamos promoviendo estos romances
aquí”. Así que me llamaron a la dirección.
Me dijeron que había traicionado la confianza que me habían
depositado, como si hubiera hecho un crimen tremendo, y suspendieron
las reuniones del Cenáculo.
A las alumnas externas les prohibieron traer mensajes de ningún
tipo a las internas. Entonces teníamos una compañera
que se ponía las cartas en los zapatos porque la registraban.
Se llamaba Doris. Todavía la veo de vez en cuando y le
digo: “Mi correo viene aquí”.
Después de unos meses, cambiaron a la directora y pusieron
a Doña Antonia Portillo de Galindo. Ella reabrió
el Cenáculo. Sabía que éramos novios. Pero
lo abrió. Ella nos ayudaba para organizar conferencias
cuando veían los grandes escritores del momento”.
“¡Yo nunca me robé un libro!”
Así Irma continúo con su formación literaria,
con las pláticas y las discusiones interminables que luego
la encaminarían a los autores a los que siempre regresa:
Miguel de Cervantes, Dante Alighieri, T.S Eliot. Desde joven,
perteneció a esa generación “enamorada de
la literatura”, según cuenta. Los de la Generación
Comprometida hacían cualquier cosa con tal de leer, hasta
robaban libros.
El escritor salvadoreño Rafael Menjívar Ochoa ha
dejado constancia de esta anécdota en su sitio web Tribulaciones
y Asteriscos. Ahí cuenta que en los años 50 se fundó
la Dirección de Bibliotecas Ambulantes. Los encargados
eran la madre de Menjívar Ochoa y José Rodríguez,
quien tiempo después sería el novio de la abuela
de Menjívar. “Entre semana tenían un local,
una biblioteca pública, por allí por el parque Centenario,
creo. Y allí llegaban ciertos chavos de entre 15 y 20 años
a pedir prestados libros y a leer. Entre ellos estaban Irma Lanzas,
Orlando Fresedo, Ricardo Bogrand, Eugenio Martínez Orantes,
Ítalo López Vallecillos, y en las últimas
épocas Roque Dalton, el menor”, cuenta el escritor.
“Llegaban los poetas del Círculo de Iniciación
Literaria y se ponían a ver libros. A veces le tocaba a
Fresedo, a veces a Dalton, enamorar a mi mamá, mientras
los demás se robaban los libros. Mi madre será lo
que sea, pero no le van a robar nada, así tenga enfrente
al Gregory Peck de esa época, así que se iba con
don Chepe Rodríguez y le decía:
–Los muchachos se están robando los libros. ¿Qué
hago?
–Que se los lleven. Para eso son.
Y listo, se los llevaban”.
Irma Lanzas se carcajea al recordar la anécdota y en seguida
agrega: “¡Pero yo nunca me robé un libro!”.
Deja de lado el detalle del robo de los adolescentes y comenta:
“Éramos ávidos para leer, y tomábamos
los libros de donde fuera. Amábamos los libros. A lo mejor
esos eran los que comentábamos en las reuniones del Cenáculo.
Éramos jóvenes enamorados de la literatura”,
relata Irma.
Pero además de estar enamorada de la literatura, lo estaba
de Waldo Chávez. La correspondencia entre los jóvenes
literatos no se limitaba a cartas, era pública. Se dedicaban
poemas en Alma Joven:
“Recuerdo que en una publicación salía el
(poema) de Waldo y en la otra, uno con mi contestación
(y viceversa). Todo el tiempo se vendían increíblemente
porque anunciaban lo que pasaba. El vendedor decía: “¡Alma
joven! ¡Alma joven! ¡Con la contestación de
Waldo Chávez Velasco a Irma Lanzas!”. Era como las
novelas románticas de la época, algo increíble”.
Es
doctora en filosofía y letras, estudió en
prestigiosas universidades de Italia, Estados Unidos y España,
posteriormente estudió teología. Es poeta,
su obra está publicada en los libros “Canción
de Hierba”. “Los ojos de la cierva”, “Cantares”,
“Torres y Cielo”.
La guerra literaria
Con el tiempo, Irma y Waldo ya no se comunicaban solo
por medio de estos recursos. Lanzas salió de bachiller
y trabajaba como maestra. Entonces Waldo Chávez podía
visitarla en casa, con toda comodidad. Pero durante un tiempo,
no fue el único en visitarla, también lo hacía
Álvaro Menén Desleal.
“De repente Álvaro Menen Desleal llegaba a visitarme.
No tenía por qué. Yo era muy amigable con todos
pero mi novio era Waldo. En mi casa había un árbol
de San Andrés, y uno de guindas. Un día apareció
publicado en el periódico “El San Andrés Florecido”,
un poema que Álvaro hizo al árbol de mi casa. Waldo
estaba tan furioso que publicó “La guinda del patio”,
un poema al otro árbol, como para desquitarse.
Todo el mundo ya sabía de qué se trataba y donde
vivía yo. Al final de los años fueron de los mejores
amigos y Waldo ayudó mucho en el entierro de Menén
Desleal. Pero eso hizo reír a los entendidos y enterados
del momento”.
“¿Dios mío, ¿dónde estoy?”:
Italia
Irma Lanzas y Waldo Chávez se casaron en 1957, en Italia.
Tuvieron 3 hijos. De su vida en Italia, Irma recuerda los paseos
por las ciudades, las visitas a los museos y también la
pobreza en que vivían: “Cuando éramos estudiantes
éramos muy pobres. Era época de post guerra, Italia
aún no se levantaba. Pero eso me sirvió mucho y
además éramos muy unidos y muy felices en nuestro
matrimonio. Andábamos juntos por todos lados. Había
días en que podíamos comer un poquito más,
otros solo un pan con algo, pero la oportunidad que había
en el aspecto cultural era impresionante”.
En ese ambiente, Irma aprendió italiano, no sin dificultad.
A pesar de estar estudiando el idioma, a veces no entendía
nada. Todos hablaban en dialecto: “Vivía en Bolonia
y estudiaba italiano. Pero cuando salía a las calles e
iba a las tiendas, ellos hablaban en dialecto. Las primeras veces
no entendía nada; decía: “Dios mío,
¿dónde estoy? ¿Por qué esta gente
habla de un modo y a mí en la universidad me están
enseñando otra cosa?” Hablaban italiano y también
en dialecto, así que empecé a distinguirlos y ya
no me volví a confundir más”, comenta, entre
risas.
Para Irma estas experiencias también la fortalecieron como
escritora. Lanzas dice que hay dos obstáculos para cualquier
escritor: la falta de apoyo y el mismo escritor: “Hay tanto
talento joven y no hay una política de verdad en este gobierno,
no hay una política para el apoyo del arte”, comenta.
Con respecto al obstáculo que el escritor se impone, Lanzas
dice “recordemos cuánto escritor ha vivido en condiciones
similares y han salido adelante. Pero si tiene empuje y es bueno,
va a llegar un momento en que va a vivir de eso, como le ha pasado
a los grandes escritores, a esos novelistas que están ganando
millones y eran muy pobres. Si no que te cuente Gabo. Hace referencia
a Gabriel García Márquez, quien ha sido denominado
como “el escritor más maniático, el de costumbres
más raras a la hora de sentarse a escribir”, según
el libro Cuando llegan las musas.
Escritora de las tardes
La publicación afirma que García Márquez
necesita estar en una habitación con temperatura templada
y debe tener una flor amarilla en su mesa. Además, acostumbra
estar descalzo.
Lanzas también tiene sus propias costumbres. Se autodenomina
una escritora “de las tardes”: “Soy escritora
de las tardes. Después de las tres de la tarde hasta llegar
la noche empieza el deseo de ponerme a escribir. La creatividad
llega cuando uno se sienta y empieza a escribir. A veces en la
noche sale un poema entero y tengo que levantarme para seguir
escribiendo y terminarlo”.
A eso dedica las tardes en que no está trabajando. Desde
hace 25 años es la directora de la fundación Renacer
en El Salvador, filial de RENEW International, con sede en Nueva
Jersey. Es una institución dedicada a la misión
evangelizadora. En ella, Irma Lanzas pone en práctica la
disciplina que más ha disfrutado de las que ha estudiado:
la teología. Dedica gran parte de su tiempo a las actividades
que como directora le demanda RENACER.
Lo que no conté sobre los presidentes militares
Uno de los proyectos en los que estuvo recientemente involucrada
fue en la corrección de la obra póstuma de su marido,
fallecido en julio de 2005: “Lo que no conté sobre
los presidentes militares”. Se trata de un conjunto de anécdotas
en las que Waldo Chávez Velasco deja constancia de su tiempo
como asesor de varios gobiernos militares en El Salvador.
“Para el ambiente de aquí, el recibimiento del libro
fue increíblemente bueno”, comenta Irma. “La
primera edición se agotó un mes después de
la publicación, y la segunda ya se agotó y no ha
pasado ni un año de la publicación. Fue una acogida
muy buena e insólita porque en este país se vende
un poco al inicio y luego se acabó”.
En estos momentos escribe una compilación sobre su modo
de vida luego de 1972, fecha que, según cuenta, estuvo
marcada por un reencuentro con Dios. “Estoy escribiendo
mi historia de lo que pasó en 1972 hasta el momento, que
es mi segunda etapa de vida. Trabajo sobre lo qué significó
leer los evangelios. Tenía una ignorancia tan increíble
que da risa”, comenta, y se ríe.
Irma Lanzas: Nació en Cojutepeque, el 7 de Agosto de 1933. Se ha desempeñado como maestra y escritora. Se graduó de maestra en la Escuela Normal España y se especializó en Ciencias de la Educación.
Es una de las fundadoras de la Generación Comprometida de 1950.
En 1956 partió a Europa. En la Universidad de Bolonia, Italia, obtuvo el Doctorado en Filosofía y Letras. Años más tarde se graduó en Teología en la Universidad de Saint John de Nueva York. Hizo estudios de post-grado en las Universidades de Madrid y La Sorbona de París.
Vivió en España, Austria, Alemania, Inglaterra, Francia, México y USA. Fue la fundadora y primera directora de la Televisión Educativa del Ministerio de Educación de El Salvador.
Desde hace 25 años es directora de la Oficina Nacional de RENACER en El Salvador, filial de RENEW International, con sede en Nueva Jersey.
Obra poética: “Canción de Hierba”. “Los ojos de la cierva”, “Cantares”, “Torres y Cielo”.