
Orlando Mena, la demolición de un prestigio
“Así como están las cosas mejor los invito a mi funeral”, dijo con voz quebrada el alcalde de Santa Ana Orlando Mena. Ese incidente ocurrió el pasado jueves, a primeras horas de la mañana, durante la entrevista televisiva de Mauricio Funes.
El entrevistador tenía como invitados en el estudio a Filiberto Santeliz, representante de las once comunidades que se sienten agraviadas por el intento del alcalde Mena de abrir un relleno sanitario en Cutumay Camones, y al director de la Unidad Ecológica Salvadoreña, Ángel Ibarra.
Lunes 24 de septiembre
de 2007
Georgina Vanegas
gvanegas@centroamerica21.com
Luego de que estos dos últimos razonaran su oposición a la construcción del relleno sanitario proyectado por la alcaldía santaneca, por considerar que el mismo resultaría lesivo para las comunidades, y para el medio ambiente, al contaminar los mantos acuíferos de la zona, Mena fue contactado por Funes vía telefónica.
El alcalde, acosado desde hace varias semanas por la generalizada sospecha y protesta contra su proyecto, pareció desconcertado, sumamente vago en sus alegatos y hasta resignado al rechazo de su propia comunidad. Lo único que pudo decir en su defensa es que se siente víctima de oscuros intereses políticos y económicos (a los que no pudo o no quiso identificar), y que la historia lo juzgará.
El anuncio de que incluso se sentía amenazado de muerte, y la invitación a su propio funeral, pareció más bien un fallido golpe de efecto.
Ibarra había sostenido que el estudio de impacto ambiental que ampara el proyecto del relleno no es riguroso y está incompleto, al carecer de un verdadero estudio hidrogeológico. Santeliz, por su parte, explicó detalladamente la razón por las que las once comunidades que representa se oponen a la obra: la contaminación de su fuente de agua. “A nosotros no nos mueve ningún interés político ni económico, y eso lo sabe muy bien el alcalde”, dijo.
Orlando Mena no tuvo más alternativa que aceptar que “todo lo dicho por el señor Santeliz es verdad”.
El ascenso
Orlando Mena se había convertido en un líder capaz de abrirse un lugar privilegiado en la historia. Proveniente de una humilde familia campesina, se graduó como ingeniero agrónomo y, ya en el ejercicio de su profesión, se integró a las actividades sindicales. En 1986 ingresó al partido comunista, y al disolverse formalmente este, luego de los Acuerdos de Paz, formó parte de la directiva departamental del FMLN en Santa Ana.
El año 2000 fue lanzado por ese partido como candidato a la Alcaldía Municipal de aquella ciudad. Su administración resultó tan bien evaluada por la comunidad que, en 2003, volvió a ser postulado y salió de nuevo reelecto, ganándole a su contrincante arenero por un muy amplio margen de 20 mil votos.
A mediados de 2005, cuando ya su segundo periodo edilicio tocaba su fin, entró en contradicciones con su partido. El FMLN no estuvo dispuesto a respaldar una tercera candidatura de Mena, pero este seguía tan bien evaluado por la ciudadanía, que otras fuerzas políticas, el PDC y el FDR, se aliaron para postularlo de nuevo en 2006.
Mena realizó una nueva proeza: ganó con 37 mil 350 votos, contra 19 mil 937 de ARENA, y un lejano 17 mil 342 del FMLN. Lo que quedaba claro era que el liderazgo de Orlando Mena, en Santa Ana, la segunda ciudad del país en importancia, estaba muy por encima del peso específico de los partidos en competencia. Y no fueron pocos los que comenzaron a verlo como presidenciable.
Tanto en el FDR como el PDC se habló de esa posibilidad, y Mena mismo llegó a sugerir en algún momento su disposición aceptar ese nuevo desafío. El hombre era un ganador y su popularidad no estaba en discusión. Orlando Mena parecía estar llegando vertiginosamente a la cúspide de una exitosa carrera política. Y de pronto todo comenzó a venirse abajo.
Comienzo de la caída
Cuando la Asamblea Legislativa decidió el año pasado, después de siete prórrogas, no permitir más botaderos de basura a cielo abierto, y puso fecha límite para el permiso de operación de los mismos. Orlando Mena, como casi todos los alcaldes del país, tuvo que moverse de prisa. Quizá demasiado de prisa.
A la una de la tarde del 21 de diciembre de ese año selló el peor y más oscuro de los negocios, al firmar un contrato millonario de construcción y operación de un relleno sanitario que sustituiría el viejo botadero de basura.
El proyecto comenzó a realizarse en el cantón Cutumay Camones, en las cercanías del asentamiento de once comunidades que se benefician de una rica fuente de agua del subsuelo. Los vecinos, no habiendo sido ni consultados ni informados previamente, se opusieron a la obra, alegando que el relleno contaminaría los mantos acuíferos. La alcaldía no quiso escucharlos y pugnó por continuar los trabajos a como diera lugar. La situación se tensó.
Los vecinos protestaron organizadamente frente a la alcaldía, y presentaron al Concejo Municipal un escrito formal solicitando la destitución de Mena. Este siguió haciéndose de oídos sordos y la protesta de las comunidades aumentó de volumen.
En pocas semanas el problema pasó a las páginas de los periódicos, y de ahí a la Asamblea Legislativa, la Corte de Cuentas, la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos, los partidos políticos y las organizaciones ambientalistas.
Mena comenzó a contradecirse y a caer en inquietantes ambigüedades. Comisiones de las instituciones y organizaciones mencionadas comenzaron a llegar a Cutumay Camones, con el objeto de verificar las denuncias de las comunidades.
En efecto, las irregularidades verificables eran numerosas: el agua de los pozos artesanales estaba apenas a entre seis y ocho metros de profundidad, y no a ochenta y cien como habían asegurado Presys y Mena; el terreno no era arcilloso sino fértil; Presys no solo no tenía 19 años de experiencia, como había afirmado el mismo Mena, sino que no tenía absolutamente ninguna experiencia en construcción de rellenos sanitarios, el estudio de impacto ambiental presentado al MARN no era riguroso y estaba incompleto, sin contar con un estudio hidrogeológico. Pero había más.
El 14 de diciembre Orlando Mena declaró como urgencia la construcción del relleno sanitario, y tan solo siete días después estaba firmando el contrato con Presys, una empresa sin experiencia alguna, constituida extrañamente tan solo 21 día antes de recibir la millonaria concesión de construcción y operación del relleno, y con apenas 3 mil dólares de capital social.
La concesión según el contrato, cuya copia tenemos en Centroamérica 21, implica que Presys operará el relleno sanitario durante quince años, prorrogables, cobrando 14 dólares por tonelada de basura. Y si se considera que Santa Ana produce al menos 250 toneladas diarias, estamos hablando de un negocio verdaderamente jugoso.
Ahora ha trascendido que el gerente de mercadeo de Presys, Alejandro Fuentes, era hasta hace poco tiempo el gerente de servicios municipales de la alcaldía de Santa Ana; que el ingeniero Erick Díaz, quien propuso a Presys el negocio, es asimismo quien hizo para esa empresa el estudio de impacto ambiental que se considera incompleto y poco riguroso, y que la empresa subcontratada por Presys para la construcción, L y C, es propiedad del ingeniero Balmore Linares, antiguo conocido de Orlando Mena y concesionario recurrente de varias obras públicas en Santa Ana.
Todo ello ha generado la curiosidad de los medios periodísticos y de diversas instituciones. Ante los cuestionamientos Mena ha comenzado a responder con vaguedades, a alegar lagunas de memoria, a negar acceso a documentos públicos, a decir que de todo se encargaron sus equipos técnicos y jurídicos, y que él desconoce las condiciones concretas de la operación.
Entre tanto, uno de los partidos que lo cobijó para su última postulación, el FDR, se ha deslindado públicamente tanto de Orlando Mena como de la construcción del relleno sanitario.
Finalmente, en la entrevista televisiva mencionada antes, ya sin muchos ánimos para defenderse, Mena dijo que si había cometido algún error tendría que rectificarlo y asumir las consecuencias. Por lo pronto, la investigaciones de la Corte de Cuentas y de la Comisión Especial legislativa ya están en curso.
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