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Los blogs, o el ejercicio de la ciudadanía

 

Los medios de comunicación de El Salvador han dedicado, últimamente, espacios a los blogs, sus contenidos y posibles alcances. En el mejor de los casos, hay una evidente incomprensión del fenómeno y de la herramienta misma, y el temor, asimismo evidente, de que “eso”, lo desconocido, se salga de unos cauces que nunca tuvo.


Lunes 1 de octubre de 2007
Rafael Menjívar Ochoa, escritor salvadoreño
redaccion@centroamerica21.com


RAFAEL MENJÍVAR

Lo primero que debe tenerse claro es que un blog no se ajusta a cualquier definición que podamos dar, y al mismo tiempo es todas ellas, o puede serlo.

Según la particular etimología de internet, se trata de un “web log”, una bitácora o un registro en forma de página web. Habrá detalles técnicos de los que no vale la pena hablar; baste con decir que el “web log” incluye una programación predefinida que permite que el usuario sólo tenga que escribir, poner archivos y hacer algunas cosas de diseño sin tomarse demasiadas molestias. Y son gratuitos.

¿Qué registran esas “bitácoras”? Cualquier cosa, y ése es su encanto. Hay blogs –quizá la mayoría– de gente que habla de sí misma y sus amigos, otros dedicados a temas como calcetines estampados, las grabaciones de Elis Regina, curiosidades acerca –y sólo– de gatos, piratería, pornografía, política, ecología... Cualquier cosa que alguna vez haya interesado a alguien se encontrará entre los millones de blogs que pueblan ese planeta virtual, sin embargo tan concreto, que es internet.

El error es equiparar los medios de comunicación masiva con los blogs, que son asimismo medios de comunicación, pero más limitados y a la vez de alcances más profundos.

Algunos medios masivos incluyen los blogs de sus periodistas más importantes: un blog institucional representado por un individuo. Hay partidos y organizaciones sociales que aprovechan la herramienta para hacer proselitismo, quizá el lado al que los medios de comunicación le tienen un mayor temor: la información llega directa y en bruto a los lectores, no filtrada por una línea editorial, ni “orientada” de manera que pueda ejercerse ese “cuarto poder” que muchos reclaman como privilegio.

La mayor parte de los blogs son páginas personales en las cuales se habla de los propios autores, sus entornos e ideas. En principio no significa un trabajo periodístico, sino la emisión de opiniones personales, incluso en los blogs de elaboración colectiva. Hay periodistas que llevan blogs, pero no con el ánimo de sustituir lo que se publique en los medios en que trabajan o colaboran, sino de gozar de un mayor margen de maniobra. Un periodista sabe qué puede y no puede publicar en un medio masivo; el blog es la manera de tratar temas que quizá ningún medio avale, y utilizar un tono o un enfoque que no aceptaría una línea editorial siempre flexible, pero también con márgenes limitados.

Algo más importante: los blogs tienden a ser parte de pequeñas redes de comunicación entre personas interesadas en ciertos modos de ver la vida. Cada una a su vez puede formar parte de otras pequeñas redes que en algún punto se topan, hasta formar complejos entramados.

Otro punto fundamental es que en los blogs puede encontrarse las críticas más severas y razonadas –están asimismo las irracionales y fútiles– a los medios de comunicación. Los blogs no tienen los alcances de un periódico –el simple acceso a internet ya es una barrera–, pero pueden ser centros de discusión incómoda.

Un aspecto que desconcierta a los medios es el anonimato, o el relativo anonimato que significa el uso de un pseudónimo. Es cierto que a veces se ejerce a veces para insultar calumniar o agredir sin temor a consecuencias personales, profesionales y legales; es el lado amargo de los blogs. También hay personas que no desean que se conozcan sus nombres por un asunto de timidez –el motivo más elemental y poderoso–, y otras que trabajan en temas sensibles, como derechos humanos y política, que prefieren que no se les identifique con opiniones que pondrían su trabajo en riesgo. (Todo lo que uno dice, desde siempre, puede usarse en su contra.)

Hay quienes hablan de “regular” los blogs, ponerles límites, trazarles cauces, y los medios les dan especial apoyo. La palabra “incontrolable” es la clave: los blogs son espacios para ejercer la ciudadanía que no se encuentran fuera del “mundo virtual”, pero que influyen en el “mundo real”. Quizá el sistema salvadoreño –estado, gobierno, empresas privadas, partidos, medios de comunicación– no estén preparados, pero los ciudadanos sí, y es lo que importa.

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