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Dra. Maria Isabel Rodríguez, actual rectora de la Universidad de El Salvador

Dra. María Isabel Rodríguez:
"Yo soy una personita, no un personaje"


A casi un mes de que la rectora de la UES se retire de su cargo y diga adiós a ocho años de gestión al frente de la casa de estudios superiores. En la redacción de Centroamérica 21 decidimos hablar con ella y con algunas personas que han estado cercanas a ella y a su trabajo.

Contar su vida, sus logros, sus pasiones y sus anécdotas, no se puede hacer en unas pocas líneas, por lo que esta es solo la primera entrega de este personaje, de esta mujer doctora, investigadora y docente, que además de todos sus éxitos en el área de la medicina internacional, reformó al Alma Mater cuando nadie daba un cinco por ella.


Lunes 1 de octubre de 2007
Teresa Andrade y Georgina Vanegas
redaccion@centroamerica21.com

 

"Señorita, ya puede subir", le dijo un empleado de la universidad a María Isabel Rodríguez cuando esperaba ser evaluada en su primer examen de anatomía. Ella entendió muy bien que ese llamado significaba que ella había aprobado la primera parte de la evaluación: la práctica con cadáveres.

Al llegar a la mesa, donde hacían la siguiente parte de la prueba, un aparato genital masculino la esperaba para la siguiente evaluación. El profesor encargado, con tono sarcástico, le dijo: "A ver señorita Rodríguez, ¿Qué sabe usted de esto?". De inmediato el salón se llenó de carcajadas y gritos de todos los estudiantes.

Sin pensarlo mucho ella comenzó a dar toda la información que sabía sobre los genitales masculinos, aunque por dentro sintiera la punzada acusadora y burlona de ser la única mujer estudiando medicina, en la Universidad de El Salvador (UES), en ese entonces.

María Isabel Rodríguez supo, en ese momento, que desgraciadamente en una sociedad como esta, la mujer siempre está expuesta a todo tipo de humillaciones y lucharía porque, de ahí en adelante, ya no le pasara eso a ninguna mujer más. "Los retos para mí han sido como la cosa más natural", es la filosofía de María Isabel. Hasta ahora la ha cumplido.

A sus 77 años, la dra. María Isabel Rodríguez, mejor conocida como Chabelita por los que la estiman, aún se siente con un espíritu joven. El paso de los años, puede verse en su cuerpo y en su rostro, pero aún posee la vitalidad y la alegría de la pequeña niñita que una vez fue.

María Isabel Rodríguez nació en San Salvador hace ya varias décadas en un hogar lleno de mujeres. Su madre, doña Concepción fue el apoyo más grande para ella y su dedicación era constante, pues fue su única hija. Vivía además con sus primas y con su tía Isabel, de la cual heredó el nombre.

"La niña buena"

La pequeña Isabel, mantuvo una infancia muy pasiva, devoraba libros al por mayor, ya que una de sus primas poseía la pasión de lectura. A corta edad, había recorrido todos los pasajes la literatura universal.

La cosecha de éxitos comenzó a muy temprana edad para la pequeña Isabel. Estar en el cuadro de honor del grado era uno de los primeros retos que se trazaba en cada periodo escolar.

"¿Qué te pasó?, ¿por qué bajaste al segundo lugar?", le cuestionaba doña Concepción, cuando Isabel se descuidaba un poco y el cuadro de honor la delataba ante su madre. Esta pequeña reprensión era un estimulo para ella. Ser mejor cada día, esa enseñanza le dejó su madre, además de un complejo de "niña buena".

"A veces no es bueno crearle a la persona un complejo de niña buena, a mí me habían hecho creer que yo era niña buena. Esto a uno lo obliga a estudiar y trabajar", cuenta la doctora.

El Instituto Francisco Menéndez, ahora conocido como INFRAMEN, la llenó de logros y estímulos académicos, que guiaron lo que Chabelita lograría ser en su adultez. La fama de niña buena marcó mucho su infancia y adolescencia. Tendría que ser buena siempre.

La medicina

"Qué bonito que fueras una señorita normalista", dijo doña Concepción a Chabelita antes de terminar el bachillerato. Pero ella había visto a su primo, once años mayor que ella, estudiando medicina con sus amigos. Ella se acercaba a escucharlos hablar, poco a poco, los términos médicos la cautivaron.

Chabelita admiraba a su primo y pensaba en ser la siguiente en relevarlo en la escuela de medicina. Hasta el momento no había habido doctores en la familia Rodríguez, ella quería ser la siguiente.

A todos les sorprendió su decisión porque siempre había demostrado vocación para la enseñanza. De pequeña armaba escuelitas con sus amiguitas y le gustaba ayudar a sus compañeros.

En poco tiempo, Chabelita logró alcanzar a su primo y lo superó. Él nunca logro graduarse. Entonces se dio cuenta de su pasión por la medicina. Pero pronto su visión de la salud se ampliaría.

Chabelita a pesar de las críticas, por ser la primera mujer en la historia en lograr graduarse de la UES en medicina, no detuvo sus ansias de conocimiento. Un día, hizo sus maletas, tomó sus ganas de luchar y se fue a México a estudiar un postgrado en cardiología y después un postgrado en ciencias fisiológicas. Y el mundo de la medicina se abrió ante sus ojos.

La vida de la medicina internacional

Andando por tierras lejanas, descubrió que la medicina va más allá, que lo importante es la salud de la población. Poco a poco fue conociendo la salud pública y la medicina social. Su amor por la gente creció y creció, hasta que no pudo guardárselo para si misma.

Su vocación iba más allá de la medicina clínica. Nunca supo cobrar por darles salud a las personas. A veces, en la misma universidad de México, atendía a pacientes, pero nunca cobró un cinco. La mayoría de sus pacientes era de buenos recursos y les decía "No me pague, mejor haga algo por la facultad" y terminaban haciendo cuantiosas donaciones es equipos médicos.

Tener un consultorio propio no pasó nunca por sus planes, porque siempre prefirió la investigación y la docencia.

El amor que Chabelita sentía por la medicina no podía retenerse en un solo país, por lo que decidió entrar en el campo de la medicina internacional. Viajó por varios países latinoamericanos ayudando en investigaciones, mientras fue representante de la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

Chabelita confiesa que su mayor satisfacción ha sido trabajar con la salud, pero muy relacionada con la educación, como un instrumento para darles su conocimiento a las demás personas. "Han sido la esencia de mi vida", comenta.

Una de las investigaciones que recuerda con más cariño, la realizó en El Salvador, relacionada con la Enfermedad de Chagas y enfocada en el área cardiovascular, su especialidad. Contó con el apoyó de muchos jóvenes colegas, que ahora son viejos doctores y amigos.

Lo que la mueve a seguir haciendo investigaciones es ese estímulo de ir descubriendo cosas que no se saben y que van a ser de utilidad para la vida de las persona. Ese ha sido uno de sus grandes aportes.

"Gobernados por faldas"

Si bien es cierto, ha logrado mantener la decisión de que lo académico y la investigación sean lo prioritario en su vida, no ha sido nada fácil. Ninguna mujer había logrado tanto como Chabelita en esa época, por lo que los conflictos estaban a la orden del día.

Ser una mujer destacada en el área de la medicina, la educación y la investigación le supuso muchas calumnias y desaprobaciones. Ella logró ser la primera decana de la facultad de medicina en la UES. Cuenta que le hacían llegar anónimos a su madre en desaprobación a su cargo.

Recuerda que en una ocasión a una amiga de ella le preguntaron en Guatemala ¿Cómo esta la facultad en El Salvador? y le contestaron "Imagínate cómo va a estar manejada por faldas". Este tipo de comentarios machistas le impusieron muchos reveces, sin embargo, nunca se sintió derrotada, al contrario la impulsaban mucho más.

En el mundo médico, donde solo los hombres habían gobernado, Chabelita suponía una amenaza al espacio que había sido exclusivo de ellos, pero ella comenzó rompiendo esquemas. Desde siempre.

La entrega de Chabelita a su trabajo en el país que esté, le ha significado un gran sufrimiento a la hora de mudarse a otro país a seguir trabajando por la salud. La vida internacional está marcada por estos cambios drásticos de domicilio y en cada migración sintió que la arrancaban de un seno materno.

"Yo siento que me adhiero mucho a la gente con quien trabajo y con quien convivo", comenta. Muestra de ello es que al entrevistar a Mercedes de Torrento, su secretaria en Rectoría de la UES , sollozando nos dice "yo le tengo un gran aprecio, un gran cariño, por su modo de ser, ella a nadie ve de menos".

Para Chabelita dejar un trabajo, un país, una investigación, su gente, sus colegas significa un desgarre, un sufrimiento, pero vuelve a comenzar con las mismas ganas en el siguiente sitio que la reciba.

El último desgarre que sintió fue de Washington para El Salvador, hace más de 10 años, aunque asegura no haberlo sentido tanto porque regresaba a su tierra. Pero jamás se imaginó que el regresar encontraría un nuevo reto, una nueva aventura al frente de la UES.

La primera rectora

Chabelita había presenciado lo más duro del conflicto armado de su país desde tierras lejanas. Desde dónde se encontraba, mantenía en su mente regresar un día y poder hacer algo para ayudar a la población salvadoreña desde la medicina.

Regresó, ahí por 1994, luego de una gran trayectoria por toda América Latina. Su primer punto en la agenda era buscar como ayudar a la facultad de medicina de la UES. Se encontró un día a uno de sus ex alumnos, esos de lo más queridos e inolvidables, ahora convertido en el decano.

Trabajó con él durante algunos años y sin goce de sueldo, ni horarios, haciendo lo que más le gustaba. Ese era el trabajo que ella siempre esperó.

Las personas que rodeaban a Chabelita, amigos, ex alumnos y colegas comenzaron a ver en ella, una vocación que iba más allá de ayudar a la facultad. Le dijeron "Deberías entrar a ser candidata para rectora". Ella, que nunca había tenido pretensiones de ese tipo, comenzó a darle vueltas a la idea en su cabeza.

Hasta que un día pensó: "Si estoy trabajando tanto con otros países, ¿por qué no me dedico a ayudar a El Salvador?". Y dio el sí, que tanto habían esperado quienes la apoyaban. Desde el principió trabajó de lleno en una campaña que le aseguraría el gane.

Finalmente Chabelita obtuvo los 48 votos, el mínimo requerido por parte de la Asamblea Estudiantil. Se convertiría en la primera rectora de la historia de la UES y del país.

Vientos de cambios en la UES

Cuando María Isabel Rodríguez llegó a la UES , esta se encontraba en un estancamiento y en ruinas, por el pasado conflicto armado. Nadie tenía esperanzas en que el Alma Mater resurgiera.

Su trabajo fue tan destacado que logró una reelección donde ganó por unanimidad. Ni siquiera se atrevieron a competir contra ella.

Ocho años le han bastado a María Isabel Rodríguez para reconstruir toda la Universidad , triplicar el presupuesto universitario durante todo su periodo, crear más de 450 plazas de docentes y hacer crecer la población estudiantil en más de 20 mil estudiantes.

Además, ha hecho crecer la universidad en el área de investigación con la creación de "Los centros de excelencia", entre ellos: el Programa de Jóvenes Talentos, el Centro de Investigaciones y Desarrollo en Salud, el Consejo de Investigaciones Científicas, el Instituto de Vulcanología, el Instituto de Ciencias del Mar y Limnología y el Centro de Estudios de Género, por mencionar algunos.

A pesar de que ella considera que el segundo periodo ha sido mucho más difícil que el primero. Tuvo mucha gente dentro de la misma Asamblea Estudiantil, que bloqueaba su trabajo, pero a pesar de ello ha logrado cambiar y desarrollar los potenciales dentro de la universidad.

Recuerda que el momento más difícil y frustrante de toda su gestión fue cuando propuso un proyecto totalmente revolucionario, que necesitaba unos 400 millones de dólares para su implementación. Consistía en apoyo a la investigación, becas y planes que mejorarían cuantiosamente a la universidad.

El Gobierno de El Salvador, le otorgó 25 millones para echar ha andar el proyecto, pero se le vino una guerra encima, acusándola de privatizadora. Tuvo que dejarlo. Jamás lo pudo echar a andar. Con las manos atadas, ya no pudo seguir el proyecto.

Su mayor preocupación actualmente va encaminada a quién quedará al mando de la universidad. Porque, para ella, quienes se perfilan como rectores están en contra de muchos de los programas que ella inició. "Si llegase a quedar alguien que descuide los puntos clave para su mejoramiento, sería la mayor frustración de mi vida", confiesa.

Pero la Rectora , no se da por vencida nunca, piensa que estos fracasos son temporales y generan más ganas de seguir luchando. Por ahora, se siente orgullosa de haber formado muchos jóvenes y serán estos cuadros lo que se apropien de la universidad, eviten su retroceso y al final sean los triunfadores.

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