Suscríbete al Newsletter

Boletín semanal gratis

Google
 
 

Traición, corrupción, deserción
y otras miserias en la guerrilla de Guazapa



El comandante César Montes, se había internado en el frente de Guazapa, con su identidad camuflada en la de un mexicano, con el objetivo de descubrir una conspiración. Sus informes eran inquietantes, pero nadie en la dirección de la RN estaba dispuesto a creer que ese comandante al que Montes señalaba como infiltrado, que incluso unos meses antes había llegado a participar en una reunión con el mismísimo Fidel Castro en La habana, fuera un traidor.

Lunes 1 de octubre de 2007
Geovani Galeas / (Primera Entrega)
ggaleas@centroamerica21.com

Combatientes de la Resistencia Nacional en el frente de Guazapa

Algo estaba pudriéndose en el interior de la Resistencia Nacional, una organización en crisis luego de la inexplicada muerte de su comandante Ernesto Jovel, en un avionazo en aguas territoriales panameñas, a finales de 1980. Pero ese proceso de descomposición, a pesar de ser gravísimo y de presagiar incluso una posible autodestrucción de esa organización insurgente, apenas era perceptible en la superficie de la cotidianidad. El centro de gravedad del problema se había desplazado de los organismos de inteligencia guerrillera hasta las fuerzas militares y las unidades especiales basificadas en el cerro de Guazapa.

En marzo de 1982 poco más de cuarenta guerrilleros fueron abatidos durante un combate frente a la iglesia de San Antonio Abad, en la periferia de San Salvador. Pero no solo eso, de los treinta que lograron replegarse desordenadamente hacia los montes aledaños, por lo menos quince iban gravemente heridos, cargados por sus exhaustos compañeros.

El jefe de la unidad diezmada era el comandante Moisés Arreola, más conocido como el Negro Mario, miembro de la jefatura máxima de la Resistencia Nacional. Mientras él estableció su puesto de mando en un punto seguro, ordenó el avance de sus hombres hacia el centro de San Antonio Abad, donde fueron prácticamente masacrados a mansalva. Después, ya durante el repliegue, el Negro Mario planteó que no era nada práctico avanzar a pie por los montes cargando a los heridos, y que se imponía tomar una decisión audaz: salir a la carretera, secuestrar un camión y avanzar a balazos entre los retenes militares.

Los combatientes se opusieron. Los más experimentados entre ellos sabían que, en las condiciones deplorables en que la fuerza se encontraba, lo menos práctico era en realidad buscar y trabar combates. El Negro Mario insistió y ante la reiterada negativa de los combatientes terminó acusándolos a todos de indisciplina y cobardía. Les dijo que ni siquiera eran dignos de llamarse compañeros de los caídos momentos antes.

El comandante César Montes del EGP : Pedrito el Mexicano

¿Pero qué había ocurrido para que tuviera lugar semejante golpe? ¿Cómo había caído esa columna guerrillera de manera tan inocente en una emboscada perfecta? Días después, en el cerro de Guazapa, base de esa desafortunada unidad, Pedrito el Mexicano, ayudante del médico del frente de guerra, se hacía una y otra vez esas mismas preguntas y al mismo tiempo se las planteaba a los pocos sobrevivientes del desastre.

Pedrito el Mexicano había llegado al frente de Guazapa en enero de ese mismo año. Se llamaba Francisco Ríos Santís, era sociólogo y trabajaba en una dependencia gubernamental en Tlaxcala. Ahí había organizado un comité local de solidaridad con el FMLN. Era experto en artes marciales y se decía que era un buen tirador. Alguien de la Resistencia Nacional lo contactó para proponerle su integración a la lucha en El Salvador. Ríos Santís se mostro interesado. Luego de un trabajo de verificación, los salvadoreños le entregaron un boleto aéreo y la información de los contactos que lo llevarían hasta el frente de Guazapa.

Entonces Ríos Santís solicitó una reunión previa con alguien de la jefatura de la RN, alegando que tenía algo muy importante que decir, y solo lo diría a ese nivel. El pedido le fue concedido con alguna reserva. En la ciudad de México se entrevistó con el comandante Leo Cabral, que estaba de paso. “En realidad no soy mexicano, ni sociólogo ni me llamo Francisco Ríos Santís”, le dijo. Soy guatemalteco y mi nombre verdadero es Julio César Macías.

Leo Cabral lo miró extrañado y en silencio. “Mire, yo soy uno de los fundadores de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Guatemala, FAR, y llegué a ser el comandante en jefe de esa organización en los años sesentas. Fui conocido entonces como César Montes, y soy el mismo que años después, en 1972, fundó y comandó el Ejército Guerrillero de los Pobres, EGP, del cual me separé en 1978”.

La historia fue investigada rigurosamente y resultó verídica. César Montes fue enviado a Nicaragua para que se reuniera con el comandante en jefe de la RN, Fermán Cienfuegos, quien le confió una misión sumamente delicada: “Creo que tenemos un problema de infiltración en nuestra organización, ¿puedes ayudarnos en este asunto?”, le dijo. César Montes aceptó el desafío, y bajo el nombre de Pedro Guerra fue enviado al frente de Guazapa en enero de 1982.

Ante la tropa fue presentado como un colaborador en el área de salud. Solo Raúl Hércules, jefe militar de Guazapa, estaría al tanto de su identidad y su misión verdadera. Pedrito tendría comunicación radial directa con Fermán Cienfuegos mediante una clave cifrada exclusiva, y organizaría una estructura secreta de informantes entre los combatientes. Había sido entrenado en armas y en inteligencia en La Habana, en 1962, y tenía veinte años de experiencia guerrillera, fortalecidas por largas estadías de estudios estratégicos en Vietnam y Corea de Norte.

Un infiltrado departiendo con Fidel Castro

Su análisis de lo sucedido en San Antonio Abad le indicaba con claridad la ruta hacia el infiltrado: el Negro Mario. Así lo informó a la jefatura, pero su hipótesis fue subestimada. Nadie en la dirección de la RN estaba dispuesto a creer que ese comandante, que incluso unos meses antes había llegado a participar en una reunión con el mismísimo Fidel Castro en La habana, fuera un traidor.

Meses después, varios miembros del comité central de la RN fueron convocados a una reunión en San Salvador. A la misma asistiría el comandante Raúl Hércules. Se habían tomado todas las medidas de seguridad para mover y concentrar a los convocados en una casa de seguridad particularmente compartimentada. Sin embargo, la policía cercó y asalto la casa, hubo al menos tres capturas, y el comandante Raúl Hércules apenas si pudo escapar a balazos, saltando por los muros y los tejados vecinos.

Ese incidente confirmó la hipótesis de Pedrito el Mexicano. El Negro Mario desertó y comenzó a trabajar directamente con la policía en una unidad especial contrainsurgente. Tiempo después fue ejecutado, no se sabe bien a bien si por la guerrilla o por la policía. Pero los problemas de la RN en Guazapa no terminaron ahí. Por el contrario, Pedrito el Mexicano estaba a punto descubrir una conspiración masiva en el frente, pero esta vez no provocada desde afuera de la organización sino por un descontento interno que presagiaba un baño de sangre entre compañeros.

(Este reportaje ha sido construido sobre la base de conversaciones sostenidas por el autor con varios de los protagonistas, entre ellos los ex comandantes Fermán Cienfuegos, César Montes y Carlos Rico Mira).

Lea en la próxima entrega: Otro asesinato inexplicado y la rebelión contra los jefes

SUBIR
 
 
 

  


 

 

© Derechos Reservados 2007