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Rolando Elías
En la memoria de Ricardo Lindo:
“El adalid de una mansa locura“


Era un hombre discreto y bueno, y creo que ambos adjetivos se pueden aplicar a su literatura. Junto con su hermano, el pintor Manuel Elías, la otra cara de la misma medalla, fundó la Real Orden de los Locos de Octubre (ORO), suerte de academia imaginaria a la cual pertenecían diversos y fantasiosos personajes. La realeza de la orden le era otorgada por la majestad de la Poesía.


Lunes 1 de octubre de 2007
Ricardo Lindo

redaccion@centroamerica21.com

 

 

La Orden de los Locos de Octubre

Una vez un miembro de la orden me dedicó un poema en un periódico. Llamé a Rolando, para contactar al autor y agradecérselo. Me respondió que “el chele Ventura” no tenía dirección fija, pero que solía ir a un hotel en Panajachel del cual me dio el nombre. La pintora Licry Bicard, gran artista y gran amiga común, me explicó más tarde que el chele Ventura, como varios de los miembros de la corporación, era irreal.

Eran poetas y artistas inventados por los hermanos Elías.

Un par de veces me invitó a ingresar a Oro. Ambas decliné. Si bien he formado parte de tertulias, nunca he pertenecido a grupos con un nombre específico, pues eso conduce a que se generalicen, siempre injustamente, los méritos y defectos de sus miembros.

Los Locos de Octubre tenían su ceremonia de iniciación, en la cual el nuevo llegado era investido con una gruesa cadena de hierro. Era menos costosa que una de oro y poseía la dignidad de una mazmorra medieval, lo cual le otorgaba la necesaria dignidad cortesana.

Una actriz que asistió a una de esas recepciones me dijo que jamás había visto locos tan cuerdos. Era y no era cierto. Se identifica la locura con el paroxismo y Rolando era el adalid de una mansa locura, de aquella filosófica locura que consiste en apartarse del mundo y en dar por valioso lo que el mundo suele dar por vano e inútil. Tampoco buscó la originalidad estridente ni el éxito literario. Ese desdén estoico tiene algo de escepticismo y de secreto orgullo, el del caballero solo contra los molinos de viento. Cuando la guerra arreciaba, escribió un conjunto de sonetos en los que opone la rosa al fusil, como argumento único y definitivo.

El artista errante, sin espacio ni tiempo


FOTOS: Museo de artes plásticas y literarias Manuel Elías

Buscaba el anonimato bajo los seudónimos y en la sencillez de la escritura, que trabajaba con esmero. Anular el estilo era una manera de sumergirse en lo permanente. Sospecho que su modelo en prosa era Azorín, pero mientras aquel veía la eternidad (una mustia eternidad sin horizontes, que la calma belleza justificaba) en los pueblos milenarios de Castilla, Rolando, más despojado, la vio en el artista errante, sin espacio ni tiempo, ni edad ni patria, en el chele Ventura o en Juan Caminos, otro de sus personajes. Inventó al que él hubiera deseado ser y le puso nombres diversos.

Bajo su voluntaria discreción brillaban perlas con brillo apaciguado, como en este breve poema de dos versos:

La guitarra

Suena como una piedra del río a medianoche.

Supo ser burlón, a su modo. En la publicaciones de la Orden de Octubre, folletos fotocopiados, se estigmatizaba con desenfado a los grandes personajes.

MEMORIAL DEL ADIÓS
(Fragmento)

Voy a decir adiós
Nunca lo dije
Voy a decir adiós
Lo estoy diciendo
Todos los nunca llegan

Adiós a tú que dije
al yo que tú dijiste
apretando los labios con los ojos cerrados
Adiós no a la memoria
A las manos frotándose
A la crepitación del fuego alzado
A las llamas del tiempo compartido

Adiós sí a la palabra
recogidaen el cuenco de tu oreja
tu mejilla
tu pecho

Voy a decir adiós
Lo estoy diciendo
Adiós no a la memoria
Se quedará por siempre en esa página

ROLANDO ELÍAS
(3000 COLATINO SAB.12 JUNIO 1993)

El poeta Rolando Elías nació en Mejicanos el 27 de enero de 40. El cáncer se lo llevó en San Salvador el 24 de mayo de 1999. Licry le hizo obsequio en su lecho de muerte de una preciosa curiosidad óptica adquirida en un museo norteamericano. Era un tubo transparente provisto de un visor, a través del cual se veía deslizarse una lluvia de estrellas. Ella me confió que le había dolido desprenderse del objeto, pero sintió que había valido la pena al saber que Rolando se había ido con el entre las manos.

Rolando fue encargado de prensa de la República Federal de Alemania en El Salvador, corresponsal de editoras internacionales, redactor de El Diario de Hoy, diario El Mundo, La Prensa Gráfica, Diario Latino (donde mantuvo con Mario Noel Rodríguez y André Cruchaga la página Juan Caminos), Jefe de relaciones públicas del ministerio de Economía y del Banco Central de Reserva de El Salvador. La Academia Salvadoreña de la lengua lo recibió entre sus miembros al final de sus días. Ya no pudo asistir. Envió, como discurso de recepción, una serie de sonetos dedicados, nuevamente a la rosa.

Ocho años más tarde, el mismo sujeto, el cáncer, se llevaba a su hermano Manuel. Ambos hubieran podido vivir mucho más. Los dos habían ocupado poco espacio sobre la faz del planeta, pues eran pequeños, delgados y ajenos al ruido. Posiblemente pertenecían a otro, hacia el cual se apresuraron a partir.

Generalmente veo a Rolando por las noches antes de llegar a mi apartamento. Vivo en Ayutuxtepeque y debo pasar por Mejicanos, donde él nació. El microbús se detiene unos instantes frente a una placita en forma de cuña, rodeada de una verja, donde hay un busto suyo iluminado por faroles que imitan los de los antiguos parques. Tras él se yergue una hilera de araucarias y tres eucaliptos se suman al conjunto. Pienso que ha de ser bueno contemplar el mundo desde ahí.

Bibliografía de Rolando Elías:
Crónica de Alemania
Ritual de la mirada y otros rituales
Poemas del amor sobreviviente,
Homenaje a la pintura
Siete crónicas y un discurso
Pasión de la memoria
Cantata de mayo
Celebración de la rosa







En este espacio de la sección Cultura, la pluma y la mirada de Ricardo Lindo, ofrece a nuestros lectores retazos de la persona y la personalidad de escritores y artistas que, junto a la lectura de sus obras nos acercan al universo íntimo de cada uno de ellos, y de la época en que vivieron.

Claudia Lars
“Esto fue de cuando estuve enamorada de…”

Alvaro Menén Desleal
“Extravagante, divertido y perverso”

Hugo Lindo:
“Hablo de mi padre el poeta Hugo Lindo”

Raúl Contreras:
El escándalo de Lydia Nogales

Mario Hernández Aguirre:
"Come curas, ateo y burlón"
Francisco Gavidia
Un bicho medio loco y un indio Chorotega

Walter Beneké
Un super ministro con carta blanca

Ismael G. Fuentes:
La escuela de San Salvador y los modernistas

Marcel Marceau
En la memoria de Ricardo Lindo:
Ha muerto Marcel Marceau y es como si muriera una parte del silencio

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