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Diálogo Nacional por la Cultura a evaluación

 

Los resultados del Diálogo Nacional por la Cultura han desatado diversas reacciones en los sectores de la población. Los artistas se entristecen, algunos no se sorprenden mucho. Los migrantes se sienten aludidos, y los académicos advierten una falta de “profundidad” en el tratamiento de los contenidos.

Lunes 8 de octubre de 2007
Georgina Vanegas
gvanegas@centroamerica21.com

 

Federico Hernández Aguilar, Presidente de Concultura: "El Plan (nacional de cultura) es una hoja de ruta que pretende sugerir no solo lo que debe hacer CONCULTURA, sino los órganos del Estado, los alcaldes, y los gremios en general, no solo los artístas, en materia cultural".

El Consejo Nacional por la Cultura y el Arte (CONCULTURA), presentó los resultados del Diálogo Nacional por la Cultura el pasado 3 de octubre. El informe recorre temas como la visión que los salvadoreños tienen de su identidad, el papel que desempeña la familia, y cómo afecta al ámbito económico y social fenómenos como el turismo y la migración.

El documento sintetiza una consulta de alcance nacional realizada por CONCULTURA en 2006 y 2007, donde se recogió información que servirá como diagnóstico para la formulación del Plan Nacional de Cultura.

Los migrantes son salvadoreños pero contaminan


Uno de los hallazgos es que la mayoría de los salvadoreños tienen una visión patrimonialista de lo que significa la cultura. El 48.7% lo relaciona con las tradiciones, las costumbres, la historia, las comidas típicas y danzas folclóricas del país.

Tomado en cuenta este dato, para 8 de cada 10 salvadoreños los migrantes siguen siendo salvadoreños porque mantienen las tradiciones en los países donde residen, y porque consumen comida típica de El Salvador. La cual es considerada como parte básica de la salvadoreñidad.

Por otra parte, también lo ven como un ente “contaminante”. En este sentido, el salvadoreño considera, según el informe, que alguien que trae costumbres foráneas que podrían estropear el “rescate” de la cultura, concepto que el salvadoreño también propone ante la sensación de pérdida de las costumbres y tradiciones.

“Este año, los salvadoreños pidieron que se hablara más sobre los platos típicos de los salvadoreños. El año pasado querían saber sobre las pupusas, y preparamos exposiciones sobre el origen, los sabores, etc.”, señala Claudia Allwood, directora de Asuntos Culturales de la Dirección de Atención a las Comunidades en el Exterior. Se refiere a una parte de la oferta cultural para los salvadoreños en el exterior que el Ministerio de Relaciones exteriores lanzó en agosto pasado.

“(Lo que sucede en torno al tema de la comida) no es solo reunirse para comer. Debemos comprender que reunirse después de largas faenas de trabajo para compartir cada sabor, cada aroma, tiene en sí algo profundamente intangible y de gran contenido simbólico para nuestros hermanos en el exterior”, dijo a Centroamerica21.

Roberto Salomón, director de teatro: "Me parece que el teatro, que junto con la música, la danza y las artes plásticas son los pilares de la expresión artística en cualquier país del mundo, merecía más que un "etc" en el cuadro de la página 77 del informe".

Por su parte, Edwin Arévalo, cineasta salvadoreño radicado en Estados Unidos, comentó: “En mi casa se come 100% comida salvadoreña”. Él es vegetariano pero dice que siempre hay pupusas de queso en el hogar. “En mi casa siempre hay queso salvadoreño, semita, lorocos, y hacen pupusas cada fin de semana. Van al súper centroamericano a comprar cosas salvadoreñas, frijoles, hasta Pílsener de vez en cuando”.

“Te ven como loco”


No mostró sorpresa cuando supo que, según el informe de CONCULTURA, el 91% de los salvadoreños no va al cine. Y con respecto a que para un considerable sector de la población salvadoreña que radica en el país, el migrante es un ente “contaminante”, dijo ya haberlo experimentado con ex compañeros de la escuela, amigos y familiares. “Cuando les hablás de directores de cine europeo, te miran con ojos raros. Lo de vegetariano me lo atribuyen a los gringos y me dicen ‘ya parecés gringo vos, sin comer carne’. También cuando les hablás de otras filosofías y religiones te ven como loco”, comentó.

Además habló sobre su necesidad de empaparse de los insumos que podía obtener de otros países: “Como cineasta, no puedo inspirarme con el cine nacional, porque casi no existe. Esto me fuerza a buscar otras culturas”.

Edwin recuerda sus primeros contactos con el cine en El Salvador: “En la sala de cine local no pasaban de Rambo, Comando e Indiana Jones”, comenta. Al llegar a Los Ángeles, hace 12 años, logró tener una tarjeta de la Biblioteca Pública y comenzó a rentar videos. Así comenzó su educación en materia de cine.

La computación y el arte


Según el informe, la educación, el “ser culto”, es otro concepto que la población salvadoreña asocia con la palabra cultura. La mayoría de los consultados están insatisfechos con la educación recibida en el nivel básico, intermedio y superior. Los salvadoreños dicen que lo mejor para sobrevivir en el mundo competitivo es aprender un oficio, un idioma y computación. Estos resultados concuerdan con encuestas recientes hechas por rotativos matutinos salvadoreños, que pusieron en evidencia que la oferta laboral demanda, en su mayoría, de personal técnico y bilingüe.

Sin embargo, para representantes del arte salvadoreño, como la actriz Ana Ruth Aragón, esto no es motivo de alegría. Así lo comentó en pláticas con este semanario: “La gente joven ya ni siquiera piensa: ‘yo quiero ser artista'.

Si lo piensan, se censuran y dicen: ‘No voy a comer de eso. Mejor voy a estudiar computación e inglés'. Eso es lo que los rodea, el bombardeo y la realidad”. Esta situación es una falta de atención al interior y al alma de los jóvenes. ¿A cuántos de los que están estudiando computación les habría gustado estudiar algo artístico?”.

¿Y el teatro?

Aragón comenzó su trayectoria artística bajo la dirección de Roberto Salomón, actual director del Teatro Luis Poma, a quien le llamó la atención la falta de presencia de la palabra “teatro” dentro del informe del Diálogo. “Me parece que el teatro, que junto con la música, la danza y las artes plásticas son los pilares de la expresión artística en cualquier país del mundo, merecía más que un "etc" en el cuadro de la página 77 del informe”.

“Me sorprende que el teatro casi no se mencione. Me parece que da muestra de que no se le da la importancia que debería tener. ¿Dónde está la Escuela Nacional de Teatro? ¿Las compañías de teatro, las clases de teatro dentro de los colegios, los talleres de teatro que giran alrededor de las casas de la cultura? Aunque es cierto que no estamos en todo el país. No es un arte de masas”, dijo en relación a las posibles causas de que 9 de cada 10 salvadoreños nunca asiste a eventos denominados “culturales”, como el teatro.

La explicación, según el informe, podría encontrarse en que los espacios designados para estas actividades se encuentran, en su gran mayoría, en el área urbana y esto excluye a la zona rural de la población. Otro aspecto a evaluar es el costo. Aunque habría que considerar, que muchas de estas actividades son gratis. La Caravana Nacional de Teatro, patrocinada por CONCULTURA y la Fundación María Escalón de Núñez, es un ejemplo de ello, este proyecto, ahora agonizante, giró obras de teatro, a lo largo y ancho del país, ofreciendo teatro gratis a través de las Casas de la Cultura.

El Plan no será una política cultural


Con respecto a las entidades que trabajan por la promoción cultural, se encontró que los salvadoreños las reconocen muy poco. La más reconocida es CONCULTURA, el 31.9 % de la población la conoce. “Aunque no reconocen mucho a CONCULTURA como una entidad, reconocen a las Casas de la Cultura, eso es importante para nosotros”, acotó Federico Hernández, presidente de la entidad. Las Casas de la Cultura son reconocidas por el 23.4% de la población. Actualmente hay una sede en 173 municipios, barrios, pueblos o cantones de todo el país, además de una sucursal en Los Ángeles, California, otra en Milán, Italia y una en Quezaltenango, Guatemala.

Señaló que este punto sería clave para la elaboración del Plan Nacional de Cultura, que espera tener listo a inicios del 2008. “El Plan es una hoja de ruta que pretende sugerir no solo lo que debe hacer CONCULTURA, sino los órganos del Estado, los alcaldes, y los gremios en general, no solo los artistas, en materia cultural. Había gente que nos preguntaba por qué incluíamos al gremio de los constructores para hablar de cultura. Los incluimos porque es el gremio que más viola la ley de patrimonio cultural”.

Sin embargo, insistió en que este plan no sería una política nacional de cultura: “No puede ser una política nacional de cultura, porque esta tiene que ver con el ejercicio de la autoridad política. Será parte de un plan más amplio y ambicioso”.

Ramón Rivas, antropólogo: "Con todo respeto , pero es un documento que peca de inocencia ante una realidad cultural que exige estudios rigurosos para la elaboración de políticas concretas y sin romanticismos de ninguna clase".

La crítica de la sociología

A este aspecto apunta el sociólogo Ramón Rivas. Aunque aplaude la labor hecha por CONCULTURA, critica el informe. “Hay que ver esto con bueno ojos porque la administración ha tomado la iniciativa. Es muy arriesgado porque no sabemos lo que el pueblo va a decir”, dijo.

“Sin embargo, como antropólogo siento que es pretensioso como para conformar una política nacional de cultura. Si bien es cierto se han abarcado amplios sectores, el documento es muy resumido. Hay muchos detalles en los que pudieron haber profundizado más, como lo del carácter de la familia. ¿A qué familia se refieren? ¿Cómo está conformada esta familia? ¿Cómo era antes y después de la guerra? Hay que redefinir qué entendemos por familia”, manifestó.

“Hay que tener cuidado y no interpretar ese documento como que así somos los salvadoreños o como que ya se encontró la varita mágica, ya que es una interpretación de datos al estilo ameno y con sentimiento encontrado de melancolía. Con todo respeto, pero es un documento que peca de inocencia ante una realidad cultural que exige estudios rigurosos para la elaboración de políticas concretas y sin romanticismos de ninguna clase. La realidad sociocultural del país lo exige y ante una sociedad transculturizada no podemos seguir pensando en si nos gustan o no las pupusas o si voy o no voy a la playa”, concluyó con la crítica.

El antropólogo también aprovechó para hablar sobre la migración, y sobre la necesidad de la población salvadoreña de “rescatar” la cultura, que teme se vea amenazada por lo foráneo: “Tenemos miedo porque nunca hemos tenido un proyecto de nación cultural, por eso no sabemos quiénes somos y hacia dónde vamos. Por eso tenemos miedo de vernos frente a otras culturas que pueden cubrirnos de una sola vez. No conocemos nuestra propia historia”.

El salvadoreño trabajador y el haragán


Por otra parte, la laboriosidad salvadoreña es también reconocida como una característica cultural. Uno de los comentarios más frecuentes es el conocido: “Los salvadoreños somos trabajadores”.

Cuando se le preguntó a la población qué es ser salvadoreño, las características positivas salían a relucir con más facilidad, como el hecho de ser trabajadores. Un porcentaje menor mencionaba aspectos negativos que consideraban propios de los salvadoreños, como el ser “atenidos”, “impuntuales” y “machistas”.

Entre los salvadoreños predomina la idea de que a causa de las remesas podría estarse perdiendo esta característica distintiva de ser trabajador. Según el documento, las remesas producen que el salvadoreño se vuelva haragán.

El factor económico


Otra paradoja encontrada es que el 78% de la población dijo que si tuviera la oportunidad de elegir el lugar donde nacer, elegiría El Salvador. Sin embargo, el 53% dice no ver su futuro en el país. Estos salvadoreños, se visualicen o no dentro de unos años en El Salvador, piensan que la cultura es un factor importante dentro del desarrollo económico del país.

“A lo largo del documento aparecen guiños hacia la dimensión económica de la cultura, porque la gente nota el vínculo que existe. Reconocen a la cultura como una herramienta de crecimiento económico. Por ejemplo, cuando mencionan la importancia de apostarle al turismo, la apuesta es a un rubro económico del país”, comenta el presidente de CONCULTURA.

“La cultura tiene una insoslayable dimensión económica–reza el documento¬¬–: los bienes y servicios culturales son producidos con insumos que se compran con dinero, por mano de obra que se paga, y se venden para cubrir esos costos y obtener ganancias”. Aunque no es ninguna novedad ni un descubrimiento sorprendente, es importante reconocer en un estudio oficial la dimensión económica de la cultura. De manera indirecta este reconocimiento, puede servir de base para empezar a pensar en legislaciones que tomen en cuenta, la mano de obra del artista, en tanto productor de bienes y servicios culturales.

Todos estos resultados serán pauta para que COCULTURA repiense su estatus legal, como Hernández ya lo había dicho al inicio del Diálogo: “Lo estamos evaluando. Esto nos coloca ante tres posibilidades: quedarnos como estamos, hacer de CONCULTURA un ministerio, o ser una descentralizada, es decir que no dependeríamos del ministerio de educación. De tomar esta decisión, podría convertirse en una secretaría o una autónoma. Todos los escenarios se están evaluando porque la gente sugiere que debemos tener otro estatus legal”, concluyó.

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