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Una sociedad justa fundada en el respeto a la libertad
y el compromiso con la democracia
La campaña política en nuestra extrañada
patria de El Salvador, ha
iniciado con mucha anticipación, debido a la importancia
histórica que las elecciones del 2009, significan para
las aspiraciones de poder político y económico para
los miembros de la clase política y sus aliados en el país.
El discurso político de los dos partidos mayoritarios,
inició con la posición individual sobre sus perspectivas
de libertad y democracia; mientras los partidos menos populares,
muestran sus disponibilidades
a incorporarse a la alianza política que mejor satisfaga
sus propias
necesidades, y así, no perder la oportunidad de participar
en el
repartimiento del inmenso pastel de poder que las próximas
elecciones generales ofrecen.
Lunes 8 de octubre de 2007
Walter Monge-Cruz, desde Washington D.C.
redaccion@centroamerica21.com
Para los casi tres millones de salvadoreños
que vivimos en
Estados Unidos, el resultado de ese futuro histórico, tiene
repercusiones mínimas, porque tenemos la oportunidad de continuar
trabajando, de educarnos y progresar; aunque, el gobierno de El
Salvador a través de sus representantes, impulsen una campaña
de miedo aquí y en El Salvador. Los salvadoreños que
vivimos en Estados Unidos, tenemos la oportunidad de experimentar
una sociedad sólida en libertades y democracia.
Una sociedad a la vanguardia del siglo XXI, que dirige el destino
del mundo. Adonde su poder e influencia es casi supremo sobre las
naciones de la Tierra, y es aquí adonde vivimos. Aquí,
adonde, la cónsul general de Washington DC, puede decir por
radio que si ARENA pierde, los salvadoreños amparados al
TPS, perderemos el beneficio. Aquí, adonde, militantes del
FMLN, críticos y enemigos del imperialismo yanqui, trabajan
bien remunerados, utilizan servicios de salud y educación
gratuita, manejan autos y compran casas como oligarcas y sobretodo,
pagan impuestos que financian el poder y la extensión del
imperio que odian, aunque se identifiquen como anarquistas.
Aquí adonde por siglos se ha dicho que puedes ser lo que
quieras ser. Esta es una sociedad justa, no perfecta; que ha evolucionado
constantemente desde los días de la esclavitud, de la segregación
racial y que debe continuar evolucionando con respecto a la inmigración.
Aun así, es una sociedad formidable en la implementación
de las
libertades y respeto de la integridad humana. Todo el mundo sabe
que acá es posible todavía realizar tus sueños,
si te lo propones y tienes el coraje de trabajar duro hasta lograrlo.
Muchos lo hemos hecho y otros lo continuarán haciendo. Obtenerlo
es posible, porque existe un sistema de gobierno, que trabaja con
el propósito de proporcionar oportunidad de superación
para la nación y comprende que la nación somos todos,
y basado en ello, trabaja ofreciendo una de las mejores transparencias
administrativas en el mundo; la honorabilidad de los representantes
del pueblo; la estricta aplicación de las leyes y el orden;
la imparcial ejecución de la justicia; la promoción,
regularización y financiamiento de la pequeña empresa,
quienes son los promotores de nuevas fuentes de riqueza; la educación
pública que da la oportunidad de preparar generaciones de
ciudadanos que conquistan las barreras del descubrimiento científico,
la superación artística, la integración social
y el desarrollo económico.
La realidad expresada por la mayoría del pueblo en el territorio
patrio, es que el sistema político en El Salvador, aun, no
es, una vía para la libertad del pueblo. La democracia salvadoreña
es muy frágil, es comparable a la de los fundadores de este
país, quienes como Thomas Jefferson, proclamaron libertad,
mientras continuó teniendo esclavos; democracia, mientras,
no facilitó que todo el pueblo ejerciera el voto.
Nuestra patria, necesita la madurez política del pueblo,
la cual es sustancial, y esa madurez considero que será demostrada
en la elección de nuestros próximos gobernantes, basada
en la oferta de gobierno con planes específicos de solución
a los problemas de mayor interés que afectan al pueblo, mas
que en la popularidad del ciudadano o la institución política
que le respalda. Y eso será un avance inmenso hacia obtener
la libertad y la democracia que queremos.
El partido ARENA, es honesto en su concepto ideológico, el
himno del inmortal Mayor d’Aubuisson, expresa el propósito
de la fundación del partido, y hoy más que nunca su
lucha contra el comunismo en las próximas elecciones, será
más fuerte. Mas, para quienes conocieron el espíritu
del Mayor, al fundar el partido político, y ahora han sido
aislados de la evolución del partido, conocen que la lucha
y el sacrificio del Mayor, ha sido traicionado, porque, la miseria
económica del campesino que le dio de comer y le dio de dormir
en la hamacas de esos ranchos mientras fundaba el partido, no ha
cambiado. Y si lo ha hecho, es por los exiliados que envían
remesas, no por el gobierno que el visionó.
El partido FMLN, merece el beneficio de la duda, son puristas en
el concepto revolucionario de Don Agustín Farabundo Martí,
aún, durante su ascensión al poder de la nación
como segunda fuerza política, su deficiencia administrativa
en San Salvador, ha demostrado que el liderazgo, ignora las necesidades
del pueblo. Pero con su último super candidato, aunado a
la convocatoria de diálogo nacional, es oportuno esperar,
antes de ofrecer una posición determinante sobre sus intereses
reales.
Para los salvadoreños que vivimos en Estados Unidos, es importante
que la política exterior de su plan de gobierno, no sea de
insulto y menosprecio a este país, porque somos casi tres
millones de ciudadanos, quienes nos hemos superado integralmente
y en su mayoría deseamos que se respete a la nación
que nos da esa oportunidad. Un poeta dijo: “Lo que me ha enajenado
del proceso revolucionario chino, no ha sido Mao Tse-tung sino maotsetungnismo”,
Igual en mi patria, el efemelenismo y el nacionalismo, han enajenado
mi admiración por la revolución de Farabundo Martí
y la defensa de la patria, con la visión de Paz, Progreso
y Libertad, de Roberto D’Aubuisson.
El Salvador necesita armonizar ambos conceptos y despolarizar nuestra
sociedad. Ese es el reto del centro político, el cual es
un gigante dormido, que puede hacer realidad la consolidación
de una sociedad justa fundada en el respeto a la libertad y el compromiso
con la democracia.
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