Los mismos problemas que se mencionan a nivel “de
adultos” son los problemas que nos quitan el sueño
a los jóvenes. Los mismos deseos para nuestro país
los vemos desde otra perspectiva de mucho potencial y con la energía
que caracteriza a la juventud salvadoreña. Desde cualquier
ángulo que analicemos la situación, los dos grandes
retos para el próximo presidente o presidenta serán
sin lugar a duda la seguridad y la generación de más
y mejores empleos. El problema de la inseguridad no es solamente
una estadística y números que tergiversamos con
fines políticos, es una amenaza directa al potencial del
joven de desenvolverse libremente y aportar a la comunidad.
La generación de los Milenarios, aquellos adultos jóvenes
nacidos entre 1977 y 1997, se ha caracterizado por ser más
involucrada y voluntariosa que las generaciones previas. Este
hecho es crítico al analizar los espacios de participación
que están disponibles para los jóvenes. Las iglesias
y los deportes han presentado una opción bastante atractiva
para poner en marcha sus ideas y sus buenas intenciones.
Las maras y pandillas por el otro lado han presentado, desgraciadamente,
la misma oportunidad enfocada erradamente. El sentido de pertenencia
y participación es un reto que podemos y debemos utilizarlos
en ser buenos ciudadanos. Hemos sido testigos de importantes iniciativas
de grupos de jóvenes deseosos de aportar su servicio en
organizaciones como Techo para mi País y Libras de Amor.
Estos grupos merecen el reconocimiento de ser actores en la sociedad
civil que con el liderazgo joven están cambiando la cara
a las oportunidades que tenemos los jóvenes para involucrarnos.
Desgraciadamente también hemos sido testigos del extremo
al que han llegado algunos partidos o supuestos movimientos en
utilizar a los jóvenes como grupos de choque, armados y
dispuestos a sacrificar una vida humana por el capricho político
de otros. Mi más fuerte deseo es que los dejen estudiar
y no los llenen de odio y resentimiento. Pongamos todas esas energías
en un buen uso.
Nuestra generación que se ha caracterizado por tener opiniones
fuertes y definidas en un sin fin de temas de relevancia nacional,
no se va a quedar de brazos cruzados esperando a que le digan
que hacer. Nosotros decidimos a quien aplaudirle en una campaña
electoral, y de la misma forma decidiremos por quien votar. Si
calculamos la cantidad de jóvenes que emitirán su
voto por primera vez en las elecciones del 2009 podremos comenzar
a imaginarnos el enorme potencial que esta población tiene
para los partidos. Si nosotros como jóvenes no sabemos
jugar nuestras cartas se van a aprovechar de ellas y en lugar
de ser actores involucrados seremos simplemente banderas que utilicen
en la campaña.
Si bien es cierto que los jóvenes por lo general no confían
mucho en la clase política es, entre otras cosas, un producto
de la desconexión entre la clase política y los
jóvenes. Los jóvenes pueden ser un comodín
político para aparentar apoyos pero no debe limitarse solamente
a eso. La utilidad de los jóvenes debe ser más que
aplaudir, inflar vejigas y poner sillas. Los jóvenes tenemos
voz y voto y la clase política debe aprender el idioma
de los jóvenes.
A los partidos les pido que no le teman al liderazgo joven, no
lo vean como una amenaza a sus territorios políticos sino
como un aliado importante con potencial inimaginable. Veamos cuantos
partidos toman este reto de hoy hasta las elecciones. Incluyamos
en las listas a diputados a jóvenes con ideas frescas,
propongamos como alcaldes y concejales a líderes jóvenes
y por favor, escojamos en los candidatos o candidatas a la presidencia
a aquellos que hablen el idioma de los jóvenes. En las
urnas o en las playas vamos a ver los resultados de este reto.