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Cuando el país se convierte en la capital de la poesía
No me imagino un mundo sin poesía, y peor aún sin que esta evolucione, crezca y se mantenga a lo largo de los años por generaciones y generaciones de nuevos exponentes poéticos.
Lunes 8
de octubre de 2007
Teresa Andrade
teresa.andrade@centroamerica21.com
No me imagino un mundo sin poesía, y peor aún sin que esta evolucione, crezca y se mantenga a lo largo de los años por generaciones y generaciones de nuevos exponentes poéticos.
“¿Hacia dónde vas paisito sin la poesía?”, me he preguntado cada año al asistir rigurosamente durante seis años al Festival Internacional de Poesía, que se realiza en el país. Gracias a la Fundación Poetas de El Salvador, la poesía visita nuestro país y se vuelve la capital de la poesía por una semana.
Cuando se llega la clausura de cada festival, pienso en el que sigue. Y vuelve la pregunta a recobrar mi mente. “No sé realmente hacía donde vas paisito sin la poesía”, me contesto. Creo que es importante hacer notar que este nuevo espacio, si bien es cierto, celebra la poesía y sus exponentes, se queda corto ante el caudal de talento que hay en el país.
Cada año ha habido una sorpresa, un verso, un poeta, un recital que me ha dejado una buena o una mala sensación, no solo en la boca, si no en los oídos, en mi mente y sobre todo en la vena poética que creo aún tener un poco despierta.
Este último festival, que finalizó el viernes pasado, me dejó una alegría irrepetible. Fue la primera vez que en “El café de los poetas”, nombre con el que se denomina al escenario donde los autores leen sus textos en la inauguración, estuvieran tres poetas salvadoreños, todos jóvenes, talentosos y sobre todo muy profesionales.
En los años anteriores, el poeta anfitrión era un poeta consagrado, mayor de cuarenta años, al menos. En esta ocasión me dio gusto saber que las letras nuevas se están tomando los espacios que, hasta entonces, habían pertenecido a los “viejos”. Esos que ya tienen todos los espacios abiertos.
No solo estos tres anfitriones que aperturaron el festival, eran jóvenes, si no, además ganadores de premios de gran importancia a nivel internacional. Han sido publicados y reconocidos tanto en América Latina, como en España. Creo que eran merecedores de este espacio, que nunca ha sido de gratis. Estos espacios se ganan con trabajo, nada más que con eso. Pensar la poesía como una profesión que hay que perfeccionar cada día más.
Durante seis años, el Festival Internacional de Poesía ha reunido a más a 120 poetas internacionales y 120 nacionales. Muchos de ellos jóvenes talentos. Los que están transformando las letras en el país y la literatura contemporánea.
Si bien es cierto, la poesía siempre y en casi todos los lugares del mundo, ha tenido un espacio reducido en las sociedades. Creo que es realmente importante para la sensibilización, la pasión y las estéticas de las sociedades. No me imagino un mundo sin poesía, y peor aún sin que esta evolucione, crezca y se mantenga a lo largo de los años por generaciones y generaciones de nuevos exponentes poéticos.
La poesía continúa luchando por ganar un lugar dentro de las artes salvadoreñas. Y es lo menos que le debemos como país a la poesía, ya que este pequeño paisito tiene un prominente talento para la poesía. Es increíble, la mayor existencia de poetas, que de narradores. Así que, le debemos al menos una semana al año, para reivindicarnos con ella.
Es importante hacer notar que este festival, no solo sirve de espacio para que las letras nacionales sean reconocidas y valoradas, si no también para tener un contacto multicultural de la poesía de las diferentes naciones. Es así, como en estos seis años, han desfilado por diferentes instituciones, escuelas, colegios, universidades, parques, casas de la cultura, entre otros, poetas de los cinco continentes del mundo. Donde diferentes acentos, idiomas y poéticas se dan a conocer en el país.
Es además muy productivo para la comunidad de poetas salvadoreños tener contacto con los trabajos de otros colegas, ya que solo así la poesía se expande, se retroalimenta y crece más allá de nuestros limites fronterizos del conocimiento.
Sigo preguntándome ¿hacía dónde vas paisito sin la poesía?, pero sé que por lo menos un camino está fijo, trazado y ganado. Queda en manos de las nuevas generaciones literarias hacerlo crecer, mantenerse y darle muchos y mejores textos de verdadera calidad internacional. Ese es el nuevo reto, para todos los literarios.
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