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Melitón Barba

Melitón Barba
En la memoria de Ricardo Lindo
“Médico, revolucionario y escritor”


Corrían los años de la guerra. A los poetas jóvenes (hacedores de versos, con mayor o menor fortuna, siempre han abundado en el país) se fueron sumando las voces de jóvenes narradores y, cosa más curiosa aun, de jóvenes narradoras. Si antes hubo mujeres que incursionaron en la poesía, era en cambio novedoso, salvo raras y contadas excepciones, que incursionaran en el cuento o la novela. Y se dio otro caso curioso, el de un hombre que entraba en la vejez, conocido como médico y revolucionario, y que tardía y paralelamente entraba en letras.

Melitón Barba, ese recién llegado, no desembarcaba como un principiante. Sus cuentos revelaban seguridad y originalidad, su prosa era elaborada con acierto.


Lunes 15 de octubre de 2007
Ricardo Lindo

redaccion@centroamerica21.com

 

 

Revolucionario por vocación y tradición

Melitón Barba nació en San Salvador el 25 de octubre de 1925. Murió el 29 de junio de 2001 en la misma ciudad. Padeció numerosas veces el exilio, en Honduras (1961), México (1965), Costa Rica (1972-73), México (1976-1977) y Nicaragua (1980-88). Sus primeros cuentos aparecieron en Nicaragua a partir de 1984, cuando él ya contaba, por tanto, 54 años. Su primer libro sale de prensas a sus 59 años.

Su padre era un español de la diáspora, opuesto al general Franco, de manera que nuestro escritor era revolucionario por vocación pero asimismo por tradición. Lo fue en política y en su praxis de galeno, pues se inclinó por las tendencias no ortodoxas de su ciencia.

Lo conocí poco después de la guerra interna. Sus relaciones con mi familia, sin embargo, se remontaban a unas décadas antes de mi nacimiento. Él había sido compañero de mi tío Herbert Lindo, quien falleció, adolescente, en una fallida invasión militar desde Guatemala que pretendía derrocar al general Martínez, intentona en la cual Melitón participó. Más tarde fue amigo de mi padre, quien alcanzó a leer, y apreció, las narraciones de sus inicios.

El caso es que, por alguno dolencia, acudí a Mauricio Marquina, médico naturópata, antropólogo, poeta y ex–condiscípulo mío, quien, tras prescribirme un tratamiento, me remitió donde el Dr. Barba para que, por vía de hipnosis, me curase del execrable hábito del tabaquismo.

Hipnotizado por Melitón


Entrado en carnes y años, bonachón filosofo, me recibió como a un viejo amigo aunque jamás me hubiese visto antes y yo fuese 22 años menor que él.

Su método hipnótico me sorprendió. Mi propio padre fue hipnotista un tiempo y se imponía con una mirada penetrante y un tono imperioso. Barba, en cambio, inducía al sueño con una voz persuasiva y adormecedora. No logró dormirme realmente, aunque sí hacerme entrar en duermevela, e hizo algo extraordinario, lograr que me privara del cigarrillo por casi un mes.

Varios de sus amigos, por otra parte, eran mucho menores que él, como el propio Marquina o el pintor Antonio Bonilla. El arte y las letras suelen borrar las distancias generacionales. Un cuadro de Bonilla se encuentra en la portada de la colección de cuentos Puta Vieja, obra de Melitón. Representa a un pequeño individuo arrodillado ante una mujerona gruesa, con las piernas abiertas y vestida de rojo, cuya profesión se lee en su aspecto. El nombre del cuadro era otro, no recuerdo cual, pero no importa. Toda la gente le llama Puta Vieja.

Con Mauricio y otros colegas, que lo eran doblemente, fundaron una asociación de médicos escritores que existe hasta la fecha. Tuvieron lugar, cuando lo conocí, las llamadas “marchas blancas”, con las cuales los miembros del Seguro Social reclamaban mejores condiciones laborales y salariales. Los organizadores hicieron llegar al Dr. Barba, presidente de la asociación, una carta solicitando ayuda monetaria. Melitón Barba, veterano de manifestaciones que podían terminar en sangre, les respondió en tono de burla haciéndoles saber las carencias de su grupo y solicitando una ayuda para papelería.

Compasión por el sufrimiento humano y la ignorancia


Melitón me contó algunas experiencias de su vida de médico, parecidas a sus cuentos. Por ejemplo, el caso de una pareja que se encontraba de noche en el parque Cuscatlán. Nerviosa, la muchacha tuvo una inesperada contracción que impedía a su compañero salir después del acto. Él se descontroló a su vez y la golpeaba gritándole:

-¡Soltame, puta!

Eso acrecentaba el nerviosismo de la mujer y la contracción en consecuencia. Los guardianes acudieron alertados por los gritos y la pareja fue a dar al hospital. Un poco de relajación inducida por la calma voz del doctor Barba solucionó el asunto.

Contó asimismo el caso de un homosexual pasivo que se masturbó con una botella de Coca-Cola y no conseguía, después, extraerla. Desesperado, hizo a un lado los temores y fue al hospital. El doctor Barba quebró la botella, con lo cual salió el aire comprimido, liberando al paciente.

CUENTOS:
Todo tiro a jon (Managua, 1984)
Cuenta la leyenda que (Managua, 1985)
Olor a muerto (San Salvador, 1986)
Puta vieja (San Salvador, 1era. ed. 1987; 2da ed. 1993; 3era. ed. 1995; 4ta. ed. 2001) Cartas marcadas (San Salvador, 1989)
Hermosa cosa maravillosa (San Salvador, 1991)
La sombra del ahorcado (San Salvador, 1994)
En un pequeño motel (San Salvador, 2000)

RELATOS:
Alquimia para hacer el amor (San Salvador, 1997)

OTROS ESCRITOS:
"El Juramento Hipocrático y la responsabilidad social del médico" (San Salvador, 1963)
Ortopedia y traumatología (San Salvador, 1971)
Enfermedades Cósmicas. Estudio de 25 casos tratados con Acupuntura de Ciática Médica, Neuralgia del Trigémino, Parálisis Facial (Turín, 1975)
"Ítalo López Vallecillos, el político" (San Salvador, 1996)
"Samuel Hahnemann, padre de la Homeopatía I y II" (San Salvador, 1996)
"Los partidos de centro" (San Salvador, 1998)
Diez artistas (San Salvador, 1998)
"Literatura y medicina" (San Salvador, 1998)
"La isla de los hombres solos I y II" (San Salvador, 1999)
"La otra medicina" (San Salvador, 1999)
"Las pasiones y las enfermedades" (San Salvador, 2000)

Estas historias las contaba Melitón sin pizca de malicia, más bien al contrario, con compasión por la ignorancia y el humano sufrimiento de la vergüenza.

Su obra literaria fue una explosión tarda pero fecunda. Sus libros se fueron sucediendo unos a otros, dejando un legado que, por sus dimensiones y su calidad, supera al de muchos escritores.

Yo he sido siempre un inconforme

En Yo he sido siempre un inconforme, Melitón Barba, entrevistado por Jaime Barba y Ricardo Roque Baldovinos a los setenta y dos años, dice en una de las respuestas:

Volviendo a lo de las vivencias... cuando yo era niño, vivía con mi familia cerca de la Penitenciaría Central y una de las formas de diversión de los niños era visitarla los domingos. Nos dejaban entrar y nos íbamos a platicar con los reos. Pasaba uno al lado de aquellos a quienes llamaban "los rematados", que eran los que ya estaban cumpliendo una condena. Allí había marimba y los reos tocaban la marimba. Para nosotros ir a la penitenciaría era como entrar a un cine... Por entonces, hubo un crimen que impactó a toda la sociedad salvadoreña. Tres delincuentes conocidos como el Pabellón, el Catrín y Magaña asesinaron a un par de ancianos y creo que les robaron un colón porque no tenían más. Aquello fue un escándalo. Estando dentro de la penitenciaría, el Pabellón, que era el principal inculpado, cayó enfermo -con los años, me vine a dar cuenta que lo que este hombre tenía era paludismo- y, ¡cosas inverosímiles, los de la penitenciaría comenzaron a cobrar cinco centavos a los niños y quince centavos a los adultos para ir a verlo. Pabellón estaba acostado sobre una cama, rodeado de todo el público. El hombre se sacudía de los fríos y de las fiebres. Siguió así hasta morir. Pienso que fue una manera de fusilarlo antes de llevarlo al paredón. Entonces ya con los años, levantando recuerdos, me di cuenta que no había escrito un cuento sobre la penitenciaría. Saqué el cuento de estos personajes y sale "el Lecumberri". Bueno... también está inspirado en los burdeles de Puntarenas, en Costa Rica.

En este espacio de la sección Cultura, la pluma y la mirada de Ricardo Lindo, ofrece a nuestros lectores retazos de la persona y la personalidad de escritores y artistas que, junto a la lectura de sus obras nos acercan al universo íntimo de cada uno de ellos, y de la época en que vivieron.

Claudia Lars
“Esto fue de cuando estuve enamorada de…”

Alvaro Menén Desleal
“Extravagante, divertido y perverso”

Hugo Lindo:
“Hablo de mi padre el poeta Hugo Lindo”

Raúl Contreras:
El escándalo de Lydia Nogales

Mario Hernández Aguirre:
"Come curas, ateo y burlón"
Francisco Gavidia
Un bicho medio loco y un indio Chorotega

Walter Beneké
Un super ministro con carta blanca

Ismael G. Fuentes:
La escuela de San Salvador y los modernistas

Marcel Marceau
En la memoria de Ricardo Lindo:
Ha muerto Marcel Marceau y es como si muriera una parte del silencio

Rolando Elías
En la memoria de Ricardo Lindo:
“El adalid de una mansa locura“

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