Melitón Barba
En la memoria de Ricardo Lindo
“Médico, revolucionario y escritor”
Corrían los años de la guerra.
A los poetas jóvenes (hacedores de versos, con mayor o
menor fortuna, siempre han abundado en el país) se fueron
sumando las voces de jóvenes narradores y, cosa más
curiosa aun, de jóvenes narradoras. Si antes hubo mujeres
que incursionaron en la poesía, era en cambio novedoso,
salvo raras y contadas excepciones, que incursionaran en el cuento
o la novela. Y se dio otro caso curioso, el de un hombre que entraba
en la vejez, conocido como médico y revolucionario, y que
tardía y paralelamente entraba en letras.
Melitón Barba, ese recién llegado, no desembarcaba
como un principiante. Sus cuentos revelaban seguridad y originalidad,
su prosa era elaborada con acierto.
Melitón Barba nació
en San Salvador el 25 de octubre de 1925. Murió el 29
de junio de 2001 en la misma ciudad. Padeció numerosas
veces el exilio, en Honduras (1961), México (1965), Costa
Rica (1972-73), México (1976-1977) y Nicaragua (1980-88).
Sus primeros cuentos aparecieron en Nicaragua a partir de 1984,
cuando él ya contaba, por tanto, 54 años. Su primer
libro sale de prensas a sus 59 años.
Su padre era un español de la diáspora, opuesto
al general Franco, de manera que nuestro escritor era revolucionario
por vocación pero asimismo por tradición. Lo fue
en política y en su praxis de galeno, pues se inclinó
por las tendencias no ortodoxas de su ciencia.
Lo conocí poco después de la guerra interna. Sus
relaciones con mi familia, sin embargo, se remontaban a unas
décadas antes de mi nacimiento. Él había
sido compañero de mi tío Herbert Lindo, quien
falleció, adolescente, en una fallida invasión
militar desde Guatemala que pretendía derrocar al general
Martínez, intentona en la cual Melitón participó.
Más tarde fue amigo de mi padre, quien alcanzó
a leer, y apreció, las narraciones de sus inicios.
El caso es que, por alguno dolencia, acudí a Mauricio
Marquina, médico naturópata, antropólogo,
poeta y ex–condiscípulo mío, quien, tras
prescribirme un tratamiento, me remitió donde el Dr.
Barba para que, por vía de hipnosis, me curase del execrable
hábito del tabaquismo.
Hipnotizado por Melitón
Entrado en carnes y años, bonachón filosofo, me
recibió como a un viejo amigo aunque jamás me
hubiese visto antes y yo fuese 22 años menor que él.
Su método hipnótico me sorprendió. Mi propio
padre fue hipnotista un tiempo y se imponía con una mirada
penetrante y un tono imperioso. Barba, en cambio, inducía
al sueño con una voz persuasiva y adormecedora. No logró
dormirme realmente, aunque sí hacerme entrar en duermevela,
e hizo algo extraordinario, lograr que me privara del cigarrillo
por casi un mes.
Varios de sus amigos, por otra parte, eran mucho menores que
él, como el propio Marquina o el pintor Antonio Bonilla.
El arte y las letras suelen borrar las distancias generacionales.
Un cuadro de Bonilla se encuentra en la portada de la colección
de cuentos Puta Vieja, obra de Melitón. Representa a
un pequeño individuo arrodillado ante una mujerona gruesa,
con las piernas abiertas y vestida de rojo, cuya profesión
se lee en su aspecto. El nombre del cuadro era otro, no recuerdo
cual, pero no importa. Toda la gente le llama Puta Vieja.
Con Mauricio y otros colegas, que lo eran doblemente, fundaron
una asociación de médicos escritores que existe
hasta la fecha. Tuvieron lugar, cuando lo conocí, las
llamadas “marchas blancas”, con las cuales los miembros
del Seguro Social reclamaban mejores condiciones laborales y
salariales. Los organizadores hicieron llegar al Dr. Barba,
presidente de la asociación, una carta solicitando ayuda
monetaria. Melitón Barba, veterano de manifestaciones
que podían terminar en sangre, les respondió en
tono de burla haciéndoles saber las carencias de su grupo
y solicitando una ayuda para papelería.
Compasión por el sufrimiento humano y la ignorancia
Melitón me contó algunas experiencias de su vida
de médico, parecidas a sus cuentos. Por ejemplo, el caso
de una pareja que se encontraba de noche en el parque Cuscatlán.
Nerviosa, la muchacha tuvo una inesperada contracción
que impedía a su compañero salir después
del acto. Él se descontroló a su vez y la golpeaba
gritándole: -¡Soltame, puta!
Eso acrecentaba el nerviosismo de la mujer y la contracción
en consecuencia. Los guardianes acudieron alertados por los
gritos y la pareja fue a dar al hospital. Un poco de relajación
inducida por la calma voz del doctor Barba solucionó
el asunto.
Contó asimismo el caso de un homosexual pasivo que se
masturbó con una botella de Coca-Cola y no conseguía,
después, extraerla. Desesperado, hizo a un lado los temores
y fue al hospital. El doctor Barba quebró la botella,
con lo cual salió el aire comprimido, liberando al paciente.
CUENTOS: Todo tiro a jon (Managua, 1984)
Cuenta la leyenda que (Managua, 1985)
Olor a muerto (San Salvador, 1986)
Puta vieja (San Salvador, 1era. ed. 1987; 2da ed. 1993;
3era. ed. 1995; 4ta. ed. 2001) Cartas marcadas (San Salvador,
1989)
Hermosa cosa maravillosa (San Salvador, 1991)
La sombra del ahorcado (San Salvador, 1994)
En un pequeño motel (San Salvador, 2000)
RELATOS:
Alquimia para hacer el amor (San Salvador, 1997)
OTROS ESCRITOS:
"El Juramento Hipocrático y la responsabilidad
social del médico" (San Salvador, 1963)
Ortopedia y traumatología (San Salvador, 1971)
Enfermedades Cósmicas. Estudio de 25 casos tratados
con Acupuntura de Ciática Médica, Neuralgia
del Trigémino, Parálisis Facial (Turín,
1975)
"Ítalo López Vallecillos, el político"
(San Salvador, 1996)
"Samuel Hahnemann, padre de la Homeopatía
I y II" (San Salvador, 1996)
"Los partidos de centro" (San Salvador, 1998)
Diez artistas (San Salvador, 1998)
"Literatura y medicina" (San Salvador, 1998)
"La isla de los hombres solos I y II" (San Salvador,
1999)
"La otra medicina" (San Salvador, 1999)
"Las pasiones y las enfermedades" (San Salvador,
2000)
Estas historias las contaba Melitón
sin pizca de malicia, más bien al contrario, con compasión
por la ignorancia y el humano sufrimiento de la vergüenza.
Su obra literaria fue una explosión tarda pero fecunda.
Sus libros se fueron sucediendo unos a otros, dejando un legado
que, por sus dimensiones y su calidad, supera al de muchos escritores.
Yo he sido siempre un inconforme
En Yo he sido siempre un inconforme, Melitón Barba, entrevistado
por Jaime Barba y Ricardo Roque Baldovinos a los setenta y dos
años, dice en una de las respuestas:
Volviendo a lo de las vivencias... cuando yo era niño,
vivía con mi familia cerca de la Penitenciaría
Central y una de las formas de diversión de los niños
era visitarla los domingos. Nos dejaban entrar y nos íbamos
a platicar con los reos. Pasaba uno al lado de aquellos a quienes
llamaban "los rematados", que eran los que ya estaban
cumpliendo una condena. Allí había marimba y los
reos tocaban la marimba. Para nosotros ir a la penitenciaría
era como entrar a un cine... Por entonces, hubo un crimen que
impactó a toda la sociedad salvadoreña. Tres delincuentes
conocidos como el Pabellón, el Catrín y Magaña
asesinaron a un par de ancianos y creo que les robaron un colón
porque no tenían más. Aquello fue un escándalo.
Estando dentro de la penitenciaría, el Pabellón,
que era el principal inculpado, cayó enfermo -con los
años, me vine a dar cuenta que lo que este hombre tenía
era paludismo- y, ¡cosas inverosímiles, los de
la penitenciaría comenzaron a cobrar cinco centavos a
los niños y quince centavos a los adultos para ir a verlo.
Pabellón estaba acostado sobre una cama, rodeado de todo
el público. El hombre se sacudía de los fríos
y de las fiebres. Siguió así hasta morir. Pienso
que fue una manera de fusilarlo antes de llevarlo al paredón.
Entonces ya con los años, levantando recuerdos, me di
cuenta que no había escrito un cuento sobre la penitenciaría.
Saqué el cuento de estos personajes y sale "el Lecumberri".
Bueno... también está inspirado en los burdeles
de Puntarenas, en Costa Rica.
En este espacio de la sección Cultura,
la pluma y la mirada de Ricardo
Lindo, ofrece a nuestros lectores retazos de la
persona y la personalidad de escritores y artistas que,
junto a la lectura de sus obras nos acercan al universo
íntimo de cada uno de ellos, y de la época
en que vivieron.