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Traición, corrupción, deserción
y otras miserias en la guerrilla de Guazapa



Una mañana, a finales de 1982, Fermán Cienfuegos recibió un mensaje cifrado sumamente inquietante: la comandancia guerrillera de la Resistencia Nacional en el cerro de Guazapa estaba sitiada, pero no por el enemigo sino por el grueso de los jefes militares insurgentes, que se habían rebelado contra su propio Estado Mayor en pleno, y se proponían fusilar a todos sus miembros, comenzando por el comandante Raúl Hércules, el legendario Raulón.


Lunes 15 de octubre de 2007
Geovani Galeas / (Tercera y última entrega)
ggaleas@centroamerica21.com

Comandante César Montes

La defenestración del comandante césar Montes

Allá por 1997, ya finalizada la guerra, en el entonces famoso Bar del Viejo una rusa llamada Svetlana cantaba boleros acompañándose con su guitarra. Yo la escuché una noche, quedé maravillado por su voz y por su belleza y publiqué un reportaje. Días después, en el mismo bar, se acercó a mi mesa un hombre delgado de unos cincuenta y tantos años. Me dijo que era el esposo de Svetlana y que quería agradecerme el reportaje, “pero estoy seguro que mi historia personal también puede interesarle”, me dijo.

Y, en efecto, durante horas y horas me contó la historia de su vida: era guatemalteco, en 1962 había recibido instrucción militar especializada en La Habana, y ese mismo año había sido cofundador de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, FAR, en su país. Luego de la muerte del legendario comandante guerrillero Luis Turcios Lima, él había sido nombrado comandante en jefe de esa organización.

Entre combate y combate, había viajado por todo el mundo, y se había entrevistado con Mao en China, Nguyen Van Giap en Vietnam, Kim Il Sun en Corea, Fidel Castro y el Che Guevara en La Habana; se había casado con una millonaria que había representado a Guatemala en el concurso Miss Universo; había fundado y dirigido tres organizaciones guerrilleras más, de todas las cuales terminó siendo expulsado “debido a la incomprensión y las envidias” de sus ex compañeros, me aseguró.

Comandantes de la Resistencia Nacional en el cerro de Guazapa

Sus anécdotas con grandes figuras históricas y su participación directa en sucesos de relevancia mundial parecían infinitas: había combatido en Cuba cuando la invasión de Bahía de Cochinos; años más tarde había recibido junto a Fidel Castro, “en la misma casa del comandante”, la noticia de la muerte del Che Guevara (Fidel le obsequió ahí mismo el Rolex del Che); el año 68 había participado en el mayo francés y también en la rebelión estudiantil de los universitarios mexicanos; estuvo combatiendo en Vietnam durante el primer bombardeo aéreo masivo norteamericano, después de la gran ofensiva del Tet (ahí derribó aviones e interrogó a pilotos estadounidenses prisioneros); Roque Dalton había sido aspirante a integrarse a una de las guerrillas fundadas por él.

La historia se prolongaba con infinidad de combates en campos y ciudades; pasaba por una rocambolesca aventura con la guerrilla salvadoreña (de la que fue expulsado “debido a la incomprensión y la envidia”), y concluía con otra aventura similar con las tropas especiales del ejército sandinista en batida contra los insurrectos contrarrevolucionarios (pero también ahí “la incomprensión y la envidia” habían determinado su expulsión).

Sus compañeros de jefatura en diversas guerrillas guatemaltecas (entre ellos los legendarios Pablo Monsanto, Rolando Morán, Mario Payeras y Camilo Sánchez), habían intentado anularlo políticamente o aniquilarlo físicamente mediante velados subterfugios de los que siempre salió airoso).

Su nombre de guerra era César Montes, pero en el cerro de Guazapa había sido conocido como Pedrito el Mexicano. Tiempo después pude contrastar, con varios dirigentes de la Resistencia Nacional, su versión de lo que le había ocurrido en El Salvador. Y esta es la historia.

Un mal cálculo


La rebelión de los jefes militares de la guerrilla de Guazapa, y la posterior deserción de una buena cantidad de ellos con todo y sus unidades, dejó cuestionado al mando del frente y agudizó la crisis en que la RN se venía debatiendo desde finales de 1980.

En esas condiciones se generó un vacío de mando en el frente, y Pedrito el Mexicano, responsable de inteligencia y seguridad, tomó las riendas de la dirección política y militar de la zona a finales de 1982.
En ese momento, en la RN tenía lugar una sorda cadena de intrigas y de pugnas internas entre diversos grupos más o menos radicales. La organización, que había nacido como una federación de corrientes o tendencias ideológicas, se había mantenido cohesionada bajo el mando de su fundador y primer comandante en jefe, Ernesto Jovel. Después de su muerte, la jefatura había sido asumida por Fermán Cienfuegos, pero otros dirigentes también querían ese cargo.

Combatientes de la Resistencia Nacional en el frente de Guazapa

En medio de ese refuego, Pedrito el Mexicano dio en creer que él constituía el más fuerte apoyo de Fermán, y que por su trayectoria se merecía un puesto en la Dirección Nacional de la RN. Entonces comenzó a cometer varios errores que lo pusieron bajo la observación desconfiada de Pancho, el jefe de inteligencia y seguridad interna de la organización.

El primer error fue su intento de establecer, a espaldas de la organización, una red paralela y clandestina de apoyo a su persona. Pancho detectó esa maniobra e intervino una serie de mensajes secretos que Pedrito enviaba a sus contactos personales en el exterior. En esos mensajes, según me relató Pancho tiempo después, describía la situación de crisis interna de la RN, y evaluaba peyorativamente a sus dirigentes (de quienes reclamaba que no eran verdaderos marxistas-leninistas sino “a lo sumo” socialdemócratas).

Pancho informó de esa situación a la Dirección Nacional de la RN, y esta comenzó a hacerle el vacío a Pedrito el Mexicano. En ese momento, finales de 1983, la RN se aprestaba a celebrar su Congreso de Delegados, instancia en la que se definía la estrategia política y militar, y se tomaban las decisiones respecto a la distribución de los cargos en la Jefatura.

Pedrito creía que tenía ganado un lugar tanto en el Congreso como en la nueva Dirección Nacional que se nombraría. Pero nadie más pensaba lo mismo en la organización. Cuando sintió el vacío a su alrededor comenzó a exigir explicaciones que no le fueron dadas en absoluto. Entonces comenzó a impacientarse y a reclamar con mayor insistencia. Pancho, a nombre de la jefatura, le mandó a decir que lo que necesitaba era “atención psiquiátrica especializada e inmediata”.

La tensión creció. Pedrito comenzó a propalar sus críticas a la organización, y escribió nuevos mensajes secretos al exterior (a México, Cuba, Guatemala, Vietnam, Corea y Colombia), advirtiendo que su vida corría peligro “debido a la incomprensión y la envidia” de sus compañeros de lucha.

Como no fue invitado al Congreso y tampoco considerado para ningún cargo en la jefatura, se sintió ofendido y planteó que “debido a que la RN no era marxista-leninista sino socialdemócrata”, él no tenía cabida en la organización y por ello renunciaba. La RN respondió expulsándolo. Pedrito pidió entonces su incorporación a las FPL, pero en el FMLN había un acuerdo de que ninguna de sus organizaciones podía aceptar en sus filas a un expulsado.

Entonces solicitó salir del frente y del país. La RN le concedió la salida bajo la vigilancia de un combatiente que lo pondría en la frontera con Honduras. Pedrito, convertido de nuevo en César Montes, aseguró después que ese combatiente tenía la misión de asesinarlo en el camino, que el mismo combatiente se lo confesó y decidió no cumplir la tarea. Los dirigentes de la RN niegan esa versión, por supuesto.

Aquella noche en el Bar del Viejo, Pedrito el Mexicano me regaló el libro de sus memorias, “Epitafio para César Montes”. Ahí cuenta que, luego de salir de El Salvador viajó a Nicaragua y se entrevistó con el comandante sandinista Tomás Borge, por entonces Ministro del Interior, y registra lo que Borge le habría dicho sobre su situación con la Resistencia Nacional: “Yo conozco perfectamente a los de la RN, sé de que son capaces. Tu historial lo explica todo. Son tan arrogantes que se permiten expulsarte no solo de su movimiento sino del movimiento centroamericano y mundial. Qué desproporción, ya no tienen dimensión de las cosas (…) Ellos, los de la RN no eran nadie y quizá ni revolucionarios cuando vos ya apoyabas a Carlos Fonseca Amador”.
Poco después César Montes también era expulsado del sandinismo.

(Este reportaje ha sido construido sobre la base de conversaciones sostenidas por el autor con varios de los protagonistas, entre ellos los ex comandantes Fermán Cienfuegos, César Montes y Carlos Rico Mira).

Traición, corrupción, deserción y otras miserias en la guerrilla de Guazapa
(Primera entrega)

Traición, corrupción, deserción y otras miserias en la guerrilla de Guazapa
(Segunda entrega)

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