“Las candidaturas presentadas por el FMLN no son inamovibles, pueden haber sorpresas”, aseguró a Centroamérica 21 un dirigente centrista. Según sus cálculos, ese partido estaría convencido ya de lo que todos sus aliados potenciales le han dicho reiteradamente: solos no ganan. Y la única forma de revivir la posibilidad de una alianza es sacrificar al menos una de las piezas de su fórmula, para integrar a ella al aliado que mas consenso logre provocar en torno a su figura.
Lunes 15 de octubre de
2007
Redacción
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¿Héctor Dada, Arturo Zablah, Héctor Silva? Esos son los nombres que más suenan para una eventualidad semejante, pero no son los únicos. En ese escenario hipotético, Salvador Sánchez Cerén desplazaría voluntariamente su candidatura hacia la alcaldía capitalina, movimiento que a su vez se justificaría por la convicción de que Violeta Menjívar estaría condenada al fracaso, si se postulara de nuevo, debido a la intrascendencia de su gestión.
En las pasadas elecciones municipales, el FDR y el CD totalizaron en conjunto unos 10 mil votos en San Salvador. Esos votos podrían constituir la diferencia y permitirle al FMLN mantener la principal comuna del país, aunque tuviera que ceder parte del poder municipal a sus aliados, naturalmente.
En un primer momento, tal cálculo parece más una proyección de deseos que una probabilidad razonable, sobre todo si se toma en cuenta las múltiples señales, con alto grado de explicitación, que el FMLN ha enviado en el sentido de haber cerrado la puerta a las alianzas.
Pero si es verdad que, en política, absolutamente nada está escrito en piedra, y que las cosas se desatan de la misma manera en que se atan, el asunto merece alguna consideración.
Por una parte, la idea de que el FMLN perdería de nuevo la elección presidencial si persiste en correr solo, tiene suficiente sustento objetivo en la historia del comportamiento electoral salvadoreño; por otra parte, la pérdida paralela de la alcaldía capitalina agravaría a niveles terminales el problema para la actual dirección farabundista.
Ello explicaría el por qué, a pesar de tanta señal enviada en sentido negativo, el FMLN no ha dejado de conversar ni con el FDR ni con el CD. Esos dos partidos han sido suficientemente claros en señalar públicamente que, para ellos, la construcción de una alianza es imposible si el FMLN insiste en quererles imponer de entrada su propia fórmula.
Habría además otro detalle relevante. Al sacar de la jugada a Salvador Arias y sus ideas radicales, el FMLN se ha quedado prácticamente sin ningún especialista en economía dentro de sus filas. Ello le dificulta fundar técnicamente las elaboraciones puramente retóricas presentadas en su esbozo programático.
En ese contexto, y en el curso de la reuniones sostenidas en las últimas semanas con el CD, la dirección farabundista se habría visto en graves aprietos para contestar una serie de once preguntas que les habría formulado el doctor Héctor Dada, en el caso de que llegaran al poder, y entre las cuales estarían las siguientes:
-¿De que manera incrementarían los ingresos del Estado para poder financiar el desarrollo y pagar las pensiones?
-¿Mantendrían o no los fideicomisos?
-¿Mantendrían o no el dólar?
-¿Cómo combinarían la atracción de inversión con protección a la pequeña y la mediana empresa, considerando que el país ha firmado casi diez tratados de libre comercio?
-¿Cómo financiarían un incremento en la cobertura del seguro social?
Es evidente que una cosa es denunciar, desde la oposición, deficiencias en cada una de esas áreas, y otra cosa muy distinta es intentar resolver su financiamiento desde un responsable ejercicio de gobierno, sobre todo si se carece de propuestas concretas y técnicamente fundadas al respecto.
El FDR ya definió postura en torno a su apoyo a la candidatura de Arturo Zablah; el CD por su parte, según versiones de fuentes muy próximas a ese partido, definirá su posición en las próximas dos semanas con o sin el FMLN. Pero ese “con” depende exclusivamente de que los farabundistas acepten un replanteamiento del tema de las candidaturas, la redefinición de la líneas programáticas fundamentales, y la conformación verdaderamente plural de un gabinete.
Parece imposible que, dada la histórica pesadez de la inercia política en el FMLN, que en el pasado no ha dado muestras de poseer capacidad de efectuar inesperados giros en función de los cambios que sin cesar se operan en la realidad, ahora logre superar sus amarras ideológicas y dar un paso en dirección a la realidad práctica.
En cualquier caso, en el actual escenario político, y muy a pesar de las insistencias declarativas de unos y otros, nada está aun totalmente definido, excepto el hecho de que, de no abrirse al menos al replanteamiento de sus candidaturas, el FMLN tendrá en efecto que correr solo y enfrentarse, otra vez.