
Entrevista Eduardo Gamarra:
"La contradicción no es entre izquierda y derecha, sino entre demócratas y no demócratas"
Después de dos décadas de democracia, el caudillismo y las políticas populistas vuelven a aparecer en el escenario latinoamericano. El boliviano Eduardo Gamarra, doctor en ciencias políticas y director del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de la Florida conversa con nosotros sobre las implicaciones de estas opciones políticas frente a las democracias en construcción. El análisis de Gamarra, al sacar del centro de debate la oposición entre izquierda y derecha, coloca en primer plano las implicaciones económicas a largo plazo y la sustitución de instituciones por el culto a la personalidad de un caudillo que concentra el poder.
Lunes 22 de octubre de
2007
Redacción
redaccion@centroamerica21.com
¿Qué define el momento actual de América Latina en términos políticos?
- A finales de los años noventa, después de dos décadas y media de intentos de construcción de democracias plurales en la región, comienza a resquebrajarse esta opción por la democracia plural y se habla de nuevo de democracias directas, democracias sin intermediarios, democracias populares, que en mi opinión son nombres diversos de modelos autoritarios que reproducen el caudillismo y el populismo de los años cuarenta.
-Pero el caudillismo populista de aquellos años no era de izquierda sino de derecha.
-
A mi juicio la contradicción no se da entre izquierda y derecha sino entre demócratas y no demócratas. En América Latina hemos visto férreas dictaduras de derecha y democracias de izquierda, como el caso de Brasil y de Chile. Y también hemos visto populismo caudillista de derecha y de izquierda. En todo caso, se trata de modelos que concentran una enorme cantidad de poder en el ejecutivo, que minan la independencia de poderes y abrogan los derechos ciudadanos. Ese movimiento a tales modelos es lo que creo que define el momento actual latinoamericano.
-Pero aun hay democracias plurales en la región.
-Es cierto, pero en la región hay por lo menos cuatro países donde existe el culto a la personalidad de un individuo, concentración de todos los poderes en el ejecutivo (inclusive hay uso de fuerzas militares para concentrar ese poder), donde hay un ataque a los medios de comunicación, y cada vez más se reclama la lealtad de los ciudadanos a un solo proyecto. Ante la estrategia expansionista de ese modelo totalitario, es preciso generar un movimiento para mantener unos derechos que han sido construidos a duras pensar en los últimos 25 años, y que hoy estamos corriendo el riesgo de perder.
-En 1967 se diseñó en La Habana una estrategia para desarrollar una guerra revolucionaria en toda América Latina, bajo el mando único y centralizado de Fidel Castro: crear un, dos, tres y mas Vietnam en la región, fue la consigna. Ahora Fidel Castro y Hugo Chávez han vuelto a hablar de la creación de esos Vietnam en la región. ¿Estamos en la misma situación que en 1967?
-No lo creo. En aquel momento las lógicas las dictaba la existencia de la Guerra Fría. Estados Unidos estaba claramente aliado con opciones no democráticas en la región. Por lo tanto, es muy importante, hacer hoy una diferenciación muy dramática: no estamos hablando de una lucha de Estados Unidos, y sus intereses hegemónicos en la región, contra los intereses hegemónicos de la Unión Soviética y de sus clientes latinoamericanos. Ahora América Latina ha pasado por un momento importante de democratización, en el cual intentamos construir democracias que rechazan las dictaduras y los dictadores de derechas y de izquierda.
-¿Derechas e izquierdas autoritarias que viraron a la democratización?
-Si, en la izquierda tiene los casos de Brasil, Chile y Uruguay, por ejemplo; en las derechas que se democratizan quizá el mejor ejemplo sea el caso Salvadoreño con el partido ARENA, que surge como un movimiento de derecha con una percepción internacional de que era un grupo de fascistas, y se ha convertido en una opción democrática en este país. Es en este contexto, en que tenemos que poner la discusión actual. No estamos hablando, como quieren hacer ver Hugo Chávez y Fidel Castro, que hemos vuelto a la Guerra Fría , no estamos en una Guerra Fría.
-¿En qué estamos entonces?
-En un momento en el que queda, de aquella era, este remanente que es Fidel Castro, y surge una cosa rara, que no sé cómo definirla conceptualmente, que es el experimento venezolano: un socialismo curioso nada democrático y vinculado con el comunismo cubano, el integrismo Iraní, el indigenismo boliviano y las FARC de Colombia. Todo ello es una mezcla muy curiosa. Lo importante, sin embargo, es que son dos momentos históricos muy diferentes. América Latina tiene su proceso de democratización con una amplia gama de opciones políticas, consolidadas en muchos casos, y no estamos hablando de una lucha contra dictaduras. Estamos hablando básicamente ahora, de una opción autoritaria que es la que representa Hugo Chávez y Fidel Castro, contra unas democracias plurales, imperfectas, pero democracias al fin.
La amenaza
-Los populismos caudillistas, que ya experimentó América Latina en el pasado, fueron desastrosos en todos los terrenos y particularmente en el económico, esa experiencia la tenemos. ¿Qué explica entonces que en la región haya electorado que ya ha votado en Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua, por el retorno a aquellas opciones fallidas, y que, potencialmente al menos, pueda suceder lo mismo en otros países?
-Hay que reconocer que las democracias en nuestros países son imperfectas y que, cuando se fundaron, heredaron momentos económicos muy difíciles. Le pongo el caso de mi país, Bolivia: cuando la democracia se fundó, en 1984-85, después de la dictadura militar, el país tenía una híper inflación del 26 mil por ciento anual. El único país donde los militares dejaron un poco menos de caos fue en Chile, pero en toda la región no hubo un gobierno militar que dejara una situación económicamente bien ordenada. Además, había que construir instituciones después de que habían estado cerrados los parlamentos, los partidos no habían funcionando, no habían judicaturas, fue todo un proceso de construcción institucional. Y en ese contexto, esperar que los modelos económicos resuelvan inmediatamente todos los problemas de pobreza, de desigualdad, de lo que sea, es bastante iluso.
-¿Estamos hablando de impaciencia de los electorados ante la ausencia de resultados inmediatos?
-Claro, pero es importante señalar que los gobiernos democráticos latinoamericanos, en los últimos 25 años, han implantado políticas de desarrollo económico que han sido muy restrictivas al consumo. Han tratado de construir mercados, y obviamente, generar las condiciones para que operen los mercados, pero han pensado muy poco en la cuestión social. Esto hay que recocerlo.
-Pero se suponía que a la larga el mercado sería el mejor redistribuidor del ingreso.
-En efecto eso dice la teoría económica básica liberal, pero ya lo dijo usted: "a la larga". Ahora bien, en países terriblemente desiguales, como lo son los nuestros, donde la población está cansada de esperar que le caigan los beneficios del mercado libre, los sueldos son míseros, una enorme proporción de la población económicamente activa vive en la informalidad, y no hay suficiente acceso a los sistemas de salud y educación, ahí se genera un excelente caldo de cultivo para gente como Hugo Chávez, Evo Morales, Rafael Correa y Daniel Ortega. Ellos surgen como quienes van a resolver todas esas carencias en tiempo record.
-Pero esa solución inmediata es en realidad imposible.
-Y sin embargo es esa falsa ilusión la que puede atraer a los electorados sumergidos en las carencias antes descritas. Y eso es lo difícil de las democracias, que no deben ni pueden hacer ofertas irresponsables de soluciones inmediatas a todos los males. En cambio el populismo sí hace esa oferta irresponsable y falsa, pero seductora. Por tanto, el desafío actual de las democracias plurales es profundizar efectivamente sus programas sociales, rescatar ese rol positivo del Estado, y eso no es contradictorio con el liberalismo tradicional, el que impulsa Estados Unidos, por ejemplo. El Estado si debe cumplir una función social.
-Es lo que el partido en el gobierno en El Salvador parece haber entendido: la importancia capital de la función social del Estado.
-Es correcto, y es el único camino efectivo para derrotar la amenaza del populismo totalitario.
El populismo antes y ahora
-¿Cuál es la diferencia básica entre el viejo y el actual populismo?
- Siempre hemos hablado, al menos en la academia, de la relación entre el populismo, las políticas que incrementan el consumo y la lógica económica de desarrollo, que básicamente consiste en acumulación de capital para poder financiar sus programas. En países en vías de desarrollo, con escasos recursos y economías pequeñas, esa ecuación fue muy difícil en el pasado, aún en la Argentina misma. El general Perón gobernó con una lógica política, fundamentalmente de gastos, eventualmente se disparó la híper inflación y eventualmente colapsó, más que nada por un terrible mal manejo económico. Esa ecuación hoy en Venezuela es inexistente debido a los petrodólares. El problema es que esa es una realidad venezolana, que puede que le dure 10 o 20 años más, o hasta que se descubra la alternativa al petróleo, que puede ser mañana o dentro de 50 años.
- Pero ese no es el caso de Bolivia ni de Nicaragua.
-No. Bolivia, a pesar de tener unos recursos naturales importantes, especialmente el gas natural, hoy está en un serio problema producto de la falta de inversión externa. Está inclusive teniendo serios problemas de abastecimiento a los contratos que tiene con la Argentina y con Brasil de abastecimiento de gas natural, y por lo tanto no puede surtir su mercado interno.
¿Hasta qué niveles ha caído la inversión por las políticas populistas de Evo Morales?
-Bolivia tenía el año 2000 el 1% de toda la inversión directa externa en América Latina unos 2 mil millones de dólares; y el año pasado la inversión directa externa bajó a 100 millones de dólares.
-Pero ¿cómo hará Evo Morales para balancear ese enorme gasto social, que ahora tiene, con esa falta de inversión y con esa falta de capacidad del Estado de acumular capital para financiar eso?
-Ahí es donde entran los petrodólares de Hugo Chávez, pero eso no puede ser perenne. Por eso nos preocupa que Evo Morales esté entregando a Venezuela el control de nuestros hidrocarburos, además de la minería, la banca y los medios de comunicación, que ahora están en manos venezolanas. Y el caso de Nicaragua es más dramático aún. Nicaragua es un país con los mismos índices de subdesarrollo que Bolivia, solo que no tiene ni gas natural, ni petróleo. Tiene una gran ventaja y es haber ingresado al CAFTA, antes de la llegada de Daniel Ortega, pero ahora eso puede revertirse por las presiones de Chávez sobre Ortega. Pero sería una locura que Nicaragua abandone un tratado de libre comercio de acceso preferencial para sus productos al mercado norteamericano.
-Finalmente, doctor, ¿que impresión de El Salvador?
-La impresión que uno tiene desde afuera, es que El Salvador ha hecho las cosas bien. Ya me refería antes a esa democratización de la derecha que se ha operado en el partido ARENA. Ojala esa democratización en la izquierda también. Aquí se observa un sistema político bastante saludable, sobre todo un manejo económico, que por lo menos, visto desde el exterior, es formidable. Quizá El Salvador refleja, mejor que ningún otro país, en la región, lo que hace una inversión externa bien dirigida, algunos progresos sociales importantes, procesos de reducción de pobreza, etc., que son importantes, pero que también son cosas que han tomado tiempo, que no han sido instantáneas, que han sido básicamente con el empuje, el empeño y el tesón del trabajador salvadoreño.
-¿Considera que también en El Salvador hay riesgos de ceder a la tentación populista?
-El riesgo siempre existe. Pero ustedes, en relación a mi país, Bolivia, tienen una enorme ventaja: en Estados Unidos hay una población de salvadoreños, evidentemente muy grande, muy trabajadora y con unas remesas importantes para su país; por eso El Salvador es uno de los países más globalizados, que no es el caso de Bolivia que sigue siendo, a pesar de todo, y no solo por no tener acceso al mar, un país muy mediterráneo. Ustedes son un país globalizado, con una población transnacional que no compartiría una lógica de cerrar fronteras y de cerrar espacios de participación política, y que mucho menos aceptaría un gobierno que, alineado a Castro y Chávez, se sume una cruzada contra los Estados Unidos.
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