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Centroamérica 21 abre un espacio plural en donde los representantes de todos los partidos políticos, sin excepción, podrán expresar libremente su particular punto de vista sobre la realidad nacional. La invitación está hecha por nuestra parte.
Otra vez socialismo o democracia
La disyuntiva entre socialismo y democracia es falsa y contiene siempre una trampa. Programáticamente hay que reafirmar el carácter inescindible del socialismo y la democracia, unidos por denominador común: el empoderamiento de la gente y la calidad de vida de la gente.
Lunes 22 de octubre de 2007
Gerson Martínez, disputado del FMLN
redaccion@centroamerica21.com
Tanto socialismo y tanta democracia como el pueblo quiera, sustentados en una matriz propia de desarrollo, la prosperidad sustantiva, integral y equitativo-incluyente, la solidaridad y la libertad.
A decir verdad, bajo nuestro ideario, definir la democracia como socialismo, o el socialismo como democracia, es una tautología o algo ciertamente redundante. Lo que debemos edificar algún día en El Salvador es un socialismo profundamente democrático-participativo, alumbrado por la construcción teórica pero que se alimente de la vida.
Para ganar viabilidad política no hace falta renunciar a ese horizonte de una sociedad esencialmente mejor y distinta, a la convicción de que la sociedad que hemos conocido es superable y sustituible por una sociedad más justa, urdida no por inexorables leyes que de todas maneras habrán de cumplirse, sino mediante su edificación y modelamiento, merced a la libre, autodeterminada y conciente voluntad y acción de personas de carne y hueso, de pelito chirizo, a quienes les gustan las pupusas, el fútbol y los elotes locos.
Aspiramos a una democracia sustancial e integral, política, económica y social, en un país que no es propiamente democrático, que vive lo que Juan Pablo II llamó el capitalismo salvaje, ensombrecido por un poder desnacionalizado y anexionista, bajo un régimen autoritario, patriarcal, ecocida y adultocéntrico. Nosotros queremos para El Salvador una democracia multipolar, soportada en sólidos basamentos como los de: igualdad, diversidad, participación, libertad, solidaridad, justicia y equidad.
Es la alternativa de un poder democrático-participativo frente al poder concentrado que hoy tenemos. Es el desenmascaramiento de la hipocresía de la participación bajo una brutal concentración del poder.
Estamos comprometidos por la construcción de una democracia genuinamente representativa, pero que habrá preferencialmente el espacio para los no representados u subrepresentados, los plenamente desposeídos de poder de decisión. Una democracia de este tipo está llamada a ser un factor clave para la superación de la exclusión, la desigualdad y la pobreza.
Toda vez que se comprenda que sin justicia social y sin sistema judicial independiente y honesto, que hoy no existe, la democracia política es un juego de apariencias, aun más cuando nos hallamos actualmente frente a un fallido Estado de derecho.
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